"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


miércoles, 7 de enero de 2015

Me niego a ser Lesbiana (10).

Capítulo 10.



Mis furiosos ojos se clavaron en los de Lara, no podía creer que estuviera en mi casa para arruinarme la coartada. Pensé rápido y tuve una súbita idea que en un principio me pareció brillante, yo le había dicho a mi madre que iría a la casa de una Lara, pero nunca aclaré cuál.

-Esta Lara no mamá –intenté aparentar tranquilidad- la otra. La que vino a mirar películas el otro día.
-¿Esa no se llama Edith? –ladró.
-Se llama Lara Edith, a veces le digo por el segundo nombre para evitar estas confusiones, como ésta. Si yo te dije que se llamaba así –logré hacerla dudar, sabía que ella no recordaría si especifiqué cuál era su nombre.
-Eso me importa poco. ¿Por qué motivo estás pasando tanto tiempo con mujeres? Te vas toda la noche a “dormir” a la casa de alguna y volvés a cualquier hora.
-¿A qué te referís con eso?
-¡Me refiero a esas cosas que se dicen de vos Lucrecia! Todo el mundo anda diciendo que sos… que sos lesbiana.

Ahora si estaba muerta, o peor aún, me torturaría lentamente por el resto de mi vida hasta que yo le suplicara que me mate. Tal vez si la provocaba más me mataría rápidamente y terminaría con todo el sufrimiento hoy mismo. También podía robar el auto y huir, hasta que me denunciaran y la policía me encontrara a pocos kilómetros de mi casa y evitara que me tire de un puente con coche y todo. No, eso sería una cobardía y arruinaría un bonito auto. Debía enfrentarla, ella no era dueña de mi vida.

-¿Y si lo fuera habría algún problema? –sus ojos se transformaron, parecían los del mismísimo Satanás.
-¡Claro que habría problemas! ¿En qué pensás Lucrecia? ¡No me digas que es cierto lo que dicen!
-¿Quién lo dice? –intentaba elevar mi vos sobre la de ella.
-Las hijas de mis amigas, dicen que te vieron con mujeres. Besándolas y haciendo quién sabe qué otra cosa, yo no puedo creer que siquiera se digan cosas así de mi hija… hasta dicen que vieron un video donde estás…
-¡Basta mamá! ¡No te metas en mi vida! ¡Si, me gustan las mujeres! ¿Y qué? Seguramente las santitas de las hijas de tus amigas se habrán cachondeado mirando el video –estuve a punto de pasar por su lado para irme a mi cuarto pero me detuvo agarrándome del brazo.
-¡Malcriada de mierda! ¡Yo te voy a enseñar! ¿Cómo me vas a decir una cosa así?

Levantó su mano derecha y apuntó hacia mi mejilla, en cuanto la estaba bajando para castigarme con toda su furia, Lara se interpuso y la tomó por la muñeca. Ella es más bajita que mi mamá pero en ese momento inspiraba más miedo, nunca la había visto así de furiosa.

-¡Vos no te metas pendeja! –Le gruñó Adela mientras, por un impulso, levantaba la mano una vez más para cargar contra mi ex novia- ¿Quién te creés que sos?

Lara estiró el dije que colgaba de su cadenita y lo sostuvo entre sus dedos frente a los ojos esa mujer rabiosa. Allí estaba la estrella de David amenazando a mi madre. Ella no entendió nada hasta que la muchacha habló.

-Si me pega voy a decirle a todo el mundo que usted es antisemita –la furia de mi madre se desplomó.
-Pero… pero yo no soy… eso es mentira…
-Es su palabra contra la mía, en lo que a mí concierne usted se enojó porque soy judía. Además soy lesbiana y soy la novia de Lucrecia. ¿A quién le va a creer la gente?

Cuando imaginé esta situación supuse que mi madre sufriría un triple infarto, por suerte no fue así, en este momento la detestaba pero no la quería muerta, sólo la quería abatida y fuera de combate. Así fue cómo quedó. Tuvo que sentarse en una silla, tenía demasiada información nueva en su cabeza y no sabía cómo asimilarla. Sus ojos se llenaron de lágrimas, actuando con rapidez tomé q Lara de brazo y la llevé hasta mi cuarto antes de que mi mamá pudiera reaccionar.

-¿Qué fue todo eso, vos querés que nos maten? –increpé ni bien cerré la puerta con llave.
-Solamente le dije la verdad.
-No del todo, yo no soy más tu novia.
-Técnicamente nunca cortamos, sólo nos distanciamos.
-Técnicamente me cagaste la vida Lara.
-De eso vine a hablarte. No te pido que no te enojes, ni siquiera pretendo que me creas, sólo te voy a pedir que me escuches.

Tenía ganas de tirarla por la ventana pero mi enojo no era con ella, sino con mi madre. Además ella me defendió cuando la cosa se puso fea. Intenté serenarme un poco y me senté en una silla, le hice señas para que hiciera lo mismo. Me esforcé por actuar de forma madura por una vez en mi vida.

-Te escucho y si de paso se te ocurre alguna forma de dejar el país en poco tiempo, decimela. Cuando mi mamá reaccione nos va a tirar todos los santos y vírgenes por la cabeza. Puede que hasta intervenga el Vaticano.
-Por tu mamá no te preocupes, yo me encargo de eso.
-Ah sí claro, como si fuera tan fácil dominar a un pequinés rabioso, pero bueno, vos tenés más experiencia en eso.
-No te metas con el Puqui que no te hizo nada –me señaló con el dedo manteniendo el ceño fruncido.
-¿Cómo que no me hizo nada? Me mordía toda cada vez que iba a tu casa.
-Será tu culpa, porque no le caés bien a los pequineses. Ni siquiera a tu mamá. Confiá en mí, yo me encargo de ella.
-Como si pudiera confiar en vos.
-Eso lo veremos. ¿Podés estar callada por un rato y escucharme? –Asentí- gracias, un día de estos te va a explotar la cabeza por decir tantas boludeces juntas Lucrecia –estuve a punto de quejarme pero me hizo callar levantando su mano- tengo que contarte algo, como te dije antes, no pretendo que me creas. Después de lo que hiciste por mí el día del examen me di cuenta de algo. Supe que todavía me amás –se me ablandó el corazón al escuchar eso, luego de una pequeña pausa, prosiguió- porque vos te preocupaste por mí por más que estuvieras enojada conmigo. Eso es amor de verdad –me tomó de la mano y casi me derrito, una lágrima abandonó mi ojo y rodó por mi mejilla- yo también te amo, tanto como el primer día. No estoy enojada con vos, sólo estaba dolida y por orgullosa nunca te quise hablar, pero hoy vine a hacerte frente y a tragarme ese orgullo. Entiendo que te hayas enojado por lo que pasó con el video, yo también me hubiera puesto igual. Pero tengo que decirte que no fui yo la que lo difundió. No me creas si no querés, no tengo pruebas, es sólo mi palabra.
-Si no fuiste vos, ¿quién fue? –pregunte con la cara empapada de lágrimas y un nudo en la garganta.
-Fue Cintia, esa chica odia las lesbianas y es más lesbiana que vos y yo juntas. Ese día me revisó el celular sin permiso le envió el video a no sé quién carajo, y también se lo guardó para ella. Cuando me di cuenta de esto ya era muy tarde, creeme que casi la mato. ¿Vos pensás que ella dejó de hablarme porque vos te peleaste conmigo? No fue así. Le dije que si se me acercaba una vez más, le rompería la cara y creeme que lo hago.

Le creí, tal vez sólo porque quería creerle, pero con esa explicación muchas cosas tenían sentido. Lara no ganaba nada difundiendo el video, en cambio Cintia se regocijaría del enorme quilombo que ocasionó.

-Ahora la voy a matar yo –dije totalmente furiosa.
-No hace falta que la mates, conque la humilles como ella te hizo a vos, es suficiente.
-No te imaginaba tan vengativa.
-A la mierda la moral, esta hija de puta casi nos caga la vida y a Tatiana le hizo mucho daño también. No se merece que se la dejemos pasar. ¿Entonces sí me creés?

Mi llanto me impedía hablar con claridad, ya no sólo lloraba por melancolía sino también por la furia que me estaba carcomiendo las tripas, por culpa de esa desgraciada yo perdí preciosos días junto a Lara. Estaba muy conmovida, la pobrecita tuvo que soportar un montón de cosas malas por todo ese lío y por mi culpa, porque yo no quise escuchar su versión de los hechos.

-Vení para acá, mi chiquita.

La abracé y le di el beso más sincero que di en mi vida, aunque no el mejor, porque no podía dejar de llorar. Ella me abrazó y me acompañó rítmicamente con el llanto.

-Perdoname Lara, de verdad. Tendría que haberte escuchado.
-Y yo tendría que haberte contado antes –se limpió las lágrimas del rostro.

Volvimos a abrazarnos y nos quedamos así mientras nos tranquilizábamos, ocasionalmente nos dábamos algún tierno beso en la boca, hasta que los besos pasaron de ser consoladores a ser apasionados, amorosos y lujuriosos. Tomé sus preciosas manos y las acaricié mientras daba suaves besos en su delicado cuello.

-¿Vamos a la cama? –me preguntó.
-Me encantaría Larita, creeme que sí, pero ya estoy fundida. Fue una noche muy larga.
-¿Te acostaste con alguien? –Me quedé muda- podés contarme, en serio. No me voy a poner celosa, espero que te hayas acostado con muchas mujeres en mi ausencia –su sonrisa fue sincera y hasta noté cierta picardía en ella.
-Sí, me acosté con una chica –de pronto recordé que ella sabía quién era, al menos en parte- con Samantha, la chica del baño ¿Te acordás?
-¡Sí, me acuerdo! Que loco, ¿y cómo es, está buena?
-No está más buena que vos.
-Vamos, no me vengas con esos cuentos, sé sincera.
-Lo digo en serio, vos a mí me gustás mucho, pero siendo honesta, Samantha es hermosa. Es pelirroja y tiene unos ojitos que matan. ¿Y vos te acostaste con alguna en todo este tiempo?
-Sí, algo hubo. Por eso casi repruebo el examen.
-¿Estabas teniendo tanto sexo que te olvidaste de estudiar?
-No exactamente. ¿Ubicás a la profesora Jimena Hernández?
-Claro es… es una de las que estaba en la mesa de examen ese día.
-Me acosté con ella.
-¿¡Qué!? –no lo podía creer, esa profesora tenía más de 40 años, aunque debía admitir que tenía cierto atractivo- no sabía que fuera lesbiana.
-Ni yo tampoco, pero ella me lo confesó. Nos vimos varias veces y como se encariñó conmigo me dijo qué temas me iban a tocar en el examen, yo debía estudiar sólo eso. No me gusta hacer trampas pero era una evaluación demasiado importante como para no aceptar un poquito de ayuda. Todo iba bien hasta que la mina se obsesionó conmigo, quería que vaya a vivir a su casa, poco más me pide matrimonio.
-A la mierda ¿y vos qué le dijiste?
-Obviamente le dije que no. Eso la enfureció, por eso se encargó de darme otro tema en el examen, no entendía nada de nada, si no fuera por tu ayuda tendría que re cursar toda la materia.
-Mirá que te metés en líos chiquita.
-Mirá quién habla, tu mamá está a punto de llevarte a la hoguera y quemarte como a Juana de Arco.
-¿No dijiste que me ibas a ayudar con eso? Por cierto, ¿Cómo pensás hacerlo?
-No sé si da para contarte.
-Contame, necesito saber para poder dormir tranquila.
-Bueno, pero no te va a gustar. Resulta que esa noche en que tu mamá organizó una fiesta para sus amigas…
-Y vos le conseguiste el salón.
-Así es, la cuestión es que la fiesta no fue como ella lo tenía pensado. Fue un tanto subidita de tono. Bastante subida de tono. Ella no lo sabía, pero pidió el “Menú completo” y en la jerga de mi tío, eso significa otra cosa.
-¿Qué me estás diciendo Lara? –no lograba comprender a qué se refería.
-Que en la fiesta hubo strippers y todo se descontroló bastante, especialmente tu mamá. También hubo algunas filmaciones, tengo algunas de esas en mi poder, mi tío me hizo el enorme favor de pasármelas antes de borrar los originales, le dije que sólo las iba a usar en una emergencia y esta es una.
-¿Vos sabías que la fiesta sería así?
-Sí, pero mi tío también organiza eventos “normales” pensé que tu mamá pediría uno de esos.
-¿Pero qué hizo ella en esa fiesta?
-Digamos que hizo cosas que una esposa, madre, apostólica, católica y romana, no debería estar haciendo. Las amigas tampoco se quedan atrás.

