Capítulo 03.
Los Consejos de Sabrina.
A la mañana nos encontramos con el horror. Tefi ayudó a Elisa con las ventanas. En cuanto abrieron la primera, nos quedamos helados.
Sí, sé que es una forma bastante boluda de describirlo; pero… ¿qué otra cosa puedo decir? La nieve cubría todo lo que alcanzaba la vista. Era como si hubieran tirado una gigantesca sábana blanca sobre las montañas y los bosques.
—No intenten abrir la puerta —dijo Mandy—. Se va a meter toda la nieve. Vamos a tener que usar las palas para despejar la entrada.
—¿Para qué? Si de todas maneras no podemos ir a ninguna parte.
—No empieces con tus reproches, Macarena —dijo Alicia—. Mandy sabe más que nosotros de estos temas, si necesita ayuda con la nieve se la vamos a dar. ¿Dónde están las palas?
—En el sótano.
Y así fue que pasamos la siguiente hora y media sacando nieve. ¿Qué lindas vacaciones, no? Nunca me imaginé que algo tan suave y esponjoso pudiera ser tan pesado. Hicimos montículos a los lados, donde no nos interrumpieran el paso. Mandy pidió que al menos despejemos cinco metros, desde la puerta. Con suerte la peor parte de la tormenta ya estaba pasando.
Cuando entramos me quedé un rato parado frente a la ventana, viendo cómo comenzaba a nevar otra vez.
—Al final todo el trabajo fue inútil —dije en voz alta.
—Para nada —dijo Elisa a mi espalda, nunca la escuché acercarse—. Si la tormenta sigue acumulando nieve, va a bloquear la entrada y va a ser mucho más difícil despejarla. ¿Viste lo pesada que era? Ahora imaginá que tenés que hacer eso después de tres días seguidos de nevada… o cinco.
—Mmm… sí, puede ser.
—No puede ser. Es así. ¿Nunca viviste en un lugar con nieve?
—No. Donde yo vivo lo más cercano a la nieve lo sirven en cucuruchos.
Elisa sonrió. Tiene una sonrisa bonita. Qué digo bonita… es preciosa.
—Al final no sos tan inútil —ese comentario me sorprendió como si me hubieran dado un cachetazo.
—¿Pensás que soy un inútil?
—Bueno, sos el nene mimado de mamá. Se nota mucho. Desde que estamos acá, fuiste el único que no ayudó con nada. Ni siquiera levantaste un plato de la mesa. Pero hoy sí hiciste un gran trabajo. Es más, diría que sos el que más nieve sacó. Eso está bien. No me gustan los inútiles.
Me quedé en silencio, no supe cómo responder a eso.
—¿Qué hacen? —La voz de Tefi me sacó de mi letargo.
—Nada, solo estamos mirando por la ventana —le dije—. Da un poco de miedo, pero es un lindo paisaje.
—Es cierto. Es lindo estar acá, a pesar de la tormenta.
Tefi me envolvió con su brazo y, de forma automática, la tomé de la cintura. Nos quedamos mirando cómo los copos de nieve bailaban en el viento. Elisa se quedó un rato junto a nosotros, y luego se fue. Para ella esto no debe ser ninguna novedad. Está acostumbrada a ver nieve todos los inviernos.
***
Después del desayuno fui a darme una ducha. No porque quisiera, sino porque mi mamá insistió. “No quiero que nadie esté oliendo mal frente a la visita. Ahora te bañás vos, después tus hermanas”. Sin embargo había alguien que no estaba dispuesta a seguir esa orden al pie de la letra. Tefi sí fue a bañarse, pero no lo hizo después que yo.
Otra vez se metió en el baño, mientras yo me estaba enjabonando el cuerpo. Se desvistió rápido y con una sonrisa entró a la ducha.
—Uy, el agua está bien calentita… como me gusta a mí.
—¿Te volviste loca, Tefi?
—No seas intenso, Nahuel. Relajate un poco.
Me rodeó con sus brazos y me dio un beso en la boca, de esos que pueden derretir un glaciar. Sentí su mano acariciando mi verga. Se me puso dura al instante. Las erecciones más rápidas de mi vida son las que provoca Tefi.
Tenía miedo de que nos descubriera, pero al mismo tiempo me encantaba que ella estuviera comportándose de esta manera. Ya no es la Tefi que hace todo lo que le dice mamá. No sé por qué últimamente anda tan rebelde, pero me fascina.
Tefi interrumpió el beso de golpe cuando la puerta se abrió. Aún así, no tuvo tiempo de alejarse de mi cuerpo, ni de sacar la mano de mi verga. Nos quedamos mirando, con los ojos desorbitados, convencidos de que encontraríamos a Alicia. Sin embargo, no se trataba de un miembro de nuestra familia.
Un par de ojos de zafiro nos miraron sin expresión. Elisa entró al baño y cerró la puerta a su espalda, lentamente, como si quisiera evitar hacer ruido. Tefi y yo estábamos petrificados, en el baño el silencio era casi absoluto. Solo se escuchaba la lluvia de la ducha cayendo en el suelo.
—¿Siempre son tan cariñosos entre ustedes? —Preguntó Elisa, con toda la calma del mundo. Luego se sentó sobre la tapa del inodoro y nos miró con las manos en las rodillas, aguardando paciente por una respuesta.
—Permiso, ¿no? —dijo Tefi.
—No acostumbro a pedir permiso.
Ok, esta chica me da más miedo que Ayelén. Al menos sé que mi prima está loca… y sé qué clase de locura tiene. En cambio Elisa… tranquilamente podría ser una asesina serial. Bueno, en realidad no creo que sea para tanto. Pero que da miedo… da miedo.
—Solo nos estamos bañando —dije, con la voz ronca. Una explicación un tanto absurda, teniendo en cuenta que Tefi seguía acariciando mi verga.
—Ajá… ¿y siempre se bañan juntos?
—A veces —respondió Tefi—. Es una costumbre que tenemos. ¿Por qué? ¿Te molesta?
—No, para nada. Mi hermana y yo también nos bañamos juntas a veces. Aunque a mi mamá no le gusta. ¿A ustedes les pasa igual? Vi que Alicia estaba enojada cuando estaban desnudos en la cocina.
—Digamos que a mi mamá no le encanta que nos bañemos juntos. —Respondió Tefi—. Es una exagerada. No es para tanto.
—Le debe molestar que hagas eso con tu hermano —señaló la mano que acariciaba mi verga.
—Ay, no es para hacer un escándalo. Es solo… una muestra de cariño.
—Ya veo —seguía inexpresiva, aunque en sus ojos había un brillo extraño.
Me latía el corazón a toda prisa. Elisa no dejaba de mirar mi verga, y si bien ya la había visto, era extraño estar desnudo frente a ella. Y con una potente erección.
—¿Y hasta dónde llegan esas “muestras de cariño”?
Esta pregunta fue como un desafío para Tefi. Se arrodilló frente a mí y le dio un beso a la punta de mi pene. Luego le mostró una sonrisa picarona a Elisa. Definitivamente Tefi está jugando con fuego. ¿Qué va a pasar cuando esta chica le cuente a su madre y a su hermana lo que nos vio haciendo en el baño?
—Y vos y tu hermana… ¿también tienen “muestras de cariño” cuando se bañan? —Preguntó Estefanía.
—A veces.
—¿Y cómo son?
—Caricias. Así como ustedes. Ella es la que más lo hace. A veces se queja de que soy poco expresiva.
¿Por qué no me sorprende?
—¿Y te molesta que lo haga? —Tefi estaba muy curiosa, ya estaba moviendo su mano sobre mi pene, en clara señal de masturbación.
—No, para nada. Eso se lo dije mil veces… aunque ella sigue creyendo que me molesta. Porque yo no la acaricio tanto como ella a mí.
Debo reconocer que esto me sorprende mucho. No es que la historia de Valery y Elisa sea como la de mi familia; pero definitivamente hay un pequeño suceso de incesto entre ellas. Al menos sé que suelen toquetearse en la ducha… y claro, ya no puedo dejar de imaginarlas desnudas, acariciándose las conchas mutuamente. Me revuelve el cerebro encontrarme con otra familia donde pasaron algunas cosas parecidas. Aunque sean mínimas similitudes. Nunca creí que esto pasaría.
—¿Llegó a meterte los dedos? —Preguntó Tefi.
—Sí.
—¿Y vos a ella?
—También.
Respondía con la frialdad de un testigo experto. Como si fuera una criminal acostumbrada a las requisas policiales. Y quizás lo fuera. No sé nada de la vida de esta chica… ni de su familia. Y eso me intriga muchísimo. Elisa es un misterio que quiero resolver.
Aunque no tengo idea de cómo hacerlo.
—¿Y hasta dónde llegan las muestras de cariño con tu hermano? —Quiso saber.
Una vez más Tefi mostró su sonrisa más picaresca. Abrió la boca lentamente, sacó la lengua sin dejar de mirar a Elisa, y la pasó por la punta de mi glande. El cosquilleo hizo que mi verga se sacudiera.
Lamió en silencio, como si estuviera esperando alguna reacción de Elisa. Como no recibió ninguna, redobló la apuesta. Tragó la punta de mi verga… y después tragó un poco más.
La sacó de su boca y aguardó unos segundos. Ahí fue cuando Elisa habló otra vez.
—Es la primera vez que veo a una chica haciendo eso con la verga de su hermano.
—¿Y te molesta?
Se encogió de hombros.
Quise decir algo, pero la situación me tenía obnubilado. No podía dejar de pensar en el morbo y el miedo que me provocaba tener a Elisa en el baño con nosotros.
Tefi no perdió el tiempo. Abrió otra vez la boca y empezó a petearme. Lo hizo lentamente, mostrando que esto era una felación en toda regla. No era un simulacro ni una “muestra de cariño”. Era un pete. De una hermana a su hermano.
—¿Y eso lo hacés seguido? —Preguntó Elisa.
—No, claro que no. Solo… muy de vez en cuando. Sería raro si lo hiciera seguido, ¿no?
—Sí, mucho… aunque… si solo es de vez en cuando. No creo que sea tan malo.
Estas palabras incentivaron a Tefi. Volvió a tragar mi verga y siguió mamando lentamente, manteniendo un ojo puesto en Elisa. La rubiecita miró la escena en silencio, sin mover ni un solo pelo. Era como una estatua de hielo.
—Una vez mi hermana me chupó la concha.
Nos quedamos boquiabiertos mirándolas. No nos esperábamos semejante bomba.
—¿Y cómo fue? —Esta vez fui yo el que preguntó. Ya no pude quedarme callado.
—Ella me pagó por hacerlo. Decía que quería sacarse la curiosidad de chupar una concha… y me ofreció dinero. Bastante dinero.
—¿Y por qué no le pagó a una prostituta? —Pregunté.
—Eso mismo le dije yo. Pero ella me contestó: “No quiero hacerlo con una puta cualquiera. Necesito que sea alguien de confianza”.
—¿Y alguna amiga? —Preguntó Tefi.
—No tiene amigas. Solo amigos. Valery no se lleva bien con las mujeres. Algún día van a entender por qué.
Eso me resultó extraño Valery tiene pinta de ser una chica muy simpática y sociable. Creí que tendría mil amigas.
—La entiendo —dijo Tefi—. Yo tampoco tengo muchas amigas. Entonces… ¿simplemente le dejaste hacerlo?
—Sí. Lo hicimos en mi cuarto. Ella me preguntó si prefería hacerlo con la luz apagada, pero le dije que no. Prefería que ella pudiera ver todo.
—¿Y te la chupó en serio? ¿O fueron solo unas lamidas? —Quise saber.
—Me la chupó en serio. Estuvo más de una hora haciéndolo… sin parar.
—Wow… —no lo podía creer. Tefi volvió al pete, y esta vez me la chupó más rápido, como si ya no necesitara disimular—. ¿Y te gustó?
—A Valery le dije que no me gustó la experiencia. Lo hice para que no volviera a insistir con lo mismo. Se me hizo muy raro ver a mi hermana en una actitud lésbica. Quizás sea porque…
—¿No te caen bien las lesbianas? —Preguntó Tefi—. A mí me pasó. Después cambié de opinión.
—No. Nada que ver. Las lesbianas me calientan mucho. O sea, nunca estuve con una mujer, más allá de lo que pasó con mi hermana; pero me gusta mirar porno lésbico. Me da asco cuando en el porno hay tipos.
—¿Sos lesbiana? —Pregunté.
—No. A mí me gustan los hombres. Solo que no me agrada verlos en el porno. Los prefiero en la vida real. Y con las mujeres me pasa al revés. No busco acostarme con una… pero sí que me gusta verlas cogiendo con otra mujer.
Me sorprendió el nivel de sinceridad de Elisa. Me pregunté si siempre es así con todo el mundo, o es que por fin encontró alguien con quien puede hablar sin filtros.
—¿Entonces? ¿Por qué te molestó ver a tu hermana en actitud lésbica? —Pregunté.
—Porque se lo tomó demasiado en serio. Pensé que sería algún jueguito medio inocente —mientras hablaba, Tefi me comía la verga sin parar—. Algo así como los toqueteos en la ducha. Pero no. Valery estaba… descontrolada. Me la chupó como si quisiera dedicarse a eso durante el resto de su vida. No quiero que mi hermana sea lesbiana.
—¿Por qué no?
—Porque en este pueblo son todos unos homofóbicos.
—Entiendo… es típico de los pueblos pequeños. En Argentina también pasa.
—Claro. Y no quiero que Valery sufra por salir con mujeres. Umm… —miró fijamente a Tefi—. Me imagino que alguna vez habrán tenido un accidente mientras hacían eso.
Tefi me guiñó un ojo y siguió chupando con fervor. Entendí lo que quería hacer. A pesar de que no estaba seguro de si deberíamos llegar tan lejos, decidí confiar en sus instintos.
Acabé en toda su boca, y gran parte de su cara. El semen saltó a chorros y ella lo recibió sin moverse. Ocasionalmente dio chupones, tragando lo que entraba en su boca.
Cuando la eyaculación terminó, se puso de pie.
—Sí, a veces ocurren accidentes —dijo, acercándose a Elisa, con paso de gata en celo.
De pronto le dio un beso en la boca. Para mi sorpresa, la rubia no la rechazó. La abrazó y se comió la boca de Tefi, junto con todos los rastros de semen que había en ella. Fue una de las sorpresas eróticas más inesperadas de mi vida. Y miren que tuve varias de esas… como cuando me enteré que mi tía Cristela mantenía una relación incestuosa con su hija, Ayelén.
—Vení —dijo Tefi, tomándola de la mano—. Vamos a la pieza, que me muero de ganas de charlar con vos.
Agarró un toallón antes de salir y vi cómo las dos se alejaban, para dejarme solo y con la pija palpitando.
Luego la puerta se abrió otra vez. Era Tefi, que casi me mata del susto.
—Y que no se te ocurra espiarnos —dijo, y cerró la puerta otra vez.
***
Más tarde decidí volver a la pieza que había compartido con mi mamá. Necesitaba alejarme un poco de las charlas incómodas con personas desconocidas. Melany le estaba contando a todos sobre sus años en Argentina, pero se notaba que no quería dar muchos detalles al respecto. Siempre respondía con evasivas: “Fue hace mucho, tanto no me acuerdo”. “Sí, conocí algunas personas interesantes”. “No, después de eso nunca volví a Argentina”.
Al llegar al cuarto descubrí que Macarena había tenido la misma idea que yo. Estaba desnuda en la cama, haciéndose una paja. Entre sus piernas estaba su notebook y en la pantalla pude ver un video porno. Era uno convencional, de actores musculosos cogiendo con chicas increíblemente bonitas. Tanto que parecían artificiales.
—¿No podías hacer eso en tu pieza? —Le dije, mientras me sentaba a su lado.
—No con Valery asomándose a cada rato. ¡Qué chica pesada!
Macarena siguió metiéndose los dedos en la concha, sin sentir el más mínimo pudor. Suele tener la costumbre de pajearse frente a todos los miembros de nuestra familia, y a mí no me molesta que lo haga. Aunque Gisela siempre le dice: “Estás provocando. Acordamos cortar con el incesto, porque vos lo pediste… te la pasás provocando”. Y a decir verdad, Gisela tiene razón. Es un poco hipócrita de su parte. Macarena se defiende diciendo que tenemos que aprender a resistir la tentación, incluso si estamos desnudos… o masturbándonos. Tiene un punto; pero… no lo comparto. Sí considero que es una actitud provocativa.
—¿Para qué se asomaba tanto? —Pregunté.
—A cada raro venía con una excusa diferente. “¿Quieren agua?” “¿Necesitan alguna otra frazada?” “¿No está muy fuerte la calefacción?”.
—¿No creés que solo se asomaba para ver que ustedes estén bien? Digo… es una de las anfitrionas.
—Puede ser, no estoy enojada con ella. Quizás lo hacía con la mejor onda. Aún así… fue un poco invasivo.
—Entonces me imagino que no hiciste nada con Tefi anoche.
—¿Qué podíamos hacer? No le pude dar ni un beso de buenas noches. ¿Y vos? —Me miró, sin dejar de frotarse el clítoris—. ¿Hiciste algo con mamá?
—Nada. La puerta se abrió por el viento y Mandy entró, para preguntar si necesitábamos algo… y se quedó charlando con mamá durante un rato largo. Yo me dormí.
Evité contarle que mi verga estuvo en el culo de mi madre durante un rato largo. Ah… y que después se la metí estando ella en cuatro. Y que a mitad de la noche nos despertamos para coger otra vez… aunque por la concha. Es que en la madrugada la tormenta se puso más fuerte y ella necesitaba algo con qué mantenerse distraída. Se le ocurrió montarse sobre mi verga y dar saltos hasta que cayó rendida de agotamiento. Fue… impresionante. Nunca creí que mi madre tuviera semejante resistencia. Me encantó ver sus tetas rebotando durante tanto tiempo, mientras se cubrían de sudor. Una imagen con una carga erótica que jamás me darían estos videos porno que mira Macarena.
Y esa sesión de sexo de madrugada me dejó agotado. No dormí mucho y vine con la intención de echarme una siesta. Hasta que vi la concha húmeda de Macarena… ahí se me pasó el sueño.
—Ah, me parece bien. Alicia dijo que iba a dejar de hacer esas cosas con vos, pero… no confío en ella.
—Quedate tranquila que no pasó nada —mentí, con total naturalidad. No lo hice por mí, sino para no meter en problemas a mi madre—. Pero hay una cosa que no entiendo, Maca… vos eras la que más disfrutaba de lo que hacíamos. ¿Por qué cambiaste de idea tan drásticamente?
—No cambié de idea. Siempre supe que lo que estábamos haciendo no era saludable, y que algún día tendría que terminar. Simplemente lo acepté mientras duró la pandemia, porque de lo contrario me iba a volver loca. Pero… lo que pasó en pandemia, se queda en pandemia. Es hora de seguir adelante con nuestras vidas.
No me imaginaba que Macarena pensaba así. Esto me demuestra que aún no conozco a mis hermanas tan bien como pensaba. Mucho menos a Maca, que será siempre un enigma para mí.
—¿Y qué es exactamente lo que está mal con el incesto?
Detuvo su masturbación. Giró lentamente su cabeza hacia mí y me atravesó con sus ojos gélidos. No había señales de enojo en sus facciones, su rostro era pura serenidad. Aún así me provocó un escalofrío, que subió por mi columna vertebral.
—¿En serio tengo que explicarlo?
—Bueno, entiendo el riesgo biológico, ya hablamos de eso. No es recomendable que familiares cercanos tengan hijos, o podrían nacer con problemas congénitos. Pero, si fuera solo por eso… bastaría con usar anticonceptivos. Así que me imagino que habrá otras razones. Quizás… ¿motivos psicológicos?
—En eso tenés razón. Podría afectarnos negativamente a nivel psicológico.
—¿Podrías explicármelo?
—Se me ocurre una idea mejor. Dejame ver… ¿qué hora es? Las nueve y media. Entre Alemania y Argentina hay cinco horas de diferencia, así que en Argentina son las… mmm…
—Cuatro y media de la mañana.
—Sí, me imagino que estará despierta. Probablemente ni se acostó. Le gusta trasnochar.
Abrió un programa de chat y escribió “Hola puta, ¿estás despierta?”. La respuesta llegó apenas unos segundos después. “Hey, Maca… justo estaba pensando en vos. ¿Qué tal las vacaciones en Alemania?”
Macarena le hizo un breve resumen sobre la tormenta y el aislamiento obligatorio al que estábamos sometidos. También le contó que en ese preciso momento se estaba masturbando, mientras miraba videos porno. Y que yo estaba en la cama con ella.
—A Nahuel le gustaría saber más sobre el tema del incesto. ¿Tenés ganas de hacer una video llamada?
—¡Claro! Yo también estoy de vacaciones y la verdad es que me estoy aburriendo bastante. Tendría que haber planificado algún viaje. Me va a venir bien un ratito de charla.
Macarena prendió la cámara de la notebook sin siquiera molestarse en cubrir su desnudez. Incluso, por la posición de la notebook, se veía su concha bien abierta.
Solo había una persona con la que Macarena podría hablar de estos temas con tanta soltura. Su mentora y psicóloga: Sabrina. Nunca supe el apellido. Esa chica me cae muy bien, aunque no volvimos a hablar desde la pandemia. Nos ayudó mucho a entender a Alicia y a Gisela. Espero que ahora pueda ayudarme con mis dudas.
Cuando la cámara de Sabrina se encendió, apareció una mujer regordeta de bellas facciones. Tenía el cabello castaño lacio algo despeinado y vestía una remera vieja, algo desteñida, que usaba como pijama. Podía notar sus pezones marcándose en la tela. Estaba arrodillada en su cama y cada vez que movía las piernas se me cortaba el aliento. No llegaba a ver nada, pero algo me decía que debajo de ese remera Sabrina no tenía nada puesto. Me sorprendió mucho verla con un atuendo tan… de entre casa. Al fin y al cabo no deja de ser un psicóloga. Me olvido que las psicólogas también son personas. Aunque con Macarena me pasa al revés. Muchas veces me pregunté si una persona tan inestable y errática como ella de verdad podría convertirse en una buena psicóloga.
—Veo que todavía mantenés la costumbre de masturbarte frente a tu hermano —dijo Sabrina, con la calma de una profesional.
—Lo hace frente a todo el mundo —respondí—. No solo conmigo. Es contradictorio. Macarena nos pide que ya no tengamos sexo entre nosotros, pero se la pasa masturbándose a la vista de todos.
Sabrina ya sabe todo lo que pasó durante la pandemia, y me alegra que o sepa. Así podemos hablar con alguien del tema sin ningún tipo de filtros.
—Es que no veo por qué eso tiene que cambiar —dijo Macarena—. Que yo me masturbe no debería ser una invitación para el sexo.
—Ya hablamos de esto, Maca. Tus acciones tienen repercusiones. No pretendas que no les afecte, solo porque vos lo decís.
Macarena infló los cachetes en un claro berrinche infantil. Me cae muy bien Silvana, no tiene problemas en dar su opinión sincera, aunque sepa que va a molestar.
—Eso pienso yo —agregué—. Si tanto quiere que el sexo se termine, debería ayudar dando el ejemplo. Tambié podría dejar de acostarse con Alicia. Se la pasan cogiendo… pero si yo hago lo mismo con Tefi, se enojan.
—¿Y eso te molesta?
—Muchísimo. Me hace pensar que son dos hipócritas. Dice una cosa, pero hacen otra. Además…
—¿Además qué?
—No, nada. Es que… no sé si Maca quiere contar eso.
—¿A qué se refiere tu hermano Maca?
—Ni idea.
—Me refiero a lo que pasó unos días antes del viaje.
—Ah, sí… eso no hace falta que te lo cuente… te lo puedo mostrar.
Macarena le guiñó un ojo a la cámara y acto seguido sacó la verga de mi pantalón. Bajó la cabeza y empezó a chuparla. Lo hizo de la misma manera que aquella noche en mi cuarto. Entró sin golpear y, mientras yo estaba jugando a la Play, empezó a mamarme la verga. Así sin más.
—¿Eso fue lo que pasó, Nahuel?
—Así es. Si esto lo hubiera hecho unos meses antes, no me habría sorprendido. Pero… lo hizo después de uno de sus discursos de “el incesto tiene que terminar”. Me dejó muy confundido.
—Es comprensible. Esto que está haciendo no ayuda en nada, Macarena. Aunque… si es por mí, no te detengas. Sabés que me encanta ver cómo chupás pijas.
Eso me desconcertó todavía más. Macarena sonrió y siguió tragando la verga, para el deleite de Sabrina. Bueno, y el mío también. Porque no voy a negar que me gustó. También me agradó ver cómo Sabrina separaba más sus piernas, aún no podía ver nada debajo de su pijama improvisado; pero ya estaba cerca de descubrir de qué color tiene la bombacha… si es que lleva una puesta.
—Pocas cosas me resultan tan excitantes como el incesto.
—¿Está bien que una psicóloga diga eso? —Le pregunté.
—No, claro que no. Pero ahora no estamos en terapia.
—Pensé que sí.
—Solo estoy ayudándote a resolver algunas dudas. Esto no es una sesión de terapia. Si lo fuera, te haría otro tipo de preguntas.
—¿Como cuáles?
—No la molestes —dijo Macarena—. Está en su horario de descanso.
—Así es… y como no estoy trabajando, puedo pedirle a Macarena que le ponga un poquito más de entusiasmo al pete. Eso… chupá con ganas.
La sonrisa sádica de Sabrina fue un flechazo a mi corazón. A ver, no es que me esté enamorando de ella ni nada de eso. Solo… me calienta. Su apariencia me recuerda un poco a Pilar, y su forma de ser… bueno, es casi tan errática como la de Macarena. Creo que ahora sé de dónde saca mi hermana sus ideas tan alocadas.
—¿Por qué esto sí lo podemos hacer? ¿Por qué está bien ahora y mal después? No entiendo nada —dije, ofuscado.
—¿Quién dijo que está bien ahora? —Preguntó Macarena, solo para confundirme más.
—Me estoy cansando. Necesito respuestas claras, de lo contrario me voy.
—Dale, Maca… aclarale un poquito las cosas a tu hermano. Sería una pena que se vaya justo ahora, que la escena es tan linda.
—Ufa… está bien. El problema no es el incesto en sí, Nahuel. Sé que anoche cogiste con mamá, aunque digas que no…
—¿Cómo sabés?
—Alicia se levantó de buen humor. Solo se levanta de buen humor si a la noche cogió.
—Mmm… sí, es cierto. ¿Entonces, cuál es el puto problema?
—Que lo hagas con Tefi.
—¿Y por qué? ¿Qué diferencia hay si lo hago con Tefi o si lo hago con vos… o con mamá?
—Eso tenés que descubrirlo vos mismo. Cuando se lo planteé a Alicia, ella decidió cortar su relación con Cristela. Espero que vos también lo entiendas.
—Pero, pero… ese es el problema. ¡No entiendo!
—Nahuel, esto es algo que tenés que descubrir por tu cuenta. Macarena solo intentaba acelerar un poco el proceso. Pero… si querés coger con ella, digamos que técnicamente no está bien. Sin embargo, sería peor si lo hacés con Tefi.
Con la mente hecha un ovillo miré fijamente la pantalla, como si pudiera encontrar una respuesta en los ojos de Sabrina. Solo conseguí excitarme más. Me imaginé qué lindo sería que ella me chupe la pija. Tiene cara de ser buena petera. Y esta idea se volvió más fuerte cuando Macarena volvió a tragar mi verga. Esta vez la chupó con ganas, tal y como quería Sabrina. Sin dejar de mirar a la pantalla, dije:
—Todavía no me dijiste por qué el incesto está mal, a nivel psicológico.
—Esa es la cuestión, Nahuel. El incesto es un tema tan tabú, que en psicología solo se lo trata cuando existe una situación de abuso. Pero poco se sabe de relaciones incestuosas consentidas. Por ejemplo, de dos hermanos que deciden hacer lo que Macarena y vos están haciendo. Ahí es cuando la psicología se queda casi en blanco. Hay algunos estudios que tratan el tema, sin embargo suelen estar llenos de prejuicios sociales. “El incesto está mal porque la sociedad dice que está mal”.
—O sea… ¿no hay nada de malo si lo seguimos haciendo?
—Sí que lo hay. ¿No me escuchaste? La sociedad castiga mucho el incesto. Vos y tus hermanas están jugando con fuego cada vez que lo hacen. ¿Qué ocurriría si alguien se entera?
En ese momento giré la cabeza hacia la puerta, sobresaltado. Macarena hizo lo mismo, y al ver que seguía cerrada me miró.
—¿Pasó algo?
—Hay alguien afuera —dije, susurrando—. Vi movimiento por abajo de la puerta.
—Quizás fue solo alguien que pasó.
—Puede ser. Eso espero.
El corazón me latió como un tambor. Ahí entendí lo que quería decir Sabrina. ¿Y si en ese momento hubiera entrado Mandy? ¿O alguna de sus hijas? Fue difícil explicar el incómodo momento en que nos vieron desnudos a Tefi y a mí. Y aún así… no sé si las convencimos. Porque la excusa de Alicia no explica por qué Tefi me estaba acariciando la verga… o por qué yo la tenía dura.
—Bueno, entiendo que es peligroso hacerlo, y que por eso quieran que paremos. Pero… ¿qué diferencia tiene hacerlo con Maca o con Tefi? Sería igual de peligroso en ambos casos.
—Ya te vas a dar cuenta —fue la única respuesta de Macarena.
Me molestó tanto que estuve a punto de insultarla y salir de la pieza. Sin embargo ella pareció notar esto y decidió recompensarme. Se montó sobre mi y dejó que mi verga se metiera hasta el fondo de su concha.
—Uf… impresionante. Hace mucho que no veo una penetración entre hermanos en vivo y directo. Me calienta un montón.
Esta psicóloga está más loca que yo. Aún así, me encanta. Me resulta intrigante. Me la quiero coger. Aunque ahora mismo sería imposible.
Macarena empezó a dar saltos sobre mi verga. Esto pareció entusiasmar a Sabrina quien separó aún más las piernas… respondiendo así otra de mis dudas. No tenía ropa interior. Su concha, poblada por pelitos recortados, apareció en escena. Era hermosa, de labios carnosos y clítoris prominente. Empezó a acariciarla, hasta que sus dedos quedaron bien húmedos, y luego se los metió. Al ver eso, se me pasó la bronca.
Tomé a Macarena por la cintura y acompañé sus movimientos. Ella me besó en la boca y así nos quedamos cogiendo un buen rato.
En un momento miré de reojo hacia la puerta y vi una sombra en la rendija de abajo, por donde antes solo entraba luz. ¿Había alguien allí o era solo mi imaginación? Quizás habían cerrado alguna ventana, o apagaron algún foco, por eso ahora hay menos luz. Aún así, me pone nervioso saber que alguien podría estar espiándonos.
—Y contame, Maca —dijo Sabrina, sin dejar de masturbarse—. ¿Le chupaste la concha a tu mamá en estos días?
—Sí, lo hicimos antes del viaje. Fue… espectacular. Me encanta comerle la concha… es uno de esos vicios que no puedo dejar.
—Uf… y como para dejarlo, con lo buena que está Alicia. Si fuera mi mamá, yo también me la cogería.
Sabrina se metió dos dedos bien hondo y se masturbó sin sacarlos. Mi verga palpitó dentro de la concha de Macarena.
—A todo esto —dije—, ¿qué onda con Sabrina?
—¿En qué sentido? —Preguntó Macarena, sin dejar de moverse.
—¿Ella es tu amiga? ¿Tu profesora? ¿O qué?
—Es mi psicóloga.
—Pero… ¿psicóloga en serio? ¿Vas a terapia con ella?
—Así es. Le pago las sesiones y todo.
—Esta es una pequeña excepción —dijo Sabrina—. Por lo general no permito que mis pacientes me llamen fuera de mi horario de trabajo. Pero si es por ver a Macarena cogiendo con su hermano… hasta lo considero un privilegio.
—O si te llamo para ir a tu casa… a chuparte la concha.
—Ay, sí… sabés que eso lo podés hacer cuando quieras.
—¿Te acostás con todos tus pacientes? —Pregunté, tan intrigado como excitado.
—No con todos. Soy muy selectiva. Pero… sí, me cogí a varios pacientes. Macarena no es la primera… ni será la última.
—Pensé que los psicólogos no podían acostarse con sus pacientes.
—Digamos que no soy una psicóloga convencional. Tengo mis propios métodos.
—¿Y funcionan?
—Mucho mejor de lo que te imaginás.
El resto de esta improvisada charla fue Sabrina masturbándose sin parar, mientras mi verga llenaba la concha de Macarena una y otra vez. Estuvimos cogiendo un buen rato, hasta que la psicóloga dijo:
—Quiero ver cómo te tomás la leche de tu hermano. Eso… me calentaría muchísimo.
Y Macarena le dio el gusto. En cuestión de segundos ya estaba chupándome la pija con entusiasmo. Sostuve su cabello, para que Sabrina pudiera mirar mejor la acción. El semen saltó a borbotones, bien cargado y espeso. Macarena lo lamió, lo saboreó… lo disfrutó a pleno. Al parecer Sabrina lo disfrutó tanto como ella. Pude ver cómo saltaban chorritos de un líquido transparente de su concha. Estaba teniendo un orgasmo. En ese momento tuve muchas ganas de que Sabrina fuera mi psicóloga.
—Perdón si no te aclaré todas las dudas —dijo, cuando ya nos habíamos calmado—. Pero hay ciertas cosas que tenés que descubrir por vos mismo.
—Está bien, lo entiendo. Igual me ayudaste a entender un poco la situación.
—Y con respecto a dejar el incesto… creo que podrían intentar algo.
—¿Qué cosa? —Preguntó Macarena.
—Deberían tener una sesión de sexo de despedida. Bah, en realidad dos. Una de forma individual, y otra de forma grupal. Vos me contaste que también hubo sexo grupal en tu familia.
—Así es… al final de la pandemia ya cogíamos entre todas… y Nahuel siempre estaba ahí.
—Quizás se deben eso… una despedida. Lo importante es que antes de tener esa última vez, sean conscientes de que ya no se va a repetir. Que ese acto simboliza el final de una etapa.
—Es una buena idea. Creo que puede funcionar —dijo Macarena, con un entusiasmo que yo no compartía—. ¿Y qué hay de esta vez? ¿Esto ya cuenta como mi despedida con Nahuel?
—No lo creo, porque ninguno de los dos estaba preparado para asumir que esta era la última vez.
—Ok, mejor así. Ya la escuchaste, hermanito. La próxima vez vamos a romper la cama de tanto coger, porque será la última. Y vas a hacer lo mismo con mamá, con Tefi… y con todas las demás.
—Y acordate —añadió Sabrina—. Esta despedida es para siempre.
Se me hizo un nudo en la garganta. Me aterra la idea de que mi próxima vez en la cama con Tefi pueda ser la última. No estoy listo para cerrar esta etapa en mi vida.
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