"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


miércoles, 7 de enero de 2015

Me niego a ser Lesbiana (11).

Capítulo 11




Anabella me observaba atónita desde el umbral de la puerta, tuve que ser yo quien recogiera el teléfono celular que cayó de sus manos.

-¿Puedo pasar? Nadie me vio llegar así que no van a saber que estoy acá –me miró boquiabierta como si yo fuera la representación en carne y hueso de Lucifer- dale Anabella, mientras más demores más nos arriesgamos a que nos vean.
-Sí, perdón. Pasá –se hizo a un lado.

En cuanto entré ella miró hacia el pasillo y cerró la puerta sólo cuando estuvo segura de que nadie nos había visto. Luego se volteó hacia mí y permaneció estática, parecía una estampita de la Virgen María.

-¿No vas a poner el agua para el mate? –de hecho luego de haberme tomado un helado no me apetecía mucho tomar mates pero era una forma de pedirle que se tranquilizara.
-¿Pensás quedarte mucho tiempo?
-El que sea necesario, pero no pretendo molestarte –coloqué la tapita trasera en su Smartphone y lo encendí para corroborar que no se hubiera roto- si te jode, me voy.
-No, ya estás acá… y si nadie te vio entrar, supongo que no hay problema –se acercó al anafe y encendió una hornalla colocando la pava con agua sobre ella.
-Tu teléfono funciona bien. Procurá no darle más golpes como ese. ¿Estabas escuchando música? No me imagino qué podrá gustarte –dije con sarcasmo.
-No creas que me la paso escuchando música religiosa. Lo que más suelo escuchar es León Gieco, Víctor Heredia o Atahualpa Yupanqui –asentí con la cabeza.
-Debo haber escuchado algo de ellos, pero no es mi estilo –dije sentándome en una silla- bueno Anabella, vos y yo tenemos que hablar.
-Me parece bien.

Luego de un par de minutos se sentó frente a mí y dispuso todo lo necesario para preparar el mate sobre la pequeña mesa. La verdad es que no tenía idea de por dónde comenzar, mi preocupación fue llegar hasta su cuarto sin que nadie me vea y convencerla para que me dejara entrar, una vez cumplidos esos dos pasos no supe cómo proseguir.

-Te escucho Lucrecia ¿qué ibas a decirme? –su voz fue tan amable y dulce como siempre, a veces pensaba que esa era su característica más atractiva, pero también me perdía mirando sus ojos como ventanas a un alma pura y sus labios tan bien torneados.
-Hace poco aprendí que en la vida no hay que ser tan orgullosa –comencé diciendo- una puede tener amor propio pero también debe saber reconocer cuando una persona vale lo suficiente como para dejar de lado el ego e intentar solucionar las diferencias.
-Es muy sabio eso que decís, creo que por primera vez estoy totalmente de acuerdo con vos.
-No me importa quién tuvo la culpa de que las cosas hayan salido así, el punto es que pasó y por ese motivo estamos distanciadas. Te lo dije la otra vez, por más que te haya visto sólo pocas veces, sentí una conexión especial con vos.
-¿De qué tipo de conexión hablás?
-No pienses mal, hablo de amistad. Esa es una de mis características, sé muy bien cuando voy a llegar a considerar amiga a una persona poco tiempo después de conocerla, eso mismo me pasó con muchas de mis amigas actuales, y con vos también –omití el detalle de que terminé acostándome con muchas de esas amigas- yo no quiero que estemos peleadas ni que dejemos de vernos. Estuve pensando y sé lo difícil que puede ser para vos el ser vista con una… con una lesbiana.
-¿Ya te considerás lesbiana?
-Sí. Totalmente, ya no lo puedo negar. Los hombres no me interesan en lo más mínimo.
-Veo que diste un paso importante en tu vida. No debe haber sido fácil.
-Para nada, ahora hasta mi mamá conoce mis preferencias sexuales, es todo un problema, mucha gente te juzga sin conocerte. No quiero que vos hagas lo mismo.
-Te prometo no hacerlo –mientras conversábamos ella tomaba mates pero tuve que rechazarlo cuando me ofreció uno- ¿no te gustan mis mates?
-Me gustan mucho, pero recién tomé un helado y el mate me va a caer como trompada de boxeador, perdón que te haya pedido que lo prepares…
-No hay problema, a mí me gusta mucho tomarlos. Bueno te estaba diciendo, ya que estás acá, hablándome de frente y sin rencores, te voy a proponer una cosa. Podemos seguir siendo amigas y podemos vernos tanto como queramos –sonreí al escuchar esas palabras- pero prometeme que vas a entrar y salir con cuidado, al menos para que no te vean siempre, no es q me de vergüenza estar con vos…
-Si lo sé. Es que te puede generar problemas, eso lo entiendo muy bien. Permitime poner una condición a mí también –me miró como si yo fuera un juez dictando una sentencia- quiero que seamos amigas normales, que cuando estés conmigo te olvides por un rato de que sos monja. No podés ser tan estructurada en tu vida Anabella, te vas a morir sin haberte reído a carcajadas ni una sola vez –se quedó helada, no emitió ningún sonido- ¿dije algo malo?
-No, al contrario. Recién ahora me doy cuenta… no lo había pensado antes.
-¿Que sos estructurada?
-No, eso ya lo sabía. Pero tenés razón en eso de que nunca me rio a carcajadas. Se sonreír y sé cómo reírme, pero acá entre estas cuatro paredes son muy pocas las cosas que me causan verdadera gracia. De hecho vos sos la única que me hace reír cada vez que venís.
-Cada vez no, a veces te enojás conmigo, por mis locuras.
-Es que justamente son esas locuras las que me causan gracia, aunque no lo demuestre. Yo nunca hago locuras.
-A veces sí –busqué rápido en mi celular hasta que encontré la foto que me envió una vez Anabella de su culito entangado- como esta –le mostré la imagen y fue como si le hubiera tirado un baldazo de pintura roja en la cara.
-¿Todavía tenés eso? Pensé que ya lo habías borrado.
-No la pienso borrar. No te preocupes, acá no la va a ver nadie más que yo –no sabía si contarle de las veces que me masturbé mirando esa foto e imaginándola desnuda- ¿seguís usando la ropa interior que compramos juntas?
-Sí, de hecho tengo puesto una de esas ahora. La negra. A la rosada no la usé nunca, me da mucha vergüenza.
-Debajo de todos esos trapos no creo que haya mucha diferencia, podrías estar usando los calzones de mi papá que nadie se enteraría.

Verla riéndose me iluminó el alma. Era mucho más hermosa cuando estaba feliz.

-Contame algo muy loco que hayas hecho en tu vida –le pedí- algo divertido.
-Bueno –meditó unos instantes- hace cosa de un año desperté a una de las Hermanas con música de Black Sabbath, la pobre creyó que se había muerto y había ido a parar al infierno.
-No te imaginaba escuchando esa banda.
-No la escucho, no me gusta. Pero encontré un video de ellos en internet y me pareció buena idea despertar de esa forma a alguien del convento. La verdad que es una música muy tétrica.
-Eso que nunca escuchaste Radiohead.
-Ni quiero hacerlo.
-Y en cuanto a lo sexual ¿qué fue lo más loco que hiciste?
-¿Por qué todo tiene que estar relacionado con el sexo con vos Lucrecia? –me sentí muy mal con esa acusación, agaché la cabeza y me quedé mirando el piso. Aún estaba cachonda por lo que pasó con Cintia, pero no podía explicarle eso- bueno, no quiero que peleemos, voy a intentar ser lo más paciente posible, supongo que sólo lo preguntás como amiga.
-Así es, no estás obligada a contar nada.
-Tengo que admitir que el tema sexo es muy difícil para mí, después de lo que me pasó. Nunca pude hablar con nadie sobre sexualidad.
-Yo podría ser tu amiga y confidente, a mí podés contarme lo que quieras que nunca te voy a juzgar.
-Lamento desilusionarte pero nunca estuve con nadie y no tengo nada para contarte aparte de lo que ya te conté. A veces me pregunté qué se sentiría hacerlo con un hombre que fuera cariñoso, pero al pensarlo se me llena la cabeza con malos recuerdos.
-No puedo ayudarte en ese tema, yo tampoco tengo mucha experiencia con los hombres, ya lo sabés. De hecho me volví sexualmente activa recién este año y sólo lo hice… con mujeres.
-¿En plural? –Asentí con la cabeza- ¿De cuántas estamos hablando?
-Prometeme que no te vas a enojar si te lo digo.
-Te lo prometo.
-Tuve relaciones con seis mujeres –incluí a Cintia y a la desconocida del boliche en mi lista. Anabella abrió grande los ojos.
-Son muchas más de las que imaginé –a mí también me parecía un número inmenso ahora que lo pensaba detenidamente- ¿Y… qué se siente?
-¿De verdad querés saber?
-Sí, supongo que sí. Digo… Para charlar de algo. No entiendo cómo encontrás satisfacción sexual con otra mujer.
-Es muy fácil, porque me gustan mucho. A veces tengo la sensación de que pienso como hombre, veo el cuerpo de una mujer desnuda y me pongo loca. El estar con una en la cama es una sensación maravillosa –esto me recordaba a una charla que tuve con Samantha- es muy difícil de explicar con palabras. Interviene mucho la sensualidad y el encanto femenino.
-Pero las mujeres no tienen… -me miró como para que yo completara la frase, pero no pensaba hacerlo- no tienen eso… -volvió a clavar su mirada en mí buscando apoyo pero me hice la boluda- ya sabés… -comenzaba a sonrojarse- las mujeres no tienen pene. Listo, ya lo dije. ¿Contenta?
-¿Por qué debería estarlo? No dijiste nada que cualquier mujer de mi edad no sepa. Hasta vos debés saberlo, si alguna vez te miraste ahí abajo –me imaginaba su entrepierna repleta de polvo y telarañas- Obvio que no tenemos pene, ¿y qué hay con eso? –no se la dejaría nada fácil.
-Es que no entiendo cómo pueden dos mujeres satisfacerse sexualmente sin... pene.
-Hay muchos recursos, te los debés imaginar –puso la misma cara que yo segundos antes- con los dedos, la lengua, etc. No te imaginás lo bien que se siente una buena chupada –abrió los ojos hasta que parecieron dos platos- ya sea darla o recibirla –sabía que la estaba incomodando, pero esa era mi intención- además también hay sustitutos para el pene, se los llama consoladores. A vos te vendría bien uno.
-¿Y qué te hace pensar que necesito uno?
-La expresión en tu cara y lo necesitada que estás de pasar un buen rato en la cama, aunque sea sola.
-Yo no estoy…
-No hace falta que me mientas Anabella, acordate lo que dijimos, que íbamos a hablar como amigas, no como monjas.
-Bueno puede que tal vez lo necesite, pero eso no quiere decir que lo vaya a hacer.
-¿Por qué no? No sería el fin del mundo y si te morís alguna vez, ojalá sea de viejita a los 190 años, vas a poder decir que al menos la pasaste bien una vez.
-Pero… está mal –se estaba quedando sin argumentos.
-La iglesia está cambiando Anabella, ya no es tan estricta como antes, tal vez se están dando cuenta que Dios no castiga a la gente por masturbarse o por tener sanas relaciones sexuales.
-¿Te parece sano estar acostándote con todas las mujeres que se te crucen?
-Con todas no. Con vos no me acosté… todavía –eso le cayó como baldazo de agua helada.
-Ni lo vas a hacer. Desde ya te digo que borres todas esas ideas locas de tu cabeza.
-Vos no podés impedirme que fantasee, yo soy la dueña de mis pensamientos, ni siquiera Dios puede controlarlos. No te olvides del libre albedrío.
-También se puede pecar con el pensamiento y lo sabés.
-No, no lo sé. Porque yo no lo veo de esa forma, además no creo que sea un pecado tan grave fantasear con una mujer hermosa –agachó la cabeza y quedó mirando fijamente la mesa- ¿te pasa algo?
-¿De verdad pensás que soy hermosa? –su voz sonó tan suave que apenas pude oírla.
-Hermosa es poco Anabella, sos la mujer más atractiva que vi en mi vida, me parece un desperdicio total que te escondas debajo de esos hábitos. Al menos podrías buscarte un buen hombre para…
-Ese es el problema Lucrecia. Después de lo que me pasó no puedo estar cerca de ningún hombre, por más bueno que este sea. Con decirte que hasta me pongo incómoda al lado de un cura.
-No serías la primera.
-¡Lucrecia!
-Pero si es la verdad. Mirá, mejor cambiemos de tema. Si no son hombres entonces pueden ser mujeres. Conquistarías a cualquiera sólo si te lo propusieras, aunque ésta sea heterosexual. Te lo aseguro.
-No pretendo estar conquistando mujeres, ni que éstas me conquisten a mí. ¿Está claro?
-Perdón, no pretendía hacerte enojar.
-No Lucrecia, perdoname vos a mí. No estoy enojada, para nada. Es que este es un tema muy delicado para mí.
-Es porque lo ves como algo estrictamente prohibido y pensás que por solo hablarlo se te van a abrir las puertas del infierno, pero la realidad es que a nadie le afecta esta conversación, más que a nosotras. Te lo repito por enésima vez. Acordate que debajo de esa sotana hay una mujer y una muy hermosa, dejala respirar un poco. No la cubras de negro todos los días. Te estás muriendo por dentro. ¿Lo pensaste alguna vez?

Por su expresión cabizbaja parecía estar totalmente abatida, era como si sus pocas ganas de vivir se hubieran esfumado de repente.

-Lo pensé muchas veces. Me genera mucha angustia. Amo lo que hago y dedicaría toda mi vida a esto, pero a veces me siento tan sola y vacía que me dan ganas de llorar.
-Para colmo vos no colaborás Anabella, ¿acaso no compramos ropa para que te vistas de forma más alegre? Pero no, ahí estás, otra vez adentro de esa sotana como si fuera una prisión ¿y todo por qué? Porque sos una miedosa.
-No me digas miedosa.
-Es la realidad Anabella, yo soy lesbiana, promiscua y vivo metiéndome en problemas, pero que bien la paso. Vos sos miedosa, no tomás riesgos y no querés ni siquiera intentar vivir una vida más alegre. No hacés nunca nada osado.
-¿Sabés qué? –Sus ojos brillaron como centellas, pensé que mandaría de una patada al séptimo infierno- ¡Tenés razón! –Me quedé boquiabierta- tengo que admitirlo –tomó una buena bocanada de aire y exhaló- soy miedosa… y está en mi cambiarlo. Dios me podrá ayudar mucho, pero yo tengo que poner mi parte también. No puedo vivir aterrada por algo que me pasó hace diez años. Desde ahora voy a tomar más riesgos si es por una buena causa y voy a hacer cosas osadas.
-Pero Anabella, hacer algo osado para vos sería salir a la calle con la sotana sin planchar o saltearte un “Padre Nuestro” cuando reces el Rosario.

Me miró con una malicia burlona y desafiante que me hizo dudar de mis propias palabras, nunca la había visto así. Acto seguido se puso de pie y de un tirón se quitó el velo de la cabeza, su cobrizo cabello flotó en el aire cayendo suavemente sobre sus hombros, vi que movía las manos en el frente de su sotana como si desprendiera botones que yo no podía ver, aguardé expectante e impaciente cunado de pronto la negra tela se abrió por la mitad y cayó al suelo en cuestión de un segundo. Si me hubiera encontrado con el mismísimo Satanás a besándose con Jesús no me hubiera sorprendido tanto. Su tersa y blanca piel era envidiable, al igual que su figura, ni yo tenía un vientre tan marcado o unas caderas tan imponentes. Sólo vestía su ropa interior, aquella que yo le había comprado. Una pequeña bombachita negra que se ceñía a su figura como si estuviera pintada y un corpiño que elevaba sus voluptuosos pechos y hacía que estos se acariciaran mutuamente en el centro. Los fallados y gastados engranajes de mi cerebro dejaron de girar, chocaron entre sí, rechinaron y lucharon por reanudar la marcha, pero era imposible, no podía reaccionar de ninguna forma más que quedándome con la boca abierta como una gruta.

-Podés usar esa imagen como quieras –me dijo con voz sensual.

¿Quién era esa mujer y qué había hecho con Anabella? Creo haberme preguntado eso mismo alguna vez, pero ésta… esta vez era en serio. Era imposible que esa ninfa cargada de erotismo sea la misma monjita que estaba sentada frente a mí tomando mates. Me puse de pie de un salto ¿por qué? Ni idea, sólo sentí que el culo me quemaba ¿o era la vagina? La atractiva y sensual mujer dio media vuelta mostrándome unos glúteos redondos y bien definidos, divididos al medio por esa hermosa colaless. Su espalda era extraordinaria, me daban ganas de recorrerla con mis labios de abajo hacia arriba para luego bajar usando mi lengua y perderla entre esas nalgas.

Atraída por una fuerza misteriosa e incontrolable me acerqué a Anabella cuando ella comenzaba a buscar ropa dentro de un pequeño armario de madera. Su repentina actitud provocativa tuvo un efecto increíble en mí. La abracé por detrás, pegando mi cuerpo al suyo, posando delicadamente mis manos sobre su vientre y apoyando mi mentón en su hombro derecho. Como teníamos casi la misma altura fue muy fácil hacerlo. Al sentir mis cálidas caricias, inclinó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y abrió la boca sensualmente. No medía mis actos, actuaba por puro instinto. El fresco aroma de su cabello inundó mis fosas nasales, mis labios rozaron su cuello y ella suspiró.

-No me hagas esto ahora Lucrecia –susurró.
-¿Por qué no?
-Porque no sé si voy a poder contenerme –la punta de mis dedos rozaron el elástico de su bombachita.
-¿No era que no te gustaban las mujeres? –mantuve siempre mis ojos cerrados concentrándome en todos los puntos de contacto entre nuestros cuerpos.
-Y no me gustan… -mi boca surcó el vórtice de su mandíbula- pero… estoy…
-Pero estás excitada –completé la frase mientras uno de mis dedos intentaba esconderse debajo de la tela de la colaless.
-Sí, muy excitada –me sorprendió que lo admitiera.
-No pienses en nada.
-No puedo.

Tomando la ropa interior por el elástico la fui bajando lentamente, pude escuchar su corazón acelerándose. Estiré mis manos todo lo que pude, sabía que su sexo ya estaba libre, pero permanecí con los ojos cerrados. Ella misma levantó una pierna permitiendo que la bombachita pasara por ella, solté la tela suponiendo que sola seguiría su camino hasta el suelo.

-No mires –me rogó cuando comencé a acariciar sus piernas- por favor, no mires –sentí pena por ella, no quería forzarla, no a Anabella- va a ser mejor que te vayas Lucrecia.
-Te prometo que no voy a mirar, y me voy –dije contra mi voluntad – pero con una condición.
-¿Cuál? –su voz no era más que un suave jadeo.
-Que te masturbes cuando yo me vaya. No lo hagas por mí, hacelo por vos. Permitite disfrutar este hermoso momento.
-Está bien, te prometo que lo voy a hacer.

