Aislado Entre Mujeres - Especial Navideño [06]

 

Capítulo 06.


Confesiones de Invierno.





Una vez más el silencio incómodo reina en esta cabaña azotada por una tormenta de nieve. Ya estoy pensando que afuera encontraría un ambiente más cálido.

—¿Qué le pasó a Tefi? —Preguntó Macarena—. ¿Le dijiste algo, Nahuel?
—No, cuando yo la vi ya estaba llorando. Creí que había discutido con alguna de ustedes.
—Cuando salió de acá, se la veía bien —dijo Alicia.
—Quizás sea otro de sus repentinos cambios de humor —aseguré.
—¿Ves mamá? Te lo dije. Tefi tiene trastorno bipolar.
—¿Otra con doble personalidad?
—No, boludo… no se trata de eso —adoptó ese tonito académico que tano me molesta—. El trastorno bipolar se manifiesta con repentinos cambios de humor. Una persona que está contenta, a los diez segundos puede estar triste o enojada… sin ningún motivo aparente.
—Mmm… eso describe bastante bien a Tefi.
—Yo creo que simplemente se enojó y ya está —dijo Alicia—. Dejen de darle tantas vueltas al asunto. Cuando se le pase va a bajar.

Mandy y Alicia hicieron un gran esfuerzo por aparentar normalidad. Retomaron una charla sobre recetas de cocina como si fuera lo más interesante del mundo. Macarena le contaba a Valery sobre sus viajes a la playa, omitiendo los detalles sexuales. Y yo… estaba entre intercambiar miradas incómodas con Elisa y espiar debajo del vestido de Valery. Bastaba conque ella se moviera un poquito para que pudiera verle la raja de la concha, al menos por un segundo.
Cuando Elisa me sorprendió haciendo esto, creí que se iba a enojar. En cambio, me dedico una sonrisa cómplice. Me guiñó un ojo y separó ligeramente las piernas, para que también pudiera ver su concha.

Ataqué la sidra y los sanguchitos de miga como si no hubiera un mañana y de a poco esto empezó a sentirse como un festejo normal de Navidad… hasta que volvió Tefi.

Irrumpió en el living hecha una furia. Con los ojos rojos de tanto llorar, miró a Elisa y dijo:

—Sabía que eras una puta. Encontré esto en el ropero.

Arrojó un puñado de fotos polaroid sobre la mesita ratona. Algunas cayeron al suelo, otras se sumaron a la bandeja de sándwiches. Todas las miradas se centraron en estos pequeños rectánculos con imágenes. Agarré uno y vi una hermosa rubia en cuatro patas, completamente desnuda. No podía ver su cara, la foto tomaba su culo en un primer plano. Había una gruesa verga entrando en su concha.
Enseguida supe que esa no podía ser Elisa, al fin y al cabo hasta hace unos pocos minutos ella era virgen.
Comprobé mis sospechas con la segunda foto que agarré. En esta sí se veía la cara… bueno, más o menos. Porque la tenía cubierta de semen. Sonreía a la cámara, guiñando un ojo, mientras frente a ella posaban tres vergas erectas. Y sí, la similitud con Elisa era enorme, pero bastaba prestar un poquito de atención para…

—Esa no soy yo —dijo Elisa—. Es Valery.

Y por lo pálida que se tornó su piel, supe que era la primera vez que veía estas fotos. Y Mandy revisaba una a una las fotos, con los ojos desencajados. Como si estuviera viendo las primeras imágenes de un ser de otro planeta.

Sin embargo, la reacción que más me conmovió fue la de Valery. Parecía estar en un velorio luego de haber perdido a un ser querido. La viva imagen de la angustia.

La primera en hablar fue Macarena.

—¿Por eso entrabas a nuestro cuarto a cada rato? ¿Querías buscar las fotos?

Valery no respondió, pero estaba claro de que Maca tenía razón. Ahora que lo pienso, ese cuarto rara vez se quedó vacío. Casi siempre estaba una de mis hermanas. Valery no debe haber tenido ni la más mínima oportunidad de sacar estas fotos sin ser vista.

De pronto Mandy dijo algo en alemán. No entendí ni una sola palabra. Deduje que estaba pidiéndole explicaciones a Valery por la forma en que la miraba y el tonito de madre que empleaba. Valery también respondió en alemán, ya con los ojos llenos de lágrimas. Luego sumó Elisa. Me dio la impresión de que intentaba calmar las cosas; pero Mandy la fulminó con la mirada y le dijo en alemán algo que sonó como un “no te metas”.

—Me parece que lo mejor va a ser dejarlas solas durante unos minutos —dijo Alicia—. Vamos a la cocina.

Tefi estaba de pie, mordiéndose el labio inferior. Miró a Valery y dijo:

—Perdón. No miré bien las fotos, no me di cuenta de que eras vos. Esta puta se lo merece —señaló a Elisa—, pero vos no me hiciste nada malo.
—¿Y qué hizo Elisa para merecer algo así? —Ahora era Mandy quien lloraba.
Tefi ni siquiera respondió a esa pregunta.
—No te enojes con ella, mamá —dijo Valery, secándose las lágrimas con el dorso de la mano—. Te ibas a enterar tarde o temprano.
—Pero… ¿qué es todo esto? ¿Quiénes son estos tipos?

Seguí mirando las fotos en silencio y eran realmente buenas, como si se hubieran sacado con la intención de publicarlas en OnlyFans. Varias mostraban a Valery desnuda, en poses muy eróticas: abierta de piernas, en cuatro patas o directamente con algún dildo metido en la concha o en el culo. Pero las más pornográficas la mostraban montando vergas, chupándolas o recibiéndolas por detrás. Había mucho semen en la mayoría de estas fotos, como si Valery tuviera un gusto especial por ser bañada en leche.

—¿Vendés material erótico? —Pregunté, poniendo fin a un silencio incómodo.
—Más o menos… o sea, no es el motivo por el cual hice… eso. Aunque sí saqué las fotos con la intención de venderlas.
—¿Podrías explicarte mejor? —El tono de Elisa era más una súplica que una exigencia.
—¿Qué hay que explicar? Me gusta coger… y mucho.
—Con más de un tipo a la vez, por lo que veo —dijo Macarena con tono neutro—. Hey, que no te lo estoy echando en cara. Yo también cogí con varios tipos a la vez… y me encantó.
—¿En serio? ¿Vos? —Valery parecía desconcertada—. No me imagino a una psicóloga atendiendo pacientes después de ser cogida por varios tipos a la vez.
—Sé que no parece lo más habitual, pero a mí me encanta. Por experiencia te digo que al principio va a ser difícil que tu familia lo entienda; pero si te quieren, te van a respetar y lo van a aceptar.
—Si lo hiciste para disfrutarlo, no te arrepientas de nada —intervino Alicia. Esto sorprendió aún más a Valery, que estaba recibiendo apoyo de las personas menos esperadas—. Yo también tuve experiencias con varios hombres a la vez… —los ojos de las rubias casi se salen de sus cuencas—. Y lo hice muchas veces. Dudo mucho que lo hayas hecho más que yo. Aunque… mi situación era un poco diferente. Yo lo hacía por una necesidad económica… esos años ya quedaron atrás y me duele recordarlos; pero son parte de mi vida.
—¿Eras… prostituta? —Preguntó Valery, con la boca abierta.
—Así es. Durante muchos años esto me traumó mucho, me convirtió en una mujer temerosa y con un desprecio muy grande hacia el sexo. Espero que no te pase lo mismo a vos.

Otra vez silencio, como si la tormenta se hubiera llevado las palabras.

—Están buenísimas las fotos —aseguré—. Estoy seguro de que te iría muy bien con un OnlyFans. Tefi tiene uno y le va genial. Gana mucho dinero.
—¡Ey! —Chilló mi hermana.
—No te quejes, Tefi —dijo Macarena—. Vos expusiste a Valery y creo que ella merece saber a qué te dedicás. Ahora bancatela.
Tefi se puso roja de rabia, pero no dijo nada.
—¿De verdad vendés contenido erótico en internet? —Preguntó Valery.
Como Tefi no respondió, lo hice yo.
—¿Erótico? Más bien diría que pornográfico. El material que vende Tefi es totalmente explícito. ¿Lo querés ver? Creo que es lo correcto, después de lo que te hizo.
—Y tiene el descaro de llamame puta a mí —protestó Elisa.

No la culpo, estaba enojada por lo que Tefi le hizo a su hermana. Aún así, no insistí por ese lado. No quería provocar una batalla campal.

—Emm… como dije, no hice esto pensando solo en el dinero; pero… sí tengo un comprador para las fotos. Paga realmente muy bien, siempre y cuando estén sacadas con una cámara Polaroid. Quiere las fotos en formato físico, para saber que solo él las tiene… y que no están publicadas en internet. Yo jamás subiría contenido como este a internet… ni aunque mi familia estuviera de acuerdo. No podría vivir con un montón de desconocidos viéndome coger. Pero la propuesta de este tipo me gustó. Fotos en formato físico, sin copias. Nada de internet.
—¿Te ofreció mucho dinero? —Quiso saber Elisa.
—Más del que te imaginás.
—Pero… antes de esa propuesta… ¿ya hacías estas cosas?
Silencio. Afuera la tormenta parecía estar arrasando el mundo entero. Sin embargo la tormenta que me daba más miedo era la que se podía desatar aquí dentro.
—Sí, ya las hacía.
—¿Cuándo empezaste con esto? —Elisa continuó con el interrogatorio.
—Poco después de que pasó la pandemia. Me hizo mal estar tanto tiempo encerrada. Me la pasaba mirando porno…
—Esa parte la sabemos —dijo Elisa. Mandy parecía incapaz de hablar, miraba a sus hijas con los ojos bañados en lágrimas—. Si hasta nos hiciste mirar porn con vos… y nos pediste que anduviéramos desnudas por la casa, así nos sentiríamos más libres.
—¿Y lo hicieron? —Preguntó Maca, con un tono pícaro.
—Sí, claro… hasta nos masturbamos las tres juntas mientras mirábamos los videos que elegía Valery.
—Elisa, eso es… un asunto privado —dijo Mandy.
—¿Y qué sentido tiene ocultarlo, mamá? Es obvio que estas personas comparten sus secretos más íntimos. Alicia ni se inmutó cuando Macarena dijo que cogía con muchos tipos a la vez. Así es como debería ser una familia. Nosotras parecemos desconocidas que no se animan a contarse nada. Yo… yo sabía que eras puta, Valery… bastaba con estar atentas a las señales, y a los rumores. Aunque no me imaginé que hubieras llegado a estar con tres tipos a la vez.
—Fueron más de tres.
—Oh…

Ese “Oh” de Elisa fue una mezcla de asombro y admiración.

—¿Cuántos? —Esta vez fue Mandy la que preguntó—. ¿Con cuántos tipos te acostate?
—No son tantos, porque casi siempre son los mismos…
—Pero cuántos de una sola vez.
—Siete.
—¡Ah, bue! —Exclamó Tefi—. Yo venderé contenido por internet… pero a tanto no llego.
—Yo estuve con más de siete —aseguró Macarena—. Después de la pandemia hice un viaje a Brasil con tres amigas. Una ya había participado de esto conmigo, las otras dos no. No sabían nada las pobrecitas. Protestaron un poco al principio; pero al final… se entregaron como nosotras. Fue un viaje hermoso, nos llenaron de pijas en una playa nudista… y en el hotel… y en la casa de un tipo con mucha plata. En fin, nos pasamos todo el viaje cogiendo con varios a la vez. Me encantaría contarte todo, Valery… hasta el más mínimo detalle. Siempre y cuando vos me cuentes de tus aventuras. No hay nada que me caliente más que una mujer rodeada de pijas.
—¿Ni siquiera el incesto?
Nos quedamos todos mudos.
—¿Qué clase de pregunta es esa, Elisa?
—Nada, mamá… era solo eso. Una pregunta.
—Nosotras no hacemos esas cosas ¿está claro?
La acotación de Mandy fue tan gratuita y descolocada que se podría interpretar como una confirmación del hecho.
—Nadie insinuó tal cosa —dijo Alicia—. En cuanto a lo de Valery… no seas tan dura con ella. Sé que no va a ser fácil de asimilar. Me pasó lo mismo con Macarena. Terminé diciendo cosas de las que me arrepiento. Lo mejor es que hables sinceramente con tu hija e intentes entenderla. Además… el sexo grupal es muy morboso. Cuando le vas tomando el gusto, es fácil volverse adicta. Yo empecé a coger con varios tipos a la vez más o menos a su edad… y no podía parar. A veces ni me importaba si me pagaban o no… yo solo quería que me cojan. ¿Te gustó mucho hacer esto?

Alicia mostró una foto en la que Valery estaba recibiendo una doble penetración. Se la veía de espalda y tenía la cara girada hacia la cámara, cubierta de semen… por supuesto. Y una sonrisa encantadora.

—Me encantó —aseguró Valery, con la misma sonrisa de la foto.
—Entonces no hay nada de qué arrepentirse.
—No entiendo cómo podés decirlo así, Valery —intervino su madre—. Con tanta soltura, frente a desconocidos.
—Es más fácil confesar algo cuando otra persona en la sala hizo lo mismo —aseguró Macarena—. Es una cuestión psicológica.
—Puede ser —dijo Valery—. Además… ya no me importa. Necesitaba hablar de esto con alguien… y se iban a enterar tarde o temprano. Vivimos en un pueblo chico donde es difícil tener secretos. Los tipos que me cogen conviven con nosotras…
—¿Quiénes son? —Preguntó Elisa.
—Prefiero no dar nombres; pero… tampoco hay tantas opciones, ¿no? Es más… esto segura de que más de uno de esos ya cogió con mamá. Porque no paran de decirme cosas como “Chupás pija igual que la puta de tu madre” o “A tu mamá también le encanta por el orto”
—¡Wow! —Exclamé—. ¿De verdad te gusta el sexo anal? —Pregunté. Mandy se puso roja, como la figura de Papá Noel colgada en el árbol de navidad—. Dijiste que eso no te gustaba.

Elisa y Valery miraron a su madre.
—¿Y en qué momento hablaste ese tema con Nahuel? —Quiso saber Elisa.
Mandy no respondió. Bajó la cabeza como si con eso pudiera hacer desaparecer la vergüenza que sentía.
—¿Te cogiste a Nahuel? —Valery fue más directa. Esta chica tiene menos sutilezas que el Joker—. Lo sabía. Sos tan puta como yo. A vos también te gusta el sexo grupal, ¿cierto?
—No quiero hablar de eso —dijo Mandy, sin levantar la cabeza.
—Hay rumores… yo quería saber qué habías hecho hace veinte años… y terminé haciendo algunos favores sexuales para averiguarlo. Le chupé la verga a Cristoff, el dueño de la despensa. Él me dijo que vos solías complacerlo de la misma manera, pero ya no lo hacés más. “Es una lástima, con lo buena que es en la cama”. ¿A cuántos te cogiste, mamá?
—¿Por plata? A ninguno.
—Yo tampoco —aseguró Valery—. A todos me los cogí por puro gusto. Hace unos días me surgió la propuesta de vender estas fotos… y me pareció buena idea. Si total, coger ya lo hago gratis… ¿por qué no le puedo sacar una ganancia extra?
—¿De verdad te gusta coger coger con todos esos tipos? —Preguntó Mandy, con dolor en la mirada.
—Sí, mamá… me encanta. Usaba esta cabaña para encontrarme con ellos. Por eso las fotos estaban acá. Creí que no la íbamos a alquilar nunca, con lo mal que anda el negocio. Era el lugar perfecto para esconderlas. Y también para coger.
—Cuando decías que ibas a pasar unos días a la casa de tus amigas…
—Me quedaba acá, cogiendo con cuantos vinieras. A veces dos o tres, otras veces cinco o seis. Siete es mi récord. Me cansé de esconderlo. Soy puta, y me gusta serlo.
—¡Esa es la actitud! —Exclamó Macarena—. Esta chica me cae bien. Creo que vos y yo podemos ser muy buenas amigas.

Mandy se puso de pie y salió del living. La escuchamos subir las escaleras y cerrar la puerta de un portazo. Ahora sé de quién aprendió eso Elisa.

—No te preocupes por tu mamá, Valery —dijo Alicia—. Voy a hablar con ella… y creo que soy la más indicada para hacerlo. Yo pasé por las mismas situaciones. Y también tengo una hija puta.
—¿Una sola? —Preguntó Macarena—. ¿Acaso las otras ya no son tus hijas?
—Hey, que yo no soy ninguna puta —protestó Tefi.
—Vendés fotos porno en internet, nena…
—Pero no me hago coger por siete tipos.
—¿Pero por siete mujeres?
Tefi se quedó muda. Se sentó en el sillón, tambaleándose como si hubiera recibido una trompada en una pelea de boxeo.
—Chicas, no empiecen a pelear, por favor. Tratemos de tener una noche en paz. Voy a hablar con Mandy, ustedes… em… sigan charlando de sus cosas.

Cuando Alicia se marchó, se produjo otro silencio incómodo, como si los temas de conversación se hubiera agotado. Pero yo tenía mil preguntas:

—¿Cómo te animaste? Digo… a hacerlo con tantos a la vez.
—Pasó sin que me diera cuenta. Ya cogía con varios, pero por separado. Hasta que una noche, en una fiesta, me llevaron a un cuarto… yo estaba medio borracha y, bueno… me cogieron toda.
—¿Entre dos? —Preguntó Elisa.
—No, no… entre siete —su hermana pequeña abrió los ojos bien grandes—. Mi primera experiencia con más de un hombre fue directamente con siete. Fue una locura Elisa. La mejor noche de mi vida. No quería que se terminara nunca… por eso unos días después la repetí, acá mismo. Invité a los mismos siete tipos a que me cogieran todo el día; pero esta vez quería estar bien sobria, para disfrutarlo a pleno.
—Me imagino que te la metieron mucho por el culo —dijo Elisa—. Y yo que creía que lo tenías virgen.
—Uf… no, la virginidad del culo la perdí esa noche… siete veces. Cada verga me hizo sentir que me estaban desvirgando otra vez y…

Valery se fijó en mi entrepierna. Yo estaba mirando otra de las fotos de doble penetración y, sin darme cuenta, se me había puesto dura la verga.

—Epa, Nahuel… que pedazo que tenés ahí —me guiñó un ojo—. Aunque, bueno… ya te la vi… y me quedé sorprendida, de verdad. Hay un par de tipos, entre los que me cogen, que tienen la verga como vos. Son mis favoritos, me encanta que me la metan entre los dos… si, son esos, los de la foto que estás mirando. Perdón si me pongo muy directa, es que… no sé… nunca había podido hablar de esto con alguien. Intenté contarle algunas cosas a Elisa, pero a ella le molestó. ¿Estás enojada conmigo por haberme acostado con todos estos tipos?
—Em… no, enojada no. Sí estoy sorprendida. Nunca me molestaron tus anécdotas sexuales, hermana. Quería saber más. Lo que me jodía era que yo no tenía ninguna para contarte.
—Ah, ya veo. Hey, pero no tiene nada de malo ser virgen, ya te lo dije mil veces. Ya llegará el indicado para…
—Ya no soy virgen —dijo Elisa, con una sonrisa picarona.

Valery abrió la boca como si Papá Noel hubiera aparecido en la chimenea. Se lanzó sobre su hermana y la abrazó con fuerza.

—Contame… ¿cuándo pasó? ¿con quién?
—La muy puta se cogió a Nahuel, en la cocina… hace menos de dos horas.
El comentario de Tefi tomó por sorpresa a Valery y a Macarena.
—¿Pasó recién? —Preguntó Valery—. Wow, hermana… pero… pero…
—Ya estaba harta de ser virgen… y Nahuel me pareció un buen candidato. Pero se ve que tiene una hermana muy celosa que lo trata como si fuera la novia.
—¡Yo no soy la novia de nadie!
—Hey, nada de peleas —intervino Maca—. Y es cierto que a veces te portás con Nahuel como si fueras la novia.
—Eso de bañarse juntos es medio raro.
—Ah… ¡pero mirá quién habla de cosas raras! Nos dijiste que Valery te chupó la concha.

El silbido del viento se coló por las rendijas de la ventana.

—¿Les contaste eso? —Preguntó Valery—. Eso es algo muy personal… ¿cómo se te ocurre?
—Perdón, sé que fue una estupidez. Es que los vi bañándose juntos… de una forma un tanto sospechosa. A mí me parece que estos dos hacen más que bañarse juntos.
—¿Y te molestaría si así fuera? —Preguntó Macarena, con tono terapéutico.
—No, para nada. Me daría muchísimo morbo. Me calientan esas cosas. Nunca había cogido con nadie, hasta hoy. Pero sí me gusta mucho leer. Mi lectura favorita son los relatos eróticos que encuentro en internet. Los que más me gustan van de incesto: sexo entre madres e hijos, entre hermanas… o hermanos. Ya que estamos con confesiones… puedo decir que me hago mucho la paja leyendo esas cosas. Nunca había visto algo así en la vida real, más allá de lo que pasó con Valery. Desde el momento en que te vi con la verga de tu hermano en la mano, no puedo dejar de pensar en eso.
—Oh… ¿así que todo lo hacías por puro morbo? —Preguntó Tefi, bajando la guardia. Elisa asintió con la cabeza—. Y yo que pensé que te gustaba mi hermano.
—Me gusta, por eso dejé que me cogiera. Pero más me gusta el morbo.
—No te tenía tan morbosa, hermanita —sonrió Valery—. De haberlo sabido, te hubiera contado antes todas mis anécdotas sexuales, sin filtro. No sé mucho del tema incesto, pero entre los que me cogen hay un padre y su hijo.
—¿Quiénes?
—Marcus, el gerente del banco… y su hijo mayor, Ronnie.
—Uf… Ronnie está re bueno. Y su papá… no está nada mal.
—Así es. Entre ellos no hacen nada, pero me encanta saber que tengo la pija del padre en la concha y la del hijo en el culo. Me da un morbo especial.
—Uy, me encanta eso. Tenés que contarme todo, Valery… absolutamente todo.
—Pará… antes me tenés que decir cómo estuvo tu primera vez. ¿Te gustó?
—Fue un poquito floja. —Ese comentario fue como una patada a mis testículos—. Pero no por culpa de Nahuel. Él lo hizo muy bien. Pero cuando llegó Tefi… se interrumpió todo, justo cuando estaba empezando a disfrutarlo más. Tefi… no creas que esto lo hice para molestarte. Te juro que no sabía que ibas a reaccionar de esa manera. Se nota que tenés un cariño especial por tu hermano.

Otra vez el rumor del viento llenando un silencio incómodo. Dejé la foto de Valery sobre la mesita ratona y tomé mi copa de sidra, solo por hacer algo.

—Bueno, no nos pongamos tan sentimentales —dijo Maca, por fin—. Valery, tu mamá me contó que sos nudista —se puso de pie y comenzó a quitarse la ropa—. A mí también me encanta andar desnuda. Si fuera por mí, no me pondría ropa ni para salir a la calle.
—¡Ay, yo también!

La rubia se puso de pie y se sacó el vestido por encima de la cabeza. Como no tenía nada más, quedó completamente desnuda. Sus tacos altos le estilizaban la figura, y seguramente lo sabía, por eso se los dejó.

—Uf… a mi juego me llamaron —dijo Macarena.

Se lanzó sobre Valery y la besó en la boca. La rubia respondió con el mismo entusiasmo. Juntas cayeron sobre el sillón. Sus lenguas se entrelazaron con obscenidad lésbica. La primera en bajar la mano y empezar a tocar concha fue Macarena. No podía ser de otra manera, a ella le encanta tener el control.
Valery la siguió y quedaron así, besándose y tocándose mutuamente. El resto de nosotros observábamos sin poder apartar la mirada.
No pasó mucho tiempo hasta que Macarena se puso de rodillas en el suelo. Valery separó sus piernas, sabiendo lo que venía… estaba dispuesta y entregada. La lengua de Maca se hundió en su concha perfecta, idéntica a la de Elisa. A mí también me dieron ganas de probarla, pero me quedé en mi asiento. No quería interrumpirlas. Estaban conectadas una a la otra, sabían lo que hacían y por qué. El entendimiento mutuo fue instantáneo. A simple vista no podrían ser más distintas; pero en su vida y en su locura hay muchas similitudes. Se vieron reflejadas la una en la otra.

—¿Te gusta chupar concha? —Preguntó Tefi. Su mal humor se había desvanecido. Ahora miraba atentamente cómo Macarena se la chupaba a Valery.
—No sabría decirlo, la única que probé fue la de mi hermana. Y fue una sola vez.
—Me gustaría ver eso —Tefi mostró media sonrisa. Cuando quiere puede ser muy simpática y convincente.
—Y a mí me gustaría ver cómo le chupás la verga a tu hermano —soltó Elisa—. ¿Te animás a hacerlo?

La propuesta llegó como una bendición del cielo. Aún así, Tefi se manejó con precaución.

—Mmmm…. no sé, me estás pidiendo mucho. Nunca llegamos tan lejos con Nahuel.
—Yo creo que sí.
—Hubo… alguna que otra chupadita rápida…
—Y más de una acabada en la boca —acotó Elisa—. La que vi en el baño no fue la primera.
—Bueno, como dije… a veces ocurren accidentes —me palpitaba la verga al escuchar a Tefi hablando en ese tonito inocentón—. Pero tampoco es algo que ocurra seguido. Hagamos algo: si Valery te la chupa a vos, yo se la chupo a Nahuel.
—¿Qué decís, Valery?
—Ay, no sé Eli… es mucho. Eso fue algo de lo que todavía me arrepiento… mmm… uff… uy, Maca… me estás matando. ¡Qué buena sos en esto! Nunca me habían chupado la concha así.
—Podrías poner en práctica lo que estás aprendiendo con Elisa —le dijo, y volvió a lamer el clítoris.
—Ay, chicas… no me obliguen a portarme mal… porque ya me conozco. Si empiezo después no puedo parar.
—¿Y quién dijo que hay que parar? —Fue irónico que Macarena dijera eso, siendo ella la que más insiste con que Tefi y yo no hagamos nada sexual. Creo que le ganó la calentura.
—Mmm… está bien. Se la voy a chupar a mi hermana… solo porque quiero ver cómo Tefi lo hace con Nahuel.
—Mirá que morbosas resultaron las hermanitas —dijo Macarena.

Se apartó de Valery y Elisa se acercó a su hermana con entusiasmo. No tuvo ningún problema en quitarse el vestido. Quedaron las dos desnudas y hermosas, radiantes. Daban ganas de saltarles encima y hacerles de todo. Pero si algo aprendí conviviendo con mujeres cachondas, es que es mejor tener paciencia. Eso suele dar muy buenos resultados.

Elisa se sentó en el sillón y abrió las piernas. No lucía nerviosa, quizás lo estaba disimulando bien. Se la notaba feliz, como si hubiera estado esperando por este momento durante mucho tiempo.

—Ahora que lo pienso, fuiste la primera en chuparme la concha siendo virgen —comentó Elisa—. y vas a ser la primera en chuparla ahora que ya no soy virgen.
—Y para mí es todo un honor —aseguró Valery haciendo su cabello hacia un lado.

De rodillas frente a su hermana, comenzó a acariciarle la vagina. Luego le hundió los dedos. Elisa cerró los ojos y gimió. Algo me dice que no es la primera vez que se tocan así, y eso me da mucho morbo. Ni siquiera tengo que imaginar lo que estas hermanas habrán hecho, lo puedo ver en vivo y en directo.

Valery no se entretuvo mucho con los toqueteos. Acercó la boca y le dio un suave chupón al clítoris de su hermana. Luego pasó la lengua tres veces. Miró a Elisa y ésta sonrió sin decir nada. Esa fue la señal que Valery estaba esperando. Comenzó a chuparle la concha con una clara actitud lésbica, tal y como Macarena lo había estado haciendo momentos antes.

Me voló la cabeza ver una relación incestuosa fuera de mi familia. Creí que, con todo lo que había pasado en la pandemia, ya no me generaría ningún impacto. Pero sí que lo hizo, la lengua de Valery no solo entró en la concha de su hermana, también lo hizo en algún rincón sensible de mi mente. Un rincón dormido que quiere despertar y descubrir qué hay más allá.

Le hice señas a Tefi y me quité el pantalón rápidamente. Elisa fijó la mirada en mi miembro. Tefi se acercó lentamente, como si estuviera dudando. Debo reconocer que su actuación fue muy convincente.

—¿De verdad lo vas a hacer? —Preguntó Elisa.
—No me gusta romper promesas.

Tefi se arrodilló frente a mí y comenzó a acariciar mi miembro. Se lo tragó hasta la mitad, ante la mirada expectante de Elisa. Tefi empezó a petearme con soltura, ya sin timidez aparente ni titubeos. Esto era una mamada en toda regla, de las mismas que se podían ver en esos videos que vende en OnlyFans.

—Lo sabía… —chilló Elisa—. Sabía que no era la primera vez. Nadie le chupa así la verga a su hermano por primera vez.
—¿Y tu hermana? —Preguntó Macarena—. Se nota que ya tiene experiencia comiendo concha.
—Ya les dije que esto pasó una vez…
—¿Una sola? —Insistió Macarena.
—Sí, una sola. Lo juro.
—Entonces estuvo chupando conchas por ahí. Se la ve muy cómoda haciéndolo.
—Mm… eso es cierto —dijo Elisa—. No lo había pensado. ¿Estuviste chupando concha, Valery?
—No, solo la tuya. De verdad.
—No te creo —le dije. Y consideré que era el momento adecuado para contarle a mis hermanas lo que vi—. Cuando entré a la pieza estabas besándote con tu mamá, mientras las tres se masturbaban. ¿Qué fue todo eso?
—Eh… eso fue… por culpa de Elisa. Ella insistió…
—¡No me eches la culpa a mí! Vos empezaste con el nudismo en casa… y con esa manía de “mirar porno en familia”.
—Sí, pero nunca lo hice con la intención de llegar tan lejos…
—¿Cómo que no? Si hasta me chupaste la concha… no seas incoherente, Valery. Me molesta mucho cuando te ponés así.

Mientras las hermanas discutían, Tefi estaba en su mundo, tragando mi verga una y otra vez, como si nada importara.

—No tengo ganas de discutir por eso, la estamos pasando bien.
—Ya no quiero que me la chupes. Si lo vas a hacer, contá toda la verdad.
—¿Qué parte de la verdad me falta contar?
—No sé. Algo más habrá… y mamá también. Las dos tienen muchos secretos… y yo ya estoy harta de los secretos familiares. Me gustaría vivir en una familia donde no hay que ocultar nada, que se pueda hablar sin filtros sobre cualquier cosa. Creía que estábamos siendo esa familia, cuando empezamos a masturbarnos juntas en la pandemia. Creía que la confianza que estábamos construyendo era especial. Se ve que me equivoqué.

Elisa se puso de pie, y a pesar de que estaba enojada con su hermana, se ve que eso no le quitó la calentura. Me miró con una sonrisa libidinosa y se acercó a mí. Se puso de rodillas al lado de Tefi y miró atentamente cómo ella la chupaba.

—¿Vos también querés? —Preguntó Tefi.
—¿Te vas a poner celosa si yo también la chupo?
—No, porque ahora sé que sos virgen… y que solo querés a mi hermano para tener tus primeras experiencias. Me equivoqué con vos, Elisa. Pensé que eras una putita que se tira arriba de cada pija que ve.
—No, esa es mi hermana. Yo no soy así.

Valery se sentó en el sillón, con los brazos cruzados y la boca fruncida. Para que no se irritara aún más, Macarena se le acercó y comenzó a besarla en el cuello. Apenas unos segundos después y ya se estaban comiendo la boca otra vez.

—Entonces dale, vení… yo te enseño a hacerlo.

Elisa agarró mi verga con timidez. Acercó lentamente su boca y cuando posó sus labios sobre mi glande, retrocedió. Como si mi verga fuera una vara de metal caliente.

—No tengas miedo. Tenés que hacerlo con confianza. Si lo disfrutás vos, él también va a disfrutar.

La rubia asintió con la cabeza y volvió a intentarlo. Esta vez tragó un poquito del glande.

—Tragá tanto como puedas, y empezá a petear con ganas. Mientras más dudas tengas, más te va a costar hacerlo. Desconectá el cerebro por un rato y dejate llevar.
—A Tefi se le da muy bien eso de andar con el cerebro desconectado.

Elisa se rió de mi comentario. Encaró su tercer intento con más entusiasmo. Tragó la verga casi hasta la mitad y empezó a chupar intentando replicar lo que había hecho Tefi. Aún no lo hacía tan bien como ella, pero era efectiva. Eso no se puede dudar.

No podía creer que esa rubia tan hermosa me estuviera comiendo la verga… y que mi hermana estuviera ahí para darle consejos. Pero las lecciones de Tefi no fueron solo de palabra. Ella también siguió chupando. Se fueron turnando entre las dos. Tefi le mostraba cómo hacerlo y Elisa hacía lo posible por imitarla. Entre mamada y mamada, a veces se besaban en la boca. Era muy sensual ver sus lenguas entrelazándose.

Para colmo tenía el espectáculo que estaban brindando Valery y Macarena. Ahora era Maca la que estaba sentada en el sillón, mientras Valery le comía la concha. Y por la forma en que la chupaba, nadie diría que esta es la segunda concha que prueba en su vida. Definitivamente esta chica aún se guarda algunos secretos.

Aunque no tuve mucho tiempo para preguntarme cuáles podrán ser. Elisa ya me estaba haciendo una mamada espectacular. La rubiecita sí que aprendió rápido. Tefi colaboró chupándome los huevos, y así fue cómo acabé…

Entre las dos se encargaron de recibir toda mi leche en la cara y dentro de sus bocas. Me sorprendió que Elisa lo hiciera con tanto entusiasmo. Tragó el semen con mucho gusto y besó a Tefi, en busca de más. Creo que quería tener una buena experiencia con el sexo oral, ya que su primera vez fue interrumpida. Aún así, creo que se merece una revancha… ya se la voy a dar.

En cuanto a la navidad… bueno, no es perfecta; pero ya es la mejor navidad de mi vida. La noche es larga y no tenemos adónde ir. Habrá que buscar una forma de divertirse hasta que salga el sol.


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Comentarios

Nokomi ha dicho que…
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