"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


miércoles, 7 de enero de 2015

Me niego a ser Lesbiana (18).

Capítulo 18




La tensión en el ambiente era muy grande, no aparté la mirada de Luciano Sandoval ni por un segundo, como si temiera que saltara a atacarme en cualquier momento, mi visión periférica me mostraba a una Anabella que movía su cabeza de un lado a otro como en un partido de tenis sin comprender en qué consistía el juego.

-¿Qué pasa Lucrecia? –me preguntó.
-Lo que pasa es que este hijo de puta es el que habla mal de mí…
-¿De qué hablas, flaca? Si ni siquiera te conozco.
-No te hagás el pelotudo, sabés muy bien de lo que te hablo.
-¡Lucrecia! Cuidá esa boca, estamos en un convento –me retó la monja.
-Perdón Anita, es que estoy muy enojada con este tipo.
-No, estás muy confundida, porque ni siquiera sé de qué me estás hablando –insistió el grandote.
-¿Vos trabajás para la Universidad? –le pregunté sin bajar la guardia.
-Sí, ¿y eso qué tiene que ver?
-Por casualidad… ¿no sos la persona que recibe las llamadas cuando piden referencias sobre alumnos?
-No, no soy yo. La encargada de eso se llama Estefanía Solís.
-¡Mentira! ¡Sos vos, hijo de puta! –Estaba colérica- ¡Dejá de mentir!

Me invadió la impotencia, la furia me cegó y cometí una estupidez, intenté arremeter contra él, quería golpearlo, darle un cachetazo al menos, hacerle daño de alguna forma, pero él fue más rápido y fuerte, logró sujetarme por una muñeca y luego hizo lo mismo con la otra.

-¡Soltame! –Le grité intentando patearlo- ¡me estás haciendo mal! –las articulaciones de las manos me dolían pero mi ira no había disminuido.
-¡Calmate Lucrecia! Por favor.
-¡No! Lo voy a matar, este hijo de puta me está cagando la vida.
-Ya te dijo que él no es.
-¿Y vos le creés? –la miré con odio pero no respondió.
-Dije la verdad, flaca. Ni siquiera te conozco.
-¡Vos callate, mentiroso de mierda! Anabella, ¿a quién le creés?

La monja me miró asustada, por un segundo no supo qué contestar pero luego decidió poner fin a toda esta disputa.

-A ninguno de los dos. Luciano, agradezco que vinieras pero tengo que pedirte que te retires, necesito hablar a solas con Lucrecia. Por favor, soltala.
-Como digas, Anabella –soltó mis muñecas-. Te pido disculpas, no pretendía lastimar a tu amiga, sólo intentaba que no me pegara.
-Callate antes de que te pegue en serio –le dije masajeando alrededor de mis manos, donde me dolía.
-¡Basta, Lucrecia! –Volvió a retarme- por favor Luciano, dejanos solas. Esta noche voy a cenar con vos y Sor Anahí, allí vamos a poder hablar tranquilos.
-Está bien, me retiro en paz. Espero que tu amiga sepa controlarse la próxima vez que nos veamos.
-Hijo de puta –dije casi en un susurro apretando fuerte los dientes.
-¿Qué dijiste? –me preguntó el tipo.
-Lo que escuchaste.

Él estuvo a punto de responderme pero Anabella lo fulminó con la mirada, no tuvo más alternativa que marcharse dejándonos solas.

-¿Qué fue todo eso, Lucrecia?
-Tengo que contarte algo, Anabella. Sentate.
-Espero que sea algo bueno, porque esos arrebatos de ira que tenés no me gustan para nada.

Una vez sentadas comencé a narrarle lo que había ocurrido la vez que Lorena, la novia de Alejandro, llamó a la Universidad y le dieron pésimas referencias sobre mí.

-¿Pero vos estás absolutamente segura de que él fue quien tomó la llamada?
-Sí, Lorena me lo dijo.
-Pero él te explicó que no es el encargado de tomar esas llamadas y sé que dice la verdad. Él trabaja en otra área administrativa, si querés preguntale a tu amiga, la chica pelirroja. Ella debe conocerlo y vas a ver que hay algún un error. Además tu amiga Lorena pudo haber exagerado las cosas que le dijeron.
-No hay ningún mal entendido, Anabella. Las cosas son como te las cuento, la que no quiere entenderlo sos vos. Ese tipo es un mentiroso y sabe muy bien quién soy. La otra noche, cuando dijo esas cosas mientras hablabas por teléfono conmigo, lo hizo a propósito, él sabía que la que te llamaba era yo y por eso eligió esas palabras… lo de “hermosa volvé a la cama” y no sé qué mierda más.
-¿Me estás cargando Lucrecia? ¿De verdad pensás que él pudo decir algo así a propósito? Te estás poniendo un poquito paranoica. Él sólo lo dijo por ser amable… y ya te dije, estábamos sentados los tres en la cama, porque era más cómodo, me levanté a agarrar el teléfono, él nunca vio quién me llamaba.
-¿Quién te va a llamar a esa hora si no soy yo? Era cuestión de lógica, no te ofendas Anita, pero vos no tenés muchos amigos.
-Y la vez que tengo uno vos te empecinás en ponerlo en mi contra. Te estás pasando de la raya, Lucrecia. Entiendo que hubo gente que te trató muy mal, pero él ni siquiera te conoce, ya te lo dijo. Estás paranoica.
-No es paranoia, Anabella. Estoy segura de que hizo todo a propósito, tal vez se acercó a vos para joderme a mí… -ahí supe que había hablado de más.
-¿Me querés decir que yo no puedo tener amistades por mi cuenta? Te lo dije varias veces y te lo vuelvo a repetir, vos no sos el centro del mundo, Lucrecia. Terminala con todo esto, ya me hiciste enojar. Luciano es mi amigo y es un buen hombre… y punto.
-¿A vos te gusta él?
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Respondeme, ¿te gusta?
-Soy monja, Lucrecia. No me fijo en los hombres de esa forma.
-Las monjas tampoco le dan besos apasionados a sus amigas.
-Si vas a usar eso en mí contra, mejor andate.
-Lo que quiero decir es que vos estás desesperada por encontrar a alguien que te brinde afecto… yo lo hago, pasan cosas entre nosotras y vos después actuás como si todo fuera producto de mi imaginación. Vos no querés ver que Luciano es un mal tipo porque querés que sea él quien te brinde su afecto, así como lo hago yo. A vos te aterra la idea de enamorarte de una mujer, por eso mismo te querés aferrar al primer hombre que entra en tu vida.
-No tenés ni idea de lo que estás hablando. Él es mi amigo y sólo lo veo de esa forma.
-Supuestamente yo también soy solo tu amiga, pero solo yo te veo de otra forma.
-Basta Lucrecia. Andate, por favor. Estoy muy indignada con vos. Te pasaste de la raya, te estás volviendo loca, ves amenazas en donde no las hay.
-Tal vez así sea, la locura es algo que siempre formó parte de mi familia, puede que yo también la haya heredado y me haya imaginado que recién estuve en la cama besándome hasta el cansancio con una monja desnuda. Tal vez imaginé todas las veces que te besé antes de eso y todas las cosas lindas que nos dijimos. Tal vez también imaginé que te gustan las mujeres.
-No me gustan las mujeres.
-Sí, claro… y a mí me gustan los hombres. Chau Anabella, podés estar decepcionada conmigo todo lo que quieras, una vez más, me decepcionaste vos a mí. Creo que eso es lo que nos sale mejor a las dos.

Me puse de pie y salí caminando a pasos largos y furiosos, tuve ganas de azotar la pesada puerta de madera pero no quería que todo el convento se enterara, me esforcé por cerrarla con cuidado.

¿Por qué? ¿Por qué cada vez que daba un paso hacia adelante con Anabella, luego daba cinco para atrás? Tomé el colectivo para regresar a mi departamento con un cúmulo de sensaciones físicas y emocionales que no cabía en mi cuerpo. Por un lado me sentía enamorada y excitada al recordar el momento en la cama con mi monjita (porque ya la consideraba parte de mí); por otro lado me sentía iracunda, furiosa, dolida y ofuscada por culpa del tal Luciano Sandoval y por la actitud que mostró Anabella. Sabía que me había excedido un poco, como siempre, pero ella ya me conoce, sabe muy bien cómo puedo reaccionar ante una situación semejante, lo que más me dolió fue que no se pusiera de mi parte y que hasta llegara a defender a ese imbécil, al cual ni siquiera conocía. ¿Qué tanto podía saber de él? ¿Cuántas veces habían hablado? ¿Sobre qué temas habían conversado? No importaba la respuesta, seguramente con él no hablaba de temas tan íntimos como lo hacía conmigo… ¿O sí?

Me bajé del colectivo con un nudo en la garganta, apretando los puños y las muelas para no llorar.

*****

El ver el edificio en el que vivo me trajo cierta calma, siempre que recordaba que tenía un lugar hermoso dónde vivir y que era totalmente mío, se me alegraba el espíritu, por desgracia a veces me deprimía aunque estuviera dentro de mi hogar, debía manejar eso.

Un hermoso y largo cantero blanco decoraba la entrada del edificio y las plantas estaban tan verdes que parecían salidas de un paraíso tropical, ésta era una de las varias cosas que ayudaban a mejorar mi estado de ánimo, al menos por un corto tiempo, pero esta vez me jugaron en contra. Las malditas plantas me taparon la puerta de entrada y en cuanto doblé me encontré con un hombre sentado en la escalera de mármol. Tenía los codos apoyados en sus rodillas y tenía la mirada clavada en su teléfono celular. No lo reconocí de inmediato pero luego supe que conocía esa pequeña mata de cabellos rubios que cubría su cabeza. Como si yo fuera una presa intentando huir de su depredador, retrocedí de inmediato, por un instante quise salir corriendo pero supe que eso sería una estupidez total, debía enfrentar mis problemas, en especial cuando éstos esperaban por mí en la puerta de mi propia casa.

-Hola Rodrigo –lo saludé con naturalidad, él levantó la cabeza de inmediato.
-¡Lucrecia, estás viva! Hace mucho que te estoy buscando, ya no sabía dónde más ir.
-Perdoná Rodrigo… te quería pagar, creeme que sí… pero tuve problemas con mis viejos, me echaron de casa y quedé prácticamente en la calle por un tiempo… y no tengo plata como para pagarte… es una larga historia.
-Lucrecia, si la plata no aparece, entonces te voy a tener que cortar las piernas –me dijo poniéndose de pie- no me importa de dónde la saques –su expresión seria me atemorizó de verdad, casi retomo la idea de salir corriendo cuando él comenzó a reírse- Quedate tranquila, Lucre. No vine por la plata, eso ya fue. No me importa. Sé que estuviste pasando por un mal momento, Edith me contó un poco de tu vida, la vi antes de ayer… ella me dio la dirección de tu nueva casa.
-Enana traidora, cuando la agarre la voy a matar.
-De eso ya me encargué yo –dijo el adonis con una sonrisa pícara.
-¿Qué pasa entre vos y esa chiquita? ¿En qué andan?
-En nada serio, solamente nos divertimos un rato juntos, nada más. La chica es una fiera en la cama.
-Ya lo sé, estuve con ella… más de una vez. ¿Quién lo diría, no? Parecía una mosquita muerta, muy tímida y calladita… y ahora anda de fiesta en fiesta.
-Las calladitas son las peores… eso está comprobado científicamente.
-¿Por quién, la asociación de abusadores de pendejas mojigatas?
-Si eso existiera, vos serías la presidente. Sé que ella no fue tu única víctima.

En ese momento una pareja de cuarentones salió del edificio y tuvimos que disimular, si bien no me importaba que la gente sepa que soy lesbiana, tampoco tenía por qué estar gritándolo abiertamente a los cuatro vientos.

-¿Querés subir, así hablamos más cómodos? –lo invité.
-Está bien, pero sólo si no molesto.
-De hecho, es mejor que estés acá, estoy tan enojada que prefiero no estar sola.
-¿Qué pasó?
-Arriba te cuento.

Nos instalamos a tomar mates en el balcón, aprovechando que la tarde nos obsequiaba una temperatura agradable y lo puse al tanto de casi todo lo que me había ocurrido desde que mi madre me echó de mi casa, él sólo me interrumpió para hacer acotaciones en las que me aseguraba que sabía perfectamente cómo me sentía porque él había atravesado situaciones similares con su padre, eso me reconfortó mucho ya que tenía a alguien para conversar y esta persona me entendía. Obvie los detalles de mi vida sexual, no por pudor sino porque a él le interesaban muy poco, así como a mí me causaban poco interés los de él, pero sí le conté a grandes rasgos mis andanzas con Anabella.

-A mí me importa poco si la chica es monja o es la misma Virgen María –me dijo él cuando terminé de narrarle todo- ella está jugando con vos y eso no me agrada.
-¿Jugando conmigo? Yo pensé que la gente lo veía al revés, todos me dicen que ya deje en paz a la pobre monjita… bueno, al menos todos los que saben que es monja.
-Que ella esté sola y confundida, lo entiendo, pero no por eso te tiene que tratar como si fueras desechable. Ella permite que la beses, permite que la toques… y quién sabe que más permitiría… y luego pone como excusa los Hábitos. No importa lo que haga… siempre están los Hábitos… y no me parece justo, porque vos te estás ilusionando. Va a llegar un momento en el que va a tener que elegir entre vos y sus Hábitos.
-Pero yo no quiero que deje de ser monja…
-¿Y qué esperás entonces? ¿Querés que ella te declare su amor eterno para que puedan vivir juntas en el convento? Vos tenés que ir pensando en lo mismo, Lucrecia. Si vos no querés que ella cambie toda su vida, entonces no insistas, porque sólo vas a salir lastimada, pero repito, no me gusta que ella juegue con tu ilusión de esa manera, por más buena que sea su excusa, y el tipo ese, el tal Luciano, ya me cae mal… hasta tengo ganas de ir a pegarle por lo que te hizo.
-No, está bien Rodrigo. De él me voy a encargar yo. No sé cómo, pero lo voy a hacer. ¿Vos pensás que ella puede estar enamorada de él?
-No, ni por asomo. A lo sumo debe verlo como una salida de emergencia. Donde vea que su mundo tambalea, se va a acercar más a él, si quiere sexo y no puede, o no se anima, a conseguirlo con vos, entonces lo va a hacer con él. Esa monja ya se dio cuenta que es una mujer hermosa y muy deseable. Voy a quedar como un soberbio de mierda al decir esto, pero creo que es la verdad, yo tengo muchas parejas sexuales, especialmente hombres, pero también algunas mujeres… y las tengo, en gran medida, gracias a mi apariencia física, a veces llego a sentir que no debo esforzarme en lo más mínimo para acostarme con alguien que me gusta porque la otra persona ya está predispuesta a hacerlo, una de las cosas que más me gustó de Edith fue que ella me obligó a esforzarme para llevarla a la cama.
-¿Se hizo la difícil?
-Al principio fue una seda, pensé que la tenía ganada, pero después me dijo que no le importaba si yo era el hombre más hermoso del mundo, tenía que convencerla de ir a la cama… y me la puso bastante difícil, ahí me di cuenta de que no tengo grandes encantos, quitando la apariencia, pero esto no viene al caso. Lo que quiero decir es que, por lo que me has dicho, la tal Anabella es hermosa y ella pasó años sin saberlo o sin ser realmente consciente de lo que significa que la gente de admire por tu belleza.
-Ella sufrió por culpa de su belleza. Le pasó algo muy malo cuando era adolescente.
-Eso sólo refuerza mi punto. Ella llegó a ver su belleza como una maldición y ahora le cuesta verla de otra forma, le cuesta entender que alguien pueda querer acostarse con ella con buenas intenciones. Últimamente está viviendo esa sensación y no sabe cómo manejarla, le pasa con vos principalmente, pero seguramente le pasa con este tipo, Luciano –eso fue como una puñalada en mi pecho y Rodrigo lo notó- es así Lucrecia, tenés que reconocer que acá tenés las de perder, para Anabella va a ser mucho más fácil quedarse con un hombre que arriesgarse con una mujer.
-Sos muy inteligente Rodrigo.
-No lo soy, esto lo sé sólo porque lo viví muchas veces. Especialmente con un hombre… que es casado, me arrepiento de haberme metido con un hombre en esas condiciones; pero me tenía enamorado. Él nunca se animó a salir del clóset y por más que me juró mil veces que me amaba, prefirió quedarse con su esposa, para no arriesgarse. Hay personas que toman riesgos, como vos, lo hiciste y asumiste las consecuencias cuando todo se fue al carajo, pero Anabella, por ejemplo, vio todo lo que se complicó tu vida desde que decidiste reconocer tu sexualidad y ella se debe estar imaginando que le pasará algo similar o peor. Teniendo en cuenta de que es monja y que debe cumplir con votos de castidad, podría arruinar completamente su vida si se acuesta con vos. Además… ahí dentro del convento… vamos Lucrecia, no es lo más sensato.
-Hay monjas que lo hacen ahí dentro, las he visto.
-Allá ellas, que corran el riesgo que quieran correr, pero vos tenés que ser más inteligente y menos impulsiva… o al menos seguí un impulso de forma inteligente.
-¿Y cómo se hace eso?
-¿Vos querés acostarte con ella? Bueno, hacelo lejos del convento, de ser posible donde nadie las conozca.
-No sabría a dónde ir, hasta en un hotel te piden identificación.
-Yo tengo una casa en el campo. La compré hace un año con la esperanza de irme a vivir allá y dirigir desde ahí todo mi negocio, pero no pude hacerlo porque necesito estar acá todo el tiempo sino se cae a pedazos toda la estructura económica que me mantiene… si querés te presto la casita por unos días.
-¿Prestarme? No Rodrigo… si además te debo un montón de plata…
-Te dije que esa plata no me importa.
-Debería importarte, tu negocio no anda nada bien, eso lo sé.
-Mejoró un poco con las ideas que me diste, así que con eso podés considerar pagado lo que me debías. Con decirte que pude ponerme al día con el sueldo de todos los empleados…
-Bueno, me alegra escuchar eso y me encanta tu ofrecimiento… pero seamos sinceros, Anabella jamás iría a pasar días conmigo a una casa de campo.
-Sí, en eso tenés razón. Ella sabría de antemano cuáles son tus intenciones y no lo haría. Bueno, ahí se agotaron mis ideas. La oferta sigue en pie por si algún día querés irte lejos de la ciudad… así sea con otra persona.
-Muchas gracias, lo voy a tener en mente.
-Ah, por cierto… ya me estaba olvidando. No vine solamente a tomar tus ricos mates…
-No seas sarcástico.
-He probado peores, como los de Miguel. En fin, vine por otro asunto… me alegra oír que no tengas trabajo.
-Y a mí me alegra oír que tu novio te intoxica con mates.
-No te enojes, Lucre… primero escuchame. Necesito que me ayudes. Mi idea es concretar el proyecto que vos iniciaste y para eso necesito tu ayuda.
-¿Qué proyecto inicié?
-Vos dijiste que debía ampliar la clientela, no limitarla a sólo homosexuales, pero como la sociedad no está preparada para que las cosas funcionen tan bien en un solo establecimiento, quiero hacer lo que me propusiste, una nueva discoteca para heterosexuales, sé que suena a discriminación, pero en realidad es todo lo contrario, cada uno es libre de entrar donde más le guste, pero los lugares de acceso no estarían en la misma calle, por suerte el edificio llega hasta la calle paralela a la que hoy es la entrada, así que se puede realizar otra por ese lado, ya estudiamos toda la zona, pero me falta algo.
-¿Dinero?
-No exactamente, me falta alguien que me ayude a administrarlo, alguien inteligente y con conocimientos sobre el tema, por eso pensé en vos. Ya me demostraste que sos de confianza y que además tus ideas funcionan.
-¿De confianza? Todavía ni siquiera te pagué lo que te debo.
-Ya te dije que la termines con ese tema, quedó en el pasado, me ayudaste más de lo que te imaginás. ¿Qué decís? ¿Trabajarías conmigo? Obviamente tendrías un sueldo fijo y sería todo legal.
-No trabajaría con vos ni con nadie si no fuera de esa forma. Te agradezco mucho la oferta Rodrigo, pero hay muchas personas con más experiencia que yo, no me imagino administrando una discoteca.
-Una discoteca, no. Dos discotecas. Acordate que aunque el dueño sea el mismo, los empleados serían diferentes. Yo seguiría concentrándome en Afrodita, vos tendrías que poner tus fichas en la otra, pero en general, usaría tus consejos y planes administrativos en ambos establecimientos.
-¿Y cómo se llama la nueva discoteca?
-No sé, ¿se te ocurre algún nombre? –Asentí con la cabeza- ¿Cuál?
-Pandora. Para mantener la temática mitológica.
-Me gusta mucho ese nombre, especialmente por el trasfondo que tiene. Serías la encargada de controlar la caja de todos los males. También tenés que acordarte que la administración se amplía hasta la zona del hotel también.
-Cada vez me da más miedo todo esto.
-Si vos tenés miedo imaginate cómo me sentía yo cuando empecé con el negocio, no sabía nada de nada, estaba aterrado… y eso me llevó a cometer muchos errores y sé que vos también vas a cometer los tuyos, pero juntos vamos a aprender a salir adelante. ¿Te animás? Siempre fuiste osada.
-Está bien, acepto. Pero más que nada porque no estoy en posición de rechazar ninguna oferta de trabajo, por más kamikaze que esta sea.
-No te preocupes, que antes de que vos te estrelles, lo voy a hacer yo. Al menos vas a tener tiempo de maniobrar hacia otro lado. Me alegra mucho saber que tengo otra aliada en todo este asunto. Bueno, lamento tener que despedirme, pero tengo que regresar para hablar con el arquitecto que está adaptando las instalaciones, lo peor de todo es que no sé cómo voy a pagarle.
-¿Me estás cargando?
-No, no tengo idea de cómo pagarle.
-¿Estás loco Rodrigo? ¿Por qué empezaste la obra si no tenés para pagarle? Es más… ¿por qué la empezó él?
-Porque conoce a mi padre y sabe que él es garantía… no sabe que yo ya no hablo con ese hombre, pero a veces lo uso como respaldo si quiero conseguir algo.
-Te van a matar, Rodrigo. Tarde o temprano se va a dar cuenta que no hay plata.
-Por ahora tengo para darle algún adelanto, eso lo va a dejar tranquilo un tiempo.
-Dios mío… y yo acepté trabajar con vos ¿en qué estaba pensando? Debería haberle hecho un análisis psicológico a mi nuevo jefe.
-Ahora ya es tarde, ya aceptaste.
-Pero no firmé nada.
-No te asustes, Lucre. Ya vamos a encontrar plata, se me ocurre una opción. Conozco algunas personas con mucho dinero que podrían participar como inversionistas… pero hay un problema.
-Qué raro… ¿cuál es?
-Dos de esas personas te odian y las otras dos me odian a mí.
-¿Pensabas en mis padres? Olvidate, no quiero tener nada que ver con ellos, no quiero deberles nada. Están fuera de mi vida… de forma permanente.
-Está bien, quedan fuera, descartados. No te preocupes.
-Y tu papá ya se desligó de vos, ¿vas a volver arrastrándote a pedirle dinero?
-No, ni loco… pero queda una última opción.
-¿Quién?
-Mi hermana.
-No sabía que tenías una.
-Vive en Buenos Aires, y ella es justamente inversionista, invierte en negocios que puedan darle buenas ganancias.
-Ah, me quedo más tranquila, al menos podemos hablar con ella.
-El problema es que ella también me odia.
-¿También es homofóbica?
-Este… no… en realidad me odia por otra cosa.
-¿Por qué?
-Porque le robé un novio, hace varios años… yo no sabía que ella estaba tan enamorada de él.
-Ay Rodrigo… sos peor que yo.
-No sé, hasta ahora no me metí con ningún Cura… ¿no sabés de alguno que sea lindo?
-Ni siquiera voy a responder eso…
-Bueno, mejor me voy antes de que me tires por el balcón. Después te comento cuál es mi plan de emergencia. Si fracasa, estamos jodidos… pero muy jodidos.
-¿Hiciste todo esto sólo porque tenés fe en un puto “plan de emergencia”?
-No, lo hice porque tengo fe en vos. Ya lo vas a entender –me guiñó un ojo- Nos vemos Lucrecia. Que andes bien y gracias por aceptar mi oferta.

Para despedirlo lo acompañé hasta el ascensor, y una vez que él estuvo dentro, giré para volver a mi departamento y prácticamente choqué contra una persona, sólo alcancé a detenerme a último momento para no arrojarla al piso. Unos desorientados ojos marrones me devolvieron la mirada, la chica tenía el pelo ondulado y alborotado y su expresión me recordaba a la de algunas de mis ex compañeras de Acción Católica cuando alguien mencionaba la palabra sexo.

-Perdón –le dije ayudándola a recoger una carpeta que había caído al suelo- estaba distraída, no te vi.
-No importa… está bien –me miró atentamente- ¿vos sos la chica nueva?
-Sí, vivo en ese departamento –se lo señalé- me llamo Lucrecia.
-Encantada, Lucrecia. Mi nombre es Silvana.
-Igualmente. Qué bueno es conocer gente amable en el edificio.
-No todos son tan amables. La vieja del departamento contiguo al tuyo ya te odia.
-¿Odiarme? ¿Por qué? Si ni siquiera me conoce, nunca la vi.
-Aparentemente ella si te vio. Me dijo que hacés muchos ruidos raros y que entran muchas mujeres a tu departamento… que se yo, cosas así…
-¿A qué se refiere con “muchas mujeres”?
-Y… ella piensa que hay algo raro… pero yo no creo que sea así, cualquier chica puede tener amigas, eso es lo que yo le expliqué, pero ella insiste con los ruidos…
-Tendrá mucho tiempo libre esa señora.
-Sí, totalmente. ¿Ese chico que se fue recién es tu novio?
-¿Por qué lo preguntás?
-Porque si le digo a la vieja que conocí a tu novio, no va a joder más con ese tema, ya me tiene podrida y le digo que antes de juzgar tiene que conocer a las personas, que tengas muchas amigas no quiere decir que seas…
-Sí, es mi novio –la interrumpí, no sé por qué le mentí, sólo quería que no se metieran en mi vida- se llama Rodrigo. Y que me disculpe por los ruidos, es que hace poco fue mi cumpleaños e hicimos una pequeña reunión para celebrarlo, además de celebrar el nuevo departamento.
-¡Eso es lo que le dije a la vieja! Recién te mudás, es lógico que quieras mostrarle tu nueva casa a tus amigas.
-No sólo eso, sino que una va a venir a vivir conmigo, le voy a alquilar una habitación.
-¡Me parece perfecto! Yo vivo con mi marido en el departamento que está al frente del de la vieja, cualquier cosa que necesites podés avisarme, a mí me llevó un tiempito adaptarme a la zona, no sabía ni dónde había un supermercado.
-Yo encontré uno por pura casualidad, pero sí, te entiendo. Es un barrio nuevo para mí y no lo conozco. ¿A vos no te molestaron los ruidos?
-Yo no escuché nada de nada… la vieja debe estar con la oreja pegada a la pared intentando saber qué pasa en tu casa.
-¡Qué vieja metida!
-Sí, no tiene vida. A mí me para siempre para chismear, a veces no sé cómo sacármela de encima.
-Te entiendo, a mí también me pasa eso con algunos vecinos… si tenés un método, podés explicármelo. Me sería muy útil –la chica volvió a mirarme turbada.
-Bueno, no te molesto más… tengo que ir a trabajar. Nos vemos, Lucrecia. Un gusto.
-El gusto es todo tuyo –le dije antes entrar a mi departamento.

Mi nueva vecina ya no me parecía tan encantadora como en los primeros segundos de charla, algo me daba mala espina y me molestaba haberle mentido, pero no quería que ella ni la otra vecina metieran las narices en mi vida, ya tenía suficientes problemas. La propuesta de trabajo que me hizo Rodrigo, en lugar de tranquilizarme, me dejó muy nerviosa. Sentía que me estaba metiendo en un asunto muy complicado y que posiblemente iba a salir mal parada, pero necesitaba el trabajo, no sólo por el dinero, sino para tener alguna actividad. Esto de no hacer nada durante todo el día me angustiaba mucho y no ayudaba en nada a mi depresión.


*****


Tres días después de la visita de mi amigo tuve otra, pero a esta sí la esperaba. Acordé con Tatiana la fecha y hora a la cual podía iniciar su mudanza. No tenía demasiados trastos que trasladar pero sí equipó completamente lo que sería su dormitorio y además contribuyó con algunos platos, vasos y cubiertos que tanta falta hacían. Ambas estábamos entusiasmadas, ya que sabíamos que nos llevaríamos de maravilla compartiendo el departamento y así yo no me sentiría tan sola. Si bien amaba tener un lugar propio, a veces me agobiaba verlo tan vacío. También llegamos a un acuerdo monetario, ese fue el tema más difícil ya que yo me empecinaba en bajar la cifra y ella en subirla. Decía que le estaba cobrando muy poco pero le aseguré que estaría muy bien con eso y que pronto comenzaría a trabajar con Rodrigo y tendría otro ingreso. Ella preparó un guiso muy sabroso para que celebremos nuestra primera noche como compañeras de piso, no comía tan bien desde aquella noche con Evangelina.

Unas horas más tarde trasladamos nuestro festejo a su cama. Eso estaba fuera del contrato pero las dos sabíamos de antemano que pasaríamos más de una noche compartiendo sábanas. No incluimos juguetes sexuales pero ella se esmeró mucho, no sólo estaba excitada sino que también quería demostrarme lo agradecida que estaba por esta oportunidad. Pasó varios minutos lamiéndome la vagina con mucho ímpetu y logró hacerme llegar al orgasmo, pero cuando estuvimos abrazadas, masturbándonos mutuamente, ella fue directa conmigo:

-Te noto muy distraída, Lucrecia.
-Tenés razón, te pido disculpas. Ni siquiera sé lo que estoy haciendo.
-Si no tenías ganas… podías decírmelo.
-Sí que tenía ganas, me encantó todo lo que hiciste, pero tengo un quilombo muy grande en la cabeza. Te pido disculpas, esta noche no voy a poder darte lo que querés.
-Esto es muy extraño en vos, Lucre. Siempre pusiste mucho ímpetu en la cama, si te pasa esto es porque algo te tiene que estar preocupando mucho. Podés contármelo, amiga.
-No me siento nada bien, volví a discutir con Anabella y para colmo apareció este hijo de puta que viene a cagarme la vida.
-¿A qué hijo de puta te referís?
-A uno que trabaja en la Universidad, que se entretiene dando malas referencias de mí a las empresas interesadas en contratarme y que también anda detrás de la monjita.
-¿Estás segura de eso?
-¿Vos también me vas a decir que sos una loca paranoica?
-No, para nada. Es que si todo eso es cierto, entonces vas a necesitar ayuda para resolverlo. No me quiero meter en situaciones sentimentales, no son mi fuerte, pero el tipo ya estaría perjudicando tu imagen y tu futuro. ¿Por qué creés que hace eso?
-No lo sé, lo pensé durante estos días pero no se me ocurre nada concreto.
-Decime lo que se te ocurrió, aunque sea loco y descabellado.
-La mejor opción que pensé es que ese desgraciado está enamorado de Anabella y que algún día me vio cerca de ella. No es secreto que soy lesbiana y tal vez llegó a pensar que la monjita anda conmigo, por lo que decidió hacerme las cosas todavía más difíciles.
-No es una mala idea. Hasta podría ser cierta. ¿Y si en realidad está enamorado de vos?
-¿De mí?
-Sólo pongo opciones, para que las analices… a veces las cosas se resuelven más fácil si se piensa en todas las posibilidades. Acordate que estudiamos eso. Hay que pensar en todas las posibilidades.
-Tenés razón –me senté en la cama, estaba transpirada y desnuda, pero mi amiga no estaba en mejores condiciones, por lo que no me importó- hay que analizarlo como si fuera posible. ¿Cómo podría estar ese tipo enamorado de mí? Nunca lo había visto.
-Pero eso no quiere decir que él no te haya visto a vos.
-Eso seguro. Sí que me vio, porque apenas la abrí la puerta ese día puso una cara de odio muy particular, él sabía perfectamente quién era yo y no le agradaba para nada el verme dentro del dormitorio de Anabella.
-Tal vez él estaba secretamente enamorado de vos y al enterarse que sos lesbiana se enfureció. Vos sos una chica muy hermosa y llamás mucho la atención, además, si él trabaja en la administración de la Universidad, más de una vez se habrá topado con tus promedios y sabrá que sos muy inteligente y aplicada.
-Ok, supongamos que así sea... pero… ¿por qué nunca me dijo nada?
-Timidez, vergüenza, miedo… hay muchas razones que pueden hacer que un hombre no encare a una mujer.
-¿Y por qué se acerca a Anabella?
-Tal vez él sabe que a vos te gusta la monjita y…
-Dudo que lo sepa, con Anabella siempre fuimos muy cuidadosas, pocas veces nos mostramos juntas en público y… -en ese instante recordé algo- …hubo una vez en la que yo tenía que hablar de un asunto importante con Anabella, ella venía caminando con un grupo de monjas. Una de ellas pudo ser Sor Anahí, la hermana que le presentó a Luciano, el tipo en cuestión.
-Entonces habrá sido Sor Anahí quien sospechó que había algo raro… hasta las monjas deben saber que sos lesbiana Lucrecia.
-Es muy probable… ¿pero por qué presentarle justamente a Luciano? ¿Qué puede saber Sor Anahí de mi vida?
-Probablemente sólo sabrá lo que se habla en los pasillos, pero si es amiga íntima del tal Luciano, es probable que ella sepa que está enamorado de vos… o de la monja. Él está enamorado de alguna de las dos, de eso estoy segura. Tenés que averiguar más sobre él… ¡Ya sé! La colorada.
-¿Samantha?
-Sí, ella trabaja en la Universidad, boluda. Ella tiene que conocerlo… o tal vez puede averiguar algo.
-Gracias por lo de boluda, me lo merezco porque no había pensado en eso. Ahora la llamo, antes de que se vaya a dormir.

Corrí hasta mi dormitorio a buscar mi teléfono celular y mientras marcaba el número de Samantha regresé junto a Tati, me puse de rodillas en la cama y aguardé hasta que escuché la voz de la pelirroja saludándome desde el otro lado.

-Hola Sami –le respondí- disculpá que te llame a esta hora… ¿estabas ocupada?
-Este… no… no mucho…
-¿Es Lucrecia? –preguntó una voz femenina que me resultaba muy familiar.
-Sí, es ella –le contestó Sami.
-¿Esa es Lara? –no necesitaba respuesta, estaba segura de que se trataba de ella- mandale saludos… y me alegra que estén juntas. Espero no haber interrumpido nada.
-No interrumpiste nada, corazón –me respondió la vocecita de Lara, imaginé que habían puesto el teléfono en altavoz- llamaste justo cuando habíamos terminado –eso me hizo sonreír.
-Me alegra mucho que la estén pasando tan bien juntas –quería preguntarles si ya habían formalizado una relación en pareja pero no quería meterme en ese asunto- de verdad me encanta… pero no llamé para hablar de eso, necesito un favor de tu parte, Sami.
-¿Qué necesitas? Lo que quieras, pedímelo. Estoy a tu disposición.
-¿No era que estabas a mí disposición? –le dijo Lara.
-¿Celosa?
-No… pero esta cosita ahora es mía –escuché la risita de Samantha, imaginé que Lara le estaba tocando la vagina, casi podía verlas, desnudas en una cama, toqueteándose alegremente, era una escena que me enternecía y me ponía cachonda a la vez.
-Pero Lucrecia sabe que si ella la quiere tomar prestada un ratito, puede hacerlo –noté que mientras estas dos discutían Tatiana se esforzaba por escuchar la conversación por lo que me apiadé de ella y coloqué el modo altavoz, pudimos oír un viscoso y característico sonido, con la morocha nos miramos y sonreímos, era obvio que una de las dos estaba masturbando a la otra.
-¿Acaso no te gusta cómo te atiendo yo?
-Vas mejorando…
-¿Mejorando? –Se quejó Lara- tengo más experiencia que vos.
-En mujeres… tal vez, pero en sexo no, para nada –me divertía mucho escuchar a Sami jugando a la chica segura y experimentada, sabía que todo lo que decía era en broma, para provocar a Lara –vos tuviste tu primera vez este año… yo la tuve hace seis años… y no he pasado grandes períodos de inactividad… ¡Ay! –el sorpresivo grito de la pelirroja nos obligó a agudizar más los oídos, el chasqueo viscoso se incrementó y cambió un poco, supimos que Lara estaba succionándole la vagina con fuerza excesiva, la pequeña quería que yo escuchara lo que allí ocurría- ¡Ay Lara, despacito! ¡Lara! –exclamaba ella entre jadeos, en ese momento sentí los dedos de Tatiana penetrándome, quedamos las dos arrodilladas frente a frente, con una mano sostuve firmemente el teléfono y con la otra comencé a masturbar a mi amiga.
-¿Te gusta? –Preguntó Lara con la boca evidentemente ocupada en otras cosas.
-Casi me arrancás el clítoris –dijo Sami.
-Eso lo aprendí de Lucrecia ¿no es cierto, corazón?
-Hey, ni que yo fuera una sanguijuela –me quejé.
-¿Ves Lara? Por tu culpa Lucrecia no puede decirme para qué me llamó.
-Ustedes hablen si quieren… yo estoy entretenida con esto.
-Contame Lucrecia, ¿para qué me llamaste? –Me preguntó Samantha con la respiración agitada- si estoy desconcentrada, la culpa es de Lara.
-Por lo general Lara genera distracciones en la gente… especialmente si usa pantalón ajustado –mientras hablaba dejé de tocar a Tatiana y le hice señas para que se detuviera, haciendo pucheritos como un niño al que habían quitado su golosina, se alejó de mí- te llamé para preguntarte por alguien que trabaja con vos. Se llama Luciano Sandoval ¿lo conocés?
-Sí, lo conozco. No trabaja en la misma área que yo pero lo tengo visto ¿qué querías sab… ¡Lara! Por favor… -soltó un erótico gemido de placer, entretanto Tati escuchaba la conversación sentada contra el respaldo de su cama, masturbándose lentamente- dame un minutito de respiro al menos.
-No –respondió la prepotente chiquilla; me causaba mucha gracia imaginarla pero ahora tenía otras preocupaciones en mente.
-No sé cómo te llevarás vos con el tal Sandoval –continué diciendo- pero tengo la ligera sospecha de que el tipo me odia por alguna razón. Te pregunto: por casualidad ¿él es el encargado de recibir las llamadas de las empresas que buscan referencias sobre estudiantes? –los intensos jadeos que provenían desde el otro lado del auricular me estaban desconcentrando, sumémosle a esto la hermosa imagen de una morocha pechugona masturbándose frente a mí guiñándome un ojo cada vez que la miraba.
-¿De tu área? No, él no se encarga de eso –volvió a gemir pero se notaba que se estaba esforzando por respirar con normalidad- la mujer encargada de recibirlas se llama Sonia Maciel.
-Entonces… no comprendo… ¿por qué él recibió la llamada…?
-¿Qué llamada?
-Una conocida me hizo un favor, llamó a la Universidad y la atendió el tal Luciano Sandoval y comenzó a hablar pestes de mí. ¿Por qué atendió él si no es el encargado?
-No me extraña –una vez más se esforzó por hablar con claridad- no son tan estrictos con eso en la administración, pudo haber pasado que Sonia estaba ocupada y él tomó la llamada en su lugar.
-Pero creo que esto es algo que viene pasando desde hace un tiempo… no creo que haya sido un evento aislado. Es la única explicación que tengo. Dejé muchos Curículums y siempre recibo negativas…
-Eso también me pareció extraño, cualquier empresa con dos dedos de frente estaría encantada de tenerte como pasante. ¿Vos estás segura de que él recibió la llamada?
-Sí. Necesito tu ayuda Sami, ¿podrías intentar averiguar algo de él? Lo que sea… sino me voy a volver loca… últimamente me siento una loca paranoica.
-Está bien Lucre, tranquilizate. Voy a ver qué puedo hacer, pero no te prometo nada.
-Muchas gracias Sami. Ahora las dejo en paz para que disfruten del lindo momento, tratala bien a Lara, que se lo merece.
-Por supuesto que se lo merece, ella es genial –me dijo soltando un intenso gemido.
-Hasta luego mi amor –me saludó la morocha y justo después de eso la llamada se cortó.

Miré a Tati una vez más, ella se masturbaba tranquilamente, sus dedos recorrían cada pliegue de su vagina y con un gesto me invitó a lamerla. Accedí sin chistar y puse en contacto los labios de mi boca con los de su sexo.

-Escuchar a esas dos me calentó mucho –aseguró la morena mientras yo le comía la almeja.

Comencé a acariciar mi clítoris con la yema de mis dedos mientras colaba la lengua en el orificio de la vagina de Tatiana, pocos segundos después tuve que desistir.

-Perdoname Tati, no puedo concentrarme –le dije sentándome en la cama- tengo un quilombo tremendo en la cabeza.
-Al parecer es un quilombo grave… para que no quieras tener sexo… ¿o acaso es que yo…?
-Ni se te ocurra pensar que es tu culpa. A mí me encanta acostarme con vos y creeme que me fascina verte desnuda y excitada, pero no logro traer mis pensamientos a este momento, no dejo de pensar… en ella.
-Esa monjita te está causando estragos. Lo mismo me pasó cuando Cintia… me humilló. No podía concentrarme en nada, ni siquiera en las cosas que más me gustaban.
-¿Cómo el sexo, por ejemplo?
-No exactamente, en esa época no mantenía relaciones sexuales con mujeres… pero tampoco me daban ganas de masturbarme; yo me masturbaba prácticamente todos los días antes de que me pasara eso, con la angustia que me quedó, pasé semanas sin hacerlo.
-Debió ser una experiencia muy triste y solitaria.
-Sí, sobre todo solitaria. No puedo olvidarme de cómo todas me dieron la espalda, eso me dolió mucho.
-Te pido perdón por eso… yo no sabía…
-Lo sé. Vos ni siquiera sabías por qué las demás me detestaban, siempre intentaste acercarte a mí y me escuchaste cuando te conté lo que pasó. Eso te lo agradezco enormemente, vos fuiste la persona que solucionó todos mis problemas… y lo seguís haciendo.
-Que vivas acá también es una ayuda para mí.
-No hablo sólo de eso Lucrecia. Cuando me contrataron me dijeron lo que hiciste por mí; sin tu recomendación no hubiera podido trabajar en esa empresa.  
-Me pareció que estabas mejor calificada para el puesto.
-Claro que no, no seas modesta. Vos te la jugaste por mí –noté que algunas lágrimas caían de sus ojos-, vos sos mi mejor amiga y nunca me voy a olvidar de todo lo que hacés por mí; por eso mismo quiero ayudarte a solucionar tus problemas.
-No veo la forma de hacerlo.
-Yo tampoco, pero si se te ocurre algo, prometeme que me vas a contar.
-Te lo prometo… y gracias.

Me lancé sobre ella y la abracé con fuerza, ella me respondió de la misma forma y me di cuenta de que eso era exactamente lo que necesitaba en ese momento, un cálido abrazo; ella aumentó mi confort cuando sumó un tierno beso en mi boca, pero fue un beso muy diferente a los que me daba con Lara o a aquellos que le di a Anabella, en este beso noté otro tipo de cariño, uno que venía directamente de la amistad y supe que mucha gente no lo comprendería y que pensaban que esos besos tan intensos no deberían existir entre amigos… o amigas, en este caso. Le insistí a Tati que, si bien yo no podía lograr excitarme del todo, al menos la ayudaría a acabar. Me pasé los siguientes minutos masturbándola con intensidad, embebiendo mis dedos con sus abundantes jugos vaginales y frotando vigorosamente su clítoris mientras le daba algunos besos en la boca o chupaba alguno de sus ricos pezones. Ella llegó al clímax; sin embargo yo no necesité hacerlo, me bastó con saber que al menos no la había dejado insatisfecha. Pocos minutos más tarde nos quedamos dormidas en su cama.


*****


La frustración y el agobio volvieron a invadir mis días, no importaba qué hiciera, siempre termina peleando con Anabella por alguna u otra razón. Sólo me sentía un poco mejor cuando tenía a Tatiana haciéndome compañía, pero nuestros nuevos intentos en la cama habían sido fracasos rotundos por mi culpa; no sabía qué me estaba pasando, no podía concentrarme ni siquiera en esos momentos en los que más solía disfrutar. Para mí el sexo se había convertido en una vía de escape, pero ahora no me estaba dando resultados; decidí suspender mis actividades por un tiempo, tal vez sólo necesitaba algo de abstinencia para volver a sentirme cómoda en la cama con una mujer.

Una gran ayuda para combatir lo que podía significar un nuevo cuadro depresivo fue comenzar a trabajar con Rodrigo… bueno, si es que a eso se le podía llamar trabajar. En realidad era una tarea que consistía, en la mayor parte del tiempo, en no morirme de un infarto al ver las deudas y boicots administrativos que azotaban el establecimiento.

-Rodrigo ¿de dónde nace tu loca fantasía de crear una nueva discoteca? –le pregunté mientras abría una nueva carpeta que contenía facturas a punto de vencer.
-De vos –él estaba muy tranquilo, sorbiendo un jugo de naranja exprimida a través de una pajita- vos me diste la idea y me parece estupenda.
-Sí, en el País de las Maravillas sería una idea fenomenal, pero vos no tenés ni un peso partido al medio… en realidad, lo que te va a partir al medio son las deudas.
-Por eso te contraté a vos, para que me ayudar a limpiar este desastre.
-Pero yo no soy más que una estudiante de Administración de Empresas, no Harry Potter.
-Con esa actitud negativa vas a hacerme desaparecer, necesito que me digas que hay una solución.
-Sí, robá el banco más grande de la ciudad, tal vez el dinero te alcance para pagar la mitad de las deudas.
-No creo que estemos tan mal, los sueldos están al día.
-Puede ser, pero hay muchos impuestos que no lo están; por ejemplo, la electricidad. ¿Cómo pensás sacar adelante dos discotecas sin energía eléctrica? Además está todo el dinero que debés por las obras, las cuales, por algún desquiciado motivo, ya iniciaste.
-Te dije que tenía un plan y que, para llevarlo a cabo, te necesito –tenía ganas de insultarlo, pero como soy una chica con buena educación, tomé aire, lo exhalé y le dije:
-Te escucho.
-Bueno, ya te conté por qué no puedo hablar con mi hermana, ella me odia. No es que te necesite a vos específicamente, sólo necesito a alguien con buena cabeza para las finanzas que esté dispuesta a hablarle… y como vos ahora trabajás para mí… supuse que eso te correspondería a vos.
-No me mal interpretes Rodrigo, pero ¿cómo voy a hacer yo para convencer a tu hermana de que invierta en las discotecas si ni siquiera la conozco? Sumale al esto el hecho de que el dinero es para vos… y si te odia tanto, se va a rehusar.
-Mi hermana siempre supo poner el amor antes que el odio… y ella tiene un amor aún mayor que el odio que tiene por mí: el amor por el dinero. Si ella sabe que puede salir beneficiada en todo esto, va a invertir. Por eso quiero que vayas unos días a Buenos Aires y arregles una reunión con ella.
-¿Y quién va a cargar con los gastos del viaje?
-Miguel, de su propio bolsillo. No es necesario que escatimes en gastos, a él también lo quiero sumar como inversionista y pienso devolverle el dinero con intereses.
-Con esto querés decirme que toda la responsabilidad de la empresa está en mis manos y que si yo no consigo que tu hermana quiera invertir, estamos en la ruina.
-Exactamente; eso me agrada de vos, entendés rápido.
-Antes de que te asesine… ¿podés decirme qué garantías tengo de que esto vaya a funcionar?
-Ninguna, mi hermana es una persona sumamente desagradable… pero yo no debería decirte estas cosas, no quiero que mis palabras y opiniones interfieran con los negocios; por eso te mando a vos y no voy personalmente. Si yo estuviera frente a frente con ella, seguramente terminaríamos discutiendo. Vos siempre fuiste buena para tratar con la gente, eso me dijo Edith… y con la cantidad de chicas que te levantaste, tanto dentro como fuera de Afrodita, sé que no te cuesta nada convencer a la gente de hacer locuras.
-Yo no convenzo a nadie de hacer ninguna locura…
-Ni siquiera vos te creés eso Lucrecia. Mirá que no te conozco tanto, pero sé que sos manipuladora; no lo digo como reproche, tenés facilidad para convencer a las personas. Edith es una de las tantas pruebas de eso. Conseguiste llevarte a la cama en menos de tres horas a una chica que nunca había tenido sexo en su vida… y mucho menos con una mujer.
-Vos también te la llevaste a la cama.
-Y me costó más que a vos. No sé si en tiempo, pero sí en esfuerzo. En fin… a lo que nos concierte. ¿Vas a viajar?
-No tengo otra opción.
-Bien. Te vas a llevar mi auto; va a ser una garantía para mi hermana, para que sepas que vas de mi parte.
-Nunca manejé largas distancias.
-Siempre hay una primera vez; son tan sólo seis horas de viaje, no te preocupes. Lo vas a hacer bien.
-¿Cuándo tengo que salir?
-Eso lo decidís vos. Preferiría que sea lo antes posible, pero no quiero que vayas tensa.
-Es por culpa de ese tipo…
-Me imaginé… estaría bueno que primero soluciones eso, o al menos que encuentres la forma de asimilar que Anabella lo prefiere a él.
-Eso me hirió el corazón.
-Lo sé, pero es una posibilidad y es mejor que ya la vayas pensando, para que no te tome tan desprevenida. Bueno, te dejo jugar con los papelitos, mientras tanto voy a ver cómo marchan las obras. Estoy seguro de que van a ser dos discotecas muy buenas. Hablamos en otro momento.

Se despidió y me dejó sola en esa diminuta oficina rodeada de papeles y carpetas ¿este era el gran futuro para el que una estudiante de Administración debía prepararse?

Aproximadamente media hora más tarde, cuando creía que mi vida no podía ser más complicada, me llevé una enorme sorpresa que me demostró, de mala manera, que aún no había tocado fondo y todo podía empeorar.

-¿Lucrecia Zimmermann? –me preguntó la mujer que me llamó a mi celular.
-Ella habla, ¿con quién tengo el gusto…? –respondí con naturalidad mientras revisaba una nueva y amplia lista de facturas pagadas.
-La llamo de parte de la Administración de la Universidad Católica.
-Ah ok, ¿cuál es el motivo?
-Tengo entendido que usted dejó de concurrir al establecimiento.
-Así es, fue por motivos personales y no tengo en mente volver hasta que no me estabilice –“Lo cual, probablemente, no pase nunca”, pensé.
-De todas formas me veo obligada a pedirle que regularice su deuda con el establecimiento –solté súbitamente el papel que tenía en la mano.
-¿Qué deuda? Yo tramité la baja con la facultad de Administración de Empresas hace más de un mes y no se me habló de ninguna deuda.
-Tal vez no la mencionaron por cortesía… usted siempre había pagado a término y probablemente nadie tuvo motivos para pensar que sería diferente.
-¿Diferente? Le digo que es imposible, yo pagué todo –en realidad lo había hecho mi madre, pero esa aclaración era irrelevante-. Es completamente imposible que adeude tantos meses, me lo hubieran dicho mientras cursaba ¿no cree? También hubiera saltado en pantalla el mismo día que me di de baja, me hubieran preguntado cómo iba a pagar los meses que debía. Debe haber algún error.
-Es poco probable que haya un error, aquí en el sistema figura claramente su deuda.
-¿El sistema? Esos no son más que números en una computadora, es muy fácil cometer errores. Tal vez habla usted de otra Lucrecia Zimmermann –esa excusa no me la creí ni yo, era imposible que hubiera otra persona con el mismo nombre dentro de la Universidad, pero necesitaba ganar tiempo para pensar.
-Usted es la única persona ingresada con ese nombre. ¿Podría acercarse usted al establecimiento en el día de la fecha? Así podríamos hablar mejor. Si está con dificultades económicas puede abonar en cuotas…
-¡No debo nada! Ya se lo dije –noté que había sido más brusca de lo normal-. Mire, mejor déjelo así, esta tarde voy hasta la Universidad y hablamos del tema. ¿Con quién debería hablar?
-Puede hablarlo conmigo, mi nombre es Miriam Alem. Pregunte por mí en recepción y sabrán ubicarla.
-Perfecto. Hasta la tarde.

Corté la llamada y sin perder un segundo busqué entre mis contactos el nombre de Samantha. La llamé y, por suerte, la pelirroja contestó casi al instante.

-¿Lucre? ¿Cómo estás amor?
-Hola Sami, disculpá que no tenga tiempo para saludos cordiales, callate la boca y escúchame –estaba nerviosa y alterada-, hace un rato me llamó una tal Miriam Alem ¿la conocés?
-Sí, es la…
-Bueno, la mina dice que le debo cinco meses a la Universidad.
-¿Qué, eso es impo…
-¡Está re loca! Mi vieja podrá ser una basura, pero odia deber plata, ella cuida mucho su imagen económica. Sé que pagó hasta el último centavo…
-Está bien, calmate un poqui…
-Lo peor de todo es que la mina ni siquiera quiere pensar en la opción de que todo esto sea un error. Todo porque una computadora de mierda dice que yo debo plata. ¿Así se manejan ustedes allí?
-La administración es muy…
-Te juro que tengo ganas de entrar a la Universidad y patear todo, eso voy a hacer esta tarde. Le voy a dar una patada a la primera persona del personal administrativo que me cruce.
-¿Me llamaste para que me esconda?
-No, te llamé para que me ayudes. No sé de qué forma podrás hacerlo y te pido perdón si esto te pone en una situación incómoda, pero sos la única persona que me puede ayudar ahora.
-Está bien Lucrecia, sólo te pido que te tranquilices. Lo más probable es que te atiendan en la oficina de Administración del Alumnado. Voy a hacer todo lo posible por estar presente, voy a inventarme alguna excusa para que me dejen consultar la información del sistema y voy a ver de qué forma puedo ayudarte, necesito escuchar cuál es el problema para poder ayudarte.
-Te lo agradezco de corazón Sami. En cuanto esté por llegar a la Universidad, te mando un mensaje.
-Perfecto, pero vos no entres hasta que yo te avise.
-Gracias linda. Nos vemos.

Hablar con mi amiga me tranquilizó bastante, tardé aproximadamente cuarenta minutos en hacerme de cuerpo presente en la maldita Universidad y me sorprendí al toparme en el hall de entrada con la muchacha de cabellos color sangre; a veces me daba la impresión de que ella volvía a teñírselo ocasionalmente empleando casi siempre un tono aún más fuerte que el que llevaba antes.

-Te tengo una mala noticia –me dijo en un susurro mientras me tomaba con fuerza por el brazo y me apartaba de la gente que transitaba a nuestro alrededor.
-¿Otra más? –no sabía si mi pobre cabecita podía seguir soportando malas noticias. ¿Qué era lo que estaba pasando con mi vida? ¿Acaso un terrible karma me perseguía? Tal vez fui un genocida en mi vida pasada y merezco todo este maltrato.
-Recién pasé por la Administración… y no te imaginás a quién me encontré.
-Por desgracia, sí me lo imagino… es ese hijo de puta ¿cierto?
-Sí, el mismo tipo por el cual vos me preguntaste. Quise avisarte antes de que entres para que no te agarre con la guardia baja.
-Mi guardia ya está baja desde hace rato, ya no tengo ánimo para seguir peleándome con todo el mundo.
-Vas a tener que hacer un esfuerzo más. No me voy a poder quedar a tu lado, de lo contrario él se va a dar cuenta de que te estoy ayudando, prestá atención a lo que te voy a decir: cuando entres yo voy a estar en la parte posterior de la oficina, hay un panel de vidrio que la divide en dos, te voy a poder ver, pero no escuchar; por eso mismo vos tenés que llamarme al celular, poné la llamada en altavoz, yo voy a guardar silencio y voy a oír todo lo que digan. Si este tipo de verdad está loco como vos decís, entonces me voy a dar cuenta.
-Gracias Sami, de verdad agradezco de corazón todo lo que hacés por mí.

Aguardé unos minutos dando vueltas por el hall de la Universidad. Estaba sumamente nerviosa, pero no por miedo, sino por bronca. Dentro de mí se estaba acumulando tanta furia y frustración que temía que ésta estallara de la peor forma posible en cualquier momento.

Una vez transcurrido el tiempo acordado por Samantha, entré a la oficina y me vi cara a cara con ese hombre de rasgos simiescos y cejas pobladas que simuló sorpresa al verme; por el contrario yo actué con naturalidad, me senté en una silla y lo miré fijamente con la expresión más neutra que pude esbozar. El escritorio sobre el cual él estaba trabajando se encargó de cubrir mis manos, casi sin mirar el celular llamé a mi amiga, podía ver su roja cabellera pocos metros detrás del vidrio que dividía a la oficina en dos, ella estaba en el sector más amplio. Supe que contestó la llamada porque me hizo una seña levantándome el dedo pulgar y me dedicó una agradable sonrisa, la cual agradecí internamente porque me daba a entender que no estaba sola en todo este quilombo.

-¿Qué la trae por aquí, señorita? –me preguntó Luciano Sandoval con exagerada cortesía.
-Tengo una reunión con la señora Miriam Alem, ¿se encuentra por aquí? –me limité a decirle.
-Me temo que no, ella tuvo que irse hace apenas unos minutos, creo que está enferma –casi al instante pude ver cómo Sami se ponía de pie y comenzaba a negar utilizando sus brazos mientras, con mímica en sus labios, intentaba decirme una palabra: “Mentira”.
-Eso es muy extraño ya que hace apenas unos minutos hablé con ella –decidí hacerle frente a todo lo que me dijera-, habíamos acordado vernos en este preciso momento.
-Sí, eso tengo entendido; por eso ella me pidió que tomara su lugar.
-¿Entonces por qué me pregunta qué me trae por aquí? Aparentemente está bien informado.
-Fue sólo una pregunta de cortesía. Miriam me comentó que usted tiene una deuda importante con la Universidad. Nos vimos obligados a contactarla porque usted decidió dejar de concurrir al establecimiento sin tramitar ninguna baja en la facultad de Administración de Empresas.
-En eso se equivoca, el día en que decidí dejar de cursar hice todos los trámites pertinentes y no se me informó de ninguna deuda. La facultad de Administración de Empresas debió haber visto si yo debía dinero… es más, recuerdo perfectamente que me dijeron que ya estaba todo en orden y que si alguna vez quería retomar los estudios, podía hacerlo sin ningún problema.
-Estas deudas quedan registradas en Alumnado, las facultades no tienen acceso a ellas –una vez más Sami sacudió frenéticamente sus brazos repitiendo mudamente la palabra “Mentira”, tuve que esforzarme por no sonreír.
-Tengo entendido que sí lo tienen. Ellos mismos se han encargado de pedirle a algunos de mis compañeros que regularicen deudas. Una facultad debe estar al tanto de lo que ocurre con sus alumnos ¿no le parece poco práctico que ellos no puedan ver quiénes están abonados al día y quiénes no? Estudié Administración de Empresas, sé muy bien cómo se manejan.
-Eso es irrelevante, el en sistema figura que usted adeuda cinco meses y lo sepa o no la facultad, no cambia nada.
-A no ser que alguien haya cometido un error… o que tal vez haya manipulado el sistema a propósito –Luciano me miró con el ceño fruncido.
-Eso es poco probable.
-Pero no imposible.
-Por suerte todo tiene solución –dijo sonriendo repentinamente-. Usted puede efectuar el pago en cómodas cuotas, nosotros intentamos facilitar…
-No pienso pagar nada.
-¿Perdón?
-No voy a pagar –repetí-, no corresponde que pague por algo que no debo. Tramité la baja, tal y como le dije, yo no le debo ni un peso a la Universidad y usted no me está facilitando nada –me estaba cansando de fingir cortesía, tenía ganas de insultarlo; pero eso no me había ayudado para nada en el pasado y menos lo haría ahora-, todo lo que me dice es que tengo que pagar; ni por un segundo puso en duda lo que dice la pantalla de la computadora, no está escuchando lo que le digo. Tiene que haber un error. Jamás me atrasé en una cuota.
-Eso no es lo que dice…
-¿El sistema? A mí no me importa lo que le diga a usted el bendito sistema –desde el otro lado del vidrio Samantha me hizo señas para que me tranquilizara; suspiré, apreté los puños y me esforcé por serenarme-, ¿puedo hablar con otra persona sobre este inconveniente?
-¿Con quién, por ejemplo? –me preguntó con su voz pedante.
-Con el Decano, por ejemplo.
-¿El Decano? No va a ser necesario molestarlo por un problema tan sencillo.
-De todas formas me gustaría hablar con él –Samantha reaccionó como si hubiera recibido una descarga eléctrica, se apresuró a tomar el tubo de un teléfono y me lo señaló dándome a entender que había entendido mi petición.
-En este momento el Decano no está en el establecimiento –dijo Sandoval fijando su mirada en la pantalla de la computadora-, y dudo mucho que las cosas cambien, él simplemente le dirá de una forma amable que debe abonar lo que adeuda.
-Suponiendo que realmente no exista un error con el sistema informático.
-Es que no existe ningún error…
-¿Cómo puede estar tan seguro? El sistema es manipulado por personas, las personas se equivocan, es parte de la naturaleza humana –“Y vos te equivocaste al meterte conmigo”, dije mentalmente.

Nos pasamos los siguientes cinco o seis minutos discutiendo sobre si podría o no haber un error. Él no hacía otra cosa que repetir que yo tenía que pagar y yo no hacía otra cosa que ganar tiempo ya que Sami me había hecho señas indicándome que el Decano estaba en camino. En cuanto la puerta de la oficina se abrió y un hombre canoso de pequeños anteojos cuadrados y cachetes arrugados y enrojecidos entró supe que las cosas se inclinaban a mi favor; la cara de Luciano Sandoval se desfiguró al ver a la autoridad administrativa máxima de la institución.

-Señor Decano, lo saludé amablemente poniéndome de pie –en ese preciso instante Samantha abrió la puerta que separaba los dos segmentos de la oficina diciendo:
-Qué suerte que vino rápido, tengo que mostrarle una cosita –llevaba una carpeta en la mano y simulaba estar leyendo algo en ella.
-¿Qué sucede?  -preguntó el hombre sin comprender por qué había sido llamado.
-Discúlpeme señorita –le dije a Sami- ¿le puedo robar al señor Decano durante dos minutitos? Necesito hablar con él sobre un problema muy importante.  
-El señor tendrá asuntos importantes que tratar con la señorita –se apresuró a decir Luciano- no podemos interrumpirlo…
-De hecho, no es algo tan importante –lo interrumpió la pelirroja-, puedo esperar el tiempo que haga falta –la piel de Sandoval palideció-. Atiéndala primero a ella, señor. Yo aguardo, no se preocupe.
-Está bien, todo a su debido momento –dijo el Decano- ¿qué problema tiene, señorita…?
-Lucrecia Zimmermann.
-¡Claro! –Al escuchar mi apellido se le activó algún interruptor cerebral que debía estar relacionado con las finanzas del establecimiento, a las cuales mis padres habían contribuido generosamente- La conozco… es decir, había oído hablar muy bien de usted. Es un placer conocerla personalmente, señorita Zimmermann.
-Gracias, igualmente –le dije con mi mejor sonrisa.
-¿Cuál es el problema que la agobia? –preguntó con zalamería.
-Aquí el señor Sandoval me cuenta que, aparentemente, hay una deuda importante a mi nombre.
-¿Una deuda a su nombre? Eso es muy extraño.
-Es justamente lo que yo pensaba… no sé si lo sabrá, pero mis padres siempre pagaron a término –entre líneas quedaba implícita la frase “También donaron bastante dinero a la Universidad, no se olvide”.
-Por supuesto, tengo el gusto de conocer a sus padres y nunca tuve un problema con ellos, mucho menos de carácter financiero.
-Quiero entender que esto se trata de sólo una equivocación, siempre intento ver lo mejor en cada persona, pero un problema como este hubiera hecho sospechar a otra persona de una estafa perpetrada por algún administrador del establecimiento –mientras hablaba veía cómo gotitas de sudor poblaban la frente de Luciano Sandoval.
-Por supuesto, no debe tratarse de otra cosa que de un error. Dígame Sandoval, ¿en qué consiste esa supuesta deuda? –el que empleara la palabra “supuesta” me dio a entender que el Decano estaba de mi parte; Sami sonreía cómplice mostrándose esbelta y hermosa, como siempre.
-Este… le explicaba a Lucre… a la señorita Zimmermann… que aquí en el sistema dice que ella adeuda algunas cuotas mensuales…
-¿Cuántas? –preguntó el hombre con severidad.
-Cinco.
-¿Cinco? –Abrió los ojos y levantó las cejas- Eso es imposible. Tengo entendido que ella fue una alumna modelo para esta Universidad, no sólo por sus calificaciones sino también por su responsabilidad a la hora de efectuar todos los pagos; para nosotros significa una gran tristeza el que usted ya no concurra al establecimiento –esto último lo dijo mirándome.  
-Dejé de concurrir por problemas personales, no porque adeudara algo. Mi intención era volver a cursar en cuanto esos problemas se solucionaran.
-Y a nosotros nos encantaría que así fuera. Dígame Sandoval, ¿quién ingresó esos datos al sistema?
-No lo sé… sólo vi que aquí decía…
-No me está dando usted soluciones, Sandoval –nunca me consideré una mala persona, pero me encantaba ver a este sujeto sufrir de esa manera mientras el Decano le pedía explicaciones-. ¿Dónde se encuentra Miriam Alem? ¿No debería ser ella la que trate este tema?
-Ella… ella está en una reunión.
-¿No era que se había ido porque estaba enferma? –pregunté simulando estupidez; el Decano me miró intrigado- él mismo me lo dijo- señalé a Luciano con el pulgar.
-¿Quieren que llame a Miriam? –Ofreció gentilmente mi amiga pelirroja.
-Si usted es tan amable… -dijo el Decano-. Todo esto es muy extraño, señor Sandoval, y espero que se trate de tan sólo un error, yo no quiero acusar a nadie y estoy seguro de que la señorita Zimmermann tampoco quiere hacerlo, pero ella tiene razón en una cosa: cualquier otra persona hubiera sospechado que todo este “error” no es más que una estafa para adquirir dinero de forma ilícita.
-Le aseguro que no, señor. Posiblemente no sea más que un error del sistema…
-Creí que el sistema nunca fallaba –acoté-. Eso me dijo hace apenas unos instantes –cada vez que él intentara dar algún manotazo de ahogado para salir a flote, yo le arrojaría una pesada piedra para volver a hundirlo.

No sé qué le dijo Samantha a Miriam Alem, pero la mujer delgada y de baja estatura se hizo presente en un santiamén, se la veía agitada como si hubiera estado corriendo ante alguna alarma de incendio.

-Hola… -saludó mientras intentaba recuperar el aliento- ¿hay algún problema?
-Sí que lo hay –dijo el Decano con severidad- quisiera saber cómo es posible que en el sistema aparezca una deuda a nombre de la señorita aquí presente, Lucrecia Zimmermann. Ella asegura que no adeuda nada y yo, teniendo en cuenta su historial académico, confío en su palabra.
-Detectamos esa deuda ayer mismo… Sandoval me informó al respecto… -seguía respirando agitadamente- yo también pensé que se trataba de un error pero allí figura claramente la deuda –señaló la computadora-, así como también figura la falta del trámite de baja en la Facultad de Administración…
-Disculpen que me entrometa –dijo Samantha volviendo a aparecer-, quiero ayudar en todo lo que sea posible y tomé la libertad de verificar el sistema yo misma; encontré algo extraño, aparentemente hay un registro posterior al de la deuda. La baja en la facultad fue tramitada, pero luego anulada. La anulación tiene la fecha de ayer… en cuanto a la deuda, bueno, aparentemente está en el sistema, pero si la señorita cuenta con los recibos de pagos puede anularla al instante.
-Sí, los tengo –en realidad estaban en la casa de mis padres y odiaría tener que ir a buscarlos-, pero tendría que ponerme a buscarlos, me mudé recientemente y todavía tengo todo guardado en cajas –lo único que tenía guardado en una caja eran mis juguetes sexuales, pero dudaba mucho que al Decano le interesara ese tema… y si le interesaba me sentiría sumamente incómoda.
-No hará falta, señorita. Confió en su palabra. Ahora mismo anularán todo ese asunto de la deuda… y usted Sandoval, va a tener que darme muchas explicaciones. Desde hoy estará bajo observación.
-Habrá sido sólo un error… -aseguró Luciano.
-Eso es lo que espero; pero mi experiencia me dice que acá hay algo raro, se huele a la distancia… y usted fue el primero en ver esa supuesta deuda. De todas formas, señora Alem, a usted también la someteré a vigilancia hasta que todo este asunto se esclarezca. Ahora, si me disculpan… estoy llegando tarde a una reunión. Me alegra mucho haberla saludado personalmente, señorita Zimmermann, y espero volver a verla pronto por aquí.
-Si no me ve a mí, es muy probable que vea a mi hermana, Abigail me comentó que ella tiene en mente estudiar una carrera, aquí mismo en cuanto termine con sus cursos de Inglés.
-Esa es una extraordinaria noticia –una vez más se hizo evidente su aprecio hacia la cuenta bancaria de mi familia-. Hasta luego y que tenga usted un buen día.

Con un gesto triunfal me despedí de Luciano Sandoval, mi estómago daba vueltas de alegría y no pude evitar sonreír por haberle ganado una batalla en su propia cara. En cuanto estaba por salir de la oficina, él me dijo:

-Te manda saludos Anabella –me detuve en seco y lo miré- ¿querés que le diga algo de tu parte? Hoy mismo la veo, me invitó a pasar la tarde con ella –sonrió altaneramente; esas palabras borraron de un zarpazo toda mi alegría, estuve a punto de insultarlo pero me detuve, pensé en frío y le contesté:
-Decile que se cuide de las sonrisas, porque mienten más que las palabras.   

Salí de la oficina y en cuanto me dirigía hacia la puerta de salida Samantha apareció a mi lado, caminando rápido para poder alcanzarme.

-Me alegra mucho que todo haya salido bien. Ahora te creo Lucrecia –hablaba en voz baja para que los curiosos no puedan escucharnos-, este tipo tiene algo en tu contra; eso es más que evidente. Estoy segura de que fue él quien manipuló el sistema, pero no hay forma de probarlo. Espero que el Decano lo vigile de cerca.
-Te agradezco de corazón por todo lo que hiciste por mí, Sami. Sin tu ayuda yo ahora estaría llorando en algún rincón de mi departamento pensando cómo iba a hacer para pagar todo eso. Lo único que voy a tener que pagar es la llamada que te hice –miré la pantalla de mi celular, allí todavía figuraba el tiempo que había durado la última llamada-; veintisiete minutos –dije con una mueca de desagrado-, pero los vale totalmente, sólo por ver la cara que puso ese infeliz cuando entró el Decano.
-Esa fue una idea muy buena.
-Por suerte vos la entendiste.
-Suelo ser buena para entender las cosas sin necesidad de que me las expliquen. Espero que no me pregunte por qué lo llamé, le dije que había un problema con el registro de los alumnos, pero en realidad no tengo ni la más remota idea de qué inventarme.
-Podés decirle que el problema ya se solucionó, que no era tan grave como parecía… además, con tu desempeño reciente, él no va a cuestionarte nada. Creo que te lo metiste en el bolsillo.
-Es un viejo verde… y no lo quiero metido en ningún lado –las dos nos reímos.
-No te preocupes, Lara se encargaría de mandarlo a volar en un santiamén. Por cierto ¿cómo van las cosas con ella?
-Con viento en popa. Cada día nos llevamos mejor… espero que esto no te moleste, sé que ella fue tu novia y…
-No me molesta para nada, me encanta que puedan ser felices juntas… también me alegra mucho que hayas aceptado tu sexualidad.
-Te juro que si a mí me hubieran dicho que en algún momento de mi vida iba a estar en pareja con una mujer, me hubiera reído mucho.
-Somos dos, yo me río de las vueltas que da la vida cada vez que me voy a la cama con una mujer. Bueno hermosa, me despido de vos. Tengo que regresar al trabajo.
-¿Trabajo?
-Sí, ¿te acordás de Rodrigo? Mi amigo del boliche gay –asintió con su cabeza-, él me dio trabajo como administradora. Recién estoy empezando y es todo un caos, pero al menos tengo con qué ocupar mi cabeza, de lo contrario voy a terminar más loca que mi hermanita.
-¡Qué bueno, me alegro por vos! No tanto por tu hermanita… ¿tan loca está la pobrecita?
-Bastante, pero la extraño horrores. Es una loquita que se hace querer.

Nos despedimos con un cálido abrazo y un beso en la mejilla, a veces me daba un poco de envidia por Lara ya que ella podía acostarse a diario, si así lo quería, con un bomboncito tan rico como Sami; pero al mismo tiempo me alegraba mucho por su felicidad. 



*****


Pasé tres días seguidos trabajando arduamente para encontrar un patrón de lógica a los desequilibrios económicos de Rodrigo; fracasé en el intento pero al menos hice algunos avances. Me percaté de que había algunos cheques de bajos montos que aún estaban sin cobrar, lo mandé a Miguel al banco de forma inmediata y ese poco dinero en efectivo sirvió para disimular un poco y abonar algunos materiales de construcción; eso generó una pantalla de humo ante los ojos del arquitecto y los constructores. No tenían motivos para sospechar que el dinero no estaba y de mi dependía mantener la farsa intacta.

Mientras trabajaba no tenía más motivos para preocuparme que por las finanzas de las discotecas, pero en cuando regresaba a mi casa, la angustia volvía a invadirme. Había hecho un solo intento por hablar con Anabella pero creo que lo único que conseguí fue empeorar las cosas. Insistí con el asunto de Luciano y le dije que ese desgraciado (en realidad usé una palabra un tanto más fuerte) tenía algo en mi contra y que se había acercado a ella con fines de herirme. Ella se enojó mucho conmigo recordándome que yo no era el centro del mundo; le dije que ya me tenía harta con esa frase y que tenía motivos para sospechar todo eso; allí fue cuando ella se enfureció más, me recordó lo bien que la pasaba con Luciano y que se estaban convirtiendo en grandes amigos, hablaban largas horas casi todos los días y ella estaba convencida de que él era un buen hombre, incapaz de dañar a nadie.

Mi distracción era tal que olvidé por completo que Evangelina vendría a visitarme. Cuando escuché sonar el timbre no supe de quién se trataba hasta que atendí utilizando el portero eléctrico. No estaba de ánimo para visitas pero había acordado verla y no podía cancelar la cita a último momento. Subió y en cuanto le abrí la puerta se lanzó sobre mí dándome un gran abrazo, que me hizo pensar que ella tenía veinte años menos de los que realmente cargaba.

-Te extrañé, chiquita –me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Querés tomar algo? –le pregunté con desgano.
-¿Qué te pasa Lucrecia? Estás igual que la noche en la que nos conocimos.
-Igual no… esa noche me sentía mucho peor; pero tampoco puedo decir que me sienta bien ahora. Debería sentirme de maravilla, porque conseguí empleo, pero de todas formas siento un vacío enorme –ella miró alrededor y supuse que asoció mis palabras con la falta de muebles en mi casa- no me refiero a esto –le dije- hablo de un vacío interior.
-¿Pasó algo con…? ya sabés… la chica esa que te arrastra el ala.
-No te ofendas Eva… pero ya tuve que contarle lo que pasó a tanta gente que me siento un disco rayado. Mejor te cuento en otro momento, no es nada trágico, sólo es una cuestión de diferencias de opiniones.
-Está bien, te respeto eso. Cuando tengas ganas de contarme lo que pasó, podés hacerlo. Vine porque quería hablarte sobre algo que te puede venir bien.
-Si es algo positivo, soy toda oídos –le dije mientras la invitaba a sentarse en uno de los almohadones del comedor.

A pesar de su edad, ella era una mujer muy ágil, supuse que había hecho algún deporte en su juventud. Cuando se sentó su pollera se levantó y al separar un poco las piernas me permitió ver su bombacha de encaje blanco y varios pelitos asomando a través de la tela; por extraño que parezca, esto no consiguió excitarme. Me angustié y me atemoricé porque ya estaba creyendo que mi cuerpo volvía a ese antiguo letargo sexual que tuve durante tantos años. No quería volver a ser la vieja Lucrecia, pero esta nueva versión de mí no hacía más que meterme en problemas; tal vez mi inconsciente me estuviera advirtiendo de los riesgos que traía el sexo con mujeres.

-Tengo la solución inmediata para uno de tus tantos problemas –comenzó diciéndome- vos casi no tenés muebles, pero tenés lo más importante, un hermoso y amplio departamento. Cuando yo me separé de mi marido remodelé toda la casa, hice que la dividieran en dos ya que no necesitaba tanto espacio para vivir sola; por lo que dejé de ser la dueña de una gran casa para pasar a ser la dueña de dos casas pequeñas, la segunda está en alquiler y me brinda un ingreso mensual constante.
-Hiciste bien –le comenté-, mi mamá estaría orgullosa de vos.
-Puede ser, pero no vine a hablar de eso puntualmente. El arquitecto que llevó a cabo la obra me sugirió cambiar el estilo de las dos viviendas, él no quería que pareciera una casa antigua sino una vivienda moderna, le di rienda libre hasta que llegó el momento de colocar los muebles. Me pasé años comprando muebles antiguos, algunos son de excelente calidad y casi no se consiguen, por lo que me negué a cambiarlos; al arquitecto no le quedó otra alternativa que adaptar el diseño de la que sería mi casa a los muebles que yo quería conservar, pero acepté que cambiara el amueblamiento de la segunda casa ya que ésta estaría en alquiler y debía ser rentable. Era más conveniente comprar muebles modernos y económicos para que la casa se alquilara con los mismos a un precio razonable, de haber dejado mis muebles antiguos dentro hubiera tenido que cobrar una fortuna de alquiler y tal vez la casa seguiría desocupada. Ahora sí, al meollo de la situación; no quise vender el excedente de muebles y resultó completamente imposible ponerlos todos en mi nueva casa, por lo que me vi obligada a alquilar un depósito para guardarlos y allí están desde ahora. Cuando vi tu casa vacía me di cuenta de que es la situación perfecta para que las dos resolvamos un problema; quiero darte los muebles a vos –estuve a punto de decirle que no tenía dinero para comprarle los muebles pero ella levantó la mano, haciéndome callar en seco-. No te los voy a cobrar –dijo como si hubiera adivinado mis pensamientos- tampoco te los voy a regalar, te conozco hace pocos días y si ya te regalara un montón de muebles antiguos creerías que estoy loca, tal vez lo esté; me encariñé con vos y quiero ayudarte, de la misma forma en que vos me ayudaste a mí. Desde esa noche que pasé con vos ya me siento muchísimo mejor, es como si le hubieras quitado quince años a mi vida –me limité a sonreír para demostrarle cuánto me agradaban sus palabras-. Mi idea es darte los muebles por tiempo indefinido, con esto me ahorraría el alquiler del depósito y vos podrías darle un buen uso, en lugar de que estén guardados allí, juntando polvo.
-Si lo ponés de esa forma, me parece lógico.
-Claro que es lógico. Vos cumplirías el rol de un depósito y mi forma de pagarte sería permitiéndote usar los muebles. Te prometo que si algún día quiero venderlos te voy a avisar con tiempo.
-Te prometo que si algún día tengo dinero, yo misma te los compro.
-Esa también es una buena opción. Podemos hablarlo cuando llegue el momento, por ahora te digo que los días de dormir en el piso quedaron atrás, ya que vas a tener dos camas hermosas; eran las de mis hijos. Vos elegí cuál te gusta más para tu cuarto y la otra podés colocarla en un segundo cuarto de huéspedes. ¡Este departamento es inmenso!
-Lo sé, me puse un poco ambiciosa a la hora de pedirle a mi madre que me regalara uno, pero sólo quería que ella sintiera el precio, por eso escogí el departamento más grande y costoso que encontré en su inmobiliaria. Es una suerte que Tatiana se haya mudado conmigo, de lo contrario me sentiría muy sola. Hasta me angustia ver tanto espacio vacío –recorrí con la mirada la sala en la que nos encontrábamos.
-Allí va a quedar muy bien la mesa y las seis sillas que pienso traerte –dijo señalando un amplio sector desocupado- también vas a poder poner un buen estante con biblioteca contra esta pared –señaló la pared que teníamos más cerca- el resto son pequeñas chucherías, espero que puedas encontrarle una utilidad a todo… ¡Ah! Casi me olvido, entre los muebles también hay algunos cuadros y adornos. Son todos originales, nada de copias.
-Debieron costarte una fortuna.
-Para nada, se lo compré a artistas que recién comenzaban con sus carreras, siempre fui un tanto apostadora. Tal vez hoy en día alguno de esos cuadros valga algo de dinero, pero nunca me puse a averiguar al respecto.
-Permitime que lo haga por vos –le dediqué otra de mis alegres sonrisas-, voy a investigar un poco y si alguno vale más que el lienzo sobre el que está pintado, te aviso.
-Me harías un gran favor, algunos son muy buenos… -se quedó en silencio y me miró fijamente a los ojos- ¿por qué llorás Lucrecia? –la pregunta me llegó como una cachetada.
-Perdón, no me di cuenta… es que… no sé… últimamente estoy muy angustiada.
-¿Por lo de esta chica? La que te gusta…
-Por eso y por muchas cosas más… me acordé de mis padres y eso siempre me pone mal; te pido disculpas Eva, vos viniste con la mejor onda a traerme buenas noticias y yo me deprimo, como una boluda.
-No te preocupes corazón –me dijo acercándose a gatas hasta donde estaba yo- ya se va a solucionar todo –me obsequió un tierno abrazo-. Para que te distraigas un poco, vamos a iniciar la mudanza.
-¿Ahora mismo?
-¿Por qué no? ¿Tenés algo más importante que hacer?
-No, nada.
-Entonces no se habla más.

Me dio la impresión de que Evangelina ya tenía todo planeado, antes de que subamos a su auto habló por teléfono con alguien. Sólo le dijo “Los espero en el depósito” y nos dirigimos directamente hacia ese lugar. Tres hombres con una gran camioneta blanca nos esperaban ante una gran puerta metálica. Eva los saludó uno por uno con besos en la mejilla y yo mantuve la distancia, los tres hombres me observaban de forma extraña, como si yo hubiera salido desnuda a la calle. Me incomodó mucho pero no dije nada al respecto.

Les llevó más o menos media hora vaciar el depósito y cargar todos los muebles en la camioneta, Evangelina fue muy estricta con ellos e hizo hincapié en el cuidado que debían tener a la hora de manipular tan finas piezas. Me quedé asombrada por lo hermosos que eran esos muebles, todos brillaban como si fueran nuevos a pesar de tener varios años, la edad sólo quedaba en evidencia por el estilo de los mismos.

Regresamos juntas a mi departamento y allí nos estaban esperando los muchachos de la mudanza, en mi opinión era una exageración que tuvieran que trasladar todo entre los tres, pero Eva volvió a insistir en que debían prestar mucha atención, especialmente cuando atravesaran puertas, para no rayar la madera; de lo contrario los costos para le reparación saldrían de sus bolsillos. Conocí una nueva faceta en la personalidad de mi nueva amiga, ella parecía ser bastante controladora, o tal vez sólo tenía ganas de divertirse un poco con ellos ya que ocasionalmente la veía sonreír cuando daba una de sus tantas órdenes. Como si subir los muebles hasta mi departamento no hubiera sido suficiente trabajo, pidió a los trabajadores que colocaran cada uno en su lugar; yo les di algunas indicaciones pero de la mayor parte de la decoración se encargó la misma Evangelina, su criterio a la hora de distribuir todo era mucho mejor que el mío, entretanto fue explicándome que ahora no sólo tendría mi propia mesa con sus correspondientes sillas sino que también tendría algunos sillones y una pequeña mesa ratona en el rincón de la amplia sala que estaba destinada a cumplir la función de living y comedor. El mayor cambio lo sufrió mi dormitorio; una hermosa cama con amplio respaldar se colocó en el centro, contra la pared a la derecha de la puerta de entrada. Luego pusieron un par de mesitas de luz de madera oscura y pulida; y por último, una espaciosa cómoda que no sólo me permitiría guardar ropa sino que además me brindaba el lugar propicio para colocar un televisor en el futuro. Ahora mi lista mental de artículos a conseguir había cambiado un poco, la prioridad era comprar un televisor y una nueva computadora, algo que me ayudara a distraerme en las largas horas que pasaba sola dentro de mi casa.

Evangelina pagó a los trabajadores y ellos se despidieron de mí con gran simpatía, mi amiga se apresuró a ahuyentarlos.

-Si no los atormento un poco, no te sacan los ojos de encima –me dijo mientras ponía llave en la puerta.
-¿Por eso les dabas tantas órdenes?
-Sí, desde el primer minuto me di cuenta de la forma en que te miraban y me enojé.
-¿Te pusiste celosa?
-No, para nada. Es que… no sé… vos sos libre de hacer lo que quieras… pero no me gustó cómo te miraron esos tipos…
-Está bien Eva, no tenés por qué aclarar nada, yo tampoco estaba interesada en ellos, me hiciste un favor… mejor dicho, dos. Ahora tengo una casa completamente distinta. ¡Me encanta!
-Tengo que admitir que los muebles encajaron muy bien con el estilo del departamento, a pesar de tener este aspecto tan moderno; el contraste los hace resaltar.
-Lo que más me gusta es la cama.
-Espero que le des un buen uso –me dijo ella mientras nos dirigíamos a mi cuarto.
-Con lo que me está pasando últimamente, no creo.
-¿Por qué lo decís?
-¿Nunca te pasó que no podías concentrarte en la cama? Es decir, una parte de vos quiere tener relaciones, pero hay otra parte que te impide mantener la excitación o la atención sobre la otra persona.
-Estás hablando con una mujer que tuvo un largo y tedioso matrimonio, raro sería que eso no me hubiera pasado –hablábamos mientras poníamos sábanas limpias al colchón que haya habíamos hecho depositar sobre la cama-. Lo que sí me resulta extraño es que te pase a vos, a los veintidós años… siendo soltera. Lo único que debería preocuparte es con quién te vas a acostar después.
-Eso era lo único que me importaba hasta hace poco; este año comencé a tomarme el sexo más a la ligera… y tengo miedo de haberme excedido tanto que ya le perdí interés.
-No creo que sea eso, dudo que en menos de un año de actividad sexual ya le hayas perdido el interés. ¿A qué te referís exactamente con tomártelo más a la ligera?
-A no sentir culpa si lo hacía con una persona que había conocido hace poco tiempo, tal como me pasó con vos. Aclaro que con vos la pasé genial, el problema empezó después… con otra amiga. Con ella ya me había acostado anteriormente y lo habíamos pasado muy bien.
-Se me ocurren dos hipótesis, que están relacionadas una a la otra.
-Te escucho.
-La primera es que estás estresada, eso no lo niegues porque se te nota; te veo agotada, agobiada y deprimida –me limité a asentir con la cabeza-. La segunda hipótesis no la puedo corroborar a no ser que seas franca conmigo. ¿Te gusta mucho experimentar cosas nuevas? Hacerlo con personas diferentes también cuenta.
-Entonces tendría que decir que sí. Desde que mi actividad sexual comenzó a volverse más intensa, lo hice con varias mujeres diferentes, no me pidas que te de la cifra exacta, me da vergüenza; pero sí puedo decir que fueron más de cinco.
-Está bien, con eso me basta. Me imagino que no habrán sido experiencias similares… pucha, que envidia me das. Me hubiera encantado tener tu vida cuando era joven.
-¿Y qué te impide tenerla ahora? –se quedó muda reflexionando sobre mis palabras.
-En eso tenés razón, con vos ya me di un gusto. Me gustaría experimentar con otras mujeres. Tal vez sea cierto que soy lesbiana.
-Creo q hay dos tipos de lesbianas…
-¿Activas y pasivas?
-No, eso me parece un cuento; pero en otro momento te doy mi opinión al respecto. Creo que en el primer tipo de lesbiana entra aquella mujer que es capaz de acostarse con mujeres, disfrutarlo, desearlo y hasta fantasear con esa idea; en cambio no llegaría a sentirse emocionalmente involucrada con una mujer, ni siquiera consideraría la idea de tener una como pareja. Una lesbiana netamente sexual.
-Entiendo.
-El segundo tipo de lesbianas, en mi humilde opinión, sería aquella que busca en otra mujer no sólo el placer físico sino también el confort emocional. Pensaría en otra mujer como una pareja, alguien que quiere tener a su lado; por más o menos tiempo, eso depende de cada caso.
-Tal vez yo sea del primer tipo de lesbianas, no creo que considerara tener a una mujer como pareja, pero sí me acostaría con una… de hecho, ya lo hice –me dedicó una linda sonrisa al mismo tiempo que nos sentábamos en la cama- ¿vos entrarías en el segundo tipo?
-Yo entraría en el tercero.
-Me dijiste que sólo había dos tipos de lesbianas.
-No contradigas mis contradicciones; son mías y me hacen lo que soy.
-Está bien –dijo riéndose- ¿cómo sería el tercer tipo de lesbianas?
-La que es tan estúpida como para amargarse la vida por un amor imposible; básicamente la que se enamora de una mujer heterosexual a pesar de que sabe que nunca va a poder estar con ella, física o emocionalmente.
-Me apena mucho que pienses así.
-Pero es la realidad, Eva. Lo peor de todo es que me cuesta demasiado asumirla.
-Todos tenemos problemas para afrontar la realidad y creeme que angustiarse por eso no ayuda en nada, sólo hace el camino más difícil.
-Parecés un libro de autoayuda, odio los libros de autoayuda.
-Yo también, pero lo que te digo no lo saqué de uno de esos libros, sino de mi experiencia de vida. Concretamente de algo que me pasó hace poco, con vos. Vos fuiste mi vía para afrontar la realidad y me alegra haberlo hecho.
-Gracias, eso me hace sentir muy bien. Lo más difícil para mí no es sólo asumir que a ella no le gustan las mujeres, sino que posiblemente dentro de poco termine involucrada sentimentalmente… o en la cama, con un tipo que es una basura. No quiero que vuelvan a lastimarla; no se lo merece.
-Tal vez algún día encuentres la forma de hacerle ver eso que sentís… o puede que el hombre no sea tan malo como vos pensás –la miré con el ceño fruncido-. Sólo tomalo como una posibilidad Lucrecia; muchas veces pasa que al verlo como tu competencia directa comenzás a detestar todo lo que venga de él cuando en realidad no lo conocés. A mi marido le pasó algo similar cuando yo estuve con ese médico, él se la pasa difamándolo y contando cosas de él que no son ciertas, no lo hace por malo ni porque el médico lo sea, sólo lo hace porque está dolido.
-¿Me querés decir que yo imaginé todo porque estoy dolida? Te recuerdo que a mí me hablaron de ese hombre mucho antes de saber que era amigo de Anabella y ya lo consideraba una mala persona.
-Sólo era una suposición, no quiere decir que tu caso sea exactamente así; mi intención era que analices las cosas con detenimiento, cuando puedas dejar la bronca de lado por un minuto vas a saber cómo resolver las cosas, de lo contrario éstas se te van a ir de las manos.
-Soy muy temperamental, lo admito; pero ese tipo es un hijo de puta acá y en cualquier parte –Evangelina me abrazó con fuerza, lo cual me tranquilizó instantáneamente-. Perdón, me dejo llevar por la ira. No quiero arruinar el tiempo que paso con vos.
-No lo arruinás, ya te considero una amiga, y para eso están las amigas. Creo que nunca entablé una amistad tan rápido como me pasó con vos.
-Es algo que ya me habían dicho.
-Me pone un poco celosa eso, pero no lo discuto. Se nota que tenés facilidad para agradar a la gente.
-Yo no hago nada especial para gradarle a nadie.
-Tal vez sea exactamente por eso, porque sos vos misma. No buscás ser otra persona ni engañar con apariencias.
-¿Aunque me vista como prostituta?
-Eso es sólo vestuario –me dijo soltando una carcajada- lo que tenés adentro no lo podés cambiar ni con una máscara. Además… te veías muy pero muy sexy con esa ropa.
-Gracias, es una lástima que no tenga más conjuntos de ese estilo. La última vez que visité un sex shop sólo compré artículos que pudieran satisfacerme sexualmente pero no compré ningún disfraz o conjunto erótico.
-Qué lástima, con lo mucho que me hubiera gustado verte con algo de eso puesto. Che, ahora me dio curiosidad, ¿qué cosas compraste? Yo no tengo nada de eso.
-¿Nada? Deberías comprarte al menos un consolador, son buenísimos para esas noches de soledad. Te regalaría uno pero ya regalé unos cuantos y me enamoré de los que me quedaron.
-Me asusta que siempre hables en plural cuando te referís a cuestiones sexuales.
-¿Te asusta o te da envidia? –pregunté mientras me acercaba a mi armario para buscar mi caja con juguetes sexuales.
-Me da envidia… la puta madre.

No supe si su exclamación hizo referencia a la envidia o al asombro que le provocó ver el contenido de mi caja de juguetes. Nos pasamos los siguientes minutos analizando el contenido de la misma, ella me hizo muchas preguntas sobre cada uno de los juguetitos e intenté respondérselas lo mejor posible. En ocasiones tuve que emplear descripciones muy gráficas, lo cual me provocó cierto calor en mi zona erógena. Ella asentía y observaba maravillada, al parecer también se le estaba haciendo la boca agua… si es que por “boca” se entiende otra cosa.

-¿Esto es lo que yo estoy pensando? –dijo tomando un paquetito que contenía unas sogas plásticas de color amarillo.
-Eso vino de regalo junto con todo lo que compré… la dueña del Sex Shop me dijo que algún día le iba a agradecer por haberme regalado eso, pero la verdad es que ni siquiera sé para qué usarlas.
-No hay que ser muy perversa para darse cuenta, Lucre. Es para atar a las personas.
-¿Y yo para qué quiero atar a alguien? No quiero violar a nadie… por ahora… -involuntariamente me vino a la mente el hermoso rostro de Anabella, sacudí la cabeza para borrar esos malos pensamientos.
-No es para violar a nadie, la persona que es atada suele estar de acuerdo.
-¿Y vos cómo sabés tanto del tema?
-¿Te acordás que te conté de mi noche en un hotel con ese doctor?
-No me diste detalles.
-Te dije que había hecho cosas locas, que disfruté mucho. Bueno, a esto me refería, específicamente –levantó la bolsita que contenía las sogas y pude leer en ella la palabra Bondage; me sonaba de algún lado-. Tal vez esto sea justamente lo que vos necesitás… podrías hacer esto con alguna de tus… amiguitas.
-No creo que mis amigas les agrade que las aten…
-Eso no lo sabés hasta que lo probás. Yo pensaba lo mismo y me asusté bastante cuando el doctor me ató a la cama, pero la pasé tan bien que volvería a hacerlo, con todo gusto.
-Miralo vos al doctorcito ese… resultó ser bastante degenerado.
-Me conquistó diciéndome e insinuándome barbaridades, fue justamente por eso que me gustó, porque era un degenerado. Era lo que yo necesitaba en ese momento.
-¿Y cómo se usa?
-Eso es lo más interesante, después de haberlo probado me hice un poco aficionada al tema y comencé a buscar información en internet. Hay miles de formas de utilizarlas, la imaginación es el límite. Yo podría enseñarte alguna forma básica… cuando vos estés en la cama con alguna chica linda, le proponés hacerlo. ¿Preferirías estar atada o ser la que ata?
-Si alguien me atara me pondría sumamente incómoda, posiblemente me enojaría. No me gustan esas cosas.
-Entonces serías la que ata. Yo prefiero ser la que lleva las sogas.
-Sos una caja de sorpresas, Eva.
-Caja de sorpresas es la que vos tenés acá… hiciste más cosas locas que yo; sin embargo me alegra de haber hecho una que vos nunca probaste, me hace pensar que no soy la vieja amargada que creía ser.
-¿Vieja amargada? ¿Con la forma en la que te movés en la cama?
-No todos me vieron moverme en la cama –me guiñó un ojo-, y cuando me impiden moverme, también puedo ser bastante salvaje.
-Te sigo la corriente porque te veo entusiasmada. Explicame cómo se usa esto.
-Es muy sencillo, sólo tenés que aprender algunos nudos básicos, luego es cuestión de repetirlos en las distintas extremidades. Hay nudos muy complejos, pero a esos los vamos a dejar para otro momento.
-Está bien.
-Podés atar a la  persona al respaldar de la cama, pero este es tan lindo que si lo arruinás con las sogas, te mato.
-Entonces ¿a dónde voy a atar a la persona para que no se escape?
-A ella misma –me quedé mirándola intrigada-. No es tan difícil. Vos hacé lo que yo te digo.

Abrió la bolsa y arrojó el contenido sobre la cama, a continuación se giró poniéndose de rodillas, dándome la espalda y colocó las manos juntas a la altura de su cola.

-Te voy a enseñar a hacer un brazalete simple. Primero tenés que agarrar una cuerda y doblarla por la mitad… eso es, que quede doble –mientras ella me explicaba yo hacía lo que me pedía-, ahora envolvé una de mis muñecas… así, dale dos vueltas. Ahora agarrá el extremo que te quedó… no Lucrecia, lo hiciste mal, te tenía que quedar la otra punta en la mano; la del medio –ella intentaba ver lo que yo hacía inclinando hacia atrás su cabeza-. Esa parte… donde las dos mitades se unen. Bien, vamos de nuevo… das dos vueltas y después agarrás la punta y la pasás por arriba del brazalete que formaste y después lo hacés pasar por abajo. Eso mismo, ¿ves que podés?
-No me provoques Eva, estoy armada con una soga y tu cuello está muy cerca…
-Confío en que no vas a ahorcarme.
-Más confiaba Jesús, y lo traicionaron.
-Al menos a él lo sujetaron bien de la cruz, a vos se te está complicando un nudo sencillo... y Jesús sabía que lo iban a traicionar.
-Contradecirme no mejora en nada tu situación, Eva. ¿Qué se hace ahora?
-Bueno, prestá atención… ahora tenés que anudarlo, dejando una especie de horca. A ver… sí, así está bien… ¡Auch! Tampoco lo ajustes tanto.
-Menos quejas y más acción… ¿cómo sigo?
-Ahora pasá la cuerda restante a través del agujero que te quedó, como si fuera hilo enhebrado en una aguja, y listo. Ahora sólo tenés que hacer lo mismo con la otra muña. Después podes unir las dos sogas con otro nudo.
-¿No era más fácil hacer todo esto si tenías las manos al frente? –Me miró como si su cerebro se hubiera puesto en blanco- Digo… como no hay que unir las muñecas hasta el final…
-Callate y hacé lo que te dije. Esta vez lo vas a hacer sola, sin ninguna explicación.
-Puedo hacerlo.

Le demostré que así era al realizar un segundo nudo en su otra muñeca, luego las uní, tal y como ella me lo había dicho. Sus manos quedaron juntas y resultaba imposible separarlas.

-Te quedó muy bien, por ser la primera vez.
-Es un nudo, no es física cuántica.
-Ahora podés hacer lo mismo con los tobillos. Hacelo así seguís practicando.
-Está bien.

Obedecí y anudé sus tobillos, sujetándolos firmemente entre sí. Ahora Evangelina estaba parcialmente inmovilizada.

-Me gusta, pero podrías escaparte dando saltitos –le dije.
-No si unís los nudos de los tobillos a los de la muñeca con otra soga. Quedarían los cuatro unidos a un mismo punto y sería imposible moverse.
-A ver si me sale.

En un solo intento logré deducir cómo las sogas podían enhebrarse una a una con otra soga y anudé todo en un solo punto.

-Listo, ahora sos mi prisionera.

Ella hizo fuerza para medir la rigidez de mis nudos y no pudo moverse en absoluto. Me agradó mucho verla atada de esa forma, de rodillas en mi cama, con la cara contra el colchón; era una imagen muy erótica ya que su cola había quedado apuntando al techo y la falda se le había subido bastante. Le acaricié una nalga y espié por debajo de la pollera. Su vagina había quedado firmemente aprisionada por la bombacha y varios pelitos se asomaban a través de la tela y a los lados de la misma. Instintivamente llevé una mano a mi entrepierna y la acaricié por arriba del pantalón. Esto me resultaba más excitante de lo que había previsto. Presioné con dos dedos esa vulva carnosa y pude sentir cómo la humedad atravesaba la delgada tela de la bombacha.

-¡Epa! No te aproveches de mí –me dijo Eva sin mucha convicción.
-Te lo dije, sos mi prisionera; puedo hacer lo que quiera con vos.
-No soy prisionera de nadie, sólo te expliqué cómo hacer unos nudos…
-Te dije que no confiaras en mí… vos también sabías que yo te iba a traicionar.
-No, no lo sabía.
-Eso no es importante ahora –acaricié con un dedo la línea central que dividía su apretada vagina en dos-. Lo que importa es que estás a mi merced.

Comencé a quitarme la ropa hasta quedar completamente desnuda, ella me miró de reojo sin decir una palabra. Acaricié mi cuerpo con ambas manos, dedicando más afecto a mis pechos y a mi sexo, los cuales me inyectaron con pequeñas dosis de placer. En ese preciso instante escuché la puerta del departamento abriéndose. “¡Tatiana!”, pensé. Estuve a punto de cerrar la puerta de mi cuarto pero luego lo pensé mejor. Mi amiga podría divertirse tanto como yo en una situación como esta.

-¿Quién es? –preguntó en voz baja Evangelina.
-Vos no tenés permiso para hablar –este juego parecía divertido y yo me estaba mimetizando con él de forma natural-, no hagas ruido, ya vengo.

Salí del cuarto y me encontré con Tatiana en el comedor, ella estaba admirando los bonitos muebles que ahora ocupaban la sala, en cuanto me escuchó se volteó y pasó a admirar mi desnudez.

-¿De dónde salieron estos muebles?
-Me los prestó una amiga –le dije acercándome a ella de forma sensual, le di un suave y corto beso en los labios al mismo tiempo que acariciaba su entrepierna por arriba del apretado pantalón que llevaba puesto.
-¡Upa! ¿Andas mimosa?
-En realidad estoy jugando, con mi amiga… la de los muebles. Está en mi cuarto.
-Y… ¿yo puedo?
-Sí, podés. Cuando la conozcas te va a encantar. Es Evangelina, te hablé de ella –sólo le había contado a mi amiga que me había acostado con una bonita veterana que se llamaba así.
-Me muero por conocerla.
-Antes te digo que no hagas caso a nada de lo que ella diga. Vos seguime la corriente a mí.
-Está bien… no entiendo nada, pero está bien…

La llevé tomándola de la mano hasta mi dormitorio, se detuvo en seco en cuanto vio el amplio trasero de esa mujer atada en mi cama y la forma en la que su ropa interior le apretaba la vagina.

-Tatiana, te presento a Evangelina. Ella es mi prisionera.
-Excelente… -dijo la morocha con un jadeo- mucho gusto, Evangelina.
-Hola querida, te diría lo mismo si me ayudaras a desatarme –le guiñé un ojo a Tati para que recuerde nuestro convenio.
-Lo siento señora, pero no puedo hacer eso. Mi amiga me lo tiene prohibido… y está desnuda, yo no puedo ir en contra de una linda mujer cuando está desnuda.
-Hablando de eso –dije- ¿no creés que te sobra un poco de ropa, Tati?
-A decir verdad, hace mucho calor como para estar tan abrigada.

No era cierto que hiciera calor, pero cualquier excusa era buena, ella comenzó a quitarse la ropa, le hice señas para que rodeara la cama, de forma que Eva pudiera verla desnudándose. La mujer no apartó la vista de la anatomía de mi amiga ni por un segundo, ni siquiera cuando yo volví a acariciar suavemente su almeja.

-Es más linda de lo que me había imaginado –dijo Tatiana refiriéndose a la mujer atada.
-Gracias… supongo –respondió ésta sin dejar de mirar esa oscura vagina de gruesos labios que había aparecido ante sus ojos.
-Es todavía más linda si la mirás desde acá –le dije a mi amiga señalando la parte trasera de Eva, ella intentó zafarse de las ataduras una vez más, pero no pudo moverse mucho.
-Realmente, se ve hermosa.
-¿Pueden dejar de tratarme como si yo fuera un objeto sexual?
-¿No tenés nada para taparle la boca? –preguntó Tatiana, comencé a reírme ya que me causó mucha gracia la forma en la que ella se adaptó rápidamente al juego.
-Podría buscar algo… pero prefiero escucharla.
-¿Escucharme? Pero si me están ignorando completamente. Ya déjenme salir, no sean tan degeneradas… ¿qué va a pensar tu amiga de mí?
-De verdad está muy linda la veterana –Tati habló dirigiéndose a mí, como si no hubiera escuchado las quejas de Eva.
-Sé lo mucho que te gustan… por eso te traje una, en compensación por lo que pasó el otro día –todavía me sentía mal por mi fracaso en la cama con ella.
-Disculpas aceptadas, vos pagás tus deudas con intereses.

Su mano recorrió la vulva que Eva tenía entre las piernas, la acarició con suavidad y permitió que sus dedos buscaran la línea que la dividía en dos. La bombacha se había metido entre las nalgas de Evangelina y tuve la idea de castigarla un poquito más, estiré la tela hacia arriba, tomándola desde la parte superior, la mujer se quejó y pude ver cómo los labios de su vagina devoraban esa bombachita. Ahora sólo podíamos ver unos gruesos gajos que brillaban por la humedad que los impregnaba.

-¡No me hagan eso! –volvió a quejarse mi prisionera; pero una vez más, la ignoramos.

Subí su pollera tanto como pude, para que tengamos el camino libre, Tati comenzó a jugar con los abultados labios vaginales de Eva y yo me entretuve acariciando esas nalgas que, teniendo en cuenta la edad de la mujer, estaban muy suaves y firmes. Pude ver que Tatiana separaba un poco sus piernas y comenzaba a masturbarse, la morocha tenía una gran capacidad para humedecerse rápidamente. Eso me dio una nueva idea.

-Tati, ¿por qué no le mostrás a nuestra amiga cómo te tocás? Seguramente le agradaría verlo en vivo y en directo en lugar de estar viéndolo en un video.
-Hey, eso es muy personal –se quejó Eva.
-Le muestro, encantada.

Si había una sola que Tatiana no tenía, era vergüenza, en cuestiones sexuales era muy decidida y no titubeaba nunca; tal vez por haberme acostado con ella es que intento comportarme de la misma manera, ella me mostró un modelo a seguir, el cual me fascinó. En cuestión de pocos segundos ella ya estaba posicionada frente a Evangelina, con las piernas abiertas de par en par. Se sentó sobre una almohada y le enseñó a la mujer la almejita en todo su esplendor. Eva intentó levantar la cabeza para ver mejor pero la maniobra se le dificultaba un poco por la posición que las sogas le obligaban a adoptar, de todas formas pudo ver cómo la morena acariciaba y apretaba su clítoris utilizando dos dedos, hacía correr el botoncito sexual entre medio de ellos presionando con intensidad, esto debía producirle mucho placer. Luego comenzó a penetrarse una y otra vez utilizando esos dos dedos, entretanto yo continuaba acariciando la empapada vulva de la prisionera; mis dedos ya estaban cubiertos por sus espesos jugos sexuales. Evangelina ya no luchaba por su libertad; sus movimientos eran productos de los espasmos que le provocaban mis caricias, a veces emitía algún suave quejido, al escucharlo Tatiana aumentaba el ritmo con el cual se daba placer. La que diga que masturbarse en cualquier ocasión es siempre lo mismo, nunca supo qué se siente tener un par de ojos concentrados en tus movimientos y en la forma que lo hacés, yo misma comencé a estimular mi vagina y, si bien ninguna de las dos podía verme, sabía que ellas estaban ahí… me estaba masturbando para ellas.

No toleré más ver a Eva con su bombacha, si bien debía admitir que le quedaba sumamente sexy, yo quería ir más allá. Me levanté y revolví dentro del ropero hasta que encontré una tijera, con ella corté el elástico de la ropa interior.

-¡No! –Gritó Eva- ¡es nueva… y me gusta mucho!
-Lo siento, pero tenía que morir, no hay otra forma de sacarla.
-Podrías haberme desatado.
-Podría… pero no quería.

Terminé de cortar la bombacha hasta que pude sacarla, hecha jirones. La vagina de Eva estaba enrojecida, debido al maltrato al cual había sido sometida, pero la pobre no sabía que esto recién comenzaba. Lamí dos de mis dedos y, sin darle tiempo a reaccionar, los introduje en su agujerito femenino. Los moví dentro, como si estuviera buscando algo que se me perdió, pero en realidad sólo buscaba darle placer; supe que lo estaba consiguiendo por los intensos gemidos que ella emitió mientras cerraba los ojos y bajaba la cabeza involuntariamente.

-Eso sí me gusta –dijo ella-, podés hacerlo todo el tiempo que quieras.
-Lamento decirte que voy a emplear otra cosa… -no se lo dije para llevarle la contra sino porque acababa de recordar algo que tenía guardado en mi caja de juguetes sexuales.

En cuanto tuve puesto el strap-on, me acerqué a ella por detrás, pude ver su colita abierta y apuntando directamente hacia mí. Mientras lubricaba el pene de plástico hice lo mismo en su ano, utilizando la otra mano.

-Que ni se te ocurra meter algo por ahí…
-Eso depende de vos.
-¿Por qué?
-Porque no me gusta que dejes a mi amiga tocándose solita –apunté el glande artificial hacia ese apretado trasero-, si no le das un poquito de placer me voy a enojar… y vas a pagar las consecuencias… por atrás.
-Eso es chantaje.
-Es lo que es… no te olvides que sos mi prisionera, no tenés otra alternativa –empujé un poco hacia adelante, pude ver como el pene de goma se doblaba un poco por la mitad.
-Empujá todo lo que quieras, no va a entrar. Es muy grande.
-Lo voy a hacer entrar, de alguna forma… si es que no empezás a comerte esa conchita que tenés adelante –ni siquiera sabía por qué había dicho esa palabra, pero estaba tan excitada que no me importó.
-Que me disculpe tu amiga… será muy linda, pero no le tengo confianza como para chupársela.
-No se preocupe señora, puede chupar tranquilamente, yo le doy permiso –dijo la morocha abriendo su vagina con dos dedos, mostrando así su interior rosado.
-Ya sólo depende de vos –le recordé mientras volvía a presionar hacia adelante, mi intención no era otra que asustarla un poquito e incentivarla a comerle la almejita a Tati, luego yo pasaría a la acción penetrándola por la vagina.
-Te dije que no va a entrar –refunfuñó-, no lo voy a hacer.

Tatiana tuvo la acertada idea de llevar la mitad inferior de su cuerpo hacia adelante, de esta forma obligó a Eva a apoyar su cabeza en uno de los voluminosos y suaves muslos que le ofrecían. La morocha continuó masturbándose libremente, pero ahora la mujer estaba obligada a mirar toda la escena en un primer plano muy cercano. Aguardé sin hacer ni decir nada, me limité a observar las reacciones de Eva. Ella parecía asombrada por la situación, pero a la vez podía ver el brillo en sus ojos. Le había costado mucho decidirse la vez que chupó mi vagina, seguramente jamás imaginó que pocos días después tendría la oportunidad de chupar otra… una vez más, de una joven desconocida. Su estoicismo se desmoronó en cuanto Tati giró levemente la cadera, poniendo la vagina justo debajo de la boca de Eva. La mujer abrió la boca y dio un intenso chupón al clítoris, estirándolo como si fuera de goma.

-¡Uy, sí! –exclamó Tatiana antes de comenzar a gemir intensamente.

Evangelina continuó chupando, aportando una nueva intensidad a cada chupón que daba, estiró los oscuros y carnosos labios vaginales de Tati hasta el límite y sorbió todo el jugo que los impregnaba.

-¿Lo hago bien? –preguntó la mujer como si de verdad creyera que estaba haciendo mal su trabajo.
-¡Perfecto… perfecto! No pares –la estimuló la morocha.

A continuación la lengua penetró en ese agujerito por el cual salía líquido vaginal, Tatiana tomó la cabeza de Eva entre sus manos y la presionó hacia abajo, luego la soltó sólo para pellizcarse los gruesos pezones y sobar sus grandes tetas. De pronto Evangelina detuvo las lamidas y comenzó a emitir quejidos mientras aplastaba su cara contra la cara interna del muslo de Tati.

-¿Qué pasó? –preguntó ésta con preocupación.
-¡Ay! Me duele….
-¿Qué cosa? –volvió a preguntarle, yo estaba tan desconcertada como ella.
-La cola… se me metió…

No tuvo que decir más, miré hacia abajo y me di cuenta que la mitad del pene plástico se había introducido limpiamente en el ano de Eva, el cual había quedado tan dilatado como el diámetro del juguete lo permitía.

-¡Perdón… no me di cuenta! –Lo dije sinceramente- es lo malo de estos juguetes, una no tiene sensibilidad… -comencé a retroceder lentamente para no lastimarla; ella volvió a soltar un quejido ahogado, el pene apenas se movió de su lugar.
-Despacito…
-No sale –le dije.
-Ay Lucrecia, te tendría que matar por esto.
-Te pido disculpas… de verdad, fue sin querer… yo no creí que… -Eva movió repentinamente su cuerpo hacia atrás, esto provocó que el resto del consolador se enterrara en su cola.
-Y yo que creí que me iba a morir con la cola virgen –dijo luego de haber emitido otro grito de dolor-. Vas a tener que seguir… y más te vale que me guste.
-¿Estás segura? Te va a doler…
-Ya me duele ahora… ¿qué diferencia hay?
-Si seguís se le puede pasar el dolor –me dijo Tati, quien no había perdido el brillo erótico que cargaba siempre en sus ojos.

Obedecí sin chistar, comencé a moverme lentamente, procurando no lastimar a Eva. Poco a poco el falo artificial pudo retroceder; mis caderas ya dominaban a la perfección los movimientos rítmicos que implicaba utilizar un pene y con éstos fue imprimiendo dinámica, la cual Eva supo agradecer volviendo a su excitante tarea. Las lamidas a la vagina de Tati volvieron a ser enérgicas, me causaba mucho morbo ver con qué ganas se la comía y justamente lo más excitante era saber que esta mujer vivió casi toda su vida como una sencilla ama de casa heterosexual, madre y esposa… ahora estaba sometida a ante mis juegos lujuriosos demostrando que no había límite de edad o condición social que impidiera disfrutar ciertos momentos de la vida.

El constante roce del arnés del strap-on contra mi vagina me estaba calentando cada vez más, lo que me llevaba a penetrar más hondo y con más fuerza a la pobre Eva que ahogaba un gemido contra la vagina de Tati cada vez que yo la atacaba. Me encantaba ver cómo se comportaba su colita ante el grueso pene de plástico; eché más lubricante sobre él y comencé a moverme más rápido.

-Dios mío… no imaginé que se sentiría así –dijo Evangelina entre jadeos.
-¿Te gusta? –le pregunté.
-No sé… es muy extraño, se siente raro… como si…
-Como si intentaras sacar algo que entra a la fuerza…
-Sí… exactamente… y te produce una sensación extraña cuando entra.
-Dentro de un ratito vas a amar esa “sensación extraña” –le aseguré.
-¿Puedo ser yo la que la haga amarla? –preguntó Tati.
-Sólo si yo puedo ocupar tu lugar.
-Trato hecho.

Intercambiamos lugares, Eva no emitió comentario alguno, sólo soltó un suspiro cuando saqué del todo el consolador para poder desprenderme el arnés. Tatiana se lo abrochó en cuestión de segundos con gran maestría y yo, con mi conchita humedecida, me senté delante de la mujer separando las piernas. Ella no me hizo esperar ni un segundo, se movió incómoda y su boca se prendió a mi clítoris. Un intenso espasmo me obligó a cerrar de golpe las piernas y comencé a reírme como una idiota, por primera vez en varios días me sentía verdaderamente feliz, esto era justo lo que necesitaba, una experiencia sexual diferente… nueva… como casi todas las que había experimentado, así supe que Evangelina tenía razón en una cosa, a mí me apasionaba el sexo, pero debía aportar cosas nuevas para que la mecánica del sexo lésbico no me aburriera; tal vez esa era la razón por la cual no tenía ningún problema en cambiar de pareja… o tal vez se debía que la persona a la que yo quería como pareja no deseaba estar conmigo… pero no iba a permitir que esos pensamientos negativos me arruinaran el momento.

-Sos muy buena chupando, Eva. Cualquiera diría que te pasaste años lamiendo vaginas.
-Me pasé años fantaseando cómo lamerlas –su voz sonó apagada por hablar tan cerca de mi entrepierna.

Sus gemidos ahogados volvieron a hacerse presentes en cuanto Tatiana la penetró analmente. Ella fue considerablemente más salvaje que yo, se movía como si el pene fuera realmente parte de ella, sujetó a Eva por un hombro y comenzó a montarla como un jinete a su pura sangre. La mujer se vio obligada a dejar mi vagina de lado por unos segundos para poder descargar sus gemidos y gritos, pero éstos ya eran de puro placer, ya que ocasionalmente la escuchaba decir cosas como “Qué bien”; “Se siente de maravilla”; “Me gusta, me gusta”. Sus mejillas se pusieron rojas y me di cuenta de que tenía la cara empapada de sudor, cuando Tati la obligó a levantar su torso, desprendí los botones de su camisa y la despojé del corpiño, liberando así sus pesadas tetas, las cuales comenzaron a sacudirse frenéticamente. Hice una rápida maniobra para acostarme bocarriba y me deslicé debajo del cuerpo de Evangelina en sentido inverso al suyo, de esta forma conseguí llegar hasta su vagina, dejando la mía a escasos centímetros de su boca. La primera lamida que le di me llenó del amargo e intenso sabor del sexo femenino, lo cual me puso como loca, esa mujer estaba sumamente excitada; además, desde esta posición podía ver cómo el pene entraba y salía de su cola deslizándose sin que nada opusiera resistencia alguna.

-Uf… mamita querida… qué bueno está esto –dijo ella dando una lamida a mi vagina entre cada frase- ustedes son espectaculares, chicas. Me alegra haberlas conocido.
-Lo mismo digo señora, no hace ni una hora que la conozco y ya le tengo cariño –aseguró Tatiana sin dejar de moverse- ¿No le gustaría salir conmigo?
-¿Salir? –Eva dejó de lamer súbitamente -¿Salir cómo?
-A pasear… una noche… una cita...
-No lo sé querida… no sé si estoy para esos trotes… imagínate que alguien me viera en la calle con vos… yo no sé qué haría.
-No se preocupe Eva, no era más que una propuesta… sigue en pie, por si cambia de opinión.
-Me siento alagad…. ¡aaaaay! –gritó al mismo tiempo que Tati le propinaba una dura embestida.

Comencé a masturbarme para darle a tiempo a Eva de reponerse del duro castigo al cual estaba siendo sometida, ella no podía bajar la cabeza para chuparme, pero yo sí podía chuparla a ella mientras veía y escuchaba cómo ese consolador parecía tocar fondo dentro de su cuevita trasera. Pocos segundos después una lluvia de jugos bañó mi rostro, Eva gemía descontroladamente, estaba gozando de un intenso orgasmo, lo cual me hizo acabar; sin embargo mi clímax no fue tan enérgico y húmedo como el de ella, pero tuve la oportunidad de lamerle la vagina hasta que ésta emitió el último espasmo.

Luego de esto salí de debajo de Eva y comencé a liberarla de sus ataduras. Éstas estaban tan apretadas que me vi obligada a cortar las sogas con la tijera, lo lamenté ya que eso arruinaba mis planes de atar a otra de mis amigas… sólo hasta que pudiera volver a comprar sogas nuevas. Evangelina masajeó sus articulaciones, éstas habían quedado enrojecidas y amoratadas, pero ella dijo que no nos preocupáramos, que había valido totalmente la pena.

Continuamos nuestra sesión de cama las tres juntas, yo quedé tendida en el medio y Eva quiso devolverme un poco del placer anal que le había brindado, se llenó los dedos de lubricante y clavó dos en mi colita, Tati me besó en la boca y se tendió a mi derecha, con la mano busqué su almejita y empecé a masturbarla, ella hizo lo mismo con la mía. Como no podía permitir que Eva fuera tan sólo una mano más en mis agujeritos, también comencé a tocarla. Ella se mantuvo de rodillas a mi lado y me encantaba ver la cara de placer que ponía mientras nos penetrábamos mutuamente.

Fue cuestión de pocos minutos que las tres nos diéramos por satisfechas, quedamos agotadas y felices. Eva y Tati comenzaron a hablar sobre lo lindo y espontáneo que había sido todo asegurando que ésta era la mejor forma de disfrutar del sexo, cuando no estaba planeado.


*****


Yacía en mi nueva cama, mirando el techo mientras abrazaba a las dos fogosas mujeres que me habían acompañado esta tarde durante el acto sexual, hice una de mis acostumbradas retrospectivas para comparar mi “yo actual” con mi “yo antiguo”; esta vez llegué a preguntarme qué dirían mis padres, mis tías, primas, primos, etc., si supieran que no sólo tenía sexo con mujeres, sino que en ciertas ocasiones lo hacía con más de una, al mismo tiempo. Pasaría a ser, de forma inmediata, la peor persona de mi grupo familiar, eso me hubiera aterrado hasta las lágrimas hace apenas un año y medio o dos; sin embargo ahora me agradaba ser la oveja negra de mi familia, la distinta, la que intentaba disfrutar de su vida a pesar de todas las cosas malas que tenía que sufrir. La vieja Lucrecia se hubiera deprimido tanto que hubiera llegado a pensar con un final poco ético y católicamente incorrecto; pero ahora había recargado fuerzas para seguir luchando contra todas las injusticias que me agobiaban.

-¡Ya sé! –grité sentándome súbitamente en la cama; las dos mujeres me miraron asustadas, creo que las desperté.
-¿Qué sabés? –me preguntó Tatiana.
-Ya sé cómo puedo hacer para que ese infeliz de Luciano Sandoval me deje en paz… y de paso hacer que Anabella lo conozca como es en realidad.


Fin del Capítulo 18.
Continuará...

2 comentarios:

Malena Avalos dijo...

cuando continuará???

PandiiBere dijo...

Si, cuando continuara ???