Relatos Eróticos Nokomi

"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


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domingo, 31 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 17 - Acechadora.

Capítulo 17.



Acechadora.



Lunes 9 de Junio de 2014.

―1―

Lo que hice con Sergio durante la tarde del domingo me ayudó a aplacar los nervios ante mi futura reunión con Samantha. Aún me costaba creer que yo, la Lucrecia que apenas salía de su casa, me hubiera vuelto sexualmente tan activa; y allí estaba, preparándome para perseguir una nueva presa.

jueves, 28 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 16 - Cita para Dos.

Cita Para Dos.


Domingo 8 de Junio de 2014.

― 1 ―

Desde que el domingo comenzó, me sentí apenada al recordar mis encuentros con Anabella, los cuales solían tener lugar en el primer día de la semana. Me agobiaba saber que ya no podría visitarla, ni siquiera llamarla para preguntarle cómo estaba. Esta mujer se había ganado un lugar especial en mi corazón en poco tiempo y de pronto tenía que hacer de cuenta que había dejado de existir. Me había borrado de su vida en tan sólo unos minutos, pero yo no podía borrar a alguien como ella tan fácilmente. Tenía ganas de quedarme en cama durante todo el día esperando a que el domingo terminara de una vez, pero sabía que eso no me ayudaría en nada, de hecho sólo empeoraría las cosas.

miércoles, 27 de marzo de 2019

La MILF más Deseada [04].

Capítulo 4.


Los dedos de Diana exploraron su vagina con soltura, y por su mente desfiló la imagen de la erecta verga de su hijo; quiso apartarla, pero cada vez que ésta aparecía, la invadía una intensa ola de placer. Se miró al espejo. Llevaba puesto el provocativo traje de mucama que la empresa alemana le había mandado, le agradó lo que vio; era un espectáculo de alto nivel erótico. Decidió que ya estaba lo suficientemente caliente como para exhibirse otra vez frente a la cámara, salió del cuarto, con su concha bien empapada.

lunes, 25 de marzo de 2019

Terapia Sexual Intensiva (08).

Mi querido Charly, hoy escribo en tus páginas para contarte que me siento muy mal conmigo misma. Inmediatamente después de lo que pasó con mi hermana me sentí de maravilla y vine corriendo a narrarte todo; sin embargo después se me pasó la calentura, dejando lugar a la culpa. Fue muy feo ir a trabajar en ese estado, no podía concentrarme e incluso hubo clientes que se quejaron de mí; no me extrañaría volver a ocupar el último puesto en ventas, deberé afrontar esa vergüenza una vez más… y una larga charla sobre marketing con mi jefe; eso si es que no me echan a la mierda.

sábado, 23 de marzo de 2019

La MILF más Deseada [03].

Capítulo 3.



-1-


Debido a que ya no tenía un trabajo con un horario fijo a respetar, Diana se levantó alrededor de las diez y media de la mañana; sintió una gran satisfacción ya que hacía mucho tiempo que no dormía hasta la hora que quería.

viernes, 22 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 15 - Amante de Turno.

Amante de Turno.

Sábado 7 de Junio, 2014.

-1-

Llegué a la casa de Tatiana en pocos minutos, ya que no había demasiado tráfico en las avenidas. Era la primera vez que la visitaba, y al llegar tuve una extraña sensación que no logro expresar con palabras, la casa de mi nueva amiga era humilde y necesitaba, con suma urgencia, refacciones.

jueves, 21 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 14 - Los que aman, traicionan.

Los que Aman, Traicionan.

Jueves 29 de Mayo, 2014.

-1-

Pasaron algunos días y me mantuve cerca de Lara todo lo que pude. Hicimos el amor tantas veces como pudimos, ya sea en mi casa o en la suya. Eso fue un alivio para mí, confirmé que estaba enamorada de ella y ya ni siquiera pensaba en Anabella, al menos no tanto como antes. También me alegraba que mi la relación con Lara marchara tan bien.

lunes, 18 de marzo de 2019

La MILF más Deseada [02]


Capítulo 2.

-1-

Diana se alegró mucho cuando su hijo llegó con la noticia de que habían recibido el pago por el segundo pack de fotografías enviadas a la web alemana. Ese mismo día les llegó un paquete con el tercer conjunto de ropa interior que ella debía vestir. En esta ocasión fue rojo y, por el empaque, parecía ser de una marca diferente a los dos anteriores. Diana no se sorprendió al comprobar que el talle no había variado.

domingo, 17 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 13 - La Mujer bajo la Sotana.

Capítulo 13.

La mujer bajo la Sotana.


Domingo 24 de Mayo, 2014.

-1-

A pesar de estar disfrutando a pleno de nuestra relación, Lara y yo no descuidábamos nuestro rendimiento académico. Era una de las metas que nos habíamos puesto, podíamos ser pareja, pero debíamos seguir manteniendo buenas calificaciones en la universidad. Si bien los exámenes parciales comenzaban en junio, como responsables que éramos, comenzamos a estudiar a mediados de mayo. También nos propusimos no distraernos con el sexo mientras estudiábamos; pero esto último fue difícil de cumplir. En más de una ocasión, terminamos desnudas en la cama, chupándonos las almejitas; por eso decidimos estudiar en la biblioteca, allí no podíamos tener relaciones sexuales… siempre y cuando nos quedáramos dentro de la biblioteca. Una vez nos hicimos una escapada al baño de mujeres y nos masturbamos una a la otra dentro de un cubículo. No llegamos al sexo oral, pero sí nos tocamos hasta quedar satisfechas, mientras nos comíamos las bocas a besos.

Venus a la Deriva [Lucrecia] 12 - All I Need.

Capítulo 12.

All I Need.

Lunes 28 de Abril, 2014.

-1-

Mientras caminaba hacia la universidad, comencé a sentir angustia, porque allí vería a Lara y esto supondría un problema. No sabía cómo encararla después de lo que me dijo ¿Si ella me amaba de verdad, cómo afectaría eso nuestra amistad? No puedo negar que ella me agrada, no sólo como amiga, sino también como… ¿amante? No sabía cómo denominarlo. Todo el cúmulo de sentimientos, que decantaban en ella, me haría perder la razón.

viernes, 15 de marzo de 2019

Libres en la Oscuridad [04]

Mientras nadie nos ve.



“Que termine un momento precioso
Y le suceda la vulgaridad...”

Mar Adentro - Héroes del Silencio.



La cama crujía incesantemente ante el peso de las seis personas que se meneaban sobre ella, pero a nadie le preocupaba que ésta fuera a romperse. 
El fogoso 69 iniciado por Marina y Mónica llegó a su fin, sólo para dar lugar a más desenfreno lésbico. La chica punk se sentó entre las piernas de la rubia, permitiendo que los labios vaginales de ambas se besaran mutuamente, luego ella inició un bamboleo de atrás hacia adelante, aumentando la fricción. Al hacer esto no tuvo más remedio que apoyarse contra la espalda de Sara, ya que estaban demasiado cerca. Mónica no tuvo necesidad de ver para entender que su no-tan-inocente cuñada se estaba cogiendo a Jorge, ya que podía sentir cómo la muchacha subía y bajaba, mientras jadeaba. 
Sara se asustó al sentir la presión contra su espalda, pero ese miedo no le impidió continuar moviéndose. No sabía qué estaba ocurriendo detrás suyo, pero sentía a alguien moviéndose casi tan intensamente como ella… y ese alguien tenía tetas. Podía sentir los pechos contra su espalda. Primero pensó en Marina y se acaloró, ya que apenas unos segundos antes esa bella rubia le había dado el primer beso lésbico de su vida. En un momento, antes de que esta chica pudiera posicionarse espalda con espalda,  notó algo extraño en el roce de los pezones… había algo metálico. De pronto cayó en la cuenta de qué se trataba de Mónica, solo ella podía tener el descaro (y el coraje) como para colocarse piercings en los pezones. ¿Qué es lo que haría? La novia de su hermano descubriría, con total seguridad, que ella estaba engañando a Lionel, pero… Mónica también estaba desnuda, y se movía mucho sobre alguien. ¿Sobre quién?
Jorge sintió que, de repente, Sara se volvía más pesada, como si alguien se le hubiera tirado encima. No quiso quedarse con la duda, por lo que sus manos salieron a explorar la oscuridad, mientras la hermana de su mejor amigo subía y bajaba por su verga. Tocó algo suave y tibio, demasiado carnoso como para tratarse de Marina, pero también demasiado femenino como para tratarse de un hombre. La única posibilidad era que fuera Mónica, la novia punk de Javier… la mujer que hubiera sido su amante esa noche, si es que el intercambio de parejas se hubiera llevado a cabo. Pero eso no importaba ahora, algo mucho más interesante que un intercambio estaba ocurriendo, y las probabilidades le decían que aún le quedaban oportunidades de divertirse con Mónica. Sabía que contaba con el permiso de su amigo, por lo que no le importó… así como tampoco le importaba coger a Sara, sin permiso de su novio. No conocía mucho a Lionel, y no podía sentir remordimientos por él. Con una de sus manos se aferró a una de las tetas de Mónica, y descubrió un piercing en ella «La piba tiene estilo», pensó, mientras la sobaba.
Lionel ya estaba entregado, no le importaba nada. Separó sus nalgas con ambas manos y esperó. Javier no lo hizo desear, le demostró que él también estaba decidido a seguir adelante con el asunto. La verga salió del culo del rubio, sólo para hincarse una vez más. Le dolía, pero de a poco ese dolor se iba convirtiendo en placer… en el mayor placer que había sentido en su vida. Colaboró meneando un poco el culo, y ésto incentivó a Javier, quien buscó penetrar más hondo, y lo consiguió. Un gemido escapó de la boca de Lionel, pero a nadie pareció importarle.
Marina, quien ya estaba algo contracturada por su incómoda posición, apartó a Moni; pero para darle a entender que no se había cansado de ella, se puso de rodillas y sus tetas se tocaron. Notó que Jorge le estaba manoseando las tetas a Moni, y por ende a ella también; esto la calentó. Marina se dio cuenta de que Moni estaba espalda con espalda con Sara. Desde su posición, la rubia podía entretenerse con la inexperta muchachita. A tientas buscó las tetas de Sara y empezó a amasarlas, mientras se unía en un potente beso lésbico con Mónica. 
Alguien se movió delante de Lionel. Al principio él no entendió nada, pero al estar en cuatro, con la cabeza casi contra el colchón, pudo sentir un turgente culo contra su cara. No le importó de quién era, sólo sabía que se trataba de una mujer. Mientras Javier empezaba a tomar ritmo, y sus penetraciones se hacían cada vez más profundas, Lionel metió la lengua entre esas nalgas, y empezó a disfrutar de ese hermoso culo. 
Jorge la estaba pasando de maravilla cogiéndose a Sara; pero la reciente aparición de Moni lo hizo desear probar esa concha. No tenía mucho lugar para maniobrar, ya que estaba prácticamente sentado; pero sus brazos eran fuertes. Apoyó las manos contra el respaldo de la cama y empujó, desplazando a todos los demás, hasta que pudo ganar un poco de espacio. Ésto le permitió quedar en una posición un poco más horizontal. Valiéndose una vez más de la fuerza de sus brazos, sujetó a Sara y la levantó, atrayéndola hacia él, hasta que la concha de la chica quedó a la altura de su boca. Comenzó a chuparla con devoción, le encantó poder notar lo dilatada que la había dejado.
Moni disfrutaba de los manoseos que provenían de Jorge, y los besos de Marina. Cuando Jorge empujó, ella se abrazó a la rubia, y su beso se volvió aún más intenso. Un instante después notó que ya no hacía contacto con la espalda de Sara; la chica se había movido. Retrocedió un poco y se encontró con una gran sorpresa… una muy agradable. Se trataba de la verga erecta de Jorge, que estaba libre, como si estuviera esperando por ella. No lo dudó ni un instante, la agarró con una mano y se posicionó sobre ese gran falo. Su concha estaba tan húmeda y dilatada, que la penetración fue suave; pero no por eso menos dolorosa. El peso del cuerpo de Marina sobre el suyo la hizo bajar más fuerte de lo que hubiera querido, y la pija se le enterró casi completa. Soltó un grito de placer, obviamente todos lo escucharon, y a nadie le quedaría duda de que a Mónica le habían metido una buena pija; pero todos fueron lo suficientemente discretos como para no decir nada.
A Sara no le agradaba tener que compartir la pija de su nuevo amante, pero debía admitir que ya le estaba doliendo la concha, con semejantes penetraciones. Las lamidas que le estaba dando Jorge le servirían como un pequeño recreo. Cuando Moni gritó, una ola de placer le recorrió la espina dorsal. Pensó: «¿Viste que buena pija, Moni? Disfrutala… así vos también sabés lo que se siente tener la concha bien llena».
Lionel tenía que admitir que Javier sí sabía coger… y, aunque aún no lo pudiera creer, se lo estaba cogiendo de maravilla. Su culo ya había alcanzado la dilatación óptima, y la verga entraba y salía con soltura. Supo que Javier debía estar lubricándola con saliva, porque sintió su culo cada vez más húmedo. Lentamente comenzó a trepar por la espalda de Marina, y se fue acercando a la rubia, dándole tiempo a Javier a hacer lo mismo.
Javier se dio cuenta de que Lionel quería moverse hacia adelante, por lo que tuvo que sacar momentáneamente su verga, para poder ponerse de rodillas sobre la cama. Ahora Lionel estaba arrodillado, pero con el torso erguido. No le importó, aún podía disfrutar de su culo. Lo penetró tan hondo como pudo, y reanudó el ritmo de la cogida.
Por su parte, Lionel aprovechó la posición para abrazar con fuerza a Marina. 
La rubia no opuso ninguna resistencia, al contrario, pegó más su espalda al pecho de quien sería su amante de turno. Lo ayudó a posicionar su verga, ella estaba deseosa de sentir algo duro dentro de la concha. Lionel no estaba tan bien dotado como su novio, pero el rubio tenía una verga de lo más disfrutable. Ella levantó la cola y la pija se le clavó dentro de la concha. Dejó salir un gemido, medio involuntario, medio a propósito. Bajó un poco su cabeza, hasta quedar a la altura de las tetas de Moni. Una a una empezó a chuparlas.
Moni agradeció el gesto de Marina, que le chuparan las tetas la volvía loca, y más aún si al mismo tiempo le estaban metiendo una verga en la concha. A ella no le importó demasiado disimular. Comenzó a dar saltos sobre la pija de Jorge, disfrutándola al máximo. En sus movimientos a veces se encontraba con la espalda de Sara, y supuso que Jorge debía estar chupándole la concha. Sintió envidia de Jorge, ella también quería saborear esa preciosa rajita. También supuso que Sara debía estar deseosa de volver a montarse sobre esa pija, por lo que intentó disfrutarla al máximo. 
Lionel estaba pasando la mejor noche de su vida, nunca antes había estado tan excitado. Esa rubia, que se estaba cogiendo, no dejaba de gemir con sensualidad, invitándolo a penetrarla con más fuerza. Lo hizo. Lo mejor era que cada vez que retrocedía, para tomar envión, la verga de Javier se le clavaba hasta el fondo del orto; y ésto lo hacía suspirar de gusto. 
Sara dio media vuelta en su lugar, le costó un poco pero cuando Jorge adivinó sus intenciones, la ayudó. Volvió a sentarse sobre la cara de su amante, para que éste siguiera chupándole la concha. Bajó, hasta que su boca quedó más o menos a la altura en la que se debería encontrar la verga. Mónica la estaba montando frenéticamente, pero disminuyó el ritmo en cuanto sintió un par de manos en sus nalgas. Sara aún no sabía muy bien qué era lo que iba a hacer, ella sólo tenía ganas de meterse esa gran pija en la boca; pero con Mónica arriba, no le quedó más alternativa que estirar la lengua y lamer lo que pudo del pene. Tenía un gusto extraño, y no podía deberse otra cosa que no fuera el flujo de la concha de Moni. Ésto la hizo recapacitar, a ella no le gustaban las mujeres… pero el apasionado beso de Marina la había hecho dudar. Contra todo pronóstico, Moni se levantó, liberando la verga de Jorge. De esa forma Sara pudo chuparla durante unos segundos. Estaba muy caliente, quería tragarla tanto como le fuera posible. Lo que no sospechó era que esta recompensa tendría un precio.
Moni le permitió a su cuñada chupar la verga de Jorge, porque desde que todo el desenfreno empezó, ella tenía una fantasía en mente; y ésta era la mejor oportunidad para hacerla realidad. Dejó que Sara se entretuviera con la mamada durante unos segundos, y luego retrocedió, poniendo todo su culo contra la cara de su cuñada. Empezó a frotarse.
Sara no lo podía creer, Mónica le estaba frotando el culo y la concha contra la cara, para colmo ella no podía irse más hacia atrás. Con una mano masturbaba a Jorge y con la otra intentaba apartar las nalgas de Moni; pero ella no cedería. Sara comprendió que para poder liberarse del momento debía dar un importante paso en su vida. Nunca antes lo había hecho, y tal vez sólo había fantaseado con ello en alguna noche de mucho alcohol y calentura. Ahora tenía la calentura, pero su mente no estaba nublada por el alcohol. El olor de la concha de Moni era embriagador, y toda la humedad se transmitía a su propia cara. «¡Uf, qué mojada tiene la concha!, pensó Sara». «Tal vez no sea tan malo… se siente bien». Pegó más su cara contra la concha, si la luz estuviera encendida, todos podrían ver la sonrisa en sus labios. «Ah, ya fué… estoy re jugada». Sacó la lengua y dio la primera lamida a esa rechoncha vagina. 
Moni se detuvo cuando supo que había conseguido su objetivo, permitió a Sara explorar su húmedo agujero con toda la lengua. La chica era inexperta y se le notaba la timidez al momento de lamer, sin embargo el solo hecho de sentir su lengua contra la concha, la ponía a mil. 
Sara intentó replicar todo lo que Jorge le estaba haciendo en su propia concha, ya que lo estaba disfrutando mucho y supuso que para Moni sería igual. Se centró más que nada en el clítoris de su cuñada, le dio suculentos chupones. Luego hizo lo mismo con los labios y metió la lengua por el agujero. «¡Ay, qué bueno está esto!», pensó. Contra todo pronóstico, estaba disfrutando chuparle la concha a una mujer… incluso llegó a preguntarse por qué no lo había hecho antes. Sara estiró la mano, sabiendo que se iba a encontrar con la concha de Marina, quería brindarle placer a ella también. Lo que no se imaginó fue que encontraría una pija entrando y saliendo de ese agujero. Sin dejar de chupársela a Moni, tocó los testículos. Los conoció de inmediato, se trataba de los huevos de Lionel. No le importó que su novio se estuviera cogiendo a la rubia, al contrario, la alivió. Ahora ya no debía sentirse tan culpable por haberse dejado coger por Jorge. A pesar de que estiró los brazos hacia los costados, no encontró señales de su hermano, eso también la tranquilizó mucho. Al parecer Javier había abandonado la cama, incluso podría ser que ni siquiera estuviera en la habitación. Si su hermano no estaba cerca, podía soltarse aún más en el sexo. 
Fue como si todos se hubieran puesto de acuerdo en que querían probar otras cosas, luego de que se entretuvieran durante unos minutos en la complicada posición que habían adoptado, uno a uno empezaron a moverse. El primero fue Javier, quien lo tenía más fácil, ya que sólo debía bajar de la cama, poniéndose de pie. Lionel había disfrutado al máximo de la cogida que le dio su cuñado, pero estaba listo para ir por más. Se apartó de Marina y empezó a buscar, a tientas, a un nuevo amante; fuera hombre o mujer, a esa altura de la noche le daba lo mismo. Marina se movió hacia un costado y se paró junto a la cama, ella también estaba ansiosa por encontrar otra persona con la que pudiera disfrutar del sexo. De preferencia: Sara. 
A Moni le quedó claro que tenía vía libre para moverse en cuanto Marina se apartó. Fue hacia el lado opuesto que la rubia, y se encontró con unas manos tanteando la oscuridad. Eran suaves, pero masculinas. Supo que se trataba de Lionel. No lo dudó, el rubio la calentaba mucho; aunque nunca se lo hubiera confesado a su novio. Agarró a Lionel por los hombros y lo obligó a acostarse boca arriba. Casi de inmediato lo montó y se clavó toda su verga en la concha. Empezó a dar saltitos, que Lionel acompañó con el movimiento de su cuerpo. 
Sara se arrastró por la cama, dio media vuelta, quedando con la cara hacia el respaldar de la cama, se puso en cuatro y empezó a chuparle la pija a Jorge. Ese falo la tenía loca. Pocos segundos más tarde sintió que alguien la tomaba de la cintura y le arrimaba la verga a la concha. Debía ser Lionel, por lo que levantó la cola y se dejó penetrar.
Marina, que sabía perfectamente dónde estaba su novio, estaba ansiosa por sentir esa gran verga en su concha. A tientas llegó al lugar preciso, se montó dándole la espalda a Jorge. 
Sara tuvo que dejar de chupar, para darle lugar a la rubia. Sólo le importó un poco, porque ésta también era la oportunidad para chuparle la concha, y así lo hizo. Se prendió de su clítoris como si fuera una lesbiana experta.
Marina se sorprendió mucho al sentir los chupones que Sara le estaba dando en la concha, no se imaginó que la chica fuera animarse tan rápido. La alentó acariciándole la cabeza, y la respuesta fue inmediata. La lengua jugueteó con su clítoris y le proporcionó grandes olas de placer. La pija de su novio ya se le había clavado completa, y la estaba montando lentamente.
Javier, que ahora sí tenía ganas de probar una concha, buscó a tientas y se encontró con un cuerpo delgado, y un culo respingón. Se alegró mucho, esa no podía ser otra que Marina. Hacía tiempo que tenía ganas de cogerse a esa hermosa rubia. No lo dudó, se mandó para adelante como un amante en celo. La concha ya estaba bien húmeda y dilatada, como si recientemente hubiera sido penetrada. Su pija entró suavemente, y se sintió en la gloria. El interior de esa concha era muy cálido. Empezó a metérsela con fuerza, la quería castigar; quería darle una cogida que no olvidara nunca en su vida.
Lionel se prendió a las tetas de Moni, y empezó a chuparlas en intervalos cortos. La novia de su cuñado era una experta en el sexo, se movía con maestría, cogía mucho mejor que Sara. Nunca le diría esto a su novia, pero sí disfrutaría al máximo de la oportunidad que tenía. 
A Sara le sorprendió la energía con que se la estaba cogiendo quien ella creía que era su novio. Lionel nunca se la había cogido así, se sintió como una perra en celo siendo montada; pero estaba tan caliente que eso, en lugar de desagradarle, la puso aún más cachonda.
Jorge se sentía realizado, en una noche había penetrado tres conchas diferentes. Le gustaría poder decir que su favorita era la de su novia, pero en realidad se había quedado fascinado al coger a Sara. Ya estaba fantaseando con hacerlo de nuevo; pero no de momento, porque ahora tenía a Marina montándolo como una experta, y además Sara le daba una ocasional lamida en los testículos. Estiró su mano derecha y tocó el cuerpo de Moni. Le manoseó las tetas y luego bajó hasta encontrarse con su concha, la cual tenía la verga de Lionel adentro. Jorge tocó todo, no le importó posar su mano sobre un miembro masculino. Él tenía un gran secreto: aquella vez se encontraba mirando un partido de fútbol con uno de sus mejores amigos, habían estado tomando cervezas y ya ninguno de los dos estaba muy sobrio. Daba la casualidad de que cada uno era hincha de uno de los dos equipos, y estuvieron toda la tarde haciéndole comentarios en tono de burla sobre el equipo rival. Se les ocurrió hacer una gran apuesta: aquel cuyo equipo perdiera, le tenía que chupar la verga al otro. A Jorge le pareció una apuesta ridícula; pero como su equipo iba ganando dos a cero, aceptó. Para su sorpresa, su equipo terminó perdiendo cