Aislado Entre Mujeres - Especial Navideño [08]

 

Capítulo 08.

El club de las putas anales.





Durante todo el 25 y el 26 de diciembre le contamos a Mandy y a sus hijas nuestra historia con la pandemia. Estaban muy sorprendidas y no dejaron de hacer preguntas. En especial Elisa, que parecía la más interesada.
Ocasionalmente hacíamos pausas en la narración porque a Valery le daban ganas de coger… y la menciono a ella porque fue la principal. Aunque hubo otras interrupciones generadas por Macarena o por Mandy.
A mí me gustaba hacer esas pausas que podían durar más de una hora, donde todos cogíamos con todos. Era hermoso. Elisa y Tefi parecían estar llevándose realmente bien.

El día 27, después de un ligero almuerzo, Alicia propuso algo que a Elisa le gustó mucho:

—Ya saben todos nuestros secretos, pero creo que todavía quedan algunos entre ustedes. ¿Por qué no se hacen preguntas sobre las dudas que tengan? Eso sí, tienen que responder con sinceridad.

Mandy y sus hijas hicieron un pacto: prometieron decir la verdad y nada más que la verdad. Dejarían atrás los secretos familiares e intentarían llevar un estilo de confianza más íntimo. La que empezó con la ronda de preguntas fue Mandy.

—Cuando se la chupaste a tu hermana… ¿lo hiciste solo por morbo? —dijo mirando a Valery.
—No realmente. O sea, sí me dio morbo, pero mi intención era otra…
—¿Cuál? —Preguntó Elisa, con genuino entusiasmo.
—Era el primer paso para convencerte de que te saques fotos porno conmigo… y quizás con alguno de los tipos que me cogían a mí.
—¿Y eso por qué? —Elisa se puso roja como un tomate.
—Porque el tipo que me paga por las fotos es un morboso. Él quería que te convenciera a vos y a mamá de participar en las fotos… pero en especial a vos.
—¿Te prometió mucho dinero? —La pregunta vino de Tefi.
—Sí. Me prometió pagarme el triple por cada foto porno en la que participen Eli o mi mamá. Creí que eso nos ayudaría a estar mejor.
—Si nos hubieras comentado antes sobre esa idea… emm… quizás podríamos haberlo hecho.
—¿Estás segura, mamá? No te noté muy entusiasmada cuando te pedí que nos sacáramos fotos desnudas.
—Eso fue antes de… mmm… bueno sí, tenés razón. Ahora es fácil decirlo, porque nos cambió la perspectiva totalmente. Hace unas semanas probablemente te hubiera dicho que me parecía una locura.
—¿Incluso siendo que vos viviste lo mismo que Valery? —Preguntó Macarena.
—Sí. Justamente por eso me hubiera dado más miedo. No hubiera querido, por nada del mundo, que Valery repitiera los mismos errores que yo. Pero… la que me hizo cambiar de opinión fue Alicia. Me contó su historia y… tiene ciertas similitudes con la mía. Me hizo bien hablar con alguien que tuvo una experiencia similar. Ahora entiendo que no puedo controlar la vida de mis hijas y que… bueno, estaría siendo egoísta. Porque hubo momentos que yo disfruté mucho. No puedo negarle a mi hija el mismo disfrute solo por considerarlo “poco ético”. Estaría siendo una hipócrita… en fin, no los quiero aburrir con tanta charla. Solo puedo decir que, Vele, si necesitás que yo participe con vos en las fotos… estoy dispuesta a hacerlo. El dinero nos viene bien y… no voy a mentir, la idea de volver a estar con siete tipos en la cama… me entusiasma. En especial si vos lo hacés conmigo.
—Conmigo no cuenten —dijo Elisa—. No quiero que me cojan entre siete.
—¿Y si solo fueran unas fotos entre nosotras? —Preguntó Valery.
—Mmm… eso podría pensarlo. ¿De verdad vale la pena lo que nos van a pagar?
—Sí, mucho. Este tipo tiene mucha plata.
—Esa es otra cosa que quiero saber —dijo Mandy—. ¿Cómo se llama este tipo?

Valery hizo una pausa y se mordió el labio inferior. Su madre le recordó que prometió decir la verdad.

—Esta es la parte que te va a molestar: el tipo se llama Gunter… y por lo que contaste, estoy segura de que es el mismo tipo que te cogía a vos.
—¡Lo sabía! Degenerado hijo de puta… lo sabía.
—No te enojes, mamá… él no me obligó a hacer nada.
—No es por eso, Vale… lo que pasa es que… em… Gunter es tu papá… y también el de Elisa.

La cara de Valery se desfiguró. Su respiración se cortó y tuvo que sentarse para poder procesar la información.

—Mi… ¿mi papá? Pero… ese tipo… me cogió un montón de veces. ¡Un montón!
—Y el hijo de puta lo sabe… —siguió Mandy—. Él sabe perfectamente que es tu padre. Solo que nunca se hizo cargo de nada.
—No puedo creer que me acosté con mi papá —Valery tenía los ojos perdidos en la nada.
—Perdón que lo diga así, pero… esto es tu culpa Mandy —dijo mi mamá—. Si le hubieras dicho que ese tipo era su padre… nada de esto hubiera pasado.
—Es cierto… —dijo Elisa, con los ojos llorosos—. ¿Ves? Por esto odio los secretos. Siempre me pregunté quién podría ser mi papá… y todo el tiempo vivió acá cerca. Podría haberlo conocido…
—No les dije quién era porque quería protegerlas. Estaba seguro de que, apenas crecieran, ese tipo intentaría hacer algo con ustedes… no solo tener sexo, sino compartirlas con sus amigos… como lo hizo conmigo. Y ahora veo que con Valery hizo exactamente lo mismo. Es un hijo de puta.

Un gélido silencio se instaló en el living de nuestra cabaña. Esto no ocurría desde antes de navidad. Pasados unos segundos, por fin mi madre tomó la decisión de hablar.

—Creo que es mejor que charlen sobre esto en privado. Nosotros nos vamos a la pieza…
—¿Por qué nos tenemos que ir nosotros?
—Vamos, Tefi… que también quiero hablar de algo importante con ustedes.

Esto no me gusta nada. Conozco ese tono, y cuando Alicia lo usa significa que hay malas noticias. Dejamos a Mandy y a sus hijas solas, estoy de acuerdo con que este asunto es demasiado personal… y tienen que resolverlo entre ellas.

Entramos en la habitación que compartían Macarena y Tefi, nos sentamos los cuatro en la cama y esperamos a que Alicia se decidiera a hablar.

—No sé cómo explicarles esto, porque ya intentamos hacerlo varias veces… y parece que no se entiende.
—¿Explicar qué? —Le pregunté.
—Lo de las relaciones incestuosas.
—No creo que sea un buen momento para ponerle fin a eso —dijo Tefi—. No ahora, que la estamos pasando tan bien con Mandy, Valery y Elisa. ¿No podemos hablar de esto cuando lleguemos a casa?
—Es necesario hablarlo ahora. No estoy pidiendo que terminen los actos sexuales. No sé qué va a pasar con eso. Creo que simplemente van a seguir… porque no podemos evitarlos. Así que… digamos que está bien ¿no es así, Macarena?
—Ya no tiene sentido ir en contra de eso. Nos puede la tentación.
—Entonces… ¿vamos a seguir haciéndolo? —Pregunté.
—Si lo hacés conmigo y con mamá, sí. Todo bien, no pasa nada.
—Pero lo de Tefi se tiene que terminar —intervino Alicia.

Estefanía y yo nos miramos con la misma expresión de desconcierto. Me rasqué la cabeza, todo esto parecía un mal chiste.

—No entiendo por qué está bien si me acuesto con Macarena o con vos… pero está mal si lo hago con Tefi. Estoy hartos de que se hagan las misteriosas y no lo digan.

Se hizo un silencio tan denso como la nieve que cubría el paisaje.

—Opino igual —me respaldó Tefi—. Exijo una respuesta. ¿Por qué siempre nos dicen que lo nuestro es diferente? ¿Qué tiene de diferente?
—Pensamos que a esta altura ya se habían dado cuenta solitos —respondió Macarena—. El problema no es que cojan entre ustedes…
—El problema es que están enamorados el uno del otro.

Las palabras de mi madre nos cayeron como un baldazo de agua helada en pleno invierno. Tefi y yo nos miramos sin saber qué decir.
A ver, es cierto que siento algo especial por ella, de mis hermanas es la que siento más cercana. Con la que más me gusta pasar el tiempo. Pero… ¿amarla como se amaría a una novia? No lo sé…
Uf… quizás un poquito.
Carajo. Esto es muy difícil.

—Ustedes quieren vivir sus vidas como si fueran marido y mujer —dijo Macarena. Las tres rubias nos miraban en silencio, como si fuéramos la telenovela de la tarde—. Eso les va a traer muchos problemas. ¿Cómo van a llevar una vida normal siendo hermanos y pareja?
—Esto es muy injusto —dijo Tefi—. Mamá estaba de novia con Cristela… ellas también son hermanas. Hicieron vida de pareja durante meses.
Los ojos de las rubias se abrieron como platos. No esperaban este giro de los acontecimientos.
—Exacto —dijo Alicia—. Por eso sé de lo que les estoy hablando. Lo mío con Cristela no funcionó. Estábamos contentas, pero cada reunión que teníamos con amigas no sabíamos cómo hacer para disimular. Queríamos contarle a todas lo felices que éramos con nuestra nueva pareja… ¿pero que les íbamos a decir? “No se imaginan lo bien que coge mi hermana”. Y no solo teníamos ese problema con amigas. Una noche se nos ocurrió ir a un telo, pasar la noche ahí. Cuando nos pidieron identificación, la chica que atendía se nos quedó mirando. Obviamente se dio cuenta de que éramos hermanas. La pobre no sabía cómo disimular la sorpresa. Fue un momento muy incómodo. No se imaginan lo mucho que me dolió cortar la relación con Cristela. Pero fue lo mejor… para las dos. No quiero que a ustedes les pase lo mismo.

Bajamos las cabezas y miramos el suelo en silencio. Había un punto en todo eso. Si Tefi y yo pretendíamos llevar una vía más “cercana”... sufriríamos mucho.

—Lo mejor sería que cada uno de ustedes se busque una pareja fuera de la familia —dijo Macarena—. ¿Por qué no probás con Elisa? Se nota que se llevan bien.
—Ella vive en Alemania.
—Pero se nota que te gusta. El amor rompe barreras —dijo Alicia, como si esto fuera una telenovela.
—¿De verdad te gusta? —Preguntó Tefi.
—Creo que sí —respondí sin mirarla—. Es hermosa… y tiene una personalidad muy… intrigante. Me gustaría conocerla más; pero…

Esta vez nuestras miradas se cruzaron. Ahí supe algo que había intentado ocultar durante meses. Tefi provoca en mi sensaciones únicas. Ninguna otra mujer me hace sentir tan sobreprotector. Cuando paso unos días lejos de ella, la extraño. Me digo a mí mismo que solo estoy aburrido y necesito alguien con quien pasar el rato. Pero solo me estoy mintiendo a mí mismo, si fuera solo eso, podría hacerlo con cualquiera de mis hermanas. Sin embargo, siempre estoy pensando en ella.

—Muy bien, que así sea.

Tefi se puso de pie y salió de la habitación. La seguí, creí que estaba enojada, que había dicho algo indebido. En especial por lo celosa y posesiva que es Tefi.
Bajé las escaleras con Macarena y Alicia pisándome los talones. Encontramos a Tefi en el living, interrumpiendo una emotiva charla familiar. Mandy, Valery y Elisa tenían los ojos cubiertos de lágrimas. No debió ser fácil para ellas enterarse así de quién es su padre biológico. Pasé un momento similar con mis hermanas… y no son fáciles de digerir.

—¿Te pondrías de novia con mi hermano?

La pregunta de Tefi tomó a todos por sorpresa, en especial a mí y a Elisa. Por unos segundos solo escuchamos el aullido del viento que nos llegaba a través de las paredes de madera.

—Nahuel me gusta mucho —respondió por fin Elisa—. Cuando dije que me acosté con él solo porque ya no quería ser virgen… emm… no fui del todo sincera. Esa parte es cierta; pero también lo hice porque me gusta de verdad. Fue un intento desesperado para demostrarle lo que estoy dispuesta a hacer para estar con él.
—¿Y vos, Nahuel? —Tefi volteó para mirarme—. ¿Te pondrías de novio con Elisa? —Soltó la pregunta como si fuera un cura conduciendo una boda.
—Emmm… vos también me gustás mucho, Elisa —la rubia sonrió, se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Sentí una onda de calor en el pecho, verla mejorar su estado de ánimo de verdad me conmueve—. Me gustaría tener una oportunidad con vos… pero, como le dije a mi familia: vos vivís en Alemania.
—Podría ir a vivir a Argentina —soltó al instante—. Extraño ese país. Me siento más argentina que alemana. Nunca me adapté bien al idioma.
—Es cierto, todavía habla alemán con acento español —dijo Valery.

La respuesta de Elisa me sacudió el piso. Fue una declaración, con eso me estaba diciendo: “De verdad me gustaría ser tu novia”. Es la primera vez en mi vida que una mujer me propone eso. Y como soy medio idiota, lo único que se me ocurrió decirle fue:

—Mirá que allá hace mucho calor.
—Sos un pelotudo, Nahuel —dijo Tefi—. ¿No ves que la chica se muere de ganas de estar con vos?
—Pero… pero… emmm… mirá, Tefi, no sé si puedo decir que estoy enamorado de vos y eso… pero… em… no quiero hacer algo que pueda lastimarte.
—No seas idiota. No tenés que hacer nada por mí. Soy tu hermana. No soy tu novia y nunca lo voy a ser… ¿no escuchaste a mamá? —Sus ojos se llenaron de lágrimas en cuestión de segundos. Me partió el alma verla así—. Ella tiene razón. No se puede. Es… ridículo. Vos te merecés una novia de verdad. Alguien como Elisa.
—Gracias, Tefi. Sé que no es fácil para vos decir esto. Sabía que entre vos y Nahuel había algo… pero nunca me imaginé que se tuvieran tanto cariño. No quiero interponerme ni nada… solo que… Nahuel me gusta… y creo que podemos ser felices juntos.
—Creo que va a ser lo mejor —dijo Tefi, limpiándose las lágrimas.
—De todas maneras… emm… ustedes pueden seguir acostándose juntos. A mí no me molesta para nada, de verdad. Hasta… em… me calienta. No tengo problemas en compartir a Nahuel con vos.
—No —dijo Tefi, tajante.
—¿Por qué no? —Pregunté.
—No va a funcionar. Tenemos que terminar esto de una vez por todas. Completo. No a medias. No quiero ser la amante de mi hermano, eso es patético. Y como tampoco puedo ser tu novia, me conformaré con ser tu hermana… solo eso y nada más. —Me atravesó con su mirada—. Lo digo en serio, Nahuel. Mientras estés obsesionado conmigo, no vas a poder hacer una vida normal… ni yo tampoco.

Eso sí que me rompió el corazón. Me cuesta imaginar un futuro en el que Tefi no esté a mi lado. En el que no pueda compartir una cama con ella de vez en cuando. Sin embargo…

—La decisión es tuya, Nahuel —sentenció Tefi—. Decidas lo que decidas… lo voy a respetar.

Dudé durante unos segundos. La decisión más madura sería aceptar que Macarena y Alicia tienen razón. Lo mío con Tefi está destinado a fracasar. Elisa… bueno, no la conozco tanto, pero cada cosa que conozco de ella me encanta. Me enredé, con la mente hecha un ovillo.
Finalmente dije:

—Está bien. Voy a intentar con Elisa. Creo que ella lo merece.

La rubia sonrió, su rostro se iluminó como un árbol de navidad.

—¿Entonces… es oficial? ¿Somos novios?
—No todavía —dijo Tefi—. Antes tienen que consumar el acto.
—Mmm… ¿si? Pero si ya cogimos un montón.
—Pero no lo hicieron siendo novios.
—Esperá… esperá… —dije—. Antes quisiera tener una última vez con vos, Tefi. Una despedida. De eso habló Sabrina, la psicóloga. Dijo que lo mejor para darle un cierre a estas relaciones sería tener una última noche de sexo…
—No, Nahuel. Ya está. Lo nuestro se terminó. La última vez fue nuestra última vez.
—Pero… no fue tan especial. O sea, no sabíamos que sería la última… creo que nos merecemos una despedida especial.
—No me gustan las despedidas. No podría soportar acostarme con vos sabiendo que va a ser la última vez. Prefiero aceptar que esa última vez ya pasó.

Sentí un gran vacío en el pecho. Estaba seguro de que al menos me quedaría una despedida con Tefi, con muchos fuegos artificiales. Que destrozaríamos juntos la cama.

—No te pongas triste, Nahuel… no me gusta verte así —aseguró Tefi—. Elisa… dale para adelante. Esto es lo mejor para todos. Yo ya encontraré mi propio camino. Me alegra saber que Nahuel ya encontró a alguien. Me caés bien… y a mi familia también. Estoy segura de que el resto de mis hermanas te van a adorar. Háganlo ahora. Suban a la pieza y cojan todo lo que tengan que coger. Este momento es de ustedes.

Elisa se puso de pie y asintió con la cabeza. La sonrisa no le cabía en el rostro, aunque podía notar un toque de melancolía en sus ojos. Al parecer a ella también le entristecía que lo mío con Tefi terminara de forma tan abrupta.

—Vení, Eli… creo que es momento de darle uso a nuestro regalo navideño.
—¿Te parece?
—Sí, sí… es el momento ideal. Vamos…

Desaparecieron en cuestión de segundos. Las escuché subir las escaleras y luego el ruido de una puerta.

Me quedé sentado en silencio, mientras Alicia intentaba consolar a Mandy, quien, al parecer, ya se estaba recuperando de la charla con sus hijas.

—Me hace ilusión ver a estos dos juntos —aseguró Mandy—. Y ahora que las dos quieren ir a Argentina… creo que yo también quiero ir.
—Podés quedarte en mi casa todo el tiempo que quieras —dijo Alicia, acariciándole la espalda.

Las dos mujeres se miraron a los ojos sin decir nada, y de pronto se lanzaron en un beso tan erótico como apasionado. Mantuvieron la lucha enraizada de sus lenguas durante varios segundos. Cuando se separaron, Alicia dijo:

—¿Estás dispuesta a probar suerte con una mujer?
—Sí. Los hombres ya me defraudaron demasiadas veces… y ahora entiendo que lo que pasó con Astrid en el campamento no fue una casualidad. Ni tampoco todos los orgasmos que tuve al acostarme con mujeres. Ahí hay algo más… y me gustaría descubrir qué es.
—Y yo estoy dispuesta a acompañarte en ese descubrimiento.

Volvieron a besarse, como adolescentes cachondas. Se me paró un poco la pija al verlas, y eso que todavía están con la ropa puesta. Aunque mi instinto masculino me dice que eso va a cambiar pronto.

Me encontraba sentado en el sofá del living, con la mente perdida en el silencio de la casa, cuando oí el suave roce de pasos en el pasillo. Levanté la vista y allí estaban ellas: Tefi y Elisa, entrando como si fueran un sueño erótico. Mi corazón se aceleró al instante, y sentí que el aire se espesaba a mi alrededor. ¿Cómo podía alguien prepararse para algo así?

Tefi lideraba el camino, su cabello castaño lacio cayendo suave sobre sus hombros desnudos, enmarcando esos ojos verdes que brillaban con una picardía que me dejaba sin aliento. Su cuerpo delgado, pero con curvas perfectas, estaba envuelto en un conjunto de lencería blanca que parecía diseñado para despertar mi líbido (y pararme la chota). Era un babydoll etéreo, color blanco, con un corpiño de encaje que se adhería a sus pechos firmes. Tenía transparencias que insinuaban las areolas de sus pezones. El material semitransparente descendía en una falda corta y vaporosa, con bordes de tul que rozaban sus caderas, dejando al descubierto un tanga a juego que apenas cubría lo esencial, acentuando la elegancia de sus piernas largas y tonificadas.

A su lado, Elisa avanzaba con una confianza inusitada. Ya no mostraba rastros de su timidez. Algo me dice que ensayó esta entrada con Tefi. Parecía que el mundo girara en torno a ella. Su melena rubia dorada caía en ondas suaves, y esos ojos azules me perforaban el alma. Su figura era similar a la de Tefi, pero con un toque más voluptuoso: curvas más pronunciadas en los lugares justos, que hacían que su presencia fuera aún más imponente. Llevaba el mismo conjunto, pero en un rojo intenso que ardía como el deseo mismo. El babydoll se ceñía a su pecho generoso, con el encaje transparente dejando entrever la curva tentadora de sus tetas. La falda ligera flotaba alrededor de sus caderas, sin llegar a tapar la tanga. También roja, mínima y provocadora. Todo el conjunto acentuaba su silueta, haciendo que cada paso suyo fuera una invitación al pecado.

Me quedé allí, petrificado, con la boca ligeramente abierta y el pulso retumbando en mis oídos. Eran dos diosas encarnadas, idénticas en seducción y encanto. No podía apartar la vista; era como si el tiempo se hubiera detenido, y yo estuviera atrapado en ese momento de pura admiración ¿Qué podía decir un hombre ante tal belleza? Solo sabía que, en ese instante, el mundo se reducía a ellas dos.

Elisa se acercó a mí con una determinación que no había visto antes, sus ojos azules ardiendo con una mezcla de nervios y deseo. Sin decir una palabra, se inclinó sobre el sofá donde yo seguía sentado, paralizado por la visión de ellas dos, y capturó mis labios en un beso apasionado. Su boca era suave y exigente, su lengua danzando con la mía en un torbellino que me dejó sin aliento.

Sabía que todas las demás mujeres de la sala nos estaban mirando, y eso, en lugar de molestarme, me excitó más.

Elisa estaba radiante. Sentí el calor de su cuerpo presionando contra el mío, el encaje rojo de su lencería rozando mi piel, y en ese momento, todo lo demás desapareció. Habíamos cogido antes, pero esto era diferente: era el sello de nuestro noviazgo recién estrenado, un acto de entrega total que hacía que mi pulso se acelerara como nunca.

Rompió el beso solo para susurrar: "Te quiero, Nahuel." Sus manos bajaron a mi remera, me la quitó con prisa, mientras yo la atraía hacia mí, sintiendo la curva voluptuosa de sus caderas bajo mis manos. Tefi observaba desde un lado, muy cerca nuestro, con una sonrisa juguetona en sus labios, su conjunto blanco contrastando con la intensidad del momento.

—Lo estás haciendo muy bien, Elisa —murmuró Tefi, acercándose con gracia felina—. Con confianza. Mostrale quién manda.

Elisa me empujó suavemente hacia atrás en el sofá, quitándome la ropa con una urgencia que me excitaba aún más. Se posicionó sobre mí, sus piernas a horcajadas, y con un movimiento fluido, se acomodó sobre mi verga endurecida, dejándome entrar en ella con un gemido ahogado que reverberó en la habitación. Su concha era cálida, apretada, y el ritmo que empezó a marcar era lento al principio, como si estuviera probando el terreno de esta nueva conexión. Tefi se arrodilló a nuestro lado, su mano extendiéndose para acariciar el muslo de Elisa, animándola.

—Más profundo, amor. No tengas miedo, no te va a doler.

Obedeciendo las indicaciones de Tefi, Elisa aceleró, montándome con mayor decisión, sus tetas rebotando bajo el encaje transparente del babydoll rojo. Tefi no se limitó a las palabras; se inclinó para besar el cuello de Elisa, mientras una mano se colaba entre sus piernas. Le acarició el clítoris con suavidad, provocando que el movimiento de Elisa ganara ritmo y confianza.
Cada vez que el cuerpo de la rubia bajaba, mi verga se le hundía más en la estrecha vagina. Me volvió loco sentir cómo su sexo se dilataba y se humedecía al mismo tiempo.

—Siente cómo responde Nahuel —susurró Tefi, su voz ronca de excitación—. Cuando está disfrutando, te va a apretar fuerte con las manos en la cadera. Lo hace por puro instinto. A veces me dice que está cogiendo solo por coger; pero a mí no me puede mentir. Yo sé cuándo está disfrutando de verdad.

No sabía que mi hermana me conociera tan bien. Y es cierto que hago eso, solo que por lo general no me doy cuenta. Ahora mismo estoy apretando las caderas de Elisa como si quisiera que ella se quedara a mi lado para siempre.

Elisa siguió las indicaciones de Tefi, contrayéndose sobre mí. Presionó mi cuerpo con sus piernas y no pude evitar soltar un gruñido profundo, mis manos aferrándose a sus caderas para guiarla.

Tefi besó a Elisa en la boca. Un beso profundo y sensual que las unía mientras Eli

seguía moviéndose sobre mí, el ritmo volviéndose frenético. Sus toques eran precisos: una caricia en el pecho de Elisa, un roce en mi muslo, todo para empujarla a ser más audaz. "Eres increíble," le dijo Tefi entre besos, rompiendo solo para mirarme con esos ojos verdes. "Míralo, Elisa. Lo tienes loco por ti." Y era verdad; estaba perdido en ellas, en el vaivén de Elisa, en las instrucciones suaves de Tefi que convertían el acto en algo explosivo. Cada embestida nos acercaba más, consumando no solo nuestro noviazgo, sino un lazo que Tefi tejía con maestría, haciendo que el placer se multiplicara hasta que el éxtasis nos envolvió a los tres.

El ritmo de Elisa se había vuelto una cogida salvaje, sus caderas girando con fuerza bruta sobre mi verga. Las paredes internas de su concha me succionaban la pija, sentía que iba a explotar. Tefi, tan cachonda como siempre, deslizó una mano por la espalda sudorosa de mi nueva novia.

—Quiero que lo sientas todo, putita —le dijo Tefi con esa voz ronca y dominante que me pone la verga como un hierro—. Hoy vas a darle el culo. Ya le diste el debut por la concha... ahora vas a debutar por atrás. Vas a aprender a que te rompan el ojete como se debe.

Elisa me miró, sus ojos azules llenos de nervios y lujuria pura, el labio inferior atrapado entre los dientes. Asintió apenas, y yo estaba tan duro que la punta de mi verga goteaba como un grifo roto. Cuando Tefi me guiñó un ojo con esa sonrisa perversa, supe que el show estaba por empezar de verdad.

Elisa se levantó despacio, mi verga saliendo de su concha chorreante. Tefi la agarró de la cintura con manos firmes, la giró como a una muñeca sexual y la plantó a cuatro patas sobre el sofá. La falda del babydoll rojo se había subido hasta la cintura, exponiendo el culo perfecto de Elisa. Redondo y un poco más carnoso que el de Tefi. Las nalgas blancas se separaban ligeramente, mostrando ese agujero virgen rosado y fruncido que nunca había sido tocado por una verga.

Tefi se arrodilló detrás de ella sin perder un segundo, separando esas nalgas con las dos manos como si estuviera abriendo un regalo. Sin preámbulos, hundió la lengua directamente, lamiendo con fuerza. Un gemido gutural explotó de la garganta de Eli; vi cómo su espalda se arqueaba como un gato en celo, sus dedos clavándose en el respaldo del sofá hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Detrás nuestro, todas las mujeres ya se habían desnudado. Alicia y Mandy seguían besándose, con un ojo puesto en la escena. Macarena y Valery se habían apoderado del sofá grande, y allí hacían un espectacular 69; pero siempre mirándonos a nosotros.

—Relájate, puta hermosa —murmuró Tefi. Me pone loco cuando habla así. Siguió lamiendo en círculos amplios, mojando todo el anillo con abundante saliva—. Abrite, para que la verga de mi hermano te rompa toda. Deja que te estire ese culito de puta inexperta.

Me vuelve loco escuchar a Tefi hablando así, porque sé muy bien que solo llega a ser tan directa cuando la excitación la desborda.

Me acerqué, agarrando la punta hinchada de mi verga, gruesa y venosa hasta el límite. Comencé a rozar esa entrada prohibida que Tefi seguía devorando con la boca. Cada vez que la lengua de mi hermana se hundía, Elisa empujaba hacia atrás como una perra en celo, pidiendo más sin palabras. Tefi bajó un poco la cabeza y lamió su concha empapada también, chupando los jugos que goteaban por sus muslos, escupiendo una saliva abundante sobre el culo para lubricarlo todo. Su lengua alternaba: una lamida en la concha, succionando el clítoris hinchado, y luego de vuelta al culo, metiendo la punta para aflojarlo, haciendo que Elisa se retorciera y gimiera como loca.

Mientras tanto, Tefi levantó la vista hacia mí, los labios brillantes de jugos, y me dijo con voz jadeante:

—Mi primer anal también fue con Nahuel, ¿sabías? —le contó a Elisa entre lamidas, su lengua rozando mi punta cuando me acerqué más—. Al principio dolió muchísimo, esa verga gorda abriéndome el culo virgen. Creí que me iba a partir en dos. Pero respiré hondo, me relajé, y de repente... carajo… empezó a darme un placer que me hizo acabar como nunca. La que me ayudó en mi primer anal fue mi mamá. Ella hizo lo que ahora estoy haciendo por vos. Vas a amar esto, Elisa, te lo prometo. Solo dejalo entrar. Abrí este culo al placer de tener una verga enorme dentro.

Esas palabras me pusieron como loco. Apoyé la cabeza de mi verga justo en ese anillo rosado, aún húmedo de la saliva de Tefi, y empujé con control. La punta forzó la resistencia inicial. Ella soltó un grito ahogado, un sonido entre dolor y éxtasis. Su cuerpo se tensó como un cable. Sentí cada milímetro: el calor abrasador envolviéndome, el apretón virgen que me ordeñaba la verga.

—Ahora —gruñó Tefi, mirándome por encima del hombro de Elisa—. Entra despacio, Nahuel. Vos sabés cómo hacerlo.

Empujé más. Mi verga comenzó a deslizarse con fricción deliciosa. Su culo se estiró alrededor de mi grosor hasta que vi las venas de mi verga desapareciendo en ella. Elisa jadeaba, sudando, pero Tefi no paraba: seguía lamiendo alrededor de la penetración, su lengua presionando los bordes del agujero para relajar los músculos. Metía la lengua justo cuando yo sacaba la verga, para lubricar más, mientras con una mano bajaba a frotarle el clítoris en círculos rápidos y brutales, haciendo que los jugos de la concha de Elisa salpicaran. Un hermosos enchastre.

—Uy… ¡qué mojada está esa puta! ¡Se nota que quiere pija!
—Nunca pensé que mi mamá me diría eso —dijo Elisa, riéndose ante la ironía—. Y mucho menos pensé que me vería tener mi primera vez con el sexo anal.
—No te hagás la puritana, que sos tan morbosa como yo… o como la puta de tu hermana. Dale, Nahuel… rompele el orto… que aprenda lo que es una buena pija. Así va a entender por qué a Vale y a mí nos calienta tanto que nos llenen el culo de leche.

Lo tomé como un desafío que estaba dispuesto a superar.

—Respira, mi amor —le decía Tefi entre lamidas y chupadas—. Afloja... ahí va... mira cómo tu culito se come toda la verga. Disfrutá. Sentí cómo te abre, cómo te llena toda. Es la sensación más hermosa del mundo.

Centímetro a centímetro, me hundí más profundo. A los tres centímetros, Elisa temblaba, su culo pulsaba alrededor de mí como si intentara expulsarme, pero yo empujé firme, sintiendo el interior de su culo apretado masajeando cada milímetro de mi verga. A los cinco, ella gritó de nuevo, pero Tefi la distrajo lamiendo su concha con furia, succionando los labios hinchados y metiendo dos dedos. Yo seguí: siete centímetros, el calor me quemaba, el apretón era tan intenso que mis bolas se contraían. Diez centímetros, y ya sentía el fondo, su culo virgen cediendo a mi invasión, envolviéndome en un túnel de carne caliente y resbaladiza.

Seguí empujando más y más. Seguí hasta que mis bolas comenzaron a golpear contra su concha. Elisa temblaba, sudorosa. Chillaba y gemía, pero en ningún momento me pidió que me detenga. Tenía el pelo rubio pegado a la cara en mechones desordenados. Su culo se había estirado al máximo alrededor de mi base gruesa, rojo e hinchado, pero ella empujaba hacia atrás instintivamente, queriendo más.

—Ahora movete vos, puta —le ordenó Tefi con una palmada en el culo, y de golpe Elisa se empaló más profundo, cogiéndome ella misma el culo con movimientos torpes pero hambrientos.

Empecé a bombear, lento al principio para que sintiera cada salida y entrada: mi verga saliendo casi del todo, dejando el culo abierto y palpitante, y luego embistiendo de nuevo, forzando el camino. Cada penetración hacía que su culo se contrajera.

Tefi se metió debajo de ella, boca arriba, lamiendo su concha con furia mientras yo la penetraba por atrás. Su lengua chupaba el clítoris expuesto, lamiendo los jugos que goteaban, y de vez en cuando subía para rozar donde mi verga entraba y salía.

—Te está rompiendo el culo, ¿no? —le susurró Tefi a Elisa, la voz ronca de excitación—. Esa verga gorda está partiéndote en dos, y te encanta, puta hermosa. Dale, seguí… hasta que te llene el culo de leche.

Eso fue el detonante. Elisa gritó como una banshee, su culo se contrajo alrededor de mi verga, mientras yo acababa a chorros. Los jugos de Elisa salpicaban la cara de Tefi. Yo no aguanté más: me enterré hasta el fondo, y descargué todo dentro de ella. Chorros abundantes y calientes de semen inundaron su culo, llenándola hasta que sentí el exceso goteando por los bordes. Uno, dos, tres pulsos potentes, mi pija latiendo mientras vaciaba mis testículos en ese culo virgen. Bueno… ya no tan virgen.

Cuando terminé, me quedé ahí un segundo, jadeando. Mi verga aún semi-dura dentro de ella, sintiendo cómo su culo palpitaba alrededor de mí. Tefi se incorporó rápido, con los ojos brillantes de codicia, y empujó suavemente mis caderas para sacarme. Mi verga salió con un sonido húmedo, dejando el culo de Elisa abierto: un agujero rosado y dilatado del que brotaba mi semen blanco y espeso.

Tefi no perdió tiempo: se lanzó sobre ese culo. Lamió con gusto voraz. Comenzó a succionar mi leche directamente del interior. Lamía y chupaba, tragando cada gota con gemidos de placer. Metió la lengua profundo para limpiarla toda. Elisa gemía con la sensibilidad post-orgasmo. Las demás mujeres de la sala aplaudían su esfuerzo y su entusiasmo.

—Mmm, qué rico el semen de mi hermano en tu culito —murmuró Tefi, lamiendo los restos que corrían por la concha de Elisa—. Bienvenida al club de putas anales, cuñada —le dijo a Elisa, riendo bajito.

Y yo solo pude mirar, la verga endureciéndose de nuevo, pensando que esta tarde acababa de volverse legendaria.

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