Abrí grande los ojos, no podía creer que mi madre se hubiera visto envuelta en una fiesta de esa índole, tampoco me entraba en la cabeza imaginar a sus amigas en esa escena.

-No me des más detalles –le pedí- sólo hacé lo que tengas que hacer.
-¿No te molesta que lo use en su contra?
-No, quiero que de una vez por todas admita que no es perfecta y que ella no puede estar juzgando la vida de los demás como si fuera Dios Todopoderoso. Al parecer ella también hace de las suyas y no es quién para decirme lo que puedo hacer o no.
-Entonces voy ahora mismo a hablarle. Vos si querés acostate a dormir, ¿querés que vuelva o me voy?
-Volvé, pero si estoy durmiendo no me despiertes.
-Si estás durmiendo ¿te puedo violar? –me hizo reír con ese comentario.
-Si me pedís permiso no sería violación, pero sí, podés hacerme lo que quieras.

Lara salió de mi cuarto con firmeza y decisión. Me asomé por la puerta y vi que caminaba hasta el comedor, desde aquí pude escuchar que se sentaba en una silla y casi de inmediato mi madre rugió.

-¿Qué querés ahora?
-Siéntese Adela, esto que le voy a decir no le va a gustar –su voz sonaba tranquila pero a buen volumen- esto se llama chantaje y extorción…

Con una sonrisa en los labios cerré la puerta del dormitorio. No quería escuchar lo que le diría a continuación, me bastaba con que todo se solucionara. Me desnudé completamente y me acosté en mi cama que tanto me extrañaba. No hay nada mejor que regresar a la cama propia luego de una larga noche de sexo y alcohol. Me quedé dormida apenas apoyé la cabeza en la almohada.

No tengo idea de cuánto tiempo dormí, pero me desperté al girar y encontrarme con alguien acostado a mi lado. Me tranquilicé cuando supe que era Lara. Estaba dormida y completamente desnuda. La abracé y besé su frente, la chica abrió los ojos al instante.

-Era cierto que no tenés sueño profundo –le dije somnolienta.
-Vos fuiste la boluda en creerlo, pero no te imaginás cómo me calenté cuando lo hiciste por primera vez.
-Lo que no te voy a perdonar es todo ese teatro que me hiciste la vez que te “despertaste”.
-Eso es para que aprendas a no jugar conmigo –me dio un besito en los labios.
-¿Cómo reaccionó mi mamá?
-Emm, a tu mamá la internaron.
-¿Me estás cargando? –pregunté sentándome en la cama.
-No, para nada. No es broma, pero no te preocupes, está bien. Sólo se le bajó la presión, o se le subió… o se le cruzaron los cables. No sé. La cosa es que se descompuso y tu papá la llevó al sanatorio.
-¿Pero en serio está bien?
-Si Lucre, el médico dijo que sólo fue un disgusto, aunque ella nunca dijo a qué se debía. De eso me encargué personalmente. Mañana mismo le dan el alta.
-Bueno, tal vez no le haría mal estar internada un rato, en una de esas se dan cuenta de lo loca que está y se la llevan al manicomio.
-Mucho no le falta, creo que tu hermana heredó la locura de ella.
-Sí, totalmente. ¡Epa! –me sobresalté cuando sentí la mano de Lara hurgando en mi vagina.
-No te imaginás cuánto te extrañaba Lucre –pegó su frente a la mía.
-Si me lo imagino, yo te extrañé igual. Pero no te estoy metiendo mano sin previo aviso.
-Es que ya estoy excitada, hace rato que espero que te despiertes. Me alegra mucho que estemos juntas otra vez.
-Te voy a confesar que ya estaba pensando en perdonarte por lo del video, ya no me importaba, sólo quería estar con vos otra vez.
-Es bueno saberlo –me dio un húmedo beso, casi tan húmedo como lo estaba mi entrepierna debido a tanto toqueteo.
-Antes de que lo hagamos quiero dejar algo en claro y perdón si eso arruina todo, pero quiero decirlo.
-Te escucho –no apartó su mano, acomodé su cabello mientras pensaba cómo decírselo.
-Creo que nuestro primer error fue ponernos de novia tan rápido, no creas que no te amo, porque si lo hago, pero somos jóvenes y tenemos muchas cosas por las que vivir.
-Y muchas mujeres para probar –sonrió.
-Bueno sí, me refiero especialmente a eso. No quiero que nos privemos de otras experiencias, tengo un amigo gay que lleva una relación abierta con un hombre. Cada uno se puede acostar con quien quiera, pero ellos saben que el aprecio que se tienen es especial.
-Entiendo ¿vos querés que hagamos lo mismo?
-Sé que suena a locura, pero si no te molesta…
-No para nada, como te dije. No soy celosa, la celosa acá sos vos –metió un dedo en mi agujerito.
-Yo no soy celosa.
-Si lo sos, si hubieras visto la cara que pusiste cuando nombré a la profesora.
-Eso fue porque me sorprendió –me estaba calentando mucho, comencé a acariciar sus piernas, la suavidad de su piel me volvía loca.
-No fue por eso, pero bueno, no quiero discutir. Entonces seguimos como novias, pero en una relación abierta. Cada una puede acostarse con quien quiera.
-Sí, más o menos así, igual después lo vamos a hablar mejor. Ahora abrí esas piernas que te la voy a comer toda.
-Esperá que busco el celular, así lo grabo.
-¡Pelotuda! –no pude evitar reírme pero como castigo, pellizqué su clítoris.

Comencé a chupar uno de sus pezones, a pesar de haber tenido tanto sexo la noche anterior, estaba tan excitada como si hubiera pasado un mes de abstinencia, el estar con Lara renovaba mi libido. Extrañaba este cuerpo como un perro fiel que echa de menos a su amo. Descendí lentamente cubriendo su cuerpo con mis besos hasta que logré colocarme justo entre sus piernas, lamí su blanco y suave pubis, mi lengua trepó por su monte de venus y luego descendió por una ladera, llegó a la cara interna de uno de sus muslos, siempre humedeciendo todo a su paso. Repetí ese recorrido unas tres veces y cuando mi lengua llegó al centro del placer me transmitió ese intenso y embriagador sabor a sexo femenino. Lamí una y otra vez, quería sentir el flujo que corría por ese manantial cayendo en mi boca y luego permitirme explorar en las profundidades de esa rosada cueva. Todos los rencores se disiparon para dejar sólo el placer y la renovada confianza. Estaba feliz porque todo se haya solucionado entre nosotras, si tan sólo hubiéramos sido menos orgullosas, el conflicto se hubiera solucionado en un día, pero eso no importaba ya, juntas recuperaríamos el tiempo perdido. Seguí comiéndosela con ansias durante unos segundos mientras ella gemía de placer y acariciaba mi pelo.

Luego me tendí de espaldas en la cama, levanté las piernas y las sostuve con las manos por debajo de las rodillas dejándolas bien abiertas. Ella comprendió de inmediato mis intenciones. Se lanzó sobre mí y comenzó a lamer mis nalgas y muslos con la clara intención de provocarme. Su lengua pasaba alrededor de mi vagina sin siquiera tocarla, yo me estaba desesperando, quería que me la comiera toda. Necesitaba sentir la boquita de mi querida Lara en mi sexo. Aguardaba impaciente con los ojos cerrados cuando sentí dos dedos penetrándome por el orificio vaginal, no gemí pero mi respiración cambió de ritmo drásticamente. Un segundo después su boca comenzó a succionar mi clítoris, esta sensación fue muy intensa, esperaba que comenzara con algo suave pero me tomó por sorpresa. Parecía que mi botoncito escaparía de su capullo para siempre, pero una mística fuerza lo mantenía unido a mí enviándome potentes oleadas de placer, una tras otra.

-¡Te amo Lara! –grité mientras jadeaba copiosamente.

Ella trepó por mi cuerpo sin quitar los dedos de mi agujerito y pegó su cara a la mía, sus ojos negros se clavaron en mi alma.

-Yo también te amo Lucrecia –me besó como sólo una gran amante sabía hacerlo. Aplicaba intensidad durante y segundo y luego suavizaba los movimientos, eso me transmitía pasión y amor al mismo tiempo- vamos al baño, te quiero enseñar algo.
-¿Qué es? –pregunté divertida e intrigada.
-Ya vas a ver. Abrí la ducha cuando entres.

Obedecí como niña buena, caminé dando saltitos hasta el baño y dejé el agua correr para que se calentara un poco. Lara se unió a mí en cuestión de pocos segundos. Nos besamos otra vez y luego me chupó las tetas provocándome suaves punzadas de placer. Esta chica tenía un don especial conmigo, siempre sabía qué hacer en el momento justo, aunque ni yo misma lo esperara. Cuando el agua ya estuvo tibia me dijo:

-Bajá la ducha –la miré sin comprender- es una ducha de mano, se puede desprender del soporte ¿Nunca te diste cuenta?
-Sí, pero no entiendo para qué querés que la baje –sin embargo le hice caso, ella era muy bajita y no llegaría nunca hasta allá arriba.

Me arrebató la ducha de las manos y pegó su cuerpo al mío, el agua tibia cayó sobre nuestros pechos, luego mojó mi espalda, eso sumando a sus caricias me relajaba mucho. De pronto volvió al frente y el agua comenzó a acariciar mi pubis, bajó más y la colocó entre mis piernas. Solté un impulsivo gemido, no me esperaba eso, gemí una vez más flexionando las rodillas, el placer era enorme. El agua hacía vibrar mi clítoris, se colaba por mi sexo y acariciaba mis labios vaginales, todo al mismo tiempo y con una gran intensidad.

-¡Ay Lara, ay! –gemía e intentaba quedarme quieta pero me era imposible.

Una mezcla de cosquillas y goce me invadía. Nunca se me había ocurrido hacer algo así con mi propia ducha. Al parecer ella notó mis dificultades por permanecer erguida.

-Sentate en el piso –me pidió.

Lo hice poniendo mi espalda contra una pared, separé las piernas y ella se sentó a mi lado, en la misma posición. De inmediato comencé a masturbarla justo cuando ella volvía a invadir mi intimidad con la potente lluvia de agua tibia. Esto era alucinante, no podía creer que todo este tiempo tuve a mi alcance tan increíble fuente de placer y ni siquiera lo sabía. Cerré los ojos mientras mi cuerpo se estremecía, mis gemidos eran muy fuertes y sinceros, no podía controlarlos, me encantaba esta nueva sensación, pero no quería ser la única que lo disfrutara. Después de unos segundos tomé el mando de la ducha y la llevé hasta su entrepierna mientras ella me estimulaba con los dedos. Comenzó a gemir tal y como yo lo había hecho, se retorció de placer y buscó mi boca con la suya. Fue un beso prolongado que nos permitió jugar con nuestras lenguas sin dejar de estimularnos una a la otra. La siguiente vez que el chorro de agua tocó mi vagina, tuve un intenso orgasmo, pero Lara no se detuvo. Le metí dos dedos mientras ella hacía que el tibio líquido llegara a cada rincón de mi sexo, de no haber tenido tantos orgasmos la noche anterior, seguramente esta nueva experiencia me hubiese provocado dos o hasta tres, pero luego del primero quedé rendida. Tuve que apartar yo misma a mi novia. ¡Es cierto! Ya éramos novias otra vez. ¡Qué bien se sentía eso!

Para demostrarle lo feliz que estaba me arrodillé en el suelo y quedamos cara a cara. La besé y pegué la ducha a su vagina. ¡Cómo extrañaba sus gemidos! Me encantaba escucharlos, aunque sonaran apagados al tener mi boca pegada a la suya. Permanecí en esa posición de ataque hasta que supe que su orgasmo era inminente, ahí aparté la regadera y metí la cabeza entre sus piernas. Quería que sintiera mi boca en ese momento de intenso gozo. Chupé su clítoris y succioné sus labios vaginales, ella gemía enérgicamente y sacudía las piernas. Por lo prologando de su orgasmo me imaginé que debieron ser al menos dos juntos.

Luego de disfrutar tanto quedamos un tanto más aceleradas de lo que ya estábamos, pero pudimos ducharnos con normalidad, cada una enjabonó el cuerpo de la otra y nos reíamos como si nunca nos hubiéramos separado. Recordaba nuestros meses de amistad y durante ese tiempo nunca imaginé que alguna vez lograríamos una conexión tan grande. Para mí el estar duchándome de forma tan natural con otra persona era un gran logro que me demostraba la confianza que tenía con Lara.

Al día siguiente fue jueves, justamente como aquél terrible día en que nos peleamos, pero este jueves no sería así, esta vez solucionaríamos un viejo problema que no sólo nos aquejaba a nosotras dos.

El plan fue trazado por Lara, pero debía ser yo quien lo ejecutara. Estaba dispuesta a hacer ese sacrificio por un bien mayor. Esa misma mañana, luego de clases, intercepté a Cintia. La chica tenía el cabello exageradamente arreglado y su ropa intentaba realzar su magra figura. Todo en ella parecía un intento desesperado por mostrar una belleza de la cual carecía, al menos en mi opinión.

-¡Que linda estás hoy Cintia! –mentí, su atuendo rozaba la vulgaridad. No podía evitar notar lo ajustado que era su pantalón, tanto así que marcaba la división de su vagina. A veces me excitaba viendo eso en ciertas mujeres, pero en ella no quedaba bien, o tal vez era porque la detestaba.
-Gracias Lucre, vos también –yo iba vestida con una blusa normal y una pollera floreada, nada fuera de lo común. Me dio la impresión de que la muchacha estaba siendo condescendiente.
-¿Hacés algo ahora?
-No nada. Estaba por volver a mi casa.
-¿No querés tomar alguna gaseosa o algo así?
-Bueno dale –la idea parecía gustarle.

Fuimos hasta la cantina y compramos una botella de Sprite de litro y medio. Por suerte todas las mesas estaban ocupadas por lo que tuvimos que buscar un lugar más apartado. La llevé hasta un patio cerca de los vestuarios, que era justo donde la quería. Cuando nos sentamos inicié la etapa más difícil del plan, debía ser cuidadosa y manejar la situación con mucho tacto, pensando muy bien mis palabras antes de decirlas.

-¿Alguna vez te acostaste con una mujer? –La bomba cayó y detonó tan rápido que ella no supo cómo reaccionar- es solamente una pregunta Cintia, si no querés responder, está todo bien.
-¿Por qué lo preguntás?
-Por nada. En serio, sólo me dio curiosidad. No me hagas caso.
-¿Vos pensás que me acuesto con mujeres?
-No dije eso, fue solamente una pregunta. ¿Ya estás preparando el trabajo práctico que nos encargaron? –cambié de tema drásticamente.
-Por algún motivo preguntaste –tomó un trago directamente desde el pico de la botella- ¿no me estarás insinuando algo?
-¿Habría algún problema si lo hago? –pregunté levantando una ceja y mirándola a los ojos, confiaba en que si había algo de encanto seductivo en mí, ella lo notara.
-A mí ya me parecía que me mirabas con ganas –resultó ser bastante egocéntrica y mentirosa, yo solía mirarla con asco y odio.
-¿Se me nota mucho? Es que sos una chica muy linda, pero no me hagas caso, sé que nunca estarías con una mujer.
-Con una como vos, tal vez sí –la miré simulando sorpresa.
-¿En serio me lo decís? No me hagas ilusionar en vano. Yo sé que vos sos heterosexual.
-Podría hacer una excepción, en las circunstancias apropiadas –la chica mordió el anzuelo más rápido de lo que yo pensaba.
-¿Y cuáles serían las circunstancias apropiadas? –acaricié su pierna y me acerqué mucho a su cara.
-No sé, si estuviéramos solas, donde nadie pudiera vernos –su mano se posó sobre mi rodilla y fue subiendo lentamente.

Miré para todos lados como si buscara algo en particular, lo cierto es que sabía exactamente dónde estaba lo que precisaba en ese momento.

-Seguime –le dije tomándola de la mano.

Caminamos hasta los vestuarios y presioné suavemente la puerta como para comprobar si estaba abierta. Sabía que la encontraría así. Ingresamos intentando escapar de la mirada de algún curioso. Ella dejó la botella de gaseosa sobre un banco y de inmediato la increpé. La empujé suavemente contra uno de los casilleros y me pegué a ella.

-¿Nerviosa? –le pregunté desafiante- porque si te vas a echar para atrás, mejor dejamos las cosas así.
-No me voy a echar para atrás.
-Demostramelo.

Sin esperar ni un segundo más, me besó. Al parecer a la homofóbica le calentaban las mujeres tanto como a mí, aunque la verdad no me hacía mucha gracia que sea ella quien me coma la boca. Intenté prolongar la situación lo más que pude pero sus inquietos dedos de colaron bajo mi pollera y comenzaron a toquetearme la entrepierna. Me estaba impacientando, Cintia parecía decidida y yo titubeaba.

-¿Qué pasa Lucre, es demasiado para voz? –me preguntó al notar mi nerviosismo.
-Al contrario, estoy pensando que no te animarías a más –le dije esto por puro orgullo, ni siquiera era parte del plan.
-Ahora mismo vas a ver que sí.

Me obligó a retroceder hasta que quedé sentada en uno de los bancos que estaba contra una pared. Se arrodilló ante mí y comenzó a quitarme la bombacha. No quería quedar como una cobarde frente a ella, pensé que si apuraba las cosas la haría retroceder. Abrí las piernas y con los dedos separé mis labios vaginales. Ella tuvo un primer plano de mi sexo y en lugar de asustarse, se lanzó sobre él. Por la forma en la que empezó a chuparme el clítoris supe que no era la primera vez que comía una vagina. La muy maldita se la pasaba hablando mal de las lesbianas y ella debía serlo tanto como yo. La muy puta pasó de hacerse la mosquita muerta a estar chupándomela sin asco en cuestión de minutos. Subí los pies al banco, esta posición le daba vía libre a Cintia para lamerme la intimidad a gusto. Si bien no pretendía disfrutar con esto, tampoco soy de madera. Mi cuerpo comenzó a reaccionar ante tan intensivo tratamiento.

-Así, así. No pares, me encanta –comencé a decirle entre jadeos. En realidad sólo intentaba ganar tiempo y que ella permaneciera allí.

Miraba a cada rato la puerta del vestuario y ésta no se abría. Cintia notaría que me estaba mojando y eso elevaría su ego, mordí mi labio inferior para reprimir un gemido pero su lengua se estaba clavando en mi agujerito y eso me producía mucho placer. Para colmo acompañaba la acción frotándome el clítoris con la yema de los dedos.

-Se nota que te gusta –le dije para exponerla más- se ve que no es la primera vez que lo hacés.

No me respondió, estaba muy entretenida dando chupones a mi clítoris mientras se desprendía el pantalón. Vi que metió una mano dentro y comenzó a masturbarse. Después de unos segundos se puso pie bajando su pantalón hasta las rodillas. Dio media vuelta y se inclinó hacia adelante formando una L y expuso su almejita apretada y divida en dos. Por el centro de los labios bajaba un líquido viscoso y transparente, no veía señales de vello púbico.

No quería llegar más lejos con ella, pero tampoco quería que todo el plan se derrumbara porque yo no me animé a seguir. No tuve más remedio que ponerme de rodillas frente a sus nalgas, las acaricié suavemente intentando ganar algo de tiempo. Al fin y al cabo era sólo una vagina más, igual a todas las otras que chupé. Debía pensar en otra persona, su posición me facilitaba mucho las cosas ya que no podía ver su cara. De pronto imaginé que se trataba de Anabella, esa fue una decisión acertada y me lancé de boca. Quería hacerme la idea de que la monjita estaba recibiendo mis intensas lamidas y yo debía demostrarle que tan buena era. El sabor me agradó mucho a pesar de ser tan intenso, salado y amargo. Al parecer estaba haciendo un buen trabajo porque ya podía escuchar sus gemidos. Introduje dos dedos sólo para sentir esa tibia viscosidad por dentro, pero ya estaba fantaseando con la idea de que ella me la comía.

-¡Quiero que me la chupes toda! –pedí mientras volvía sentarme sobre el banco levantando las piernas.

Cerré los ojos para no verle la cara, yo sólo quería imaginar a Anabella, con su preciosa cabellera color chocolate hundiéndose entre mis piernas. Cuando sentí sus labios deliré de placer y gemí con ganas, el tiempo pasaba y yo me encontraba perdida entre mis pensamientos y el placer físico, ya casi no recordaba por qué motivo estaba haciendo esto.

Volví a la realidad cuando escuché el sonido de la puerta abriéndose, sostuve la cabeza de Cintia para que no pudiera voltear de inmediato y fijé la vista en las recién llegadas. Mi expresión de lujuria debía ser más que evidente y grotesca.

Allí estaba Tatiana que venía acompañada, por extraño que resulte, por Jorgelina, la chica promiscua del grupo, Daniela y Laura, que eran heterosexuales y se habían dejado lavar la cabeza por la homofóbica. También estaban las dos Laras, me sorprendió ver a la más pequeña allí pero luego recordé lo bien que se llevaba con Tatiana. No me importaba que ellas me vieran medio desnuda y en pleno acto sexual, de hecho eso me cachondeó un poco y creo que por la expresión en mi rostro, se notó. Cuando Cintia pudo liberarse de mis garras volteó para mirar atónita a las chicas.

-Ah bueno –Daniela fue la primera en hablar- ¿no que no eras lesbiana?
-¿Eh? No… yo… este…
-¿Ahora vas a decir que Lucrecia te obligó? –Replicó Jorgelina- no parece que la estuvieran pasando tan mal –no bajé los pies del banco, todas podían ver mi vagina al desnudo. No tenía idea de que el exhibicionismo pudiera calentar tanto.
-¿A ella también le vas a gritar “lesbiana de mierda”? –esta vez fue Tatiana la que vociferó.

Cintia no sabía dónde meterse, ni siquiera atinó a ponerse de pie, sólo intentó acomodar su pantalón para cubrir su desnudez. Tuve que juntar mis piernas para que mi actitud no pasara a ser vulgar, aunque si fuera por mí me hubiera masturbado frente a la vista de todas mis amigas hasta tener un delicioso orgasmo. Era una sensación completamente nueva para mí.

-¡Yo no soy lesbiana! –gritó la homofóbica.
-Parece que sí lo sos, o al menos te gusta mucho chupar conchas –mi novia parecía ser la más enfadada de todas- ¿por qué no lo admitís de una vez y dejás de molestarnos? A Tatiana le hiciste algo muy feo.
-¿Qué le hizo? –preguntó Laura roja por la vergüenza.
-Se puso a jugar a “las enfermeras” con ella –contó Lara- dejó que Tati se la chupe y después empezó a gritarle de todo, cosas horribles, hasta la echó de la casa en la mitad de la noche –Tatiana tenía los ojos brillosos por las lágrimas.
-¿Eso es cierto Tati? –Daniela no podía creerlo.
-Sí, es cierto. Por eso me odia tanto, por lo que pasó esa noche… y mirá ahora, está comiéndosela a Lucre con mucho gusto.
-Entonces sí te gustan las mujeres.
-¡No! Ustedes no entienden, es puro cuento de estas locas de mierda –la rabia le hacía decir incoherencias que no tenían fundamento alguno.
-¡Pero si te vimos, Cintia! –Recordó Jorgelina- ¿por qué le hiciste una cosa así a Tatiana si a vos también te gustan las mujeres?
-Eso no fue lo único que hizo –Lara estaba dispuesta a exponerla completamente- ella fue la que difundió el video de Lucrecia. Lo sacó de mi celular sin mi permiso. No sé por qué hizo una cosa así –todas miraron a la culpable con ojos chispeantes.
-Yo creo saber por qué lo hizo –Tatiana sonaba un poco más tranquila, al parecer quería que su voz sonara firme y convincente- a mí se me parece obvio que a Cintia le gusta Lucrecia, siempre la está mirando de forma diferente y no es algo reciente, viene desde hace mucho. Cuando ella vio el video en tu celular supo que se estaba acostando con vos y eso la llenó de celos y envidia, porque así es como reacciona ella. No puede ver feliz a la gente, le jode la felicidad de los demás.
-¡Callate puta!

Cintia dio un salto hacia Tatiana y justo cuando estaba por pegarle un puño cerrado se clavó en su mejilla y le hizo golpear la cabeza contra la puerta de un guardarropa. Supuse que el golpe provino de Lara, pero estaba equivocada. Allí estaba Jorgelina con el brazo extendido como campeona de boxeo. La homofóbica quedó tan aturdida que no pudo ponerse de pie para devolver la atención.

-Sos una hija de puta Cintia ¿cómo vas a hacer una cosa así? Hacerle eso a Tati y también a Lara y Lucrecia. ¿Vos no tenés códigos de amistad?
-¿Ahora defendés lesbianas, no serás una? –la golpeada tenía sangre en la comisura de su labio.
-No hace falta que sea lesbiana, me parece que vos deberías dejar en paz a las chicas y que hagan su vida. Todo este tiempo nos alejaste de Tatiana porque dijiste que te robó plata cuando fue a tu casa –yo no conocía esa historia- sos una mentirosa de mierda. Ahora entiendo muchas cosas, por eso siempre insistías para que nos vistiéramos juntas, querías verme desnuda.
-¡Mentira!
-Ya no tenés con qué defenderte, Cintia –Lara se acercó con su corta y amenazante estatura- mejor andate porque si no te voy a pegar yo también. Lo que me hiciste a mí tal vez te lo pueda dejar pasar, pero que hayas perjudicado a Lucrecia, eso sí que no te lo perdono. Además también maltrataste a Tatiana cuando ella sólo te siguió la corriente con tus jueguitos. Si te gustan las mujeres deberías admitirlo de una vez y no joderle la vida a toda lesbiana que se te cruce por el camino y mucho menos si son tus amigas.

La agredida titubeó pero al final se levantó y abandonó el vestuario con paso firme, vi que estaba llorando, por un momento me dio mucha pena, pero luego recordé que ella se las buscó, ella nos trató como basura.

-Espero que después de esto podamos volver a ser amigas –dijo Tatiana refiriéndose a las tres chicas que tanto tiempo estuvieron apartadas de ella.
-No se lo tomen a mal, pero a mí todo esto de las lesbianas me pone un poquito incómoda. No creí que hubiera tantas –Laura era tan tímida como Edith– parece una plaga.
-Pero eso no quiere decir que no podamos ser amigas. Es como que ustedes tengan amigos varones ¿acaso se quieren acostar con todos sus amigos?
-No, claro que no –dijo Daniela.
-Yo sí –aseguró Jorgelina.
-Bueno, pero vos sos re puta –Laura lo dijo como chiste y nos reímos, incluso la aludida.
-Eso es lo importante, que tengamos las cosas claras, no tenemos por qué juzgarnos por nuestras preferencias sexuales, ni religión, ni nada de eso.
-¿Ahora defendés los derechos humanos Lucre? –me preguntó mi novia.
-Un poco sí, es que me jode que discriminen y más dentro de un grupo de amigas.
-¿Quién es esta? –Lara se refería a la más pequeña, a la cual no conocía.
-Lara, ésta es Lara.
-¿Se llama igual que yo?
-Así es.
-Me cae mal.

Edith sonrió con simpatía como si hubiera escuchado todo lo contrario.

-Te va a caer mucho mejor cuando la conozcas bien –aseguré- además a ella también le encantan los libros de fantasía épica.
-Y también me gustan las mujeres –le guiñó un ojo a mi novia.
-Bueno está bien. Por ahora lo dejamos en neutro.
-¿Por qué tardaron tanto? –Pregunté- la tipa ya me estaba violando –¿o yo dejé que me violara?
-Es culpa de ellas –Tatiana señaló a las heterosexuales del grupo- que no querían seguirme. Estuvimos un buen rato para convencerlas.
-Es que yo no imaginaba que veríamos algo así –Daniela lucía un tanto desconcertada- vi chicas besándose o haciendo otras cosas, en videos, pero nunca vi algo como esto en vivo y en directo.
-Da un poquito de asco –afirmó Jorgelina- pero todo bien, no las vamos a juzgar. Ustedes pueden seguir haciendo lo que quieran, siempre y cuando respeten nuestra posición.
-Y tal vez sea prudente que no uses escotes tan exagerados –esta vez fue Edith la que acotó- se te ven todas las tetas nena, un día de estos te van a violar en la calle, o te voy a violar yo.
-Coincido con mi tocaya. Dan ganas de comerlas todas.
-¡Hey! Dejen de acosarme –se quejó mientras cubría sus redondos senos con las manos, fue muy gracioso verla avergonzada por primera vez.

No es que quisiéramos celebrar la desgracia de Cintia, pero después de lo ocurrido fuimos todas juntas a tomar un helado. Tatiana se veía más feliz que nunca al ser aceptada una vez más en el grupo de amigas, además le pidieron disculpas por haber pensado mal de ella. Las de preferencias lésbicas demostramos que podíamos pasar una tarde normal con amigas sin estar provocándonos mutuamente, aunque después de las lamidas que recibí, estaba bastante caliente y tuve que esforzarme para que no se notara. Me ayudó mucho el hecho de tener de vuelta a mi Lara, no dejábamos de mirarnos a los ojos en cada ocasión que teníamos, yo no eran esas miradas que desnudan sino que había verdadero cariño y admiración en ellas. Nos tomamos de la mano por debajo de la mesa y entrelazamos nuestros dedos simbolizando una fuerte unión.

En ese divertido rato pensé en lo valiente que fue Lara en ir a mi casa para blanquear la situación, porque si lo analizaba desde su punto de vista, la idiota había sido yo por no confiar en ella y por no escuchar su versión de los hechos. Ella me enseñó que no es bueno ser tan orgullosa, mucho menos con la gente que uno quiere de verdad. No pude evitar pensar en Anabella. Desde mi punto de vista ella era una miedosa que no sabía valorar la amistad, pero debía serenar esos pensamientos y admitir que en su posición de monja podía ser muy problemático que la vieran tanto tiempo acompañada por una chica que era famosa por ser lesbiana. Pucha, ahora hasta mi madre lo sabía. No crucé palabra ni mirada con ella desde que mi novia la chantajeó. ¿Le contaría a mi padre sobre mi condición sexual? Esperaba que lo hiciera y que ya quedara en el pasado de una vez, aunque al mismo tiempo temía por las consecuencias.

Cuando la improvisada reunión de amigas finalizó Lara me preguntó qué haría a continuación, antes de que me proponga algo le dije que debía solucionar un problema con alguien importante, prometí que luego la visitaría en su casa para darle los detalles, ella accedió de buena gana y comencé a caminar sola con rumbo fijo hacia la Universidad.

Intenté pasar desapercibida todo el tiempo, especialmente cuando llegué al área que pertenecía al convento. Verifiqué que nadie reparara en mi presencia y me dirigí tan rápido como pude hasta llegar a una conocida puerta. Golpeé una vez y no obtuve respuesta. Segunda vez y nada ocurrió. Tal vez fue mala idea venir sin anunciarme, miraba sobre mi hombro todo el tiempo, temerosa de que alguna de las Hermanas apareciera de pronto o que la Madre Superiora estuviera escondida detrás de una columna acechándome. Ya me imaginaba a la viejita saltando ante mí sosteniendo su rosario con una mano y una pesada cruz en la otra para exorcizar todos mis demonios lésbicos.

Cuando me disponía a golpear por tercera vez, la puerta se abrió. Anabella quedó tan sorprendida al verme que dejó caer el Smartphone que tenía en su mano. La imagen que brindaba era muy contradictoria, enfundada en sus hábitos negros con detalles blancos dando toda la apariencia de vivir en la Europa medieval y a la vez se podían ver unos cables blancos saliendo del velo a la altura de sus orejas, al parecer eran auriculares conectados al moderno teléfono que ahora estaba tirado en el piso y sin la tapa trasera.


-Tengo que hablar con vos –le anuncié en voz baja. 


Fin del Capítulo 10.
Continúa en el Capítulo 11. 

No hay comentarios: