Relatos Eróticos Nokomi

"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


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martes, 16 de abril de 2019

La MILF más Deseada [07].

      1. Capítulo 7.

      2. -1-



Diana estaba acostada en su cama, mirando el cielo raso, con la esperanza de que ésto le ayudase a dejar la mente en blanco. Pero era imposible. Las imágenes y el recuerdo de las sensaciones la invadían constantemente. Aún no podía creer que hubiera tenido el pene de su propio hijo dentro de la boca. Eso era algo que ninguna madre debía hacer. ¿Qué pasaría dentro de muchos años, cuando Julián ya estuviera casado y con familia propia? Ya se podía imaginar a ella misma diciéndole “Espero que tengas una familia normal, y no hagas como yo. ¿Te acordás de la vez que me metiste la pija en la boca? ¿O de cómo me tocaste la concha? Ah, por supuesto, no te olvides de las veces que me llenaste de leche”. Aunque, sin duda, para Diana era mucho peor el haber tenido el pene dentro de la boca, a lo del semen lo veía como algo muy sexual; pero más indirecto. En cambio la sensación que le produjo sentir la dura verga de su hijo entrando en su boca, eso ya era mucho más directo. La dejaba aún más intranquila.

Después de la sesión de fotos ella ni siquiera pudo masturbarse. La calentura que acumuló se desvaneció en cuanto estuvo sola en su cuarto, y su cabeza se llenó de preguntas.

No quería tener que repetir esa situación nunca más en la vida; pero sabía que se estaba engañando a sí misma. Seguramente debería hacerlo, por lo menos una o dos veces más. No porque ella quisiera, sino porque la empresa alemana que compraba sus fotos se lo exigiría. No podía darse el lujo de perder esa buena fuente de ingresos. Nunca antes había ganado tanto dinero, especialmente por un trabajo que consumiera tan poco tiempo de su vida. Después de cada sesión de fotos, se podía pasar días enteros sin hacer nada. Pero eso, en lugar de deprimirla, la hacía feliz. Estaba dedicando el tiempo para ponerse al día con series y películas que tenía pendientes. Y a leer algunos de los libros que había comprado años atrás, pero que nunca había leído, ya fuera por falta de tiempo o de ganas. Estos entretenimientos la ayudaban a mentener la cabeza despejada. Pero ahora mismo no estaban haciendo efecto. Necesitaba algo más fuerte para olvidarse de la situación, y no se le ocurría nada. No quería recurrir al whisky, ya que en los últimos días estuvo tomando un poquito más de la cuenta. Tampoco quería recurrir a medicamentos o calmantes. Odiaba que sus amigas tuvieran la tendencia a abusar de las pastillas, y se volvieran dependientes de ellas; no quería que le ocurriera lo mismo.

Estaba la opción de masturbarse, pero la táctica de “apagar fuego con fuego” no le había resultado. En cuanto empezaba a acariciar su concha, los recuerdos del pene de su hijo se volvían todavía más intensos.

Habían pasado dos días desde que posó para las fotos con la verga de su hijo en la boca. Se preguntó si las imágenes habían salido bien, si formarían un buen pack, para enviarle a la empresa alemana. Hasta ese momento no se le ocurrió pensar en eso, pero ahora lo entendía. Lo mejor era tomárselo de la forma más profesional posible. Sus preocupaciones debían quedar en un segundo plano, ahora lo más importante era que las fotos hubieran salido bien.

Se vistió de forma sencilla, pero ocultando muy bien su anatomía, y se dirigió al cuarto de su hijo. Como la puerta estaba cerrada, golpeó.

—Julián, soy yo ¿Puedo pasar?

—Sí, mamá… pasá.

Abrió la puerta y vio que su hijo estaba sentado frente a la computadora, mirando fotos pornográficas. En realidad no las estaba mirando, sino que las estaba editando, y esas fotos eran las que habían sacado durante la última sesión. Diana recordó algo bueno que había ocurrido esa misma mañana, hizo un esfuerzo por sonreír y dijo:

—Quería avisarte que ya nos llegó un nuevo pago, por las últimas fotos que mandaste. Fue mejor de lo que esperábamos.

—¡Buenísimo! Así vale la pena el esfuerzo. —Exclamó Julián, con una gran sonrisa.

—Sí… hablando de esfuerzo, ¿cómo van quedando esas fotos?

Se acercó a la computadora y en la pantalla se vio a ella misma, pálida y aterrada, con una verga apenas metida dentro de su boca.

—Bien, va bien, —dijo Julián—. Les estoy dando unos últimos retoques a las fotos...

—¿Te parece que va bien? —Ella sintió que su estado de ánimo caía al piso—. Es horrible, Julián.

—¿La foto?

—Sí… es espantosa… o sea, no lo digo por vos... seguramente hiciste un gran trabajo. Lo digo por mí. Parece que me estuvieran torturando. ¿En todas las fotos tengo esa cara?

—Bueno… más o menos…

—¿Qué? No puede ser… ¿Tan mal salieron las fotos?

—No salieron mal…

—A ver, mostrame las demás.

Su hijo obedeció, entró en la carpeta en la que tenía todas las fotografías de la última sesión y abrió la primera. Una a una las fue pasando. Diana se fue sintiendo cada vez peor con cada una de las imágenes, ella tenía esa cara de víctima de tortura en todas y cada una. Pero también le llamó la atención encontrar varias fotos fuera de foco.

—¡Ay, no, me quiero morir! —Exclamó la rubia—. Parecen fotos sacadas de una película de terror.

—Perdón, mamá, es que varias salieron movidas…

—Sí, no sé por qué te pasó eso, ¿siempre te salen tantas fotos fuera de foco?

—No, normalmente no…

—¿Normalmente? ¿Y qué pasó para que esto no fuera una situación normal? ¿Te pusiste nervioso?

—Puede ser, un poco; pero en realidad… —no se atrevió a continuar con la oración.

—En realidad… ¿qué? ¿Qué pasó Julián?

—Nada, dejá… no te hagas drama, tenemos varias fotos que salieron bien enfocadas, nos las vamos a arreglar con esas.

—No, porque son horribles —Diana se sentó en el borde de la cama de su hijo—. Julián, mírame… sé que no lo hice bien. Como actriz me voy a morir de hambre. Mi cara no puede ser más espantosa, parezco la víctima de una película de terror.

—No está tan mal.

—¿No está tan mal? ¿A vos te parece que la gente va a querer pagar para ver eso? Sinceramente yo me sentiría estafada, si alguien me cobrara, y de pronto me encontrara con esas fotos. Pediría que me devolvieran el dinero. Si la gente paga por nuestras fotos es porque éstas tienen buena calidad, la agencia nos sacaría a patadas si les enviamos esa porquería… y no te ofendas, no digo que sean una porquería porque vos lo hayas hecho mal, sé que la culpable soy yo.

—Si yo lo hubiera hecho mejor, no hubieran salido tantas fotos fuera de foco.

—No, Julián… por lo que dijiste sé que eso tampoco fue tu culpa. ¿Qué fue lo que pasó? Decime.

—No quiero que te sientas mal.

—Ya me siento mal. Esto es un problema técnico, y tenemos que resolverlo. Decime, Julián. ¿Qué fue lo que hice mal? Aparte de tener cara de sufrida.

—Bueno… lo que pasó es que no me diste mucho tiempo para sacar las fotos —ella lo miró en silencio—. A veces el lente necesita tiempo para enfocar bien, o el que necesita tiempo soy yo, para encontrar el ángulo apropiado. Vos estabas tan preocupada por terminar rápido, que apenas te acercabas a mi verga, ya te tirabas para atrás. Y bueno, después está el asunto de tu cara. Sos hermosa, mamá, tenés una cara tan linda que volverías loco a cualquier hombre heterosexual; pero estabas tan preocupada que eso se vio claramente reflejado en las fotos.

Julián notó una lágrima cayendo por la mejilla derecha de su madre, y justo antes de que ésta llegara al mentón, el aluvión de lágrimas comenzó.

—Eh… no llores, mamá… no llores.

—¿Cómo querés que no llore? —Diana ocultó el rostro detrás de sus manos—. Hice todo mal… todo para la mierda. No sirvo para esto. Así nos vamos a quedar sin trabajo… los de la agencia no nos van a pagar más.

—Vos te pusiste nerviosa porque el modelo era yo, que soy tu hijo… es comprensible. La próxima vez vamos a contratar un modelo.

—No, eso nos dejaría con menos ganancias… así estamos bien económicamente, pero si empezamos a perder dinero contratando modelos, entonces se nos va a complicar la cosa. Decime, Julián. ¿Qué es lo que tengo que hacer para que las fotos salgan bien? Ya me lo imagino… pero prefiero escucharlo de vos.

—Bueno… primero deberías intentar verte más alegre… más erótica, como si realmente estuvieras disfrutando lo que hacés —ella asintió con la cabeza—. Al final de la sesión te noté mucho más decidida, te iba a pedir de seguir con las fotos, pero te fuiste a dormir.

Diana se lamentó aún más porque ella se creía muy valiente al decir barbaridades sexualmente explícitas ante Julián, pero cuando se trataba de pasar a la acción (aunque fuera una acción fingida) se asustaba, y quedaba indefensa, como una niña.

—Sí, yo también me di cuenta de eso —dijo la rubia—. Ese hubiera sido el mejor momento para seguir... pero no te creas que soy tan valiente... muchas de esas cosas las digo sin pensarlas; me salen en el momento... y después me arrepiento, y me echo para atrás.

—Ya lo sé, mamá. Por eso no le doy mucha importancia a las cosas que decís cuando estás caliente. Es como si te transformaras en otra persona.

—Eso es muy cierto, lo noté más de una vez, no sé por qué será... pero siempre imaginé que se debe a que siempre me reprimo mucho. Casi nunca tengo oportunidad de dejar salir mi sexualidad, porque la gente me critica y me trata de puta.

—Por eso la dejás salir toda junta, cuando tenés la oportunidad.

—Sí, y te pido perdón, vos no tendrías que escuchar a tu madre diciendo semejantes barbaridades.

—A mí no me molestan, para nada. Solo me pone mal saber que después te arrepentís de lo que dijiste. No tendrías que arrepentirte.

—¿Te parece que no? ¿Acaso me debería sentir bien por decirle semejantes cosas a mi propio hijo?

—Vos dijiste que estábamos desarrollando una relación de máxima confianza. Que esas cosas que decís sean parte de esa confianza, yo sé que necesitás decirlas, y ahora lo comprendo mejor. Necesitás tener un momento para dejar salir tu sexualidad sin que nadie te juzgue o te presione. A mí no me molesta, al contrario. Así que no tengas miedo, sé que son sólo palabras, y no me las tomo demasiado en serio.

—Bueno, un poco de verdad hay en lo que digo.

—¿Como qué? —Quiso saber Julián.

—Como cuando digo que me siento halagada de que te hagas la paja mirando mis fotos. Al principio me molestaba que lo hicieras, pero empecé a verlo de otra manera. Sé que sos mi hijo... pero que se yo, no puedo evitar sentirme orgullosa y hermosa si sé que te pajeaste mirando mis fotos. Me está gustando mucho esto de saber que hay gente que se pajea al verme... es algo que necesitaba desde hace mucho tiempo, necesito sentirme admirada. Podrá parecerte narcisista, pero el la verdad...

—Te entiendo, mamá. A vos nunca te dejaron disfrutar de tu belleza sin presiones. Con esto de las fotos eróticas pudiste experimentar eso. Me parece bárbaro que te sientas así...

—Gracias por entender, además... por acá no hay otra persona con la que pueda tener un intercambio más directo, por eso es que termino diciéndote a vos esas barbaridades.

—Y ya te dije que a mí no me molesta, vos decí lo que quieras, yo no te voy a juzgar... más miedo me daba que vos me juzgaras por hacerme la paja mirando tus fotos; pero si sé que tengo tu permiso, lo hago con mucha más tranquilidad —esto provocó una sonrisa en Diana.

—Ya me estoy poniendo cachonda, de sólo imaginarlo... pero aclaro que no es que me caliente con mi hijo... es...

—Es porque sabés que alguien se calienta con tus fotos, ya lo aclaraste, no hace falta que te justifiques tanto.

—Ni vos tampoco tenés que justificarte al hacerlo. Si te calentás mirando mi concha, entonces sacá la pija y pajeate todo lo que quieras. Sin darle más vueltas al asunto. Y a mí me calienta mostrarme, así que si un día me querés ver desnuda, solamente pedimelo... o también me podría poner alguno de los conjuntos que mandaron.

—Mmmm, me agradaría que a veces te los pusieras, sin previo aviso.

—¿De verdad? ¡Genial entonces! Porque yo estaba buscando alguna excusa para poder usarlos, me encanta cómo me quedan.

—Usalos todo lo que quieras, acá siempre estamos nosotros dos solos. Si yo fuera vos andaría todo el día en tetas.

—Puede que lo haga, ya veremos —le guiñó un ojo a su hijo—. Decime, Julián: ¿Hay alguna otra cosa que pueda hacer para mejorar las fotos de la última sesión?

—Mmm... sí. Tendrías que darme más tiempo para sacarlas.

—Es decir que…

—Es decir que tendrías que tener la verga en la boca por más tiempo. Sé que eso no te agrada nada, pero no hay otra alternativa.

—Está bien, voy a intentar mentalizarme lo mejor que pueda. Aunque me tenga que mentir a mí misma.

—Igual no hace falta que lo hagas ahora mismo. Tenemos tiempo, porque todavía nos quedan varias fotos por mandar. Además podríamos seguir con las sesiones que veníamos haciendo, esas siguen redituando beneficios. La intención es variar, no eliminar lo que ya veníamos haciendo.

—Bien. Bueno, hoy no estoy de ánimos para sacarme fotos en pelotas, me voy a tomar un día… o dos… después yo te aviso.

—Dale, tomate tu tiempo.

—Sí… y borrá esas fotos de mierda, no las quiero ver nunca más en la vida. Después haremos mejores fotos, te lo prometo.

—Pero yo quería...

—Ahh qué boluda... vos querías verlas... picarón —volvió a guiñarle un ojo—. Bueno, si te sirven para eso, entonces dejalas... pero no las mandes.

-2-

Las sesiones de fotos se vieron interrumpidas durante tres días consecutivos, luego hicieron una nueva en la que Diana vistió la ropa interior celeste. Fueron fotos tan técnicas y tan ensayadas que terminaron luego de pocos minutos, y a Julián ni siquiera se le paró la verga. Tampoco es que tuviera demasiados motivos para tener una erección, ya que su madre no se quitó nada de la ropa, y no utilizó demasiadas poses sugerentes. No era necesario hacerlo, ya que las fotos se usarían para las galerías de imágenes que estaban abiertas a todo el público, no iban a formar parte de la galería “Premium”.

Un par de horas después de esa sesión, Diana fue en busca de su hijo. Julián se encontraba editando las fotos, con la puerta de su cuarto entreabierta. Ella espió sigilosamente, ya que creyó que lo sorprendería masturbándose; pero no fue así. Él ni siquiera tenía una erección, estaba editando las fotos tranquilamente mientras de fondo sonaba alguna canción de rock que Diana no reconoció.

—Julián, soy yo —se anunció mientras abría la puerta.

—Sí, pasá…

—Te quería decir que estuve pensando mucho en este asunto de las fotos… ya sabés a cuáles me refiero —él asintió con la cabeza—. Bien, necesito que me hagas un favor… porque quiero probar algo. No sé si va a funcionar, pero al menos lo quiero probar.

—¿Qué favor?

—Sacate el pantalón… y sentate en la cama —él la miró confundido—. Escuchaste bien, necesito que te saques el pantalón. ¿O me vas a decir que ahora te da vergüenza?

—Eh… no… ¿pero qué querés probar?

—Ya vas a ver.

Él no puso ninguna objeción, se quitó el pantalón y el calzoncillo, quedando completamente desnudo de la cintura para abajo, luego se sentó en el borde de su cama. Diana se le acercó y se detuvo justo frente a él, a continuación se puso de rodillas. Julián abrió mucho los ojos.

—¿Vas a…? —comenzó a preguntar él.

—Esperá… no digas nada. Para que esto funcione necesito que te quedes en silencio —ella miraba fijamente el flácido pene de su hijo, el cual estaba a pocos centímetros de su cara—. Si quiero perderle el miedo a esto, entonces no me queda otra que acostumbrarme a la sensación…

—¿Tengo que traer la cámara?

—No, no… nada de cámaras, hasta próximo aviso. De momento vamos a hacer pruebas, yo te voy a avisar cuando esté lista para sacar más fotos. Ahora cerrá la boca… veamos si esto sirve para algo.

Julián se quedó en absoluto silencio mientras su madre continuaba mirando fijamente su verga. Luego de unos interminables segundos, ella echó su cabeza para atrás, cerró los ojos y suspiró. Al volver a abrir los ojos, acercó su cabeza a la verga, inclinándola de forma tal que el glande quedara justo sobre su boca.

Entreabrió un poco la boca y permitió que la punta del pene se posara suavemente en sus labios. Pudo notar la tibieza y se sintió tentada a retroceder, pero no lo hizo. «Vos podés, Diana, vos podés», se repitió mentalmente.

Abrió un poco más su boca y esta vez el flácido pene se fue introduciendo en ella. Pudo sentir la suavidad del prepucio al hacer contacto con su lengua. Un instante después ya tuvo todo el pene de su hijo dentro de la boca. Cerró los ojos, como si se estuviera concentrando mucho en la tarea, y apretó los labios. La verga comenzó a dar leves sacudidas en el interior de su boca, y ella no podía evitar tocarla con la lengua, sin importar hacia dónde la moviera. El corazón se le aceleró cuando los segundos comenzaron a pasar. El vello púbico de su hijo le hacía cosquillas justo debajo de la nariz, y podía sentir la acumulación de saliva dentro de su boca; sin embargo no retrocedió.

La verga comenzó a ponerse dura y Diana se percató de esto y se puso aún más incómoda, ya que a ella le fascinaba sentir cómo una verga se ponía dura dentro de su boca; pero no podía permitirse eso tratándose de la verga de su hijo.

No esperó hasta que el pene estuviera duro del todo, se retiró antes; pero lo hizo lentamente, dejando sus labios apretados en torno a la verga.

—Uf… eso fue raro… raro, raro, raro… —dijo ella, al mismo tiempo que se sentaba en la silla en la que antes había estado su hijo.

—¿Funcionó?

—No sé… pero al menos lo soporté durante un ratito. Es un avance. Quería probarlo mientras estuviera flácido, me imaginé que tal vez de esa manera me resultaría menos impactante.

—¿Y fue así?

—No, para nada. Creo que fue incluso más impactante… porque se te empezó a parar.

—Perdón, yo no…

—¡Ay, sonso! ¿Cómo te voy a recriminar por eso? O sea, tenías la verga dentro de una boca… fuera la mía o no, era obvio que se te iba a parar en algún momento. El problema es que a mí me gusta mucho cómo se siente eso… y no está bien.

—¿Por qué no?

—Porque sos mi hijo, Julián.

—¿Y eso qué tiene que ver? —ella lo miró confundida—. A ver, mamá… ¿qué te dije yo más de una vez? Las fotos son actuadas, sí… pero a veces viene bien un pequeño aporte de realismo, por mínimo que sea. Soy tu hijo, pero no te olvides que además soy tu fotógrafo y, por lo visto, también voy a ser el modelo que te acompaña en esas fotos. No me parece tan descabellado que puedas separar un poquito nuestra vida cotidiana del trabajo, y que te lo tomes con un poco más de soltura… como lo hiciste cuando te masturbaste, y yo te sacaba fotos. Esas fotos salieron fantásticas, porque vos la estabas pasando bien... o como lo hacés al decirme cosas estando caliente. Es obvio que estar excitada te ayuda a soltarte y a perder la vergüenza.

—Sí, y por cómo terminó la cosa… se ve que vos también te la pasaste muy bien en aquella sesión.

—Sí, no te lo voy a negar. ¿Te parece muy loco lo que estoy diciendo?

—La verdad, no. Tiene sentido. No puedo negar que cuando estoy… excitada, me suelto mucho más. Hago cosas que estando “fría” no haría… incluso digo cosas que normalmente no diría… eso ya lo comprobaste. También te ayuda a vos... te noto más suelto cuando ya la tenés bien dura.

—Emm… sí, eso es cierto.

—Sonso, no te pongas así. Después de todo, tenés razón. Cuando nos sube la calentura hacemos mejores fotos. Eso es innegable. Ahora que lo pienso, cuando hicimos las fotos con tu verga en mi boca… yo estaba algo acalorada, por el whisky más que nada… pero esa calentura no era nada en comparación a la que tenía la vez que me hice la paja… ni de cerca.

—Y tal vez ese fue el principal error… intentaste hacer estas fotos tan difíciles estando “fría”.

—Sí, puede ser.

—En definitiva… durante la sesión de fotos, si te gusta un poquito lo que hacés, entonces no tiene nada de malo. Al contrario, puede ser favorable para el producto final.

—Dicho de esa manera suena mejor. No suena tan descabellado como que me caliente al tener la verga de mi hijo en mi boca.

—Lo dijiste vos, no yo… pero ya hablamos de este tema, cuando permitiste que yo use tus fotos para tocarme… la clave está en que yo no pienso en vos —no estaba seguro de cuán cierta era esa afirmación.

—Claro, pensás en tu profesora de matemáticas.

—De biología.

—¿No era de estadística? —preguntó Diana, levantando una ceja.

—Em sí… eso… de estadística. Qué boludo.

—Ajá… bien. La cuestión es que hay que pensar en otra persona, y también me tengo que calentar un poquito. Un poquito bastante. Me voy a la pieza, a tocarme un ratito…

—¿Te acompaño?

—No, voy sola.

—¿Por qué? Pensaba en que mientras podría sacar algunas fotos.

—Te dije que por ahora te olvides de la cámara. Yo te voy a decir cuándo seguimos con las fotos. Además no quiero que se te pare… todavía no.

Diana se dirigió hacia su cuarto y cerró la puerta, para que su hijo no espiara. A continuación se desnudó y se tendió sobre la cama. Cerró los ojos y comenzó a acariciar suavemente sus pechos y a jugar con sus pezones. Cuando los tuvo erectos, bajó una de las manos hasta su entrepierna y la frotó lentamente, mientras separaba las piernas. Pudo sentir la humedad manando de su sexo, y esto la incentivó a jugar un poco con su clítoris, dándole leves golpecitos con un dedo. Su respiración comenzó a agitarse y todo su cuerpo empezó a menearse. Introdujo uno de los dedos en su concha y cuando su agujero estuvo preparado, metió otro más. Los movió de adentro hacia afuera repetidas veces mientras pensaba en aquella ocasión, hacía ya muchos años, cuando disfrutó de una verga tan grande como la de su hijo. Recordó cómo ese hombre le penetró, estando ella en cuatro patas, y cómo después prácticamente la obligó a chuparle la verga. Eso la calentó muchísimo en aquella ocasión y estaba surtiendo el mismo efecto ahora, mientras se masturbaba.

Pocos minutos más tarde consideró que ya estaba lo suficientemente caliente como para volver a intentarlo. Con un grito llamó a su hijo y éste apareció casi de inmediato, como si hubiera estado esperando al otro lado de la puerta.

Julián se deleitó con la impactante imagen que ofrecía su madre, acostada desnuda, con las piernas abiertas, y dos dedos entrando y saliendo de su concha.

—Ya estoy lista —le dijo, sin dejar de tocarse.

—¿Qué hago?

—Sentate acá, al lado mío.

Él se acercó a la cama y ocupó el lugar que su madre le indicó, apoyando la espalda contra el respaldar.

—Bueno, vamos a ver qué tal sale ahora —dijo ella, volteándose para colocarse bocabajo, justo delante de su hijo.

Su cabeza quedó a pocos centímetros de esa verga flácida que esperaba por su atención. Diana no dejó de tocarse y se dio cuenta de que ahora ese pene le resultaba un tanto más apetecible que antes. Abrió la boca y ya sin dudarlo tanto, se acercó.

Se tragó la verga completa de una sola vez y la retuvo dentro de su boca, mientras con dos dedos se frotaba el clítoris. Movió levemente la lengua, como si con ella quisiera reanimar a un animal dormido… y así fue. La verga comenzó a ponerse dura y ella aceleró el ritmo de su paja. De pronto sintió una puntada de placer en la boca del estómago, y no fue por la razón que a ella le hubiera gustado. Aunque quiso ignorarlo rápidamente, supo que esa descarga de placer se debió a que en ese momento fue consciente de que esa era la verga de su hijo.

Si alguna vez alguien le hubiera dicho que ella tendría en su boca la verga de Julián, se hubiera sentido asqueada y ofendida por el comentario. No había forma de que ella, alguna vez, fuera hacer eso… al menos eso era lo que pensaba, porque allí estaba, con la verga de su hijo en la boca… y se estaba poniendo cada vez más dura.

Diana retrocedió y se levantó, hasta quedar de rodillas en la cama, masturbándose frente a su hijo.

—Ahora sí, tocate —le dijo.

Julián comenzó a hacerse la paja, recorriendo con la mirada el cuerpo de su madre, desde su cara desencajada por el placer, pasando por los grandes pechos que se bamboleaban sin parar, hasta llegar a la concha, que recibía continuas invasiones de dedos.

Cuando Diana vio que su hijo tenía la verga bien dura, volvió a bajar la cabeza hasta encontrarse con ella. Julián se la ofreció y ella se la tragó. No pudo tragarla completa, ni lo intentó, le bastaba con ir un poco más allá del glande, hasta sentir que su boca quedaba bien llena de pija. Se quedó allí, durante unos segundos, disfrutando de esa añorada sensación, y luego se retiró.

Esta vez no se puso de rodillas, sino que volvió a acostarse bocarriba, junto a su hijo.

—¡Mierda! Eso fue más fuerte de lo que me imaginaba —dijo ella entre risas, mientras se frotaba la concha a toda velocidad.

—¿Te gustó? —preguntó Julián, mientras acariciaba su verga con una mano.

—No me hagas decirlo… solamente voy a decir que no me desagradó tanto. Nada más.

—Bueno, eso es un avance.

—Sí, sí que lo es —de pronto Diana comenzó a reírse.

—¿Pasa algo?

—No, nada… bah, sí. Es algo irónico. Antes me moría de vergüenza tan solo con pensar que me verías desnuda, y ahora mirá… me estoy pajeando delante tuyo, como si nada. Sos mi hijo, carajo… debería darme un poquito de pudor.

—¿Ya no te da pudor?

—¿Pajearme delante tuyo? No, creo que a eso ya lo tengo asumido… aunque lo de tragarme la verga todavía me tiene muy intranquila.

—Debe ser por eso entonces.

—¿Por qué?

—Porque pasaste de estar intranquila por una cosa, a estarlo por otra mucho más… seria.

—Es cierto. Es como que cada vez que aparece una preocupación más grande, se van superando las anteriores.

—¿Entonces te puedo ver haciéndote la paja cuando quiera?

—Y sí… ya fue. ¿Qué le vamos a hacer? ¿Al menos te gusta cómo lo hago? —preguntó, mientras separaba más su piernas e introducía dos dedos en su concha.

—Sí, lo hacés muy bien —él también se masturbaba a buen ritmo.

—¡Uf, estoy re caliente!

—¿Tanto como para comerte una pija?

—Mmm… tal vez sí… vení, traela para acá.

Ella giró su cabeza, sin levantarla de la almohada, y abrió mucho la boca. Julián se puso de rodillas en la cama y acercó la verga hasta su madre. Diana se tragó un poco más que la vez anterior, sintiendo como el glande se aproximaba mucho a su garganta. No movió la lengua, pero sus dedos no dejaron de entrar y salir de su concha.

Julián no estaba seguro de cuánto tiempo debería permanecer allí, pero le gustaba tanto sentir la tibieza de la boca de su madre rodeándole la verga, que no quería retroceder. Sin embargo fue ella quien lo hizo, pasados unos segundos.

—¿Qué tal? —preguntó él.

—Creo que va mejorando.

Diana se sentó en la cama, dejando sus piernas algo separadas, sus dedos aún acariciaban su vagina, aunque ahora lo hacían con menor intensidad. Julián también volvió a sentarse a su lado, y al igual que ella, se mantuvo estimulando su sexo.

—¿Sabés una cosa? —Preguntó la rubia—. Una vez estuve con un hombre que la tenía grande como vos.

—¿Qué? ¿De verdad? Yo creí que el único hombre con el que habías estado era papá.

—¿Y cómo sabés que no hablo de él?

—Porque no te hubieras referido a él como “un hombre”.

—En eso tenés razón. Bueno, la cosa es que tu padre no fue el único hombre en mi vida, aunque sí fue el más importante… bueno, sin contarte a vos, sabés a lo que me refiero.

—Sí… ¿y cuándo fue que estuviste con este otro hombre?

—Fue hace muchos años, vos eras chico. Nunca te lo conté, pero tu padre y yo estuvimos separados por casi un año.

—¿Qué, de verdad?

—Sí… porque él me engaño con otra.

—¿Papá? ¿Papá te engañó? —Preguntó incrédulo—. Siempre creí que él era el hombre más bueno del mundo.

—Y lo era… pero los buenos hombres también se mandan cagadas. Cuando me enteré no lo podía creer, me puse muy mal… nunca me había sentido tan traicionada.

—Si te hace mal hablar de eso, no me lo cuentes.

—No, ya no me hace mal, fue hace muchos años. Además es hora de que lo sepas, ya sos grande. Bueno... si es que querés saberlo.

—Sí, por favor. Contame.

—Bueno. Cuestión que cuando supe de la infidelidad, lo eché de casa. Él tuvo que irse a vivir a un departamento. Vos, como siempre fuiste tan apegado a tu papá, preguntabas por él todo el tiempo, y yo te decía que se había de viaje y que iba a volver pronto.

—De eso me acuerdo... y sé que volvió.

—Sí, tuve que tragarme mi orgullo y le dije a tu padre que volviera. Bueno, en realidad no fue tan así, lo que pasa es que yo me sentía muy culpable... porque durante ese tiempo yo también me mandé mis macanas.

—Pero estaban separados, no sé si cuenta...

—Emm, seguíamos siendo marido y mujer, solamente estábamos distanciados. Además habíamos hecho una especie de acuerdo: durante el tiempo de separación, estaríamos solos. Usaríamos ese tiempo solamente como una oportunidad para pensar en nuestro matrimonio, no para salir a coger con la primera persona que se nos cruzara. Él me prometió que seguiría siéndome fiel, y yo le prometí lo mismo. Tuvimos algunas discusiones medio feas, pero ese fue el acuerdo.

—Qué loco... nunca me imaginé que se hubieran peleado de esa manera. Ni una sola vez los vi discutir.

—Porque nunca discutíamos delante tuyo... pero tampoco es que discutiéramos mucho. Tu padre era un tipo muy bueno, y sabía que se había mandado una cagada grande; por eso, cuando llegamos a un acuerdo, se portó de maravilla conmigo. Durante ese tiempo de separación fue muy amable, me dio mi espacio y siempre me trató con respeto. La que no hizo lo mismo fui yo.

—¿Vos lo tratabas mal?

—A ver... de forma directa lo trataba muy bien, le hablaba de buena manera... bueno, la mayoría de las veces. Admito que hubo ocasiones en las que le hablé bastante mal; pero él se las bancó. Prefería que yo le dijera todo eso, y que no me guardara nada. Pero más allá de eso, en ciertos momentos fue casi como volver a nuestra etapa de noviazgo, e incluso a veces me divertía charlando con él. Lo que él nunca supo es que en realidad yo lo estaba tratando mucho peor. No estaba respetando mi parte del acuerdo.

—Ah, ya veo... ¿Ahí fue cuando conociste a este tipo?

—Exacto. Este tipo no tuvo que hacer mucho para conquistarme, yo estaba enojada… despechada... y bueno, no lo voy a mentir, también estaba cachonda. Era como si quisiera devolverle a tu padre el mal que me hizo. Al menos así lo pensé al principio, pero con el tiempo me di cuenta que no era por eso... sino porque tenía ganas de tener una aventura sexual. ¿Sabés la cantidad de tipos que me hicieron propuestas indecentes? Me mantuve firme y dije que no, en cada ocasión; incluso en aquellas ocasiones en las que la tentación fue muy grande.

—Siempre me imaginé que habías tenido que rechazar a muchos hombres en tu vida.

—Sí, hombres y mujeres... hubo varias que se me insinuaron de forma bastante directa.

—¿Qué? ¿De verdad? No te imagino teniendo sexo con una mujer.

—Hay muchas cosas de mí que nunca te imaginaste.

—¿Eso quiere decir que lo hiciste?

—Quiere decir que lo dejo a tu criterio. Ahora te estoy hablando de otra cosa.

—Perdón, es que tirás una bomba tras otra... y me mata la curiosidad —Julián se estaba pajeando lentamente mientras hablaba con su madre.

—Así que tuviste muchas propuestas... ¿Cuál fue la más difícil de rechazar?

—Emm... bueno, esa fue una vez en la que salí a bailar con mis amigas, tu padre y yo ya llevábamos casados algunos años, y vos ya eras nacido; pero chiquito. No soy de salir mucho, de hecho esa fue una de las últimas veces que entré a una discoteca; porque cada vez que voy a una me siento culpable... además es donde más insinuaciones recibo.

—Me imagino, muchos se deben volver locos al verte con linda ropa, y bailando.

—Sí, y soy consciente del impacto que provoco en la gente, no creas que no. Esa vez un tipo, joven y musculoso, se me puso a bailar cerca; después de un rato me pidió que bailase directamente con él. No lo vi como algo malo, entonces acepté... yo tenía un vestido rojo, súper ajustado y bastante corto. No pasó mucho tiempo hasta que el tipo empezó a acariciarme, especialmente en la espalda. Cuando intentó hacer lo mismo con mi cola, le aparté la mano, pero no me enojé. Tenía una sonrisa encantadora, era un tipo lindo y no parecía peligroso, sólo estaba caliente... y bueno, yo también. Seguí bailando con él, y le aparté la mano cada vez que tuve que hacerlo, aunque a veces lo dejaba que me acariciara un rato el culo, o las piernas. Claro, el tipo se dio cuenta de que yo estaba cediendo, por eso se animó a más. Me arrimó por la espalda, y mientras lo hacía me manoseó un poco las tetas. Además yo podía sentir que tenía un bulto importante. Tendría que haberme apartado, pero en lugar de eso empecé a bailar de forma sensual. Casi sin que me diera cuenta, el tipo empezó a llevarme al rincón más oscuro del boliche. Ahí los arrimones y los toqueteos se hicieron mucho más evidentes. Yo seguía apartándole la mano, pero en varias ocasiones llegó a acariciarme la concha por encima de la tanga. A esa altura de la noche yo ya me sentía muy culpable, no sabía cómo le iba a explicar todo eso a mi marido; pero tampoco podía parar... estaba muy caliente. El tipo me arrimó por detrás, ya estábamos en un rincón en el que nadie nos iba a ver, yo ni veía a la gente que estaba cerca. En eso siento que él saca la pija... la tenía re dura. Lo sé porque se la agarré con una mano. Era grande, bastante más grande que la de mi marido. Ahí fue cuando me tendría que haber ido, pero me quedé un rato más. El tipo aprovechó, me corrió la tanga y empezó a acariciarme la concha... me sentí como una puta, nadie me había tocado ahí desde que me había casado con tu papá...

—¿Ahí fue cuando te fuiste? —Preguntó Julián.

—Em... no... me dejé tocar. El tipo incluso llegó a meterme los dedos... yo estaba muy caliente, y tenía la cabeza algo nublada, había estado tomando un poco; pero no tanto como para justificar mi comportamiento.

—¿Y qué pasó después?

—Después pasó algo de lo que me arrepiento mucho. El tipo puso la verga contra mi concha, y empezó a metérmela. Y yo... en lugar de apartarme, me acomodé y retrocedí para que entrara... no sabés lo que me dolió, nunca me habían penetrado con algo tan grande. Pero al mismo tiempo fue la sensación más placentera que había experimentado hasta el momento. Nunca le conté de eso a tu papá. El tipo me agarró con fuerza de las tetas, y siguió empujando, hasta que me la clavó entera. Yo estaba en puntas de pie, con las piernas separadas, y la cola levantada; lista para que me cogieran. Ahí fue cuando el remordimiento se hizo aún más grande, porque de verdad estaba dispuesta a dejarme coger por un desconocido, dentro de un boliche. Salí prácticamente corriendo de ahí, avergonzada y acomodándome la ropa como podía. Al tipo no lo vi nunca más, y por suerte no me siguió.

—Uf... —Julián se pajeaba con ganas—. No me imaginé que te hubieras animado a tanto. ¿No cuenta eso como una infidelidad?

—No sé... tal vez sí. Pero yo me esforcé mucho, hasta que me convencí a mí misma de que no lo era. Aunque ahora, analizándolo un poco, tal vez sí cuente como infidelidad.

—Me imagino que algo parecido te habrá pasado otras veces.

—Sí, pero nunca de forma tan alevosa. A veces sólo eran insinuaciones, o algún roce “sin querer”. Pero…

—¿Pero? —Como Diana no dijo nada, Julián insistió—. Dale, mamá, podés contarme lo que sea, yo te voy a querer igual. No me importa que no hayas sido perfecta durante tu matrimonio. Ese es un asunto tuyo, y de papá. Él también se mandó sus cagadas.

—Está bien… con el “pero” me refería a que hubo otras veces que rozaron la infidelidad; o incluso tal vez lo fueron, por más que yo intentara convencerme de que no.

—Quiero saber de esas veces.

Diana vio la verga de su hijo, y como él seguía pajeándose. Entendió perfectamente por qué estaba tan interesado en sus relatos. Eran candentes, hasta ella se estaba mojando cada vez más al contar esas anécdotas. Estaba pasando un buen momento con su hijo… un momento algo turbio y extraño; pero después de las sesiones de fotos, se estaba acostumbrando a eso.

—A ver, dejame pensar, —dijo ella, mientras se acariciaba la concha. Miró una vez más la pija de Julián—. Esperá, antes quiero probar algo. Permiso…

Ella bajó su cabeza, y sin detenerse, se tragó buena parte de la verga de su hijo. Él se quedó inmóvil, disfrutando del momento. La tibieza de la boca de su madre era tan agradable, que estuvo a punto de eyacular. Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo, se contuvo. Una cosa era que su mamá le permitiera acabar sobre su cuerpo, para poder sacar algunas fotos… pero sabía que ella se enojaría mucho si le acababa dentro de la boca.

—Es una sensación muy extraña, —dijo Diana, cuando soltó la verga—. Me recuerda a algo que pasó una vez que tu padre y yo nos fuimos un fin de semana largo a un lindo hotel; fueron unas mini vacaciones. No podíamos pagar algo muy caro, pero necesitábamos relajarnos. Vos eras chico, y te dejamos abandonado por ahí, —dijo, con tono de burla; Julián sonrió—. Eso no importa, lo que sí importa era que estábamos solos, y el hotel era precioso. Tenía una pileta divina, y como era temporada baja, no había mucha gente. Eso me agradaba, porque podía andar en bikini sin que me estuviera mirando todo el mundo. Por aquel entonces era algo que me ponía muy incómoda. Pero que hubiera poca gente no significaba que no hubiera nadie.

—Había un tipo…

—Sí… y ese tipo era atractivo. Él estaba solo, tenía pinta de ser esos empresarios medio egocéntricos, que pasan todo el día en el gimnasio, y se conservan bien. Aunque en realidad creo que no tenía ni cincuenta años. A él se le iban los ojos cada vez que yo le pasaba cerca. No disimulaba ni un poquito, incluso una vez tu papá le hizo un llamado de atención por la forma en la que me miraba. Tuve miedo de que fueran a pelearse, pero el tipo le pidió disculpas amablemente. Con la que no tuvo tanto taco, fue conmigo. Una tarde tu padre y yo estábamos en la pileta, y el tipo estaba ahí. Entré al hotel, para buscar unas toallas, y él me siguió. Me empezó a decir que yo era muy hermosa, y que no entendía cómo me había casado con un tipo sin gracia. Me dijo que él me podía dar mucho placer, sólo si yo estaba dispuesta a recibirlo. O sea, directamente me invitó a coger. Obviamente le dije que no. Pero él fue muy insistente. Aprovechó, durante todo el fin de semana, cada momento que yo me alejé un poco de tu papá. Él seguía diciéndome barbaridades, y me halagaba de forma poco discreta. El último día de nuestras mini vacaciones, el tipo se me acercó cuando yo entré a buscar agua para el termo. Sabía que se estaba quedando sin tiempo, y si había tenido un mínimo de sutileza, lo perdió en ese momento. Antes de que pudiéramos ser vistos por algún empleado del hotel, me agarró la mano y la apoyó sobre su verga; dijo: “Ésto es lo que tengo para vos, puta hermosa”. Lo miré sorprendida, en ese momento tendría que haberle gritado de todo, e incluso le podría haber hecho una denuncia por acoso sexual. Pero me dejó tan impresionada el tamaño de su verga… y la forma prepotente en que me lo dijo, que me calenté. No estoy orgullosa de eso; pero me mojé toda. Miré para todos lados, y vi que no había nadie. Le hice señas, para que avanzara, y terminamos en uno de los baños del hotel. El tipo no anduvo con vueltas, ni bien entramos, se quitó el short, dejando su pija colgando en toda su extensión. La tenía toda depilada, y era más grande que la de tu padre… más o menos como la tuya. —Diana acarició la verga de su hijo—. Yo estaba muy mojada, y no por el agua de la pileta. Me gustaría decirte que lo dudé, o que estuve a punto de irme; pero sería mentir. Entré totalmente decidida, y lo hice. Me puse de rodillas, y sin mucho preámbulo, me metí toda esa pija en la boca. Me encantó sentir cómo se ponía dura adentro de mi boca… me encantó la rigidez… el tamaño… me encantó que el tipo me tratara de puta, y me pidiera que la siga chupando. Habré parecido una prostituta, o una actriz porno. Ahí estaba, en un baño, con un desconocido, moviendo la cabeza como una petera profesional. Le estaba comiendo la pija con una pasión que ni a tu padre le mostré. Para colmo lo miraba y le sonreía, como buena putita complaciente. En ese momento no entendí por qué me estaba comportando así, pero no importaba, porque mi único objetivo era comerme toda esa pija. Para colmo era tan grande que al meterla en mi boca me hacía salivar mucho, empecé a babearme toda. Pero no dejé de darle chupones, o de tragármela toda. Estaba descontrolada. No sé cuánto tiempo le estuve chupando la pija, pero sé que fue bastante. Obviamente el tipo me acabó en toda la cara, y dentro de la boca. Tragué tanta leche como pude, pero como era mucha, ésta terminó cayéndome por las tetas. Seguí chupándola un rato más, hasta dejarla bien limpia, y después me levanté. Mientras me lavaba la cara, el tipo salió del baño. Tal vez le fue suficiente con acabar, o pensó que yo no me animaría a más… pero sinceramente no sé cómo habría reaccionado si él hubiera intentado cogerme. Bah, sí sé… me hubiera dejado coger. Estaba re caliente. Pero bueno, tal vez a él ya no se le paraba dos veces… por suerte se fue; de lo contrario me hubiera portado muy mal. Aún pero de lo que me porté. Le di un rato, para que volviera a la pileta, y en ese interín agarré el termo, lo golpeé contra una pared, y lo rompí. Volví, con el termo sonando a vidrios rotos, y me senté al lado de mi marido. Le dije que había demorado porque se me rompió el termo, e intenté ver si vendían uno por algún local cercano al hotel. Él me creyó, y me agarró de la mano, sin sospechar que yo venía de hacerle un pete a un tipo. Ni yo lo podía creer. Siempre había criticado a las mujeres que engañaban a sus maridos, y me enojé cada vez que me trataron de puta. Pero ahí estaba, sentada, como si no hubiera pasado nada, después de hacerle tremendo pete a un desconocido. Me sentí una basura, pero al mismo tiempo estaba excitada. Unos minutos más tarde tuve que subir a mi habitación, a hacerme una paja.

En ese momento Julián empezó a eyacular, lo hizo a grandes chorros, que cayeron sobre la mano de Diana, que en ningún momento soltó la pija. Ella lo ayudó, moviendo la mano un poco, hasta que él, entre espasmos de placer, dejó salir hasta el último chorro de semen.

—Ah, bueno… ¡cómo acabaste! —Ella miró su mano, estaba cubierta por el líquido blanco.

—Uy… perdón.

—Ay, sonso… ¿cómo vas a pedir perdón? Raro hubiera sido que no acabes, después de las cosas que te conté. Podré ser tu madre, pero no soy ingenua. Sé que te habrás imaginado en una situación igual; pero con otra mujer.

—Eh… sí, claro… con otra mujer. Es que fueron momentos muy… morbosos. ¿Ahora me vas a contar del tipo que conociste? Ese otro tipo…

—Eso te lo cuento mañana.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque creo que ya tuviste suficiente estímulo por un día… mirá cómo me dejaste la mano, —ella extendió los dedos, hilos de semen se formaron entre ellos—. Mañana te cuento todo.

—Ufa, está bien.

Él quería saber más sobre las andanzas de su madre; pero Diana ya había tomado una decisión. Tendría que aguantar la intriga, al menos por un día más. Al menos ya había acabado, y no tendría que ir a su cuarto a seguir el trabajo solo. Pero sabía que, con la calentura que tenía, no pasaría mucho tiempo hasta que su verga se despertara otra vez. Agradecía tener disponibles todas las fotos de su madre, para que le sirvieran de inspiración.

—Bueno, ahora agradecería que me dejaras sola un ratito, —pidió la rubia.

Julián no tenía ganas de irse, pero no quería iniciar una discusión; se marchó sin decir nada, cerrando la puerta al salir.

Diana abrió las piernas y se llevó a la concha la mano llena de semen. Comenzó a masturbarse usando este blanco y espeso líquido como lubricante. Tuvo tentada a lamerse los dedos, pero se dijo que eso sería demasiado. Por más que el sabor del semen pudiera excitarla mucho, era el semen de su hijo. Mientras se tocaba recordaba las anécdotas que le había contado a Julián, y no podía dejar de imaginar la pija de su hijo en lugar de la de aquellos hombres. Se dijo que eso se debía a que el recuerdo del pene de esos hombres ya estaba difuso, y que a la verga de Julián la había visto apenas segundos antes… incluso la había tenido dentro de su boca. Por eso, cuando imaginaba el pete que le había hecho al tipo del hotel, sólo podía imaginar que se la estaba chupando a su propio hijo. Ésto la llenó de culpa y morbo, por partes iguales. Estaba demasiado caliente como para detenerse a pensar con claridad, dejó que su mente la guiara hacia donde quisiera. Se vio ella misma, de rodillas, tragándose la verga de su hijo, tal y como lo había hecho minutos antes; pero ahora imaginaba que se la chupaba con la misma pasión que al tipo del hotel. Incluso se vio a sí misma suplicando por semen… quería probarlo.

Diana se lamió los dedos, sin siquiera darse cuenta, lo hizo como un acto reflejo. El sabor del semen la embriagó, en lugar de apartar la mano, relamió cada rincón de ella, como si fuera una gata acicalándose. En su mente repetía la frase: “¡Ay, sí, ay sí… qué rica pija… dame toda la lechita!” Su otra mano le frotaba el clítoris con intencidad.

—¡Julián! —Gritó, a todo pulmón.

En apenas unos segundos la puerta del cuarto se abrió, Julián tenía la verga dura, porque había estado masturbándose… y más dura se le puso al ver a su madre contorneándose de una manera tan sexual.

—¿Pasa algo, mamá?

—Trae la cámara… rápido, —dijo, sin dejar de pajearse violentamente—. Dale, rápido.

Julián se fue y apareció otra vez, casi al instante, con la cámara en mano.

—Vení… —dijo ella, al verlo—. Dale, vení…

El chico se subió a la cama y empezó a tomar fotos de su madre, ella tenía el rostro en una erótica expresión de placer. De auténtico placer.

—Meteme la pija en la boca…. ¡toda!

Julián la miró con los ojos bien abiertos, pero fue lo suficientemente astuto para no preguntar nada. Agarró su dura verga y la clavó en la boca de su madre. Cuando la pija entró, Diana la recibió como si fuera la de uno de sus amantes, se aferró a ella apretando bien los labios. No se movió, se limitó a quedarse quieta, pero estaba segura de que la expresión de placer en su rostro sería auténtica. Cualquiera que viera esas fotos pensaría que ella, realmente, estaba chupando la verga.

Llegó al orgasmo y se obligó a soltar la verga, porque de lo contrario hubiera empezado a chuparla salvajemente. Se retorció en la cama mientras se colaba los dedos y permitió que Julián le sacase tantas fotos como creyera necesario. El chico no perdió mucho tiempo en esto, dejó la cámara a un lado y allí, arrodillado frente a su madre, empezó a pajearse. Lo hizo con tanta intensidad que en pocos segundos ya estaba sintiendo esa gran ola de placer subiendo desde sus testículos, estaba a punto de acabar, otra vez. Agarró una de las piernas de su madre y la separó de la otra tanto como pudo. Acercó la verga a la concha, tanto que su glande la rozó en más de una ocasión. Le sorprendió ver que Diana abría los labios de la concha, casi como si le estuviera pidiendo que le clavara la pija. No lo hizo, pero sí empezó a llenársela de leche. Mientras acababa acercó tanto su pija al agujero de la concha, que el glande penetró un poco, soltando un potente chorro de semen allí dentro. Retrocedió, temeroso de que su madre se enojara, y dejó salir el resto de su leche.

Con las manos temblorosas, Julián agarró la cámara… si su madre le preguntaba por qué había hecho semejante cosa, entonces usaría la excusa de siempre: “Era para las fotos, mamá”. Capturó unas cuantas imágenes y, para su sorpresa, Diana no dijo nada. Se quedó con las piernas abiertas, rendida por el cansancio. El semen chorreaba por sus labios vaginales, dando toda la impresión de que alguien se la había cogido recientemente.

En la mente de Diana los distintos argumentos colisionaban entre sí. Por un lado estaba asustada, por lo que su propia forma de actuar, y por lo mucho que Julián se había acercado a su concha. Pero por otro lado, había disfrutado de una de las experiencias sexuales más intensas en los últimos años. Tenía los ojos cerrados, pero le agradaba imaginarse abierta de piernas, cubierta de sudor, con semen chorreando de su concha. Intentó dejar de lado los malos pensamientos, para no arruinar el negocio de fotos.

—Voy a querer esas fotos, —dijo—. Me voy a hacer como mil pajas mirándolas… deben ser re porno.

—Lo son, —aseguró Julián, con una gran sonrisa—. Estás re puta, mamá.



Eso hizo sonreír a Diana. Le agradaba sentirse como una puta, al menos por un rato. Sabía que la próxima vez que conversara sobre sexo con su hijo, podía darle todos los detalles de lo que realmente ocurrió con su “gran amante”, como a ella le gustaba llamarlo.

martes, 9 de abril de 2019

La MILF más Deseada [06].

    1. Capítulo 6.

      1. -1-




El negocio de vender fotos de carácter pornográfico estaba dando buenos resultados, sin embargo Julián recibió un mensaje de la empresa alemana que lo puso en estado de alerta. Ocurrió lo que él sabía que pasaría en cualquier momento. Pero vio ésto más como una oportunidad que como un obstáculo. Apenas terminó de leerlo, fue a buscar a su madre para comentarle el asunto.

Encontró a Diana preparando la cena, vistiendo solamente una desteñida remera color celeste y una bombacha blanca. A pesar de verse tan casual, él no pudo evitar sentir una inmensa calentura recorriéndole el cuerpo.

—Mamá, te tengo que contar algo.

—¿Pasa algo malo? —Preguntó ella, mientras echaba algunos vegetales en una olla.

—No, de momento no; pero podría pasar, si no hacemos algo al respecto.

—¿Tiene que ver con las fotos? —Ella se dio vuelta, para poder conversar mirando a su hijo a la cara.

—Sí, sentate. —Ambos tomaron asiento junto a la pequeña mesa que había en la cocina—. La cuestión es así: Recibí un e-mail de la empresa alemana, en el que me sugerían que probásemos algo diferente con tus fotos.

—¿A qué se refieren con “algo diferente”? Hace poco incorporamos el consolador… ¿no les alcanzó con eso? Porque recuerdo que esa sesión fue bastante... zarpada. ¡Hasta hubo semen!

—Sí, ya sé, mamá. No te enojes. De momento les alcanza con eso, por eso no me lo dijeron a modo de queja, sino a modo de sugerencia; para que lo tengamos en cuenta en un futuro cercano. La sugerencia que me hicieron es que contratemos a otro modelo, para que interactúe con vos. —Julián se quedó en silencio, esperando a que su madre asimilara la información.

—¿Y eso cuánto nos costaría?

—Mucho. Al otro modelo habría que pagarle tanto como lo que te correspondería a vos. Puede que nos quede algo más, porque también está mi ganancia como fotógrafo; pero de todas maneras sería muy caro. Tendríamos que dividir nuestras ganancias en tres partes.

—¿Pagarían más por eso?

—Sí, pagarían un poco más, pero ahí está el problema, la diferencia no es tanta… con esas fotos ganaríamos menos de lo que ganamos ahora con las fotos más baratas que enviamos.

—Entonces no nos conviene.

—Monetariamente, no; pero deberíamos hacerlo, porque de lo contrario, a la larga, se empezarían a cansar de que todas las fotos fueran iguales.

—Es decir que me quieren ver cogiendo con otro tipo, de lo contrario nos van a despedir.

—No exactamente, tal vez bastaría con que se la chupes… pero bueno, sí, la cosa anda por ahí cerca. ¿A vos te molestaría hacer eso con otro tipo?

—Sí, claro que sí… me sentiría una prostituta. Pero lo que más me molestaría es que, para colmo, estaría perdiendo dinero.

—Entonces vamos a tener que encontrar otra alternativa. Dame un tiempo, voy a intentar pensar en algo. —Él ya tenía una respuesta a esa problemática; pero decidió que era mejor ir de a poco. Había tirado la bomba, ahora lo que le restaba era aguardar por el momento propicio para atacar.

—Está bien… —dijo Diana, abatida—. No sé qué otra cosa podríamos hacer, pero vos pensalo. Si se me ocurre algo, te aviso.




-2-

Durante la última sesión de fotos, luego de haber acabado en la concha de Diana, a Julián se le ocurrió una idea; que además de favorecerlo a él, favorecería el negocio. El problema estaba en que su madre no la aceptaría por nada del mundo, sin embargo debía intentarlo, con un poco de suerte la convencería de hacerlo.

Esperó durante dos días; pero lo impaciencia no fue un problema, la dificultad la encontró en armarse de valor para comentarle a su madre la idea que tenía en mente.

Cuando por fin tomó coraje, fue a buscar a Diana. La encontró probándose un nuevo conjunto de ropa interior, que le había mandado la agencia; era color celeste y le quedaba perfecto.

—Mamá, se me ocurrió una idea…

—¿Para hacer qué? —Preguntó ella, mientras se miraba al espejo, girando su cuerpo de un lado a otro para poder contemplarlo en su totalidad.

—Para solucionar el problema del modelo. Es decir, para que no tengamos que contratar uno.

—Ah, bien… ¿y qué se te ocurrió?

—En realidad es una idea mala, y no te va a gustar. —Se acobardó. Bajó la cabeza y ya estaba a punto de abandonar la habitación.

Ella detuvo su meneo y lo miró a los ojos a través del espejo.

—¿De qué se trata, Julián?

—No, dejá… te vas a enojar.

—Ahora decímelo, no me gusta quedarme con la intriga. Si es una idea mala, la descartamos y listo.

—Está bien, pero te vas a enojar. La idea consiste en sacarte fotos haciendo de cuenta que se la chupás a otra persona… a un hombre.

—Mmmm… bueno, eso es algo sobre lo que me estoy mentalizando, porque aunque contratemos a un modelo, debería hacer algo como eso ¿no es cierto?

—Sí, es cierto… pero como bien sabés, económicamente no nos conviene nada dividir las ganancias con otro modelo, por eso se me ocurrió que podrías hacer las fotos… conmigo.

—¿Qué? —Preguntó ella, incrédula, al mismo tiempo que daba media vuelta para mirar directamente a su hijo—. ¿Vos estás loco, Julián? ¿Cómo vamos a hacer una cosa así?

—Te dije que te ibas a enojar…

—¡No! ¡Definitivamente, no! No vamos a hacer eso.

—Está bien…

—Idea descartada… definitivamente descartada. Es cierto, era una muy mala idea. Una pésima idea.

—Bueno, voy a ver si se me ocurre otra idea menos mala, mientras a vos se te pasa el enojo.

Julián se retiró del cuarto, cerrando la puerta detrás de él, Diana se sentó en el borde de la cama y hundió la cabeza entre sus manos. Se preguntó en qué estaría pensando su hijo para venir con semejante propuesta. ¡Era una locura! ¿Cómo ella le iba a…? Ni siquiera podía pensarlo con claridad.

Se recostó en la cama y se quedó mirando al techo fijamente, como si en el cielorraso estuviera escrita la respuesta a sus problemas.

Pasados unos segundos el enojo disminuyó, se dio cuenta de que Julián no tenía la culpa, simplemente intentaba arreglar las cosas. Él quería que el negocio siguiera a flote, aunque tuvieran que hacer sacrificios. Empezó a recriminarse a sí misma que ella no estaba haciendo más que poner trabas y dejar que su hijo solucionara todo el inconveniente. Ella ni siquiera había pensado en una posible solución, y no lo hizo porque de antemano supo que no encontraría ninguna. ¿Cómo se suponía que sacaran fotografías de ella interactuando con otro hombre… sin contratar a un modelo? Ella ni siquiera tenía algún buen amigo de confianza al que pedirle el favor… al menos ya no lo tenía; si los tiempos hubieran sido distintos, tal vez podría haber conseguido una ayuda. Pero ya no.

Ella nunca tuvo muchos amigos o amigas; la mayoría eran meros conocidos que la saludaban o la invitaban a reuniones por cortesía… o porque querían llevársela a la cama.

¿Era tan descabellada la idea de Julián?, por la mente de Diana flotaba esta pregunta. Tal vez el chico había salido con la solución más práctica y evidente, al fin y al cabo ella ya había permitido que él se masturbara mirando sus fotos, o que lo hiciera mientras la fotografiaba; y sobre todo, había permitido que él eyacule en su vientre… mucho peor... le había pedido que lo hiciera. Luego lo dejó acabarle por fuera de la concha, aunque en realidad nunca le dio permiso para eso. Para lo que sí dio permiso fue para que Julián pudiera pajearse en honor a ella.

“Pero esto es muy distinto, —se dijo—. Esto consiste en meterme su pene en la boca. Es ir mucho más lejos”.

La sola idea le ponía la piel de gallina.

Que Julián hubiera eyaculado sobre ella, aún la tenía preocupada; fue un arrebato, fruto de la calentura. No tuvo más alternativa que permitirle a Julián tomar las fotografías, al fin y al cabo el semen ya estaba allí. Sin embargo eso no significaba que permitiría que pasara otra vez. Lo más sensato sería que ese evento no se repitiera.

Diana se dio cuenta de que su actitud negativa no la llevarían a nada, y que sólo estaba poniendo palos en las ruedas del único proyecto que les generaba un ingreso monetario. ¿Qué pasaría cuando los de la agencia alemana se cansaran de verle la concha? Dejarían de pagarle, claro está… ¿Y qué haría ella para sobrevivir? Ni siquiera quería pensar en la única alternativa que se le ocurría.

Salió del cuarto y encontró a Julián sentado en el sofá, con la mirada fija en el televisor apagado. Supo que el chico estaba pensando en una alternativa diferente, y por su cara de tristeza, también se dio cuenta de que no había encontrado ninguna. Ella se sentó a su lado y lo miró.

—¿Cómo lo haríamos? —Preguntó.

—¿Qué cosa?

—Lo que dijiste… esa idea que tuviste. —No quería repetirlo—. ¿Cómo lo haríamos?

Julián estuvo a punto de preguntarle a su madre a qué se debía el cambio de opinión, pero no lo hizo porque supuso no sería la estrategia más apropiada; se limitó a responder la pregunta de su madre.

—Lo primero a aclarar es que sería todo una actuación, una farsa. Nuestra ventaja es que en las fotos no hay movimiento, así que no es necesario que lo haya en la realidad. ¿Me explico?

—Creo que voy entendiendo. ¿Y qué más?

—Bueno, no hay mucho más que decir. Las fotos tienen que lucir realistas, pero no necesariamente deben ser reales. Si tenés dotes actorales, sería bueno que los uses.

—No creo tenerlos, pero haré mi mayor esfuerzo.

—Eso quiere decir que…

—Quiere decir que lo estoy considerando, nada más. Todavía no dije que sí.

—Bueno.

—A ver, repasémoslo una vez más… pero de forma más directa. Si no entendí mal, lo que yo tengo que hacer es ponerme tu verga en la boca… no chuparla, sólo tenerla en la boca.

—Así es…

—Pero al mismo tiempo tengo que posar como si lo estuviera haciendo de verdad.

—Sí.

—Hay una cosa que no entiendo, Julián. Si hacemos eso ¿quién tomaría las fotos?

—Pensé en eso también. La solución es bastante simple. Tomaría la mayoría de las fotos desde mi punto de vista, que es lo que a los hombres le gusta ver… porque da la sensación de que la mujer de la foto se la está chupando a uno… ¿se entiende? —Ella asintió con la cabeza—. El resto de las fotos las tomaría usando el temporizador de la cámara y un trípode… pero eso lo podemos dejar para más adelante. Lo primero sería hacer una prueba de la forma más sencilla. Vos pensalo bien. Si estás dispuesta a hacerlo, lo intentamos… de lo contrario buscamos otra solución.

—Está bien, lo voy a pensar.

Diana se puso de pie, volvió a su cuarto y se encerró.

Julián se quedó sentado, machacándose la cabeza en busca de otra solución, a pesar de que las palabras de su madre habían recuperado la fe que tenía en su plan original. Pero no quería que el negocio de las fotos decayera sólo porque él tenía una absurda fantasía en mente. Tenía que forjar un plan alternativo. Incluso llegó a pensar en algunos de sus amigos, ellos podían servir de modelos, pero había dos inconvenientes. Primero: no sabía cuál, de sus pocos amigos, podría estar bien dotado, ya que nunca los había visto desnudos. Segundo: prefería quedarse sin negocio antes que permitir que uno de los pajeros de sus amigos metiera la verga en la boca de su madre. Sabía que luego le harían bromas al respecto y no se creía capaz de tolerarlas. Suficiente tenía que aguantar con que le dijeran a cada rato: “Qué buena está tu mamá”, o “Cómo me cogería a tu vieja, tiene unas tetas gigantes y un culo tremendo”. Este tipo de comentarios solían ser uno de los principales motivos por los cuales se peleaba con sus amigos. Mucho peor sería que le dijeran: “Qué bien me chupó la verga la puta de tu mamá”... y que además, fuera cierto. Con sólo pensar en eso, le daba ganas de partirle la cara a uno de sus amigos, a cualquiera. Por lo tanto, para no tener que asesinar a alguno de sus amigos, debía pensar en otra alternativa.

-3-




Aproximadamente una hora después de que madre e hijo tuvieran esa importante charla, Diana salió de su cuarto, vistiendo un conjunto de ropa interior celeste. Encontró a Julián en la cocina, preparando una jarra con jugo.

—Tenemos que intentarlo, —dijo ella—. Ahora.

—¿Ahora?

—Sí… lo que pasa es que mientras más lo pienso, más horrible me parece la idea. Pero no es la primera vez que me pasa esto, es algo que me viene pasando desde que arrancamos con este negocio; y sé que la mejor solución es no pensar tanto y afrontar los hechos. Si no hacemos esto, corremos el riesgo de quedarnos sin trabajo, y si yo me quedo encerrada en la pieza, pensando, no lo voy a hacer nunca. Así que ya fue… prepará la cámara y las luces… lo vamos a intentar.

Julián no puso objeción alguna, abandonó la tarea de preparar el jugo y se fue, prácticamente corriendo a buscar la cámara. Luego acomodó las luces en el pequeño cuarto que había adoptado como estudio fotográfico. Diana llegó un par de segundos después, con un vaso de whisky en la mano, y la botella en la otra.

—Creo que yo también voy a necesitar un trago, —dijo el chico.

—Pero a vos no te gusta el whisky.

—No importa, es lo más fuerte que tenemos… eso es justamente lo que necesito.

—Te entiendo. —Diana vació el contenido del vaso de un solo sorbo, volvió a servir una medida doble y se lo alcanzó a su hijo—. Te recomiendo que lo tomes rápido, así hace más efecto.

Él siguió el consejo de su madre. El líquido color ámbar le quemó la garganta, y le pareció una de las cosas más horribles que había probado en su vida, sin embargo el calor producido por el alcohol tuvo un efecto inmediato en él; de pronto ya no se sentía tan nervioso. Dejó el vaso en una mesita y su madre fue a llenarlo otra vez.

—Bueno, creo que ya tenemos todo listo, —dijo Julián, mientras Diana bebía su segundo vaso de whisky.

—¿Te parece que tenemos todo listo? —Ella señaló la entrepierna de su hijo—. Me parece que primero tenés que levantar eso.

—Em… sí, tenés razón.

El chico se despojó de toda su ropa, su madre lo miraba detenidamente, sentada en una silla. Su flácido pene se balanceó de un lado a otro, como la trompa de un elefante. Lo sujetó con una mano y comenzó a masturbarse lentamente.

Diana, quien ya estaba preparando su tercer vaso de whisky, miraba con aparente calma el ir y venir de la mano de su hijo. Estaba sorprendida, ya que esa verga, en estado de reposo, resultaba un miembro masculino imponente. Pensó en la última vez que chupó uno de ese tamaño, y en lo mucho que lo había disfrutado; pero al mismo tiempo se sintió culpable, porque no se trataba del padre de Julián. Recordó que esa fue una de las experiencias sexuales más candentes de su vida. Mientras bebía lentamente su tercer vaso de whisky, pudo sentir como se le acaloraba el cuerpo… especialmente la concha.

—¿Te podés sacar el corpiño? —Preguntó Julián.

—¿Por qué? ¿Pensás que te va a ayudar a levantarla?

—No, es para la sesión de fotos… para que se vean tus tetas. Pero dejá, no importa, te lo sacás después.

—Mirá, Julián, me estoy dando cuenta de que tenés algún problemita para que se te pare, si hay algo que pueda hacer para ayudarte, solamente tenés que decírmelo. Si querés que me saque el corpiño, me lo saco… si es que eso te va a ayudar en algo. ¿Ya te olvidaste que te di permiso para que me dediques todas las pajas que quieras? —Preguntó, con una sonrisa libidinosa.

—No sabía que eso seguía en pié, creí que era alguna locura que dijiste en el momento...

—Sí, lo fue... pero soy una mujer de palabra, si te lo prometí, lo sostengo. Entonces ¿te calentaría verme las tetas?

—Sí, me ayudaría mucho.

—Bien, así me gusta, que seas honesto.

Diana desprendió el corpiño y lo dejó sobre la mesa, exponiendo sus grandes tetas. Julián aceleró el ritmo al ver esos oscuros pezones que apuntaban directamente hacia él. La rubia sospechó que sus tetas no serían incentivo suficiente, por lo que lentamente, y con cierto disimulo, fue abriendo las piernas. Su hijo se fijó en esto, la entrepierna de la rubia, se transparentaba un poco por encima de la tela celeste de la tanga. Julián pudo sentir cómo su verga se endurecía lentamente. Pocos segundos más tarde, ya la tenía completamente dura.

—Bueno, ahora sí, —le dijo a su madre. Ella apuró el resto del contenido del vaso—. ¿Qué hago ahora? —Preguntó, mordiéndose el labio inferior—. ¿Me arrodillo en el piso?

—No, de momento podés quedarte sentada donde estás.

Él se aproximó a ella con la cámara en mano, dejando la verga a pocos centímetros de la boca de su madre. Diana acercó una mano temblorosa al miembro de su hijo y lo sujetó, sin presionar demasiado. Julián no perdió el tiempo y tomó la primera fotografía.

El chico notó que su madre titubeaba, como si no tuviera idea de qué hacer a continuación.

—Si te resulta más fácil, cerrá los ojos.

—Bueno, lo voy a intentar.

Ella cerró sus ojos y abrió la boca, sacando la lengua. Se acercó al falo de su hijo hasta que sintió el contacto de la punta del glande sobre su lengua. Se retiró casi al instante, pero luego volvió a intentarlo. Esta vez permitió que el contacto durase un poquito más, pero no demasiado. Acercó un poco más la boca, hasta que sintió el glande contra los dientes, apretó levemente, ya que no quería hacerle daño a su hijo. Se dio cuenta que al tener los ojos cerrados le costaba acercarse, ya que temía hacerlo más de lo debido. Abrió los ojos y miró hacia arriba, se encontró con el lente de la cámara.

—¿Lo estoy haciendo bien? —Preguntó, apartándose un poco. Se movió incómoda en la silla.

—Sí, fenomenal. Seguí así.

Eso la tranquilizó a medias, aún seguía nerviosa. Abrió una vez más la boca y se acercó al pene. Esta vez permitió que el glande entrara completo y cerró los labios a su alrededor. Con preocupación, miró a su hijo; pero él no hacía más que tomar fotografías. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo una verga en la boca, y ni por asomo se imaginó que la siguiente sería la de su propio hijo… pero no debía pensar en eso. No debía pensar en nada…

Abrió la boca un instante y luego intentó meter un poco más adentro el pene. Lo consiguió sin demasiado esfuerzo, ya que no fue mucho más allá, sin embargo podía sentir el glande sobre la lengua y contra su paladar. Si la situación hubiera sido diferente, si ese pene hubiera pertenecido a otro hombre, entonces hubiera disfrutado mucho de esa sensación; pero al saber que se trataba del pene de su hijo no podía permitirse disfrutar ni un poquito.

Por su parte, Julián luchaba contra el palpitar que sentía en todo su tronco. Pensó que le llevaría semanas convencer a su madre, no podía creer que ya estuviera ocurriendo. Su verga estaba dentro de la boca de la rubia, y podía sentir la humedad y la tibieza que había en ella. Estaba tan excitado que debía apartarse mentalmente de la situación, para no acabar. La solución la encontró en centrarse en las fotos… aún no estaba preparado para disfrutar de la situación, e incluso se sentía culpable de haber llevado a su madre a ese incómodo punto; aunque realmente necesitaran sacar fotos de ese estilo.

—Hacé una cosa, —dijo Julián—, agarrala con una mano y pasá la lengua por todo el largo… bah, no todo, solamente una partecita, para que pueda sacar algunas fotos.

—Bueno…

Miró la verga de su hijo y en ella pudo ver restos de su propia saliva. Hizo lo que Julián le pidió, sostuvo la verga desde la punta y luego acercó la lengua con desconfianza, como si la fueran a castigar por eso. «Estoy haciendo algo malo», pensó. Pero inmediatamente apartó esos pensamientos de su cabeza, de la misma forma que se apartó de ese falo luego de que su lengua hubiera recorrido apenas un par de centímetros.

—Esto es muy difícil, —dijo la rubia.

—Sí, te entiendo… pero ya casi terminamos. Ahora poné los labios sobre alguno de los lados de la verga. Como si le estuvieras dando un beso.

Ella entendió perfectamente lo que su hijo le pedía, eso mismo solía hacer ella a veces, cuando le tocaba chupar un pene. Posó sus labios sobre el tronco y permaneció allí hasta que escuchó el disparador de la cámara. Luego volvió hasta la punta de la verga y una vez más la introdujo en su boca, sin ir más lejos que la vez anterior.

Cuando la sacó de su boca, apenas unos instantes después, apartó la silla y se puso de rodillas en el suelo, imaginando que esto daría una mejor perspectiva. Volvió a introducir la misma porción de verga en su boca, y miró directamente a la cámara. Julián se apresuró a capturar un par de fotografías, justo antes de que su madre se apartara una vez más.

—¿Ya está? —Preguntó ella—. Decime que ya está…

—Sí, sí… ya está. Podemos sumar estas fotos a algunas de las que ya tenemos y con eso armamos un buen pack. Uno por el que nos van a pagar muy bien.

—Uf… qué alivio, —dijo ella, poniéndose de pie—. Fue más difícil de lo que me imaginaba… y eso que me imaginé que sería difícil.

—Sí, para mí también lo fue… por poco ni se me para… pero ya está, ya terminó.

—Por ahora terminó… porque me imagino que alguna vez vamos a tener que repetir algo como esto.

—Puede ser, pero para eso todavía falta mucho, así que no te preocupes.

—Bueno… voy a ver si puedo dormir. Sé que no es muy tarde, pero prefiero irme a dormir de una buena vez; además el whisky ya me está haciendo efecto.

—Está bien, nos vemos mañana. Que descanses.

Diana dio un beso a su hijo, en la mejilla, y se quedó mirándolo. Él estaba preocupado, no cabía duda de eso. Seguramente todo sería una situación muy traumática para él. Además su actitud de “mujer sufrida” no ayudaba en nada. Julián había traído una buena idea (aunque alocada) y había hecho un gran esfuerzo porque el negocio de las fotos se mantuviera en pie. Diana consideró que no podía irse a dormir dejando a su hijo tan preocupado… y sabía que la principal preocupación de Julián era ella misma. La rubia no era ingenua, ya tenía por sentado que a su hijo le gustaba verla cachonda, y actuando como a una puta… y eso no era más que un simple juego que habían comenzado para hacer más sencillo su trabajo. Sabía que ese juego no era del todo correcto, pero lo consideraba prácticamente inofensivo; y a ellos les funcionaba. Podía dejar de lado algunos prejuicios sociales, aunque fuera por unos segundos, y hacer este duro trabajo más fácil para su hijo… y para ella también. Porque lo importante era que los dos se sintieran bien. Diana sonrió y dijo:

—No te sientas culpable si te hacés alguna paja mirando esas fotos, al menos dale otro buen uso; me haría sentir muy bien. —Acarició la verga de su hijo—. La tenés bien dura, puede que yo también me haga una paja antes de dormir. —Se hizo la tanga a un lado, exponiendo su sexo—. Tengo la concha toda mojada. —Las caricias en el pene de su hijo se transformaron en una lenta masturbación—. ¿Me querés tocar un poquito la concha?

—¿Puedo?

—Si yo puedo tocarte la verga, vos me podés tocar la concha... pero solamente un poquito... y nada de meter los dedos.

Tímidamente Julián acercó la mano izquierda a la concha de Diana y comenzó a acariciar esos húmedos y rugosos labios. Ella abrió sensualmente la boca y dejó salir un suspiro, al mismo tiempo presionó con más fuerza la verga de su hijo.

Julián no sabía muy bien qué hacer, le agradaba mucho sentir una concha rozando sus dedos, pero no sabía si podía moverlos o no. Lo hizo con suavidad, casi como pidiendo permiso. Su madre le dio un nuevo apretón en la pija, y ésto lo puso a mil.

La rubia jadeó cuando los dedos de su hijo comenzaron a acariciarle suavemente los labios vaginales, incluso podía sentir un dedo que, ocasionalmente, se daba una vuelta por la zona de su clítoris. Esto la hacía estremecerse, y con cada pequeño espasmo de placer, apretaba la verga de Julián. La humedad de su propio sexo la excitó, de verdad estaba muy mojada… y lo estaba desde antes de los toqueteos. Uno de los dedos, el mismo impertinente que le tocó el clítoris, comenzó a jugar en el orificio de entrada de su concha, abriéndolo suavemente, como si estuviera espiando dentro. No se animaba a entrar, y ella ya se estaba arrepintiendo de haberlo prohibido… en ese preciso momento le vendría muy bien tener un dedo dentro de la concha, palpando sus paredes internas. O mejor aún le vendría tener una buena verga bien metida en la concha… una como la que tenía en la mano, como esa misma que estaba masturbando lentamente. Una verga como la de su hijo.

Esa idea la asustó.

—Bueno, ya está, —dijo la rubia, soltando la verga y retrocediendo un par de pasos—. Espero que busques algunas fotos donde tengo la concha bien abierta, y te hagas una buena paja.

Ella comenzaba a comprender por qué era capaz de decirle semejantes cosas a su hijo. La verdad era porque decir barbaridades la calentaba, y no tenía otra persona a quién decírselas, más que a Julián. Se reprochó a sí misma y se dijo que esta conducta tenía que terminar. El “jueguito” era más peligroso de lo que suponía. Su hijo podría hartarse de su actitud de “puta fácil”; o peor de todo, podía dejarle algún trauma de por vida. En ese momento no dijo nada, se limitó a sonreír. Luego se retiró a su cuarto.

Julián apagó las luces y, aún con la verga dura, se fue a su propio dormitorio. Tuvo que tenderse en la cama y masturbarse intensamente. Esa sesión de fotos había sido la más candente de todas, aunque en realidad hubiera durado pocos minutos. Esta vez sí se permitió disfrutar la hermosa sensación que le causó tener la boca de su madre envolviendo su pija… al menos en parte. No tardó mucho en acabar, con grandes chorros de semen, y lo hizo imaginando que éstos iban a parar directo al interior de la boca de su madre; y que ella se tragaba todo con placer.



Ahora sus perversas fantasías eran más fuertes que nunca, porque sabía que tal vez… tal vez, y si lo planificaba muy bien, podría volverlas realidad.

jueves, 4 de abril de 2019

La MILF más Deseada [05].

Capítulo 5.



—1—



Pasaron dos días desde que Julián entró al dormitorio de su madre sin previo aviso. Luego de ver la reacción de Diana, creyó que el enojo le duraría semanas, y que ni siquiera le dirigiría la palabra; sin embargo se le acercó mientras él miraba una serie.

—Tenemos que hablar, —le dijo. Él apagó el televisor y la miró con cierto temor—. Quería decirte que ya no estoy enojada por lo que pasó.

—¿No?

—No, ya se me pasó… y quería que lo supieras.

—Bien, porque no pensaba pedirte perdón.

—¿Por qué no? ¿Acaso no entraste a mi cuarto sin avisar, para sacarme fotos mientras yo…?

—No, porque vos me hiciste lo mismo. Vos también entraste a mi cuarto mientras yo… hacía eso. No sólo no avisaste. sino que además te quedaste ahí, humillándome. Y cuando yo entro, con toda la intención de sacar fotos, me gritás de todo y me echás a la mierda.

Diana se puso pálida, lo que decía su hijo era cierto. Ese mismo día ella había entrado a al dormitorio de Julián, mientras él se hacía la paja… pero antes de eso…

—Pero vos también entraste antes… —Se defendió la rubia.

—Sí, pero fue sin querer… vos lo hiciste apropósito.

—¿De verdad te sentiste humillado?

—Sí… no la pasé nada bien mientras me decías que yo estaba pensando en mi profesora, y que ella tenía linda concha… y no sé qué otras boludeces más.

—No me di cuenta… creí que…

—Creíste que estabas haciendo bien, creíste que de esa forma ya no nos avergonzaría tanto hacer las fotos; puede que tu intención fuera buena, pero no fue el mejor método.

—Te pido perdón, Julián… me pongo a pensar en lo que hice y tenés toda la razón. Me basta con imaginar que mi madre me hubiera hecho lo mismo, mientras yo… me tocaba. Me hubiera muerto de la vergüenza.

—Está bien, ya pasó… y quiero dejar en claro que entré a tu cuarto solamente para sacar fotos… esa era mi única intención. Imaginé que no te molestaría… es decir, estuviste posando con la concha expuesta y te lo tomaste como lo más natural del mundo, no se me cruzó por la cabeza que fueras a enojarte de esa manera. Pensé que si te estabas tocando de verdad, sin fingirlo, entonces las fotos quedarían mucho mejores.

—Tenés razón, fui una boluda, reaccioné para la mierda. Lo único que puedo decir en mi defensa es que me asusté… es decir, abrí los ojos y de pronto vi una persona en mi cuarto. Me pegué un susto bárbaro.

—Entonces, ¿no te molestó que yo te viera haciendo eso?

Ella meditó su respuesta durante unos segundos.

—No, siendo honesta, eso fue lo que menos me molestó. Reaccioné mal por el susto, y me quedé enojada porque… no sé cómo decirlo sin quedar como una pajera…

—Decilo y punto, ¿no habíamos acordado a decir las cosas de forma directa?

—Sí, es cierto. Bueno, me enojé porque la estaba pasando muy pero muy bien… ¿me explico? Hacía tiempo que no me tocaba de esa manera… y vos me interrumpiste, después de eso no pude seguir.

Julián comenzó a reírse.

—¡Qué pajera! —Exclamó.

—¡Hey! —Ella le dio un golpecito en la pierna—. Esta pajera es tu madre.

—Sí, pero no encuentro otra forma de decirlo. O sea, vos te enojaste conmigo porque arruiné la paja que te estabas haciendo.

—¿Te parece poco? —La rubia levantó una ceja y cruzó los brazos.

—Bueno, vos también me interrumpiste a mí, en un buen momento, así que estamos a mano. ¿Te parece?

—Sí, me parece... y de ahora en adelante queda rotundamente prohibido que entremos al cuarto del otro sin previo aviso.

—Trato hecho.

—Y… de nuevo te pido perdón, lo último que quiero hacer, como madre, es humillarte.

—Todo bien… al fin y al cabo después se puso interesante la cosa, con la sesión de fotos. Por cierto, ahora sí tengo fotos suficientes para un pack.

—¿Incluyendo las que sacaste en mi cuarto?

—Sí… ¿te molesta que las use?

—¿Son buenas fotos?

—Son las mejores de todas. De verdad. Se te notaba en la cara que realmente la estabas pasando bien.

—Sí, realmente la estaba pasando bien…

—Sé que lo que hacemos es todo actuado, y está bien que así sea; pero no viene nada mal meter una pequeña dosis de realismo en algunas fotos.

—Bueno, pero la próxima vez que me quieras sacar fotos mientras yo me hago una paja, al menos avisame, para no morirme de un infarto al verte dentro de mi cuarto.

—Está bien. La próx… esperá… ¿eso quiere decir que vas a permitir que te saque fotos mientras te masturbás?

—Vos dijiste que así salen buenas fotos…

—Sí, así es.

—Entonces tendré que acostumbrarme a que saques esas fotos. Pero ahora no quiero pensar en eso, lo dejaremos para más adelante.

—Bien. Me alegra que hayamos aclarado las cosas. Tenía miedo que ya no quisieras seguir con este proyecto.

—Eso no va a pasar, Julián, ésta es nuestra única fuente de ingresos… y la verdad es que es mejor de lo que yo me imaginaba. Ganamos más plata haciendo esto que lo que yo ganaba en la tienda de cosméticos.

—Sí, totalmente… y eso que todavía no empezamos a mandar las fotos más… porno, como las últimas que sacamos. Ahí van a pagar más.

—Excelente. —Ella sonrió con total sinceridad—. Vos fíjate de qué otras maneras podemos hacer que nos paguen, mientras tanto vamos a seguir con las sesiones de fotos.

—Em, ya me adelanté con eso. Hace unos días encargué algo… que llegó hoy.

—¿Qué fue lo que encargaste? —Preguntó Diana, expectante.

—Emmm… mejor te lo muestro, ya vengo.

Julián fue hasta su cuarto y pocos segundos después salió llevando una caja envuelta en papel madera. La dejó en el sillón, junto a su madre y ésta se apresuró a abrirla.

—¡No te lo puedo creer! —Exclamó la rubia, echándose a reír—. ¿Vos estás loco?

—¿No te gusta? Pensé que te iba a agradar la sorpresa.

—No es que no me guste… es que… yo nunca usé uno de estos. —Diana extrajo el objeto de la caja, se trataba de un cilindro negro que se asemejaba a un misil hecho de plástico—. Nunca se me cruzó por la cabeza comprarme un consolador… no porque no fuera a gustarme, sino porque me daba mucha vergüenza comprarlo.

—Lo bueno es que hoy en día no es necesario entrar a una tienda para conseguir uno, se pueden encargar por internet. Si lo usás en las fotos, nos van a pagar un extra.

—¿Me lo tengo que meter en la concha? —Preguntó, mirando el cilindro plástico.

—No, en la oreja… ¡claro, mamá!

—Bueno, bueno —Diana se puso roja—. Ya sé cómo se usa… lo que pasa es que todavía estoy asimilando la información. O sea, por primera vez me tengo que meter un coso de estos… y además mi hijo va a estar mirando…

—Mientras saco fotos, no te olvides de eso…

—¿Vos querés que yo me ponga más nerviosa todavía?

—Un poquito, pero ya se te va a pasar, en cuanto… empieces a tomarle el gusto.

—Mmm, puede ser, —dijo Diana, levantando una ceja, mientras examinaba detenidamente el consolador—. ¿Qué ropa tengo que usar?

—La que vos quieras, no es necesario que uses alguno de los conjuntos.

—Entonces lo voy a hacer sin ropa… completamente desnuda. ¿Te parece bien?

—Por mí está bien. —Julián pudo sentir cómo su verga comenzaba a despertarse ante la posibilidad de ver a su madre desnuda una vez más.

—Bueno, vamos a hacer una cosita… dame unos minutos a solas, en mi cuarto, y yo te llamo cuando esté lista para las fotos.

—Perfecto, mientras tanto voy a ir preparando la cámara.




—2—




Una vez dentro de su dormitorio, Diana se acostó en la cama mirando hacia el techo, cerró los ojos y mientras se iba despojando de toda su ropa, recorrió su cuerpo con caricias, centrándose especialmente en sus pechos. Cuando ya estuvo completamente desnuda, separó las piernas e inició el proceso de masturbación, de forma más mecánica de lo habitual. Le costaba concentrarse en algo que la excitara y sus toqueteos no estaban logrando grandes avances, apenas consiguió humedecer un poco su vagina. «Lo intenté —se dijo a sí misma después de unos minutos—, va a ser mejor probar con las fotos».

Llamó a Julián dando un grito y el muchacho irrumpió en el cuarto apenas un segundo más tarde, como si hubiera estado esperando justo detrás de la puerta. Ella pudo notar cierto brillo libidinoso en los ojos de su hijo, no podía culparlo ya que seguramente ella estaba ofreciendo una imagen sexualmente explícita al estar abierta de piernas de esa manera.

—¿Todavía no lo probaste? —Preguntó Julián, al ver el consolador completamente seco, junto a su madre.

—No, pensaba hacerlo cuando ya estuviera lo suficientemente excitada… pero no hubo mucha suerte.

—¿Lo dejamos para otro momento?

—No, no… vos andá sacando las fotos, yo voy a intentar hacer mi mejor esfuerzo. Además no creo que las fotos se centren especialmente en mi cara… mucho menos cuando me meta esto… —Señaló el consolador.

—Bueno, está bien.

Julián podía sentir el lento despertar de su pene, el cual iba ganando tamaño dentro del pantalón. Ver a su madre en esa posición, como si estuviera esperando a que alguien la penetre, le hacía hervir la sangre. No es que quisiera que alguien se la metiera a su madre, sin embargo le resultaba difícil no imaginarla en pleno acto sexual, recibiendo una buena verga dentro de la concha.

Diana se preguntó por qué su hijo la miraba de esa manera y no comenzaba con las fotos, estuvo a punto de decir algo, pero guardó silencio, para evitar una nueva discusión. Tal vez Julián estaba aguardando por el momento indicado para comenzar a fotografiarla. Ella debía hacer algo respecto. Con dos dedos recorrió toda su concha de abajo hacia arriba, como si se la estuviera ofreciendo a un amante. Notó el bulto en el pantalón de su hijo y eso le produjo una extraña sensación, que nació en la boca de su estómago y bajó hasta su concha. Ya habían hablado sobre ese tema, era inevitable que él se excitara al verla, y lo más lógico era que a ella le pasara lo mismo al verlo.

—Si querés ayudarme, podés sacarte el pantalón… —dijo ella, con voz suave—. Mostrame como se te para la pija.

Julián la miró atónito, unos días atrás se calentó mucho al escuchar que ella se excitaba al verle la verga, pero que le estuviera pidiendo de esa manera provocó que se le pusiera como un garrote inmediatamente.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste, Julián... quiero ver cómo se te pone la verga. Ya aclaramos esto, a vos se te para al verme desnuda, a mí se me moja la concha cuando te veo la pija dura. ¿No lo vas hacer?

Él se quedó aturdido, mirando la concha de Diana, la cual ya comenzaba a emanar jugos sexuales. Cuando reaccionó se apresuró a quitarse el pantalón.

—¡Uy, la tenés re dura! —Dijo ella, con picardía. Se acarició la concha mientras admiraba ese imponente miembro masculino—. Tu pija es un poco más grande que el consolador.

Lo que más morbo le causaba a Julián era que su madre usara la palabra “pija” de esa manera tan directa. Lo que él no sospechaba era que ella también podía sentir ese mismo morbo al decirlo.

—Me da un poco de orgullo saber que mi hijo tiene una verga tan grande, y tan linda. —Diana se estaba acariciando la concha, sin dejar de admirar el pene—. Decime ¿Te gusta mucho mi concha? —Se la abrió con dos dedos, para que él la viera bien.

—Sí, mucho...

—¿Y te gustaría ver cómo me clavan?

Esta pregunta puso en alerta a Julián, pero estaba tan caliente que respondió con sinceridad.

—Sí, obvio...

—Entonces me la vas a ver bien clavada...

Diana agarró el consolador y comenzó a frotar la punta por la entrada de su vagina, introdujo un poco y luego lo sacó.

—Voy a tener que lubricarlo mejor.

Se lo llevó a la boca y empezó a lamerlo, como si se tratase de un pene real, Julián no daba crédito a lo que veían sus ojos, estaba tan maravillado que se había olvidado por completo de sacar fotos.

Su madre no dijo nada al respecto, ella también parecía estar inmersa en su propio mundo. Se llevó el consolador a la concha una vez más, y esta vez lo metió hasta la mitad, soltando un gemido. Comenzó un meneo lento, para que la concha se le fuera dilatando cada vez más.

—¡Uf, Julián... me diste un regalo hermoso!

Al muchacho le produjo una enorme calentura que su madre le hablara de esa forma, entre gemidos. Él también se estaba masturbando mientras miraba.

—Eso... pajeate sin miedo, que a mí me pone cachonda verla bien dura. —Diana no podía creer que estuviera diciéndole esas cosas a su hijo, pero las palabras fluían sin que ella pudiera controlarlas. Miró atentamente a su hijo haciéndose una paja, y al mismo tiempo ella se daba placer con el consolador—. Uy... si hubiera sabido que este juguetito era tan bueno, me hubiera comprado uno hace mucho tiempo...

Recobrando un poco de su cordura, Julián se acordó de tomar fotos. Lo hizo con prisa, sin detenerse demasiado en tiempo en lograr una buena toma. Capturó la expresión de placer en la cara de su madre, y tomo varios primeros planos de la concha siendo penetrada por el consolador, luego reanudó su masturbación. Estaba posicionado justo entre las piernas de Diana, con la verga apuntando hacia la concha, casi como si fuera un amante a punto de penetrarla. Esto, en lugar de incomodar a la rubia, la calentó. Separó más las piernas y las levantó, sacó el consolador y se abrió la concha con los dedos, casi como si lo estuviera invitando a que se la metiera.

—Mmm... si seguís pajeándote así, vas a acabarme encima... —dijo Diana.

—No me falta mucho... pero cuando esté por acabar, me muevo.

—A mí no me molesta... —ella seguía acariciándose los labios vaginales.

—¿De verdad?

—Con la calentura que tengo ahora... no me molesta... ¿te sale mucha leche? Quiero ver...

Julián no podía creer que su madre lo estuviera incitando a acabarle encima, pero la sola idea de hacerlo produjo un gran efecto en él. Un par de segundos más tarde su verga estaba escupiendo abundantes chorros de semen, que fueron a parar al cuerpo de su propia madre. Ella lo recibió todo con la boca abierta en una gran sonrisa. El semen no llegó hasta su cara, pero sí le cubrió buena parte del estómago, las tetas y, porsupuesto, la concha.

—¡A la mierda! ¡Me llenaste de leche! Sacame una foto, quiero ver cómo quedé...

Cuando Julián recobró un poco la compostura, luego de tan potente orgasmo, tomó la cámara y fotografió varias veces todo el cuerpo de su madre.

—Dale, mostrame —insistió ella.

Su hijo se le acercó y le enseñó las ímagenes capturadas.

—¡Uy, que fuerte! Hace mucho que no me llenan de leche... que hermosa que estoy...

—Qué modesta...

—Me importa un carajo la modestia. Si quiero hacer esto necesito sentirme hermosa... y provocativa. ¿Te parece que no lo soy? —Se llevó una mano a la concha y empezó a masajearla, untando el semen en toda la zona.

—Sí, estás hermosa mamá... de verdad.

—Gracias... te juro que me siento re puta en este momento... y eso me gusta.

—Nunca pensé que te escucharía decir algo así.

—Eso es porque nunca me viste en mis momentos de más calentura... me puedo poner bastante… bueno, bastante puta. No hay otra forma de decirlo. Pero ya me estaba olvidando de esta sensación... hace mucho que no la experimento. ¡Y me encanta!

—Me alegra que te sientas tan bien. —Él miró atentamente cómo su madre se pajeaba mientras con la otra mano se untaba semen en todo el cuerpo—. ¿Estás por acabar?

—Sí... sii... estoy re caliente...

—Te voy a sacar fotos acabando.

—Dale...

Ella cerró los ojos y se concentró en masturbarse, no podía dejar de pensar en el momento en que su hijo eyaculó, todo el cuerpo le vibró al ver cómo saltaba el semen de esa gran verga, y le caía sobre el cuerpo. Entre gemidos se metía los dedos tan rápido como podía, se acordó del consolador y se lo metió entero de una sola vez, soltando un grito de placer y dolor. Se masturbó con soltura, aún sabiendo que su hijo estaba allí para mirarla, esto no la inhibió ni un poco; todo lo contrario, tener audiencia la motivaba a mostrarse aún más osada. El primer orgasmo llegó, y Diana comenzó a sacudirse en la cama, dejando salir potentes gemidos. A Julián se le puso dura la verga otra vez, pero en lugar de pajearse, aprovechó para sacar fotos, quería tener ese momento capturado en imágenes. Se le ocurrió algo mejor, dejó las fotos de lado y empezó a grabar en video los consecutivos orgasmos de su madre. Recorrió con la cámara todo el cuerpo de la rubia, deteniéndose un rato en cada parte: la expresión de placer en su cara; las grandes tetas que no dejaban de sacudirse; las caderas, con su hipnótico meneo; y la mejor parte... la concha, que no paraba de recibir ese consolador negro una y otra vez.

Cuando tuvo suficiente metraje, dejó la cámara y se acostó bocarriba al lado de su madre, él también quería pajearse... otra vez. Diana abrió los ojos y se contró con la dura verga de su hijo, continuó masturbándose, aunque más lento, y sin apartar la mirada de ese miembro viril. Mientras se penetraba con el consolador no dejaba de fantasear con la idea de ser penetrada por una verga de ese tamaño.

Se estaba pajeando junto con su hijo, y sabía que después se arrepentiría de esto; pero en ese momento de calentura sólo podía sentirse feliz, por todo el placer sexual que estaba recibiendo, y por la gran relación de confianza que estaba forjando con Julián.

Cuando los dos acabaron una vez más, y se dieron por satisfechos, ella dijo:

—¿Cuántas madres le permiten a sus hijos hacerse la paja con ella?

—Sos la mejor mamá del mundo, —dijo Julián—. ¿Lo vamos a repetir algún día?

—No sé... tal vez, pero si es que hay una sesión de fotos de por medio, de lo contrario se me haría muy raro.

—Sí, me refería también a las fotos.

—Sé que me voy a sentir mal por esto; pero ahora te quiero decir que lo disfruté, y por todo lo que acabaste, se ve que vos también.

—¿Y por qué deberías sentirte mal?

—Y... no sé... ¿tal vez sea porque mi hijo me llenó de leche? Me parece motivo más que suficiente.

—Pero lo hicimos por las fotos, no por otra cosa... ¿cierto?

—Em... sí, eso es cierto. Seguramente salieron unas fotos geniales...

—Y un video...

—¿Un video? —Ella se sentó en la cama y lo miró a los ojos.

—¿Te molesta?

—No sé... ¿por qué lo grabaste? No me digas que pensás mandarles un video...

—No, al menos eso todavía no lo pidieron; pero está bueno tenerlo, por las dudar... si es que vos te animás a que lo mande.

—Ya veremos, un video es diferente... me da un poquito más de vergüenza. ¿Ese fue el único motivo por el que lo grabaste?

—¿Y cuál otro motivo voy a tener?

—Em... se me ocurre uno, pero prefiero que lo digas vos. No me voy a enojar, Julián... es más, te doy permiso.

—¿Permiso a qué?

—Vamos, hijo... es obvio que lo vas a usar para hacerte más de una paja. De verdad no me molesta, me hace sentir halagada que te calientes con mi cuerpo.

—¿De verdad?

—Sí, estuve sincerándome conmigo misma y admito que me da cierto morbo que lo hagas, un morbo lindo. No sé cómo explicarlo... pero me hace sentir bien saber que te hacés la paja mirando mis fotos.

—¿Entonces... puedo...?

—Sí, hijo... dedicame todas las pajas que quieras, a mí me va a poner muy contenta. Y si algún día querés que te muestre un poquito la concha, pedimelo.

—Lo voy a tener en cuenta.

—Ah, lo único que te voy a pedir es que no se repita esto de acabarme encima...

—Pero... yo solamente lo hice porque vos me lo pediste.

—Sí, ya sé. No estoy enojada, para nada... pero de todas formas tengo la sensación de que con eso ya nos fuimos un poquito a la mierda, además dije algunas barbaridades de las que ya me estoy arrepintiendo. Es que cuando me caliento mucho, pierdo la cabeza... empiezo a decir y a hacer cosas que no son propias de mí.

—Sí, de eso ya me di cuenta, jamás te imaginé comportándote de esa manera.

—Era uno de mis secretos más íntimos, y ahora ya lo sabés: cuando me caliento, me pongo muy puta... lo peor de todo es que me gusta.

—Dijiste que hacía mucho que no te sentías así...

—Es cierto, y no me refiero solamente al tiempo que llevo sin tu padre... ¡sino a años!

—¿Tanto?

—Sí, pero ese tema lo dejamos para otro momento, ahora no quiero hablar de eso.

—Está bien, no te voy a presionar.

—Me gusta que nos entendamos tan bien, al fin y al cabo vos sos todo mi mundo, sos todo lo que me importa en esta vida.

—Gracias, mamá... lo mismo puedo decir de vos.




—3—




Unos cuatro días después de que Diana recibiera el consolador, su hijo la vio paseándose por la casa en un atuendo de lo más sugerente. Se trataba del primer conjunto de lencería que le habían mandado, el negro, pero no tenía puesta la tanga, por lo que su lampiña concha quedaba totalmente al descubierto. No parecía que Diana se estuviera pareparando para una sesión de fotos, al contrario, estaba haciendo cosas cotidianas, como acomodar los platos, o preparar la comida que iba a cocinar. Julián no le dijo nada, pero la siguió con la mirada cada vez que la tuvo cerca. Él estaba mirando la televisión, pero no podía concentrarse en lo que ocurría en pantalla. Diana notó la mirada de su hijo, y le sonrió.

—¿Te gusta? —Le preguntó, mostrándole el culo, y agachándose un poco para que se le viera la concha.

—Sí… pero… ¿por qué estás vestida así?

—Es para que hagamos otra sesión de fotos. Pero no ahora, en un ratito. Esto es un experimento, me di cuenta de que me calienta usar esta ropa, me hace sentir muy sexy. ¿No te parezco sexy? —Preguntó, acercándose a su hijo, ahora él podía verle la concha de frente, desde muy cerca, porque la tenía a centímetros de su cara.

—Em… sí, estás muy sexy, mamá… —Hasta se le hacía raro decirle “mamá” a una mujer tan sexualmente atractiva.

—Yo quiero estar bien provocativa, para la gente que mira las fotos. Mirá, ya estoy toda mojada. —Dio media vuelta y se inclinó hacia adelante, separó sus nalgas con las manos, y las acercó aún más a su hijo. Julián pudo sentir el aroma sexual que manaba de la húmeda concha de su madre—. Si a vos se te pone dura, entonces vamos a poder hacer fotos muy buenas.

—No me falta mucho…

—Y yo te puedo ayudar con eso.

Diana ni lo pensó, no se tomó el tiempo de evaluar la situación, ni sus consecuencias. Directamente se sentó sobre su hijo, y se acomodó hasta que pudo sentir su bulto contra la concha. Acto seguido, empezó a frotarse, meneando las caderas.

—¡Apa! Se te está poniendo re dura, —dijo la rubia, sin dejar de moverse.

Julián no habló, a él también lo desbordaba la situación, y sin pensarlo, se bajó el pantalón, quedando sólo en bóxer.

—¡Uy! Ahora se siente mejor… —La pija estaba haciendo fuerza contra la entrada de la concha de Diana, los labios vaginales se abrían, como si fueran a permitir la entrada a ese miembro viril, con ropa interior y todo. Ella se quedó quieta, giró y cruzó un brazo por la espalda de su hijo, con una gran sonrisa le dijo:—. Ni se te ocurra sacarte el bóxer, porque no tengo nada puesto… y ya te imaginarás lo que podría pasar.

Julián se sentía como la vez que fue con sus amigos a un club de strippers. Una de las chicas se le sentó arriba de esa misma manera, y a él se le puso la verga como un garrote. Esa chica también se meneó un poco, y le dijo que por módico precio la podían pasar muy bien. Él rechazó la oferta, a pesar de que la chica era hermosa, no le agradaba la idea de acostarse con una prostituta. Pero su madre lo tenía aún más excitado que esa chica. Diana tenía un talento natural para calentar a los hombres, ya no le quedaba duda. Él, casi sin darse cuenta, por puro acto reflejo, subió las manos hasta encontrarse con las tetas de su madre; se las agarró con fuerza.

—¡Apa! —Exclamó Diana. Asustado, Julián apartó las manos—. Está bien, hijo… no pasa nada. Es sólo que me tomaste por sorpresa. No me molesta que me agarren las tetas… me hace acordar a cuando tenía más o menos tu edad, y salía a bailar. A veces me dejaba agarrar las tetas, —Julián volvió a sujetarse de esos turgentes pechos—. Y también me dejaba arrimar un poco. —Meneó la cadera, sintiendo la rigidez de la pija de su hijo—. Me re calentaba… No me acostaba con esos tipos, pero no te voy a mentir, hubo algunas veces en las que terminé haciendo un pete en algún rincón oscuro, o en un baño. Sí, ya sé lo que estarás pensando… que tu madre era una puta. Y no sé si era tan así… era joven, y muy hermosa. Atraía mucho la atención cuando salía a bailar. Muchos me querían arrimar… y entre tantas ofertas, a veces terminaba aceptando alguna. Por eso me gané fama de puta, especialmente entre mis hermanas. Pero después maduré un poco, y dejé de comportarme así… hasta sentí vergüenza de mí misma. Si yo quería ser una mujer respetada, con un buen marido, no podía comportarme de esa manera.

—Esas son pelotudeces de gente retrógrada, mamá. Como si tu única meta en la vida fuera “casarte con un buen hombre”.

—Bueno, así lo veíamos en aquella época, y antes era peor. Si no me hubiera dejado llenar la cabeza por esas ideas conservadoras, hubiera podido estudiar una carrera universitaria. Mi vida sería muy diferente.

—¿Y te arrepentís? —Él le estrujó las tetas con más fuerza. El peso de su madre le causaba un poco de dolor sobre la pija, pero podía tolerarlo.

—Ni un sólo día. No me arrepiento de nada. Porque si no hubiera vivido la vida que viví, posiblemente no tendría a mi hijo conmigo. Y eso es lo que más valoro en el mundo.

Ahí fue cuando Diana recapacitó un poco, se puso se pie de un salto. Prácticamente se estaba portando como una puta con su propio hijo. Se acordó de las cosas que le dieron sus hermanas, una vez que la descubrieron chupándole la pija a un desconocido, y la vergüenza de ese momento no se comparaba con la que sentía ahora.

—Voy a buscar la cámara, —dijo Julián. Él se fue a su cuarto.

Diana quedó de pie, recapacitando sobre lo que había hecho, pero su mente estaba turbia; tenía una excitación que no había sentido en años. Se convenció a sí misma al decirse que necesitaba estar lista para las fotos: era su trabajo. Apartó los malos pensamientos de su mente y le gritó a Julián que lo esperaba en la pieza.

Cuando Julián entró al cuarto de su madre, ya con la verga libre del bóxer, la encontró en cuatro, sobre la cama, haciéndose la paja. No podía verle la cara, pero tenía un gran primer plano de ese culo, y la concha húmeda. El chico empezó a tomar fotos, y Diana se masturbó con más intensidad.

La rubia ya no estaba tan apenada como antes, tocarse le había devuelto ese estado de pura excitación. Julián no entendía por qué su madre se había sentado arriba de él, ni por qué actuaba de esa manera; pero la situación le agradaba mucho, y se había quedado con ganas de más. Tenía la concha de su madre justo frente a él, lista para lo que quisiera hacerle. No quería ir demasiado lejos, al fin y al cabo esa mujer era su mamá; pero él estaba muy excitado. Se le acercó, con la verga dura, y la posó entre las nalgas de Diana.

—¡Hey! ¡Cuidadito ahí atrás! —Se quejó Diana, pero no se apartó.

—Tranquila, no voy a hacer nada raro… me pareció que podíamos sacar unas fotos así.

—Mmm… bueno, pero ojo a dónde apuntás, que no tengo nada pueso… y vos tampoco.

Todo el cuerpo de Diana se electrificó al sentir esa gran verga deslizándose entre sus nalgas. Instintivamente paró más la cola y pudo sentir el glande rozándole los labios vaginales. Estuvo a punto de apartarse, porque eso le pareció demasiado; pero no tuvo necesidad de pedirlo, Julián se apartó solo. Ella siguió pajeándose, ignorando que su hijo ya no se dedicaba a sacar fotos.

Julián se estaba masturbando con su madre, una vez más, y estaba más caliente que en otras ocasiones. Ya sabía que su madre tenía cierta tolerancia para algunas cosas, por eso se animó a ir un poco más lejos. Necesitaba sentir algo cálido y húmedo envolviendo su verga. La tentación era demasiado fuerte. Pero si iba más lejos, su madre se enojaría. Sin embargo la paja que se estaba haciendo era tan intensa, que no tardó en acabar. Todo su semen cayó sobre el culo y la concha de la rubia.

—¡Ay, por Dios! —Exclamó Diana—. Me llenaste de leche… toda la concha…

Ella podía sentir el tibio líquido deslizándose lentamente desde su culo hasta sus labios vaginales.

—Esperá, —dijo Julián—. No te muevas, voy a sacar algunas fotos.

—Está bien…

Diana estaba un poco enojada, no le había dado permiso a su hijo para que le acabara encima, pero decidió que de momento no diría nada. En primer lugar: porque las fotos con su concha llena de semen seguro que venderían muy bien. Segundo: porque ella también estaba muy excitada, y la tibieza del semen la calentaba aún más. Se masturbó, usando la leche de su hijo como lubricante, incluso llegó a penetrarse con los dedos. Si el semen hubiera ido directamente al interior de su concha, no se hubiera preocupado por algún riesgo de embarazo, ella había vuelto a tomar anticonceptivos… por si de casualidad se le presentara la oportunidad de acostarse con un hombre. De todas maneras no pensó que el próximo semen en entrar en su concha sería el de su propio hijo. Ésto le produjo una extraña sensación en la boca del estómago, algo que estaba justo en el centro del desagrado y el placer. No supo cómo procesar eso, se limitó a seguir pajéandose.

—Quiero el consolador, —dijo—. Está en el cajón de la mesita de luz.

Julián se apresuró a buscarlo, y cuando lo tuvo en mano no se lo alcanzó a su mamá, sino que se lo dio justo donde ella quería.

—¡Auch… síiii, qué rico! —Gritó la rubia, cuando gran parte del consolador se le clavó en la concha.

Podía sentir que entraba junto con el semen, y eso le fascinaba. Ella misma tomó el consolador y empezó a meterlo y sacarlo con fuerza, gimiendo tal y como lo hubiera hecho con un amante. Le daba vergüenza que su hijo la viera en esa situación, pero al mismo tiempo la excitaba, porque imaginaba que él podía ser parte de esa audiencia de hombres anónimos que se pajeaban al ver sus fotos.

Diana se dejó caer sobre la cama, y sin dejar de mover el consolador, tuvo un fuerte orgasmo, el cual la hizo sacudirse entre las sábanas. Soltó gemidos sin ningún tipo de pudor, sin ponerse a pensar si sus vecinos podrían oírla o no.

Cuando su estado de éxtasis terminó, se dio vuelta y pasó la mano por su concha, juntando una buena cantidad de semen.

—¡Dios! ¡Hace mucho que no me dejan la concha tan llena de leche…

—¿Te molestó?

—Más o menos… no te di permiso para hacerlo; pero una vez que ya estaba ahí… no sé, no me importó tanto.

—Está bien, no te lo voy a hacer más.

—Em… en realidad estaba pensando que si lo hacés, no deberías avisarme. —Ella no quería admitir que le gustó la sorpresa—. Digo, así sacás las fotos… es obvio que a mí no me va a agradar mucho, pero al menos se obtienen buenas imágenes. ¿cierto?

—Sí, saqué un montón de fotos, y son muy buenas. Este pack va a funcionar muy bien.

—Perfecto, me alegra saber que el negocio sigue en marcha. Ahora tendría que ir a bañarme, para sacarme todo este pegote de encima. Es una gran suerte, para nosotros, que a vos te salga tanta leche de la pija.

Julián sonrió, en cuanto su madre se retiró, él se acostó en la cama y empezó a masturbarse otra vez, ahora mirando las fotos en la cámara.

Diana entró al baño, abrió la ducha, pero no se colocó debajo de ella, sino que se sentó en el inodoro. Separó las piernas y empezó a pajearse otra vez. Ahora, estando sola, se animó a hacer algo que la estuvo provocando desde el momento en que Juián acabó. Se llevó los dedos a la boca y saboreó ese semen, se tocó la concha y el culo tantas veces como fue necesario, para poder llevarse a la boca todos los restos de semen. Sabía que después, al enfriarse, se lamentaría mucho por haber hecho eso; pero en ese momento sólo pudo disfrutarlo. Extrañaba el sabor del semen, y se convenció a sí misma de que esa fue la única razón de por qué lo hizo.



Mientras Julián se masturbaba, en la pieza de su madre, pensaba de qué manera podía conseguir algún pequeño acercamiento con ella. No necesitaba que sea algo tan drástico como una penetración, al fin y al cabo esa era su mamá, y no pretendía llegar tan lejos con ella… pero algo… no sabía exactamente cómo lo conseguiría; pero varias ideas comenzaron a llenarle la cabeza. Alguna buena excusa se le ocurriría.