Apreté los dientes y giré mi cabeza hacia el otro lado. No quería marcharme, pero se lo había prometido. A duras penas me separé de ella y sólo abrí los ojos cuando le di la espalda. Sabía que estaba prácticamente desnuda y me moría de ganas por ver su cuerpo pero quería demostrarle que podía confiar en mí.

-Gracias por entenderme –su voz me derretía.
-Mejor me voy ahora. Que disfrutes del momento –caminé con paso decidido hacia la puerta.
-Lo voy a hacer –supe que seguía mis pasos.
-Hasta luego Anabella –no estaba enfadada pero tampoco me iba tan feliz como quisiera.

Abrí la puerta sólo un poco para corroborar que no había nadie en el amplio pasillo. Salí a hurtadillas y justo antes de cerrarla, el corpiño de Anabella voló por encima de mi hombro cayendo en el piso justo frente a mis ojos. Me apresuré por recogerlo y escuché el clic de la puerta al cerrarse. Me giré y la arañé como un animal enjaulado, quería verla desnuda, pero sabía muy bien que ella no abriría la puerta ni aunque Dios mismo bajara de los cielos y golpeara. Escondí el corpiño negro entre mi ropa y en ese momento caí en la cuenta de lo cerca que estuve de ella, de lo cerca que estuvieron mis manos de ese precioso tesoro. Me alejé de allí intentando imaginarla masturbándose, si yo cumplí con mi promesa ella debía cumplir con la suya. Media sonrisa se dibujó en mi rostro, había logrado que una estructurada monjita se masturbe y posiblemente lo hiciera pensando en mí.

Mi vagina parecía el volcán Vesubio a punto de estallar, de ella manaba tibio líquido que comenzaba a escurrirse por mi pierna. Busqué mi celular para llamar a Lara y en ese momento me di cuenta de que lo había dejado dentro. Me maldije a mí misma, sabía que Anabella no podría ver nada del contenido ya que este estaba protegido con contraseña… me detuve en seco. No podía ser tan imbécil. ¿Se daría cuenta? ¿Lo intentaría siquiera? Tal vez era sólo cuestión de suerte que supiera que la contraseña era “Anabella”. ¿Por qué tenía que ser tan idiota y sentimental?

Repasé mentalmente el contenido del celular, allí había varias fotos de mujeres desnudas, algunas que me habían enviado, otras que había tomado yo misma. También había una muy interesante sesión de fotos mías muy subidas de tono. Comencé a reírme como loca, ahora quería que ella las viera, quería que se masturbara mirando mis fotos pornográficas.

Esa misma tarde fui a la casa de Lara y casi la mato, sexualmente hablando, tenía una de las calenturas más grandes de mi vida. Por suerte sus padres no estaban porque monté un escándalo tremendo, el cual disfrutamos mucho.

Cuando llegó el fin de semana quise recuperar parte del tiempo perdido con mi novia, le dije que la llevaría al mejor sitio de la ciudad, Afrodita. Ella sólo conocía la discoteca por su nombre, nunca se imaginó que alguna vez iría a ese sitio. En cuanto a la monjita, preferí evitarla durante estos días, me moría de ganas por preguntarle qué fue lo que hizo, por qué lo hizo y que diera todo detalle posible, pero no quería forzarla.

La tarde del sábado, antes de ir a la discoteca, decidí que yo también haría algo un poquito más osado, para que la noche con Lara sea especial. Fui a comprarme ropa interior nueva y me decidí por un conjunto muy sexy color rosado y negro que venía con un portaligas y unas medias negras muy seductoras. Un año antes no me hubiera puesto esto ni en broma, ahora me reía de la vieja Lucrecia.

Mi madre no me dirigía la palabra en ningún caso, la tensión en el ambiente era evidente pero nadie preguntaba qué pasaba, de todas formas yo me las arreglaba para pasar la mayor parte del tiempo en mi cuarto o fuera de la casa, así que nos veíamos muy poco. El estar peleadas me facilitó un poco las cosas, ni siquiera pedí permiso para salir esa noche, directamente me subí al auto y me fui.

-Hola mi amor –me dijo Lara apenas entró en el vehículo y me dio un hermoso beso en la boca.

Sus labios sabían a frutas y supuse que estaba usando algún labial saborizado. Me encantó que me saludara de esa forma, me hizo ver lo especial que era nuestra relación, aunque ésta fuera abierta. Existía un cariño y un respeto mutuo muy grande.

-Este lugar te va a encantar –le comenté mientras conducía- vas a ver que está lleno de gente interesante. Te voy a presentar a mi amigo Rodrigo.
-¿El muchachito gay? –Asentí- ¿y hay muchas lesbianas que sean lindas?
-¿Acaso vamos a salir de levante? –sonreí.
-¿Y por qué no? ¿Te molestaría si me voy con otra? –me lo preguntaba seriamente, no intentaba ponerme celosa. Supongo.
-No me molestaría Lara, de verdad. Lo que sí me molestaría es que me dejes sola. No me gustaría tener que volverme sola a mi casa.
-Obvio que no mi amor –me acarició el brazo- nunca te haría una cosa así. Pero te tengo que ser sincera, a mí todo esto de la relación abierta me da mucha curiosidad y de verdad me gustaría probar con alguien diferente, aunque sea por una noche, nunca hice algo así ¿Vos?
-Este… bueno… si supongo que estará bueno probar con alguna desconocida, pero que sea una chica agradable y que nos guste a las dos.
-¿Qué te hace pensar que la vamos a compartir? ¿Me estás proponiendo un trío Lucrecia?
-¡No! No dije eso –enana maldita, siempre haciéndome tropezar con mis propias palabras- nunca hice una cosa así –tenía que admitir que la idea de estar con dos mujeres a la vez se me cruzó por la mente en más de una ocasión- pensé que vos estabas proponiendo eso.

No me respondió porque en ese momento llegamos a Afrodita, ella quedó maravillada con las luces y el llamativo cartel en negro y letras rosadas. Todavía era un poco temprano y no se veía tanta gente, eso me facilitaría el poder saludar a mis amigos. Me acerqué al gorila calvo de la entrada que parecía estar discutiendo con uno de sus compañeros. Aguardé unos instantes hasta que las cosas se calmaron y el segundo guardia se retiró.

-Hola Miguel –lo saludé, él se sobresaltó porque al parecer nunca me vio llegar.
-¡Lucrecia! Qué bueno verte otra vez por acá, y como siempre, bien acompañada… -se quedó mudo mirando a Lara- perdón, ¿metí la pata?
-No te preocupes Miguel, ella es mi novia, Lara. Tenemos una relación abierta inspirada en la tuya con Rodrigo y sabe que no es la primera vez que vengo a este sitio.

En ese momento noté la gran diferencia de tamaño que había entre mi pareja y el calvo. Se miraban el uno al otro como midiéndose. Lara tenía actitud desafiante, como si fuera a golpearlo en cualquier momento, supe que su intención era demostrar que a pesar de su reducido tamaño podía ser muy peligrosa. Miguel frunció el ceño intentando espantarla pero ella le sostuvo la mirada sin problemas.

-Te aviso que la gente alta a mí no me intimida –dijo la pequeña y Miguel se echó a reír.
-Tiene carácter tu novia. Creo que hoy no vas a necesitar que te cuide las espaldas, Lucre.
-No, al contrario. Deberías cuidar a los demás de ella. Che, ¿qué fue esa discusión? Si es que se puede saber.
-Ah, es por un problema que estamos teniendo con algunos de los empleados –me miró durante unos segundos- te cuento porque sos mi amiga. Las cosas en el negocio no marchan tan bien como aparentan, el ingreso que generan las bebidas y las habitaciones da un amplio margen de ganancia, el tema es que faltan clientes.
-Eso es porque brindan un servicio a un público muy exclusivo. A la mayoría de los heterosexuales les da miedo ser vistos acá adentro. Creo que la solución sería ampliar, de alguna forma, el mercado.
-Rodrigo me contó que estudiás Administración de Empresas.
-Sí, y ella estudia conmigo. Seguramente está de acuerdo con lo que te digo.
-Totalmente –dijo Lara- parece que tienen un establecimiento inmenso –el boliche abarcaba una gran superficie a lo ancho y alto, seguramente hacia adentro también era mucho más grande de lo que se veía desde la entrada –pueden recibir muchas personas sin tener problemas con el espacio –el calvo asintió con la cabeza.
-¿No quieren hablar sobre eso con Rodrigo? Sé que vinieron a divertirse y todo eso pero…
-Está bien, de hecho quería saludarlo y todavía es temprano, no quiero empezar a tomar desde ahora.
-Esa es buena idea, no quiero sacarte a rastras como la última vez. Síganme.
-Eso nunca pasó –le susurré a Lara- no le creas.
-Me cuesta no creerle.

Rodrigo Pilaressi estaba sentado detrás de su pequeño escritorio luchando contra una gran pila de papeles y tecleando en una computadora cada dos segundos. Ni siquiera levantó la vista cuando Miguel se paró frente a él.

-¿Qué pasa Miguelito, ya renunciaron todos?
-Todavía no, me encargué de eso. Ya hablé con Gutiérrez y me dijo que podían esperar un poco más de tiempo a que todo se solucione. Tenés visita.

-¡Pero si es la señorita Zimmermann! –desde que averiguó mi apellido se empeñaba en usarlo, al parecer le agradaba la comparación con Bob Dylan- ¿y quién es esta hermosa niña que te acompaña? Espero que sea mayor de edad, no quiero tener problemas legales.
-Ella es mi novia, Lara -¡Qué bien se sentía poder decirlo sin que nadie te juzgue!- y es más vieja que yo. No te preocupes.
-¿Cuatro meses de diferencia es ser más vieja? –se quejó.
-Sí lo es. Aunque sean dos meses –acotó Rodrigo- ¿no es así Miguel? –supe que esa era la diferencia de edad entre ellos.
-El pobrecito no valora su vida –me dijo el gigante calvo- las chicas vinieron a hablarte sobre un tema que te puede interesar.
-¿De qué se trata? –me miró a los ojos y me quedé en blanco, no había preparado un discurso o algo parecido. Lara me dio un codazo para hacerme reaccionar.
-¡Ah sí! Se trata sobre la ampliación de mercado. Miguel me contó que están atravesando un problema económico y sinceramente no me explico cómo llegaron a eso teniendo un establecimiento tan amplio y bien preparado.
-Mea culpa –dijo el rubio- tal vez me aventuré demasiado rápido en el mundo de las finanzas. ¿Qué es eso de la ampliación de mercado?
-Es más simple de lo que imaginás. Se trata de ampliar el negocio para captar otro tipo de clientela, me refiero a gente heterosexual. Vos ya tenés lo más difícil de conseguir, el establecimiento. ¿Lo alquilás? –dudaba que fuera así ya que todas las ganancias se le irían en la renta.
-No, es mío. Lo heredé de mi padre.
-¿Tu padre falleció? Perdón, no lo sabía.
-No falleció, fue una herencia en vida. Digamos que no me quería tener cerca pero tampoco quería que quedara en la calle, me heredó esto para que no vuelva a pedirle nada.
-Ah, me imaginaba que algo de eso había detrás de todo esto. En fin, vos tenés algo que no muchos boliches no tienen. ¡Habitaciones! Vos podés promover el negocio como un sitio para citas, para que la gente venga a… a levantar. El sexo vende, el tema es que vos lo estás limitando a un sector reducido. Deberías darles la oportunidad a los heterosexuales.
-Ese es un problema Lucrecia, ya se complica mezclando gays, lesbianas y bisexuales. Muchos heterosexuales pueden ser muy prejuiciosos y viceversa –me quedé pensando, tenía razón en ese punto.
-Eso lo podés solucionar muy fácil –intervino Lara- dividiendo el boliche en dos –todos nos quedamos mirando a la pequeñita- por lo poco que llegué a ver, hay espacio de sobra. Podrías dejar un sector sólo para heterosexuales y el segundo sector sería tal y como es ahora el boliche, sólo que más pequeño –Rodrigo se quedó mudo con la boca abierta como si estuviera buscando algún defecto en ese plan.
-Lo cierto es que el lugar es exageradamente grande. Ustedes sólo conocen una parte, pero hay otro sector, desde el que se accede por atrás, que lo tenemos inutilizado, tal vez restándole un poco de espacio a Afrodita, podríamos abrir atrás otro boliche que estuviera conectado a las mismas habitaciones.
-¿Tan grande es el lugar? La primera vez que vine me pareció regular, pero a la segunda ya me pareció más grande, cuando Miguel me trajo hasta acá. Vi sectores que quedaban medio ocultos a la vista, eso en parte está bueno, pero uno ni se entera que existen. Deberías distribuirlos de otra manera, darles utilidades específicas. En esos sectores menos visibles podrías poner “reservados” para tus clientes VIP. También vi un sector que tiene como pequeñas habitaciones con cortinas.
-Sí, eso es una especie de reservado, como vos decís.
-Pero está mal, porque algunos terminan yendo a esos cubículos en lugar de pagar por una habitación.
-No lo había pensado de esa forma.
-Debería ser un sector al que sólo puedan ingresar los clientes VIP, ahí les estarías “regalando” algo y ya no tendrías que hacer un descuento tan grande por las habitaciones –ambos hombres asintieron con la cabeza.
-¿Cómo no te conocí antes Lucrecia? Y a tu novia también, creo que si ponemos en marcha esas ideas podríamos sacar a flote el negocio. Te lo agradezco mucho.
-No hay de qué.
-Como parte de un pequeño agradecimiento, tenés la tarjeta VIP en blanco, no debés un peso.
-Sos mal empresario Rodrigo, ¿te falta dinero y lo estás regalando? –Le dije- yo voy a pagar todo lo que debo –en realidad pagaban mis padres.
-Bueno, pero de alguna forma te voy a agradecer, y a tu novia también. Cuando necesiten un favor, no tienen más que pedirlo, así sea que tengamos que sacrificar a Miguel para lograrlo.
-¿Y después quién convence a los empleados de que no renuncien? –defendí al hombre calvo y éste sonrió.
-Buen punto –el rubio parecía estar pensando en cómo salvaría su negocio. No me imaginaba a estos dos hombres juntos, eran tan masculinos los dos y Miguel tan grande. Me pregunté cómo se comportarían en la intimidad- bueno, por ahora vamos a conservarlo, permítanme que al menos les regale los tragos por esta noche.
-Eso te lo puedo permitir –me parecía que algunos tragos gratis no le generaría mucha pérdida, además nosotras no tomaríamos tanto ¿o sí?

Miguel nos acompañó de regreso y antes de instalarse en la puerta de entrada dejó dicho a en una de las barras que nosotras bebíamos gratis por esta noche. Fui con mi novia a la pista de baile, estábamos muy entusiasmadas porque nuestros conocimientos hayan servido para algo y además porque reforzaba una buena relación amistosa, que para Lara recién comenzaba. Impulsada por la euforia del momento, le di un profundo beso en la boca haciendo que nuestras lenguas se enredaran. Debíamos pasar una noche muy especial ya que ésta era nuestra primera salida como pareja.

Pedí dos vasos de Pisco Sour en la barra, supuse que ese trago le agradaría más a mi novia ya que le gustaba el jugo de limón. Nos sentamos muy juntas en un sillón que estaba contra una pared. Desde allí podíamos observar a todos. Mientras debatíamos sobre más ideas para la mejora del establecimiento nos acariciábamos las piernas, ambas teníamos vestidos cortos y a veces nuestras manos invadían un poco más la intimidad de la otra.

-Me encantan tus medias –me dijo al oído- me calientan mucho- me besó en el cuello y sentí sus dedos acariciar mi clítoris por arriba de la ropa interior.

Una chica se percató de esta acción y nos miró asombrada con una amplia sonrisa. Me calentó mucho el saber que estábamos siendo observadas y separé un poco las piernas para que ella pudiera ver el buen trabajo que estaba realizando mi novia. La expectadora era muy bonita y llevaba un conjunto azul marino muy pegado al cuerpo. Le guiñé un ojo y su sonrisa se amplió. Besé a Lara en la boca durante un largo rato y al mirar otra vez la desconocida ya no estaba. No me preocupó porque de todas formas disfruté mucho del momento y ya podía sentir mi vagina humedecida.

Seguí hablando con Lara durante un buen rato, nos reíamos más de la cuenta, creo que el Pisco en parte era el culpable por eso, lo malo fue que los vasos terminaron por vaciarse.

-Ya vengo, voy a comprar más –le anuncié- mientras tanto mirá si encontrás alguna chica que te guste, yo ya puse el ojo en una.

Le pedí a la empleada de la barra otros dos Pisco Sour y mientras aguardaba por ellos la chica de azul apareció repentinamente a  mi lado, me sonrió y me tomó por la cintura.

-Tengo que confesarte que estoy loca por vos –me dijo- me encantan tus piernas –su mano bajó más por mi cola que por mis piernas.
-Gracias, vos también sos muy linda –intenté mostrarme lo más simpática posible. Su cabello castaño me recordaba un poco al de Anabella, aunque sus facciones no fueran tan bonitas como las de la monjita.
-¿Te gustaría que vayamos a charlar a un lugar más cómodo? –supe que charlar no era lo que buscaba, sus dedos estaban colándose bajo mi vestido y buscaban mi tesorito femenino.
-Me encantaría, sos divina, pero vine con mi novia.
-¿Es celosa tu novia? –lo encontró, allí estaba yo aguardando por los tragos con una hermosa muchacha toqueteándome la vagina, ni siquiera opuse resistencia.
-Para nada, tenemos una relación abierta.
-Si tu novia es esa morochita que estaba con vos, me encamo con ambas. Sin dudarlo –hizo a un lado mi bombacha para tocar directamente mi húmeda piel- estás mojadita, eso me encanta.
-Te agradezco la propuesta, pero de momento no te puedo decir que sí. Yo te aviso si es que puedo –un dedo se introdujo en mi viscosa grieta, la chica tenía habilidad.
-Ok, está bien. Buscame si cambiás de opinión. No te vas a arrepentir –me guiñó un ojo y se alejó de mí, no pude evitar girar la cabeza para mirarle la cola mientras  caminaba.

Regresé con Lara llevando los tragos en la mano. Me miró con una sonrisa pícara y supuse que desde aquí vio lo que ocurrió en la barra.

-¿Quién era esa chica que te mandó mano? –dio un sorbo a su vaso.
-No la conozco, ella se me acercó. Nos vio jugueteando y al parecer se ilusionó.
-¿Te propuso algo?
-Me dijo que se encamaría con las dos sin dudarlo.
-¿Y vos qué le dijiste?
-Le dije que no.
-¿Por qué?
-¿Cómo por qué? ¿No era que íbamos a buscar una chica para cada una? Bueno, yo ya encontré una que me gusta y me dio bola, ahora te falta a vos.
-No veo ninguna que me agrade. Bueno, esa que te toqueteó si está buena. Podríamos compartirla.
-¿Lo decís en serio? –tomé un buen sorbo de Pisco.
-Sí, si al fin y al cabo es lo que ella te propuso, no va a decir que no. ¿No te interesa probar?
-Si me interesa y mucho –la situación me calentaba demasiado.
-Entonces vamos a buscarla y veamos qué pasa.

Encontramos a la chica de azul sentada sola en un sillón similar al que habíamos ocupado antes. Parecía un tanto triste pero su expresión cambió al instante cuando nos vio acercarnos. Su sonrisa era radiante y contagiosa. Nos sentamos junto a ella, quedando yo en el centro.

-¿Cambiaste de opinión linda? –Asentí sonriendo y le ofrecí mi trago, el cual ella aceptó encantada- por un momento pensé que me habías rechazado.
-Nunca dije eso, sólo te dije que de momento no podía, primero tenía que hablar con mi novia. Te la presento, ella es Lara.
-Mucho gusto, yo soy Clara, como Lara pero con una C -¿por qué siempre tenía que encontrar a chicas con nombres similares a los de mi novia? ¿Por qué alguna no se llamaba Clucrecia? Bueno, creo que eso mismo contesta a mi pregunta.
 
Comenzamos a charlar con la chica y nos cayó muy simpática, nos dijo que tenía 29 años, lo cual era una especie de anciana para nosotras pero nos pareció buena la idea de probar con alguien mayor. No podía quejarme, a mí me tenía loca una monjita de 28.

-No quiero ser impertinente –dijo Clara luego de unos minutos- pero no me puedo quedar hasta tarde, mañana tengo que levantarme temprano.
-¿Un domingo? –preguntó Lara.
-Sí, es que trabajo los domingos también.
-¿Entonces por qué viniste al boliche? –le pregunté.
-Es que me sentía sola y tenía ganas de estar con gente… y tal vez tuviera algo de suerte. Ustedes superan mis expectativas por mucho y no me gustaría dejar pasar la ocasión.
-Entonces habrá que acelerar las cosas –dijo mi novia.
-Se me ocurre una idea, síganme –les pedí.

Las llevé hasta uno de esos apartados que pronto deberían desaparecer o transformarse en un sector de uso exclusivo. Ingresamos y corrimos las gruesas cortinas antes de que alguien se percate de que tres chicas cachondas entraban a un sitio tan reducido.

Me senté a la derecha de Clara y sonreímos a mi novia invitándola a unirse a la fiesta, la chica de azul quedó completamente rodeada por nosotras. Casi al unísono comenzamos a acariciarle las piernas. Su pollera era aún más cortita que nuestros vestidos y ya podía ver que no llevaba ropa interior y que tenía el chochito completamente depilado. Al parecer la chica vino decida a tener un encuentro sexual rápido. Giró hacia mí buscando mi boca y nos besamos. Tocó la punta de mi lengua con la punta de la suya, eso me produjo un agradable cosquilleo. Ya había aprendido algo nuevo, luego lo pondría en práctica con Lara. Mire hacia abajo y vi que mi novia no perdía el tiempo, ya estaba acariciando con toda la mano la desnuda entrepierna de la mujer. Me encantaba que estuviéramos compartiendo a una chica tan bonita. Mi punto de vista sobre el sexo había mutado mucho más de lo que yo predije. Nunca pensé que llegaría a concretar un trío, pero la sola idea me calentaba mucho y si era pecado me iría al infierno de la mano de dos mujeres preciosas. La muchacha giró para besar a Lara y ambas quedaron unidas por la boca durante varios segundos mientras yo desnudaba los pechos de ambas. Ninguna los tenía tan grandes como los míos, pero me encantaban, los encontraba sumamente apetecibles. Me lancé sobre la teta izquierda de Clara y comencé a chuparle un pezón. Vi que ella ahora buscaba la entrepierna de mi novia con los dedos y ésta levantó una pierna mostrando una apretada bombachita que apenas cubría su sus labios vaginales. Se estaban masturbando mutuamente.

Me hubiera gustado algo más de juego previo en esta ocasión pero temía que se le hiciera muy tarde a Clara. Apurando un poco las cosas me arrodillé entre sus piernas y le di una decidida lamida a su rica vagina. Sus labios eran muy pronunciados y colgaban un poco, nunca había visto unos así, comencé a chupar uno por uno, estirándolos con mi boca y succionando como si quisiera extraer jugo de ellos. Los dedos de Lara se concentraban en el clítoris de la chica. Le puse mucho énfasis a mi trabajo oral para que ella se fuera a su casa con una muy buena impresión de nosotras, me producía mucho morbo estar chupándosela a una chica que había conocido hace tan solo unos minutos. Mi novia bajó su cabeza hasta mi posición y juntas nos encargamos de lamer todos los rincones de esa deliciosa conchita. Nuestras lenguas se rozaron y entrelazaron más de una vez, me excité tanto que tuve que llevar una mano a mi entrepierna y comenzar a masturbarme enérgicamente, metiéndome los dedos ocasionalmente.

A pesar de la estruendosa música pude escuchar los gemidos de Clara cuando llegó a su orgasmo mientras Lara y yo nos turnábamos por succionar su clítoris, me preguntaba qué se sentía tener a dos mujeres comiéndote el chochito. Sus piernas se extendieron elevándose y aproveché la posición para introducir la lengua en el rosado agujerito de la vagina. Recibí en mi boca todos los jugos que manaron de ella y luego besé a mi novia.

-Eso fue extraordinario –dijo la chica de azul- nunca me la habían chupado entre dos –acomodó su ropa mientras se ponía de pie y miró la hora en un pequeño reloj pulsera- perdónenme pero tengo que irme, sino mañana no voy a rendir en el trabajo, me encantaría quedarme con ustedes y pasar toda la noche a puro sexo, pero hoy no puedo.
-Danos tu teléfono y lo seguimos otro día –pidió Lara con una sonrisa que podía convencer a un esquimal de comprar hielo en cuotas con intereses.
-Esa me parece una muy buena idea.

Intercambiamos números de teléfonos y nos despedimos de ella. La verdad es que a mí se me hacía un poco rara su urgencia por irse, yo no abandonaría dos mujeres con las que estoy teniendo sexo sólo porque tenga que dormir, pero no le dije nada, al fin y al cabo no conocía nada de su vida.

Cuando la hermosa chica se fue, dejándonos una calentura épica, fuimos hasta la barra y pedimos otros dos vasos de Pisco Sour. Tenía ganas de tirarme sobre Lara y hacerle el amor en el medio de la pista, pero todavía tendríamos tiempo para eso, en su lugar, nos pusimos a bailar sensualmente al ritmo de la música, dejando los vasos en una pequeña mesita circular a pocos pasos de nosotras. Tan ensimismadas estábamos en nuestro sugerentes bailes que no nos dimos cuenta que dos personas se habían sentado en los taburetes que rodeaban nuestra mesita y que nos estaban mirando con unas extrañas sonrisas en la cara.

Eran dos mujeres que debían tener al menos diez años más que nosotras, pero que aparentaban ser adineradas, por la fina ropa que llevaban. Me acerqué a la mesa a recuperar los vasos seguida de cerca por mi novia.

-Hola linda –me saludó una de las mujeres, su lacio cabello era tan rubio que bajo las luces del boliche parecía plateado- yo soy Viviana –su voz se perdía en el bullicio de la música.
-¿Qué sos lesbiana? –pregunté tomando mi vaso, ella comenzó a reírse.
-Bueno sí, también soy lesbiana. Pero te decía que mi nombre es Viviana –elevó su voz para que pueda escucharla mejor.
-Ah mucho gusto, yo soy Lucrecia, ella es mi novia Lara –miré a la mujer que la acompañaba, tenía el cabello oscuro y una amplia sonrisa en sus labios.
-Yo soy Stella –se presentó- ¿no quieren sentarse a tomar algo con nosotras? –vi que ambas tenían una copita de lo que parecía ser champagne, en sus manos.

Miré a Lara y ella asintió con su cabeza, nos sentamos en dos taburetes que estaban cerca y nos quedamos en silencio mirando a las refinadas mujeres.

-¿Hace mucho que vienen a este lugar? –preguntó la rubia.
-Es la primera vez que vengo, mi novia vino varias veces. Hasta tiene pase VIP.
-¡Que suerte! A nosotras todavía no nos dan uno –si estas mujeres tenían tanto dinero como aparentaban, debía recomendárselas a Rodrigo para que les diera un pase VIP.
-Yo puedo ayudarlas con eso, no les prometo nada, pero al menos puedo hablar con el dueño –me sentía importante por primera vez en mi vida.
-Eso sería estupendo chiquita –dijo Stella- nos gusta mucho este lugar. También nos gusta el Swinger, ¿a ustedes les gusta?
-No lo probé –le contesté- pero con el Pisco Sour estoy bien, gracias –las mujeres se rieron a carcajadas de mí, incluso Lara comenzó a reírse y yo no entendía por qué.
-Lo más triste es que lo dice en serio –aseguró mi novia- me encanta que sea tan ingenua.
-¿De qué me perdí? –no sabía si reírme o avergonzarme.
-¿No sabés lo que es el swinger? –preguntó Viviana.
-Supuse que era un trago, todos tienen nombres muy raros –otra vez volvieron a reírse de mí ¿acaso vine disfrazada de payaso y no me di cuenta? No, ahí estaba mi lindo vestido haciéndome ver con una chica sexy, no veía nada de zapatos gigantes o narices rojas.
-Swinger se le llama al intercambio de parejas Lucre –Lara me sacó de la ignorancia.
-¿Y por qué no le dicen intercambio de parejas? ¿Qué necesidad hay de estar hablando en inglés?
-No te enojes chiquita –la rubia puso una mano en mi rodilla- que nadie nació sabiendo. Yo ni siquiera sabía quién era Afrodita cuando llegué acá. Ella tuvo que explicarme –señaló a su amiga con el pulgar.
-Bueno, eso sí lo sabía. A mí me gusta la mitología, hay dos versiones de Afrodita, una nacida de la espuma y la otra es hija de Zeus, es la equivalente a la diosa Venus de la mitología romana –me miraron como si fuera un bicho raro.

Que bien Lucrecia, primero hacés que se rían de vos por ignorante y ahora las vas a dormir pasándote de cerebrito.

-Además es la diosa de la belleza y la lujuria –les guiñé un ojo.
-Eso sí me gusta, fue acertado elegir ese nombre para el boliche –dijo Viviana, luego nos quedamos en silencio, tomé un trago de mi vaso como para disimular, no sabía qué decirle- creo que fui demasiado rápido con ustedes chicas, espero no haberlas espantado.
-Para nada –aseguró Lara- de hecho era justo lo que estábamos buscando ¿no es cierto Lucrecia? –miré para todos lados por si de casualidad había otra Lucrecia en los alrededores.
-Este… sí, supongo que sí –la rubia estaba frente a mí y descubrió de qué color era mi tanga al verla por debajo de mi vestido, me di cuenta de que el alcohol me estaba afectando y eso me impedía pensar con claridad, pero a la vez estaba sumamente cachonda.

Nos quedamos charlando con estas nuevas amigas durante media hora aproximadamente. La que hablaba en realidad era Lara, que les contaba un poco sobre nuestra relación, no omitió detalles al contarles sobre los experimentos lésbicos que yo solía llevar a cabo con amigas mientas éstas dormían, en lugar de enojarme o preocuparme, me reí como una boba. El alcohol me estaba golpeteando en la frente, definitivamente el Pisco no era una bebida como para tomar durante todo el transcurso de una noche, la próxima vez debería pedir algo con menos graduación alcohólica.

-¿Qué les parece si vamos a un lugar más cómodo? –la rubia dijo la frase mágica, yo tenía miedo de levantarme, temí que la borrachera hiciera fallar mis piernas y pasaría el papelón de mi vida si caía de cara al suelo frente a ellas.
-Aquí tienen muy buenas habitaciones –esta vez no quise quedar como una ingenua y fui a lo concreto.
-Puede ser, pero preferiría que sea en nuestra casa, es más tranquilo –no es que la idea de ir a la casa de una desconocida me agradara mucho, pero estas mujeres parecían de confiar.
-Por mí está bien –dijo Lara.

Salimos del boliche y por suerte no me tocó conducir. Le di las llaves de mi auto a Miguel y le pedí que lo cuidara por mí, y le dije que no se preocupara si había que pagar algún estacionamiento, yo lo abonaría. Me deseó buena suerte y las cuatro subimos a un lujoso auto color negro, de esos que están a dos puertas de ser limusinas. La mujer de cabello oscuro condujo mientras yo iba abrazada a Lara en el asiento trasero. Rogaba que la borrachera se me pasara un poco, por suerte era sólo obnubilación y mareo, el resto estaba todo bien.

En unos minutos llegamos a una amplia casona, recordaba que habíamos pasado por una barrera de tránsito apenas dos minutos antes y supe que nos encontrábamos en uno de los barrios privados de la ciudad. Estas mujeres debían ser sumamente adineradas. Cuando entramos a la casa me quedé asombrada, yo pensaba que la mía era grande y parecía una casita de muñecas al lado de esta. Era como estar en un palacio, el cual mi madre adoraría, ya que allí dentro reinaba el blanco. Las dueñas de casa se adelantaron dirigiéndose a una sala de estar. Me sorprendió que no hubiera personal que las atendiera pero luego me di cuenta que si la intención de las mujeres era pasar una noche especial, tal vez habían prescindido del personal.

-Me pido la morocha –me dijo Lara al oído- además la rubia te está mirando desde que te sentaste delante de ella.
-¿De verdad estás dispuesta a que hagamos el intercambio? –pregunté intentando caminar en línea recta.
-Sólo si vos también querés.
-La verdad que sí, todo esto me da mucha intriga y me calienta mucho. ¿Creés que sean pareja de verdad?
-Creo que sí, hasta me da la impresión de que están casadas, las dos llevan la misma argolla de matrimonio –no me había percatado de ese detalle- unas así quiero para nosotras –bromeó.
-Cuando seamos multimillonarias y nos casemos, vamos a comprar unas mejores y tal vez compremos las de ellas también, para tenerlas de repuesto –nos reímos como chiquillas ingenuas.

Llegamos al gran salón de estar, si es que se lo podía llamar de alguna forma, tenía sillones, sofá y divanes por todos lados. Estaba muy bien decorado con grandes cuadros y hasta podían verse algunas esculturas, estaba asombrada. Me acerqué a las mujeres y la rubia me tomó de la mano, al parecer ellas habían decidido realizar el intercambio de la misma forma que nosotras. Le sonreí a mi novia y le di un corto besito en la boca. Viviana me llevó por una escalera hasta un cuarto del piso superior. Estaba nerviosa, no sólo por pensar lo que me pasaría a mí sino que no vería lo que le hacían a Lara. Tengo que admitir que eso me puso un poco celosa. Estuve a punto de quejarme cuando la hermosa mujer me tomó por la cintura y me dio un suave beso en la boca que borró en un segundo todas mis preocupaciones. De pronto sentí mucha confianza en ella y me dejé llevar por el momento. Hábilmente bajó el cierre de mi espalda y mi vestido cayó al suelo. En ese momento recordé el conjunto de ropa interior que había comprado especialmente para esta noche y allí volví a pensar en Lara, me apenaba que ella no estuviera viéndolo.

-Quiero volver con mi novia –le dije a la rubia bajando la cabeza.
-¿Qué pasa chiquita, no te gusto?
-No es eso, es que quiero estar con ella. Esta es nuestra primer salida como novias y…
-Tranquila, acompañame, vamos a buscar a tu novia, yo no te voy a forzar a hacer nada –me tomó de la mano y bajamos por la escalera.

Tenía el corazón en la boca porque imaginé que encontraría a Lara teniendo sexo con Stella, pero por suerte no fue así, estaban sentadas una a la par de la otra en un sillón. Mi novia sonrió al verme y eso cambió totalmente mi estado de ánimo.

-¡Que sexy estás mi amor! –Me dijo acercándose para tomarme de las manos -¿pasa algo?
-Creo que todavía no está lista para el intercambio –Viviana sonaba maternal y comprensiva.
-Qué raro ¿no era que ya te habías acostado con muchas mujeres? –Lara parecía confundida.
-Sí, pero esta noche te tengo a vos, no necesito otras mujeres.
-Oh, me muero de amor –me dio un romántico beso en la boca.
-Chicas, no se preocupen, si quieren pueden ir para mi cuarto, yo me quedo acá abajo con Stella y dejamos lo del intercambio para otro momento.
-Perdón, no pretendía arruinarle la noche a nadie –me apené.
-No arruinaste nada, me parece un gesto muy romántico que busques de esa forma a tu pareja –aseguró Stella- con sólo poder verlas ya nos alegraron la noche. Vayan tranquila, si llegan a cambiar de opinión, estamos acá abajo.

Agradecí la gran amabilidad de las mujeres y subí las escaleras acompañada por mi novia, en cuanto llegamos al amplio dormitorio nos tendimos en la cama.

-Tengo que decirte que estoy muy enamorada de vos Larita, a pesar de que estuve con muchas mujeres, con ninguna me sentí como con vos –de pronto dudé y la imagen de Anabella invadió mi mente.
-Es hermoso lo que decís Lucrecia, yo también te amo con toda el alma –se tiró arriba mío y caímos juntas sobre el suave colchón- y sólo con vos me pasó algo tan intenso.

Nos besamos e inmediatamente comencé a desnudarla. Nuestros cuerpos quedaron entrelazados, rodamos en la cama llenándonos de besos apasionados y diciéndonos palabras bonitas al oído. Esta chica me volvía loca, agradecía a Dios el día que la puso en mi camino. Lara comenzó a recorrer mi cuello con su lengua, me estremecí de placer, busqué uno de sus pechos y lo masajeé mientras hacía lo mismo con una de sus nalgas.

-Lucre –me susurró al oído- no quiero arruinar el lindo momento, pero estoy muy caliente… no aguanto más.

Le sonreí y me dispuse a hacer lo que me solicitó tácitamente. Bajé hasta colocarme entre sus mulos, era cierto que estaba muy cachonda, su vagina estaba llena de flujos sexuales. Lamí los laterales de su vulva acercándome de a poco al centro, cuando llegué puse la punta de mi lengua en su orificio y subí hasta el clítoris muy lentamente. Cuando llegué a él le di unas suaves lamidas con la puntita de la lengua. Sus piernas se sacudieron y la escuché gemir. En ese momento se me ocurrió algo, hice a un lado mi bombachita, sin quitármela e invertí la posición de mi cuerpo dejando mis rodillas a los lados de su cabeza.

-Hace mucho que no lo hacemos así –le dije.

Me lancé nuevamente sobre su almejita y ella comenzó a chupar la mía con ganas. ¡Cuánta falta me hacía eso! Comenzamos a jadear, suspirar a menear las caderas mientras nos las comíamos mutuamente. En estos días noté que Lara había perfeccionado mucho su técnica, lo hacía con más intensidad y se concentraba en puntos estratégicos de mi sexo, al parecer aprendió algún que otro truquito con su amante y profesora, quise demostrarle que yo no perdí el tiempo y me esmeré por darle intensos chupones y a frotar rápidamente su clítoris con mis labios mientras movía la cabeza de un lado a otro. Esa era la forma en la que Tatiana me la había chupado y recordaba lo mucho que me gustó, al parecer tenía el mismo efecto en Lara. Por la tremenda calentura acumulada en el transcurso de la noche, no nos llevó mucho tiempo llegar a nuestro primer orgasmo.

Cuando nos calmamos un poco me acosté junto a ella y la miré a los ojos, cada día la veía más hermosa. Pensaba en nuestros tiempos como amigas y en ningún momento se me había cruzado por la cabeza que algún día seríamos pareja, hasta que todo cambió esa noche en la que invadí su intimidad y ella la mía, aunque yo no recordara nada sobre esto último.

-¿Te sentís mejor mi amor? –me mataba que me dijera así.
-Mucho mejor, sos la mejor novia del mundo.
-No Lucre, vos sos la mejor, porque me buscaste a mí cuando tenías a una rubia preciosa entregada en bandeja de plata.
-Vos también me elegiste a mí y te digo que Stella está muy buena como para rechazarla. Perdón si arruiné todo Lara.
-No creo que hayas arruinado nada, amor. Viviana dijo que te esperaba abajo si llegabas a cambiar de opinión.
-Es cierto –medité unos instantes mientras acariciaba su suave cabello- ¿vos querés seguir adelante con todo esto?
-Sí, me sigue pareciendo una idea excitante, pero lo hacemos las dos o ninguna. Así lo acordamos.
-Yo sigo cachonda –le sonreí- así que tenemos dos opciones. Lo hacemos otra vez o buscamos a esos dos bombones.
-Son bombones bañados en oro –abarcó toda la habitación con su mirada- ¿Cómo habrán hecho tanto dinero?
-Espero que no sea secuestrando parejas de lesbianas y vendiéndolas al mercado negro.
-Puede ser. También puede que ellas no sean las dueñas de la casa, a mí me parece que son amigas y que sus maridos están de viaje.
-No es una mala suposición.
-No, además antes de subir vi un portarretratos con una foto de Viviana y un viejo, por la forma en que se estaban agarrando las manos era obvio que no se trataba de su padre. Se habrán casado con dos viejos por la plata y se divierten juntas cuando éstos no están.
-Son unas grosas, nosotras deberíamos hacer lo mismo.
-Lucre, no te ofendas, pero con toda la plata que tienen tus viejos, no necesitás casarte con nadie. Tenés el futuro asegurado, hasta yo misma lo tengo, mis viejos también están muy bien económicamente.
-Sí, es un alivio. Así que el día que me case, va a ser por amor. Aunque para eso todavía falta mucho, como 30 años más o menos.
-Yo diría que unos 40 –se sentó en la cama- vamos a hacer el famoso intercambio de una vez, disfrutemos del momento. Una vez me dijeron que en la vida hay que divertirse y coger mucho y pienso hacerlo.
-Estoy de acuerdo ¿Quién te dijo eso? –me reí.
- Mi abuelita.

Encontramos a las hermosas mujeres hablando como amigas muy cercanas, literalmente, estaban una pegada a la otra, no paraban de sonreír y toquetearse, pero aún llevaban la ropa puesta.  

-Estamos listas –anunció Lara, se voltearon al unísono para vernos.
-¡Qué par de preciosuras! –mi novia estaba completamente desnuda y yo aún permanecía con mi conjunto sexy, el cual había acomodado un poco.
-Esperame arriba chiquita, ya estoy con vos –me dijo Viviana mientras se despedía de su amiga con un cálido beso en la boca.

En menos de dos minutos ya estábamos las dos dentro del cuarto, una vez más. Para demostrarle que estaba decidida a seguir adelante, ahora que ya tenía todo más claro, comencé a desnudarla. Me encantó ver su cuerpo vistiendo sólo un conjunto de ropa interior blanca. La rubia tenía una figura excepcional. Me imaginaba cómo fue que consiguió un esposo ricachón, le habrá bastado con desnudarse frente a él para que el hombre se arrodillara con una argolla de compromiso en mano.

Nuestro siguiente paso fue despojarnos de los sostenes y admirarnos las tetas mutuamente. Aquí no había nada que envidiar, ambas las teníamos del mismo tamaño y aunque yo estuviera muy acostumbrada a ver tetas, incluyendo las mías, me calenté mucho al clavar mis ojos en los pezones de Viviana. Sujeté uno con mi mano izquierda y me incliné para lamerlo. Durante toda mi vida estuve concentrada en mis estudios y progreso académico, el sexo no tenía cabida y lo consideraba algo sucio, pero ahora no podía resistir la tentación, mucho menos teniendo una rubia de este calibre masajeando mis senos y acariciando mis nalgas. El sexo se había transformado en parte importante de mi vida en cuestión de pocos meses y me alegraba mucho que fuera así.

-Sacate la bombachita, pero dejate el resto –me pidió mirándome de forma muy sensual- yo no miro, avisame cuando estés lista.

Se cubrió los ojos con una mano mientras yo me disponía a desprender las tiritas que sostenían mis largas medias negras, quitarme la bombacha y volver a prenderlas. Le anuncié que ya estaba lista.

-¡Impresionante! –me dijo admirando mi desnudez, me sonrojé.

Camino lentamente  hacia mí, me dio un tierno beso en la boca y luego se puso de rodillas, al sentir su lengua sobre mi clítoris un gemido estalló en mi garganta. En pocos segundos descubrí que a Viviana no sólo le encantaba lamer vaginas sino que también lo hacía realmente bien, manteniendo un ritmo lento pero sensual, haciéndome delirar de gozo con cada cosquilleo que sentía en mi sexo. Subí una pierna al pie de cama y mi almejita se abrió como una flor, mostrando el centro rosado a la rubia quien inclinó la cabeza  hacia atrás para seguir chupándomela, esta vez lo hizo con más énfasis. Dejé que explore mi intimidad a gusto, sentí sus dedos introduciéndose en par dentro de mi agujerito, los movió dentro expertamente, me quedé en esa posición durante un par de minutos hasta que le dije que yo también quería comerme una conchita.

Viviana se quitó la única prenda de vestir que aún llevaba y tomó mi lugar. Pude ver un prolijo montoncito de vellos rubios coronando su pubis, pero lo que más me atrajo fue su rosado culito. Le metí dos dedos en la vagina y pasé mi lengua por una de sus nalgas hasta llegar a su ano. Comencé a lamerlo para cubrirlo con mi saliva. No sé por qué motivo me producía tanto morbo, pero me moría de ganas de meterle los dedos por atrás.

-¿Puedo? –le pregunté acariciando su asterisco.
-Sí, dale tranquila.

Clavé mi dedo mayor el cual se deslizó hacia adentro con gran facilidad. Ella suspiró mientras yo acariciaba su culito por dentro. Lo que más me incentivaba eran sus jadeos, que parecían provenir desde lo más hondo de su ser. Apenas unos minutos después ya estábamos tiradas en la cama, matándonos a besos, lamidas y caricias. En poco tiempo adquirimos un ritmo constante, me sorprendió lo rápido que nos entendimos sexualmente y supe que teníamos el mismo gusto por el sexo anal porque no dudó en meterme un dedo por atrás cuando yo me encontraba succionando uno de sus duros pezones. Me sentía una virgen inexperta al lado de ella y de a poco fui cediendo más y más hasta llegar a ser yo la única que recibía. Tenía a Viviana metida entre mis piernas, succionando mis labios vaginales cuando llegué al segundo orgasmo de la noche, gimiendo y pataleando de puro gusto.

-Ahora te toca a vos –le dije mientras me tiraba arriba de ella.
-Todavía no, tengo una sorpresita y para tu amiga también.
-Me dan miedo las sorpresas, no siempre me gustan.
-No te preocupes, esta te va a gustar. Lo único que tenés que hacer es llamarla a Stella, decile que suba y espera abajo con tu novia.
-¿Vos pensás que voy a poner mi vida en riesgo al cortarles el polvo? Me van a matar.
-No te van a matar, Stella ya sabe para qué tiene que subir y mientras tanto, vos podes entretenerte con Lara. Se ve que se llevan muy bien, me muero de amor al verlas juntas.

Accedí y bajé las escaleras, me sentía una diva desnuda. Una diosa griega. Me sentía Afrodita. Todo el lujo de la casa no dejaba de sorprenderme y además mi cuerpo estaba lleno de sensaciones agradables. Encontré a mi novia de rodillas en el suelo y a Stella parada frente a ella, con un pie sobre un sofá. Lara le estaba comiendo la concha y ambas parecían disfrutarlo mucho.

-Viviana te espera arriba, dijo que es por la “sorpresita” –la mujer sonrió.
-Está bien, esperen acá. Nosotras les avisamos cuándo pueden subir -admiré sus curvas mientras pasaba caminando junto a mí, la morocha estaba muy buena.
-¿Cómo la estás pasando, mi amor? –le pregunté a Lara.
-De maravilla, Stella sabe muy bien lo que hace, me estaba matando.
-Ahora te voy a matar yo.

Le di un suave empujón para que se sentara en el sofá y ella abrió las piernas. Me puse de rodillas y empecé a comerle la rajita sin preámbulos. Estaba sumamente mojada y sabrosa, pude escuchar sus gemidos prácticamente al instante. Creo que estuve chupándola menos de cinco minutos cuando escuché la voz de Viviana anunciando que ya podíamos subir. Lo hicimos tomadas de la mano y muy nerviosas, no sabíamos con qué nos encontraríamos.

Fue realmente una sorpresa, ambas mujeres estaban acostadas bocarriba en la amplia cama aguardando por nosotras, la gran diferencia es que ahora ambas tenían pene, uno grande y brilloso que sobresalía de sus entrepiernas y apuntaban hacia arriba. Con Lara quedamos boquiabiertas. Nunca había visto algo parecido pero supe que se trataba de dildos sujetados por una especie de arneses a los bellos cuerpos de esas mujeres. Viviana estaba untando el suyo con algo que parecía ser un gel lubricante. Vi el tamaño de esos penes plásticos y me inquieté un poco. Eran más grandes que el que había usado con Tatiana, pero a la vez me producía mucha curiosidad.

-Espero que no se hayan asustado –nos dijo Stella.
-No, para nada –la primera en responder fue Lara- yo quiero probar eso –se la veía entusiasmada.
-Entonces no pierdan más el tiempo y vengan –la rubia nos hizo un gesto con la mano para que nos acercáramos.

Mi novia rodeó la cama para reunirse con su amante y yo me posicioné sobre la mía, con las piernas separadas. Ella estimuló mi clítoris con su pulgar y apuntó el consolador a mi agujerito.

-Baja de a poco, dejá que vaya entrando solo.

Lara ya estaba a mi izquierda, nos dimos la mano entrelazando nuestros dedos e iniciamos la excitante tarea de introducir esos dildos en nuestras apretadas conchitas. Me gustó mucho la sensación que produjo el glande artificial al comenzar a dilatarme mientras yo bajaba lentamente, como me lo había sugerido Viviana. Estas mujeres no sólo disfrutaban de la vista sino que también estimulaban nuestros puntos más sensibles, pellizcaban nuestros pezones, acariciaban nuestros clítoris y en ocasiones se inclinaban hacia adelante para darnos algún beso o chuparnos una teta. Bajando y subiendo pude meterlo casi por completo, nunca había sentido algo tan grande dentro de mi cuerpo, estaba maravillada y al parecer Lara lo estaba disfrutando tanto o más que yo, porque ya se estaba moviendo a buen ritmo castigando su vagina y gimiendo de placer. La imité y comencé a dar saltos provocando que el dildo saliera casi por completo y luego se clavara en mí otra vez. ¡Qué gusto, qué placer! Me recordaba a esa noche con Tatiana, pero con una notable diferencia de tamaño.

Nos hicieron poner en cuatro patas con nuestras caritas enfrentadas, así yo podía admirar de cerca las expresiones de mi novia mientras se la cogían y viceversa. Era increíble verla así, sus cejas se arqueaban, su boca se abría y cerraba con la de un pez fuera del agua y sus mejillas estaban completamente sonrojadas. Mi rostro debería verse muy similar al de ella. Nuestros gemidos llenaban la habitación mientras estas experimentadas lesbianas nos penetraban con ímpetu. Podía sentir todo el largo del consolador cada vez que entraba y salía de mi agujerito. Besé a Lara apasionadamente, me encantaba tenerla cerca y que no hubiésemos terminado la noche separadas.

Recibimos embestidas durante varios minutos, pude ver que Lara había llegado a un delicioso orgasmo. Ella se quedó tendida en la cama recuperando el aliento mientras intercambiaba besos y caricias con Stella. Viviana siguió cogiéndome duramente sin parar mientras apretaba mis tetas hasta que yo también llegué al orgasmo.

-Eso fue increíble –le dije a la rubia después de unos minutos.
-Espero que todavía tengan ganas de seguir, porque nosotras también queremos.

Accedimos encantadas a devolverles el favor. Nos enseñaron cómo abrocharnos el arnés para sostener ese pene plástico, nos veíamos un poco ridículas y no parábamos de reírnos, pero nuestra expresión cambió totalmente cuando las mujeres se pusieron en cuatro en forma paralela. Lara se acercó a la morocha y midiendo muy bien, introdujo buena parte del dildo en su vagina. Me posicioné detrás de Viviana y en cuanto estuve por meterla en su conchita, no pude evitar la tentación de pasarle la punta por el agujerito de su culo.

-¿Querés darme por atrás? –preguntó la rubia, Lara me miró con una amplia sonrisa porque se imaginaba lo que cruzaba por mi mente en ese momento.
-Si quiero. ¿Se puede?
-Me encantaría que lo hagas, mamita.

Procuré ser suave y no invadirla de golpe, no quería cometer el mismo error que cometí con Tatiana. Con un poco de presión su ano se fue dilatando lentamente y podía ver cómo el dildo entraba. El morbo que me producía esa escena era tal que pensé que tendría otro orgasmo en cualquier momento. Lara ya le estaba dando a ritmo constante a su pareja y ésta gemía enérgicamente. Escuché un suave quejido proveniente de Viviana y supe que le estaba gustando lo que yo hacía, ya tenía medio consolador metido en su abierto culito. Mi corazón latía deprisa mientras yo intentaba acelerar el ritmo sin producirle dolor.

-Ahora podés darme tranquila –me dijo como si estuviera leyendo mi mente.

Me fie de su palabra e inicié un bombeo constante, haciendo cada vez más profundas las penetraciones, la rubia comenzó a masturbarse y a gemir como si un negro con la verga enorme la estuviera cogiendo por el culo, de hecho así me sentía yo con ese gran dildo entre mis piernas, además disfrutaba mucho del roce que producía el arnés contra mi clítoris. Sus gemidos se transformaron en gritos de placer que se mezclaron con los de Stella. Lara me besó en la boca y entrelazamos nuestras lenguas sin dejar de movernos.

-Te amo –le susurré al oído, quería que sepa que aunque yo estuviera con otra mujer, siempre pensaba en ella.
-Pero yo te amo mucho más, hermosa –volvió a partirme la boca con uno de sus apasionados besos.

Cuando abracé a Viviana apreté sus tetas entre mis manos y levanté su torso hacia mí hasta que mis pechos quedaron contra su espalda, seguí moviéndome rítmicamente, nunca pensé que me movería de esta forma para darle placer a alguien, pero al parecer lo estaba haciendo bien y supe que la hice llegar al orgasmo en al menos dos ocasiones consecutivas.

Las cuatro terminamos totalmente agotadas pero muy felices por la increíble noche que pasamos juntas, nos sentíamos amigas de toda la vida. Ellas confirmaron nuestras sospechas, ambas estaban casadas pero sus esposos sabían de estos encuentros lésbicos, la única regla que debían cumplir es que no podían acostarse con otros hombres, lo cual les importaba poco porque ambas preferían las mujeres. Esta fue la primera vez que incluyeron a otras personas a sus encuentros amorosos y no se arrepentían de habernos escogido así como nosotras no nos arrepentíamos de haber venido. Cuando nos invitaron a dormir con ellas, en esa misma cama, accedimos encantadas, no sólo porque las sábanas y el colchón eran sumamente suaves y acogedores sino también porque ya nos estábamos durmiendo y no teníamos ganas de tomarnos un taxi en este momento.

Dormimos las cuatro juntas en la amplia cama, yo me quedé en el centro, entre Lara y Viviana. Nunca dormí tan bien en mi vida y en más de una ocasión sentí que alguien me abrazaba durante el transcurso de la noche.

Nos despertamos ya pasado el mediodía, pero como era domingo no nos importó. Nos despedimos de nuestras nuevas compañeras sexuales asegurando que repetiríamos la magnífica velada en cuanto tuviéramos la oportunidad. Obviamente intercambiamos números de teléfonos.

Mi vehículo estaba estacionado en una cochera frente ubicada a media cuadra de Afrodita, así me lo indicó Miguel cuando lo llamé, al parecer lo desperté pero no se molestó en absoluto, ese hombre era siempre muy amable, por eso inspiraba tanto terror cuando se enfadaba. Retiré el vehículo y llevé a Lara hasta su casa y luego fui directamente a la mía. Cuando mi madre me vio entrar gruñó como un perro rabioso, pero no me dijo nada, al menos nada que yo pudiera entender.

Los días transcurrieron de forma rutinaria y tranquila, con Lara acordamos vernos los días martes en su casa porque sus padres tenían la costumbre de jugar al paddle en esos días y nos quedaba la casa para hacer lo que quisiéramos. Una tarde decidí ir a un Sex Shop a comprar algunos juguetes sexuales para poner en práctica con Lara. En ese local conocí a una chica un tanto extraña pero muy especial que me explicó de la mejor forma posible para qué servía cada uno de esos juguetes. Compré una caja llena de ellos porque casi todo me pareció interesante y quería utilizarlos con mi novia. Los pagué en efectivo para que no quedara el registro de la compra en la tarjeta de crédito, pero de todas formas el dinero lo extraje de la cuenta de mis padres, a la cual mi hermana y yo teníamos acceso.

Regresé en el auto hasta mi casa con una sonrisa de oreja a oreja, bajé cargando la caja llena de juguetes eróticos y me encontré con mi madre apenas salí del garaje. Por suerte la caja era discreta y ella no podría adivinar su contenido.

-¿Te vas a algún lado? –le pregunté sin mucho interés cuando vi una serie de bolsos y valijas apilados en un rincón.
-No Lucrecia, la que se va sos vos. Esas son tus cosas. No quiero que vivas más en mi casa. Me harté.


Fin del Capítulo 11.
Continúa en el Capítulo 12. 

No hay comentarios: