Aislado Entre Mujeres - Especial Navideño [07]

 

Capítulo 07.


Blanca Noche.





Nos quedamos desnudos comiendo sandwiches de miga y tomando sidra. Macarena quería saber más de la historia de Valery. Aprovechó las fotos para hacerle preguntas a la rubia. Nos contó que ya tenía un grupo de amantes predefinidos, pero que a veces se sumaba algún turista.

—¿Y esos turistas te cogen solos… o con el grupo? —Le preguntó Maca.
—Depende. Si no hay mucha confianza, me cogen solos. Aunque a veces son los propios miembros del grupo quienes deciden sumar a algún turista.
—¿Y no suman mujeres? —Preguntó Tefi.
—Seguramente harán lo mismo con alguna otra chica, pero… a mí me gusta ser el centro de la atención —sonrió con lujuria en sus ojos—. Soy un poquito acaparadora. Quiero todas las pijas para mí.
—Mmm… a mí se me hace aburrido si no hay algunas conchas para probar —dijo Tefi—. Y no me vengan con eso de que soy lesbiana. Me gustan los hombres… solo que ¿por qué no voy a disfrutar de coger con una chica, si puedo hacerlo?
—Está bien, y lo entiendo —dijo Valery—. Hace tiempo tengo ganas de probar con mujeres… y por fin pude darme el gusto.
—Hey, conmigo también te diste el gusto —dijo Elisa—. Estuviste como una hora comiéndome la concha.
—Sí, pero eso fue diferente. Es otro tipo de morbo.
—Mmm… sí, puede ser. Eso ya es incesto. ¿Está mal decir que me calienta el incesto?
—Acá hay mujeres a las que les calienta coger con cinco o más tipos a la vez —comentó Tefi—. Nadie te va a juzgar por decir eso.
—Y hablando de eso… —Conozco esa sonrisa de Macarena, es la que muestra cuando tiene una de sus disparatadas ideas—. ¿Te gustaría cumplir alguna otra fantasía? Aprovechá ahora… como regalito de navidad.
—Mmmm… a decir verdad… la fantasía que tengo no tiene que ver tanto conmigo. Me gustaría ver cómo a Valery le dan por el culo.
—Ey, me gusta esa idea —dije al instante. Me ofrezco como voluntario… a menos que alguien más lo quiera hacer. ¿Ah, no? Bueno… entonces tendré que hacerlo yo. Siempre y cuando Valery quiera, por supuesto…

Valery soltó una risita.

—Me cae bien este pendejo —se acercó y me dio un fuerte beso en la mejilla—. Me encantaría que me la metieras por el culo.

Carajo. Me vibraron los pelos de los huevos con ese acercamiento. Esto está saliendo mucho mejor de lo que esperaba. Y eso me da miedo. Cuando las cosas marchan tan bien, es porque algo malo va a pasar. Espero que no se caiga el techo de la casa por la tormenta.

—Pero solo lo voy a hacer con una condición —dijo Valery mirando a su hermana—. Quiero que me chupes la concha.
—¿Y qué te hace pensar que a mí me gustan las mujeres?
—Vamos, nena… no te hagas la tímida ahora —intervino Tefi—. Que antes de coger con Nahuel, te acostaste conmigo.
—¡Hey! Me dijiste que no había pasado nada entre ustedes —protesté.
—Estuvimos horas encerradas en la pieza ¿qué creíste que hacíamos?
—No sé… ¿charlar? Cuando te pregunté dijiste que…
—Te mentí. Elisa me pidió que no dijera nada… pero ahora entiendo que a Elisa no le gustan los secretos. ¿No es así?
—Mmm… carajo, bueno sí… está bien. Lo admito: me acosté con Tefi.
—Ay, hermanita —Valery la abrazó, aplastándole las tetas en la cara—. Yo sabía que había un instinto lésbico dormido en vos.
—Es que… no sé… no me calientan tanto las mujeres, solo quería probar.
—¿Y te gustó?
—Sí, Tefi es muy linda y… emm… bueno, se podría decir que fue ella la que me quitó la virginidad, al menos en sentido psicológico. Fue la primera persona con la que tuve sexo de verdad… y eso te lo voy a agradecer siempre, Tefi.

Y yo que creía ser el primero. Hasta eso me tiene que arrebatar Tefi. Se ve que no le alcanza con robarme comics… o la play.

—Entonces no se diga más —anunció Valery—. Vamos a hacerlo.
—Me da un poquito de vergüenza —las mejillas de Elisa se pusieron rojas.
—No seas tonta, vení… yo te ayudo.

Tefi se ofreció tomándola de la mano. Se arrodillaron frente a mí y esperaron a que Valery se me sentara encima. Elisa empezó a chuparme la verga, por órdenes de Tefi. Lo hizo sin chistar y de buena gana. Tefi se encargó de lamer la concha de Valery… y se notaba que llevaba tiempo fantaseando con esa idea, porque le puso un gran entusiasmo.

—Cuando yo te diga, cambiamos. Yo paso a la verga y vos a la concha ¿ok? Y lo vamos a hacer sin pensarlo. Así, de una. ¿Entendido?
—Entendido.

Siguieron cada una chupando lo suyo durante un rato. Macarena volvió a jugar de voyeurista, masturbándose mientras miraba la escena. De pronto Tefi dijo:

—¡Cambio!

Y Elisa no dudó. Soltó mi verga, para que Tefi pudiera tragarla, y se lanzó contra la concha de su hermana. Le metió la lengua de una y empezó a darle enérgicas lamidas.

—Ay, sí… chupala así… qué rico… mmm… yo sabía que esto iba a pasar algún día. ¡Lo sabía! Sos una tonta, Elisa… si me hubieras dicho que el incesto te daba tanto morbo, te juro que me hubiera acostado con vos mil veces.
—Mmm… ¿no te preocupa confesar eso frente a ellos? —Preguntó Elisa.
—No, para nada —aseguró Valery—. Sé que entre ellos también pasan estas cosas. Una noche me asomé en la pieza de Maca y Tefi. Me daba miedo que hubieran encontrado las fotos… y lo que encontré fue a estas dos putas haciendo un 69.
—Ummm… serás muy buena espiando, porque nunca me di cuenta —dijo Macarena.
—Estaba oscuro… y ustedes parecían muy concentradas en comerse la concha la una a la otra. Me calentó mucho verlo. Me hice la paja en el pasillo. Debo haber pasado como una hora espiándolas. Son una familia rara… quizás más rara que la mía… y eso me gusta. Pero ahora no voy a filosofar sobre si el incesto está bien o no… estoy acá para que me metan la pija por el culo. No para hablar. Dale Eli… ayudame con eso.

Elisa tomó mi verga y le dio un húmedo chupón al glande. Tefi se encargó de pasar la lengua por el culo de Valery, quien aguardaba con las piernas bien abiertas. Yo las sostenía por debajo de la rodilla, para facilitarle la tarea.

Cuando el culo de Valery se apoyó sobre mi verga, creí que la rubia se tomaría su tiempo para lograr una buena dilatación. No fue así. La muy puta bajó con fuerza, provocando que el glande de entrara de una. Subió y bajó, logrando que la verga se hundiera cada vez más. Fue impresionante. Se nota que tiene muchísima experiencia en sexo anal. Seguramente sus amantes también se la clavan toda de una… y se ve que a ella le encanta, porque mientras la verga entraba, chilló y se retorció de placer.

Tefi y Elisa retrocedieron, para admirar a Valery. Se sentaron juntas en un sillón individual y comenzaron a tocarse la concha la una a la otra. Y yo empecé a mirar a Elisa con otros ojos. Me gustaría conocerla más… saber qué pasa por su cabeza cuando ve un acto de incesto. Pero no es solo ella la que me resulta atractiva. Su hermana y su madre también. Con solo pensar que ya me las cogí a las tres, mi cabeza se dispara con posibilidades muy eróticas.

En ese momento irrumpieron en el living Mandy y Alicia. Las dos estaban completamente desnudas y cubiertas de sudor. Por la humedad de sus vaginas resultó obvio que estuvieron cogiendo.

—Mirá, mamá… así es como me gusta que me den por el culo.

La imagen con la que se encontró Mandy debió ser espectacular. Valery con las piernas levantadas, con las rodillas a la altura de sus tetas. Bien abiertas, para que su concha húmeda se pudiera ver claramente… y mi verga erecta bien hundida en su culo.

—Andá —dijo Alicia—. Ya te dije cómo tenés que hacer las paces con tu hija. Este es el momento.

Mandy sonrió, eso me descolocó totalmente. Creí que aún seguía enojada con Valery, pero esta actitud era desafiante y erotizante al mismo tiempo. Se acercó con paso sensual y se puso de rodillas frente al sillón. Acarició mis huevos, haciéndome vibras hasta los pelos de la nuca. Y luego se lanzó a darle una atención oral a su propia hija.

Empezó lamiendo con ganas. Ya había pasado su “entrada en calor” con Alicia. Ahora Mandy estaba completamente caliente… y se lo hizo saber a Valery. Le dio fuertes chupones al clítoris y hundió la lengua en el agujero de su concha.

—Ay, mamá… ¡carajo! ¡Si! ¡Por fin! No sabés cuánto tiempo llevo fantaseando con este momento… me moría de ganas de que me chuparas la concha mientras me rompían el orto. Uf… sí, chupala…

Miré a Elisa. Ella estaba sentada con las piernas abiertas. Se masturbaba a toda velocidad, sin poder apartar la mirada de la concha de Valery. A su lado Tefi hacía lo mismo. Si de verdad a Elisa le da morbo el incesto, ver a su madre y a su hermana cogiendo debe ser épico para ella. Y se emocionó tanto con la paja que terminó comiéndole la boca a Tefi. Cuando Macarena se le acercó, también la besó.

Maca se puso de rodillas frente a las dos y empezó a comerles las conchas. La primera fue Elisa, quien sacudió las piernas ante el primer contacto con la lengua de Maca. Luego Tefi arqueó la espalda y gimió, ella hace eso cuando está cerca del orgasmo.

Mandy empezó a chuparme los huevos y eso me motivó a darle más duro a Valery. La rubia se sacudió sobre mi cuerpo y comenzó a soltar gemidos que venían de lo más hondo de su ser. Sus tetas rebotaban alocadas.
Alicia se acercó, no quería ser la única que no participaba. Chupó la concha de Valery y ayudó con mis huevos. A Mandy le sorprendió esta actitud, pero mi madre se limitó a continuar sin decir nada.

Tener a estas dos hermosas veteranas comiéndome los huevos me llevó hasta el éxtasis. Mi verga estalló dentro del culo de Valery.

—Uy, sí… así Nahuelito… llename el culo de leche. Me encanta que me lo llenen de leche… mmmm… qué rico.

Cuando saqué la verga, el semen que chorreó de su culo fue limpiado con las ávidas lenguas de Mandy y Alicia. Luego entre las dos me mamaron la verga. Secaron hasta la última gota de semen.

Después de esto quedé agotado, aunque con ganas de más. Solo necesitaba un descanso de unos minutos.

***

La charla derivó hacia otros temas. Mandy quiso saber más de nuestra historia. Le contamos un poco. Fue algo así como hacer un breve resumen de lo que fueron los primeros días de cuarentena. Le dijimos que tuvimos algunos “encuentros cercanos”, pero no ahondamos demasiado en los detalles, a pesar de las insistencias de Elisa.

—Si quieren saber más —dijo Macarena—, ustedes también tienen que contarnos algo.
—¿Por qué no nos contás tu historia, Mandy? —Propuso Alicia, mientras le acariciaba la concha—. Acá nadie te va a juzgar. Después de las cosas que hicimos Valery, Macarena y yo… ¿quién va a opinar algo malo si te acostaste con muchos hombres?
—Muy bien. Voy a probar un poco de la filosofía de Elisa. Intentemos vivir en una familia sin secretos… a ver cómo funciona esto. —Mandy abrió las piernas y Alicia le metió los dedos. Valery vio que este era el momento indicado. Se acercó a ellas y comenzó a chuparle el clítoris a su madre. Mandy le acarició el cabello y suspiró con una mezcla de alivio y placer—. No debería estar sorprendida por lo que hizo Valery. Quizás esto sea hereditario, o puede que sea por vivir en el mismo pueblo. Cuando yo tenía tu edad me enamoré de un tipo diez años mayor que yo. Estaba perdida por él. No hacía otra cosa que pensar en visitarlo. A él le entregué todo por primera vez. Fue mi primer pete, mi primera verga en la concha… y al primero al que le entregué el culo.
—Mentirosa —intervine—. Y a mí me dijiste que no entregabas el culo —era la segunda vez que le reclamaba por esto, pero aún estaba aguardando una respuesta.
—Ay, Nahuel. Estaba jugando con vos. Solo no quería que las cosas fueran tan rápido. Te iba a entregar el culo antes de que salgamos de esta casa, eso ya lo tenía claro.
—¿Y por qué no ahora? —Propuse.
—Mmmm… podría ser ¿por qué no? En este momento me da lo mismo si mis hijas me ver con una verga en el culo.

Dispusimos todo en cuestión de segundos. Me senté en el sillón en el que ella estaba, Valery se encargó de chuparme la verga para que quedara bien dura. Luego lubricó con la lengua el culo de su madre. Alicia también contribuyó con chupadas. Luego Mandy se sentó arriba mío. Su culo se abrió con gran facilidad. A esta puta le gusta entregar el orto y se nota.
Le entró fácil, pero no por eso fue menos satisfactorio. Mandy comenzó a dar saltitos hundiendo más y más la verga en su culo. Cuando ya la tuvo completamente adentro, siguió hablando.

—Mi historia con este tipo no tardó en volverse turbia. Al principio creía que él me amaba con la misma locura que yo a él. Con los años entendí que yo solo fui una de sus juguetes sexuales. Por eso me fui a vivir a Argentina…
—Esperá —la interrumpió Elisa—. Necesito más detalles sobre eso de ser un “juguete sexual”.
—Uff… mmm bueno, está bien… solo porque me agarraron muy caliente. Mmmm… tenés linda pija, Nahuel. Con razón mi hija quiso debutar con vos. Elegiste bien, Elisa. Como madre estoy orgullosa de que te gusten las vergas grandes.
—¡Ay, mamá! —Elisa se puso roja y se tapó la cara—. No elegí a Nahuel porque tuviera la verga grande.
—Sí, eso mismo decía yo de Gunter… que por cierto, así se llama. Pero con el tiempo me sinceré… y lo que más me gustaba de él… era la pija. Uf… así, bien gorda y grandota… como la de Nahuel.

Ese comentario me hizo sentir halagado. Le di unos bombeos tan fuertes como pude. Ella acompañó el movimiento. Valery dejó de chuparle la concha por un momento y preguntó:

—¿Te cogías a un tipo llamado Gunter?
—Sí, ¿por qué?
—No, no… por nada… es que Gunter suena a nombre de viejo.
—Bueno, hoy debe tener más de cincuenta años, tampoco es que sea un pibe. Pero cuando yo lo conocí era bien parecido… no digo hermoso. Era de buen ver. Porte elegante, mirada seria. Siempre se vestía de forma prolija y limpia, quizás algo anticuada. Usaba anteojos… tenía pinta de profesor de secundario o analista de sistemas. Pero en realidad no trabajaba, vivía de la fortuna que heredó de los padres. Eso le dejaba mucho tiempo libre para sus jueguitos con pendejas como yo… porque no fui la única. Aunque eso lo descubrí tiempo después.
—¿Y cuándo te diste cuenta de que el tipo no te quería? —Preguntó Elisa.
—Fue algo que pasó de a poco. Un día fui a su casa… y él había invitado a uno de sus amigos. No sé cómo me convenció, pero terminé chupándole la pija a los dos
—Lo hiciste por complacerlo —dijo Macarena.
—Sí, es cierto. Es que en esa época yo hacía cualquier cosa por él. Me tenía completamente sometida… y a mí me gustaba.
—Me imagino que eso de llevar un amigo se repitió más adelante —dijo Alicia.
—Así es. La siguiente vez fueron dos amigos. Yo me sentí muy avergonzada de estar chupando tres vergas a la vez… en especial porque al tercer tipo lo conocía. Era amigo de mi papá, a veces iban a cazar o pescar juntos. Cada vez que venía a casa, ese tipo no me sacaba los ojos de encima. Yo me hacía la boluda. Me daba mucha bronca que me mirara con cara de libidinoso todo el tiempo. Sin embargo, cuando Gunter me pidió que le comiera la verga… fui y lo hice, sin dudarlo. Mientras se la chupaba, el tipo dijo: “Siempre supe que eras una putita… y que algún día te iba a tener arrodillada a mis pies”. Fue muy… humillante. Aún así, me quedé… y se la chupé hasta que acabó. Por órdenes de Gunter, terminé con la cara llena del semen de los tres… después me hicieron tragarlo.
—¿Y eso te excitó? —Preguntó Elisa.
—A decir verdad… sí. Esa misma noche, cuando llegué a mi casa, me masturbé hasta que me ardió el clítoris. Y lo hice pensando en las tres pijas que había chupado y todo el semen que había tragado.

Mientras hablaba, Mandy no dejaba de moverse. A veces tenía que hacer pausas para gemir, luego seguía con su relato. Valery y Alicia se turnaban para comerle la concha. Elisa ya se masturbaba con las piernas bien abiertas. Tefi observaba en silencio, pero por la rigidez de sus pezones y la humedad de su sexo puedo decir que a ella también le calentaba escuchar esto.
La que estaba más feliz con el relato era Macarena. Se estaba metiendo un dildo por la concha y otro por el culo, sin dejar de mirar a Mandy. Me pregunté de dónde los había sacado. Nunca la vi abandonar la habitación. Vi que en el piso, junto al árbol de navidad, había envoltorios rotos… y ahí comprendí todo. Era su regalo navideño, seguramente cortesía de Alicia, que se dedica a vender juguetes sexuales. Pero como en casa hay varios dildos, de todas formas y colores, me pregunté qué tendrán de especial esos dos.

Esa otra pregunta también se respondió sola, en cuanto Maca sacó el dildo que tenía en el culo. Pude ver que tenía protuberancias bastante anchas, en forma de bolas. Y el que estaba usando en la concha era igual. Lindo regalo navideño para alguien que es adicta a los juguetes sexuales.
Y en ese momento se me ocurrió algo:

—¡Hey! ¡No abrí mi regalo!
—¡Nahuel! Estás interrumpiendo a Mandy —protestó Tefi.
—Perdón, perdón… es que… quiero saber qué me regalaron.
—Nada. ¿Qué te hace pensar que merecés un regalo?
—Ajá, sí… estoy seguro de que lo compraste vos. —Tefi sonrió, demostrándome que tenía razón.
—Bueno, abramos los regalos y después seguimos con la historia de Mandy —propuso mi mamá—. Chicas, para ustedes también hay regalos. Tuvimos que improvisar, porque son cosas que trajimos de Argentina y no tuvimos tiempo de comprar nada. No es gran cosa, pero no queríamos que se quedaran sin algún regalito.
—Oh, gracias… son muy amables —dijo Mandy, con una gran sonrisa.
—Valery, a tu regalito lo tengo metido en el culo. Si lo querés, tenés que venir a sacármelo.
—Oh… ¿en serio eso es para mí? ¡Me encanta! Y quiero ver cómo lo usás… después lo pruebo yo.

Valery se arrodilló frente a Macarena y empezó a lamerle la concha y el culo, mientras mi hermana se metía los dildos. Era fascinante verlas así, tanto que por unos segundos me olvidé de mi regalo.

—¿Y cómo se les ocurrió regalarle un dildo? —Preguntó Elisa—. Ahora estamos entrando en confianza… pero a los regalos los dejaron antes de la cena, cuando no nos llevábamos tan bien.
—Era una forma de romper el hielo —dijo Alicia—. Aunque al final no fue necesaria. Además… yo me dedico a vender juguetes sexuales. Traje algunos con la esperanza de venderlos… y era lo que tenía a mano.
—Qué atrevida —Mandy soltó una risita—. Ahora quiero saber qué me tocó a mí.

Alicia le alcanzó su paquete y al abrirlo se encontró con una buena colección de plugs anales, de diversos tamaños. Había un par realmente grandes.

—A mí no me engañaste —dijo mi madre—. Siempre supe que por ese culo pasaron muchas vergas. Basta ver lo ajustados que son los pantalones que usás. Estás muy orgullosa de tu culo, una mujer que camina con ese orgullo… entregó el orto… sí o sí.
—Qué perspicaz. Me encanta mi regalito, gracias… les voy a dar un buen uso. Lo prometo.
—¿Y para mí qué hay? —Elisa miraba impaciente la pila de regalos junto al árbol.
—Para vos hay algo especial. Abrilo en privado. Si no te gusta, lo podés cambiar.
—No me importa que los demás lo vean. No me gustan los secretos.
—No es por mantener el secreto, sino la sorpresa.
—Oh… está bien. Entiendo.

Elisa se fue, acompañada de Tefi. Las dos se llevaron sus cajas de regalos y no volvimos a verlas durante un buen rato. Me preguntó qué les habrán dado.

En cuanto a mí… em… tenía miedo de que también me hubieran dado un dildo. Ya hicieron eso, en la navidad pasada. Fue una mala broma de Tefi. Esta vez no se repitió ese momento incómodo. Abrí el paquete, que tenía un buen peso, y me encontré con una Nintendo Switch. Casi se me salen las lágrimas de la emoción. No podía creer que alguien me hubiera hecho un regalo tan costoso.

—Eso fue obra de Tefi —dijo mi mamá—. Nosotros nunca hubiéramos podido pagarla.
—¿No será que la compró para después usarla ella? Como hace con la Play.
—No lo creo, porque ella también se compró una. Hasta la trajo al viaje. La usa a escondidas…
—¡Para que no se la pida!
—No, Nahuel. Para que tu regalo sea sorpresa. Tu hermana no es tan egoísta como vos pensás. Tiene un corazón muy noble y solidario.
—Se nota que te quiere mucho —dijo Mandy—. Elisa lleva tiempo pidiéndome una de esas… y sé que no son baratas.
—¿Y mi regalo? —Preguntó Macarena.
—Pensé que ya lo estabas usando —le dije.
—No, este dildo lo traje de casa. El otro es el de Valery… que ya se lo voy a meter en el culo.
—Tu regalo está en Argentina —dijo mi mamá—. No podíamos traerlo hasta acá. Espero que te guste.
—Ohh… interesante. Eso significa que es grande.
—O que se olvidaron y están disimulando —agregué, mientras sacaba la consola de su casa. Era hermosa.
—No nos olvidamos de nadie —respondió Alicia, ofendida—. Lo que te regalamos es un viaje a Brasil.
—Ohh… ¡Me encanta la idea! Espero no ir sola… hey, Valery… ¿te gustaría acompañarme? Prometo que nos van a coger mucho. ¿Y ya viste la verga enorme que tienen algunos brasileros? La vamos a pasar genial.

Valery dejó de lamerle la concha por un segundo y miró a su madre.

—No puedo decirte lo que tenés que hacer con tu vida. Yo también fui joven y entiendo lo satisfactorio que puede ser darle rienda suelta a todas las fantasías sexuales. Solo te pido que lo hagas con cuidado.
—Muy bien. Entonces sí, me encantaría ir a Brasil con vos.
—Excelente, ya tenemos planes para el verano… porque en el hemisferio sur estamos en verano. Te va a encantar el calor y la playa.
—Nada me haría más feliz. Ya estoy harta de la nieve y el frío —y volvió a chuparle la concha.
—Aunque… me gustaría terminar de contar lo que me pasó a mí, para que lo tengas en cuenta. Y estaría bueno que lo escuche Elisa, por las dudas. Ah, ahí estás… ¿qué tal el regalito?

Tefi y Elisa aparecieron otra vez en el living, tan desnudas como antes. Noté que sus conchas estaban muy mojadas, probablemente estuvieron “dándose cariño” durante el tiempo que tardaron en volver.

—Emm… muy lindo —dijo, con las mejillas enrojecidas—. Lo voy a guardar para una ocasión especial.
—Muy bien, dejemos que sea sorpresa.
—Oh… veo que ya encontraste tu regalo. —Tefi se sentó junto a mí y me abrazó—. ¿Te gustó?
—Me encantó, está buen….

No terminé la frase porque Tefi me estampó un beso en la boca. Lo hizo con mucha pasión y soltura, sin ningún tipo de filtros. Fue un beso breve, pero intenso.
Mandy y sus hijas nos miraban sin saber cómo disimular lo que claramente estaban pensando. Es muy irónico: vieron como Tefi me chupaba la verga, pero lo que más les impactó fue verla dándome un beso.

—Em… bueno, como iba diciendo —Mandy se sentó en uno de los sillones—. Si bien muchas veces la pasé bien con Gunter y sus amigos, no puedo dejar de pensar en que me sentí usada. Pasé a ser la muñeca sexual de al menos siete tipos, a veces venía algún que otro invitado que no conocía. Pero la mayoría eran locales.
>Los que vivían en el pueblo me miraban todo el tiempo con una sonrisa lujuriosa, aunque no estuviéramos en la casa de Gunter. Y no faltaba la ocasión en que se me acercaban y empezaban a mandarme mano. No me respetaban ni un poquito… y lo peor de todo era que yo los dejaba hacerlo.
>Bastaba conque me manosearan un rato para que yo me mojara toda. Después terminaba en algún cuartito cualquiera de una cabaña, siendo cogida por dos, tres o cuatro tipos. Ellos tomaban cervezas y se reían de lo fácil que lo tenían conmigo.

—¿Y eso te molestaba? —Preguntó Elisa.
—Mucho. Pero lo que más me molestaba era que tenían razón. Como dije, yo no oponía ninguna resistencia. Estaba cegada por el morbo.
>Una vez, el tipo que era amigo de mi papá cayó a casa con tres tipos más, a los que no conocía. Mantuvieron medio borracho y distraído a mi papá, mientras uno por uno fueron pasando por mi cuarto, para meterme pija por todos los agujeros. Yo sabía que si mi papá me veía haciendo eso, se hubiera muerto de un infarto ahí nomás. Aún así, no pude detenerme.
>Unas horas más tarde mi papá se quedó dormido y ahí fue cuando los cuatro aprovecharon para cogerme al mismo tiempo. Y lo hicieron con mi papá en la misma habitación. Yo tenía mucho miedo de que él se despertara. Pero a ellos les daba morbo cogerse a la hija putita frente al papi borracho.
>Por esa y otras experiencias humillantes, fue que decidí cortar mi relación con Gunter. Pero fue imposible. Cuando él me llamaba, yo siempre iba. Me prometía que ahora estaríamos los dos juntos, sin nadie más… y era mentira. Terminaba cogida por toda esa manada de degenerados. Si yo oponía un poco de resistencia, me ataban a la cama y me cogían igual. ¿Y saben qué es lo más triste del asunto?

—Que vos disfrutabas cuando te ataban a la cama —respondió Alicia.
—Así es… y mucho. Cada vez que iba a la casa de Gunter lo hacía pensando en que, quizás, terminaría atada a la cama… con una buena verga en el culo… y me mojaba toda. Me volví adicta al sexo.
>Cuando entendí eso, supe que la única forma de romper con este círculo vicioso era dejando Alemania atrás. Por eso decidí ir a vivir a Argentina. Elegí un lugar en la patagonia que se parece bastante a Alemania, y me adapté. Ahí crié a mis hijas.

—¿Y por qué volviste a Alemania? —Preguntó Macarena, quien ya estaba metiéndole el dildo por el culo a Valery.
—Porque ya había superado mi adicción, y lo digo en serio. Empecé a hacer otro tipo de vida. Con parejas estables, que no duraban mucho; pero rara vez caía en alguna fiesta donde yo terminaba siendo el centro de atención. Me gustaría decir que no pasó nunca desde que me fui de Alemania, pero estaría mintiendo. Me costó mucho… y no me gustaría que a Valery le pase lo mismo.
>Volver a Alemania fue la prueba definitiva. Volví a encontrarme con los mismos tipos que antes me cogían durante horas. Todos estaban casados o con hijos, así que en cuanto se quisieron propasar conmigo les advertí que sus esposas y sus familias se enterarían de todo. Dejaron de molestarme y superé esa prueba final.

—¿Y volviste a ver a Gunter? —Preguntó Valery.
—No, y de ser posible, no quiero tener ningún contacto con él. No lo odio, es solo que… ese tipo ya no forma parte de mi vida.
>Hacé lo que quieras, Valery. Sos dueña de tu vida. Solo te advierto de que hay riesgos de vivir así. La gente no te respeta. Todavía hoy muchas personas del pueblo me miran y piensan: Ahí va la putita de Mandy, la que se cogieron todos. Porque lo rumores son como semillas que vuelan con el viento… y cuando se instalan en un lugar, crecen hasta volverse inolvidables. Todo lo que estás haciendo ahora te va a traer repercusiones en tu vida.

—Está bien, lo entiendo. Quiero seguir cogiendo con varios tipos a la vez, porque me encanta. Pero no quiero que sean siempre los mismos. No voy a permitir que esos pelotudos piensen que son mis dueños o algo así. Soy yo la que tiene el control de la situación. Yo decido quién me coje y cuándo. Me gustaría pasar un tiempo en Argentina, después del viaje a Brasil con Macarena.
—¿Qué viaje a Brasil? —Preguntó Elisa—. ¿De qué me perdí?
—Tu hermana ya estuvo haciendo planes para el resto de las vacaciones —dijo Mandy—. Y quizás a nosotras también nos vendría bien un cambio de aire. ¿Qué te parece?
—¿Vacaciones en Argentina? —Preguntó, mirándome a mí con una simpática sonrisa.
—Podría ser… ¿por qué no?
—En casa son más que bienvenidas —dijo Alicia—. Desde que Tefi se fue, nos sobra una habitación… y Nahuel puede dormir en el living.
—¡Hey! ¿Por qué siempre tengo que ir a dormir al living?

A pesar de mis protestas, me encantaba la idea de tener a estas tres rubias viviendo en mi casa, aunque sea por unos días. No tendría ningún problema en cederles mi cuarto… siempre y cuando me permitan compartir la cama con ellas de vez en cuando.

Estas vacaciones están mejorando con cada minuto que pasa.
Dedicamos el resto de la noche a charlar sobre cualquier cosa. Lo más bonito fue que nos quedamos completamente desnudos, para el deleite de Valery y Macarena. Ellas aseguraron que el nudismo es mejor si se practica en familia. Malditas morbosas.
Pero tienen razón.


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Nokomi ha dicho que…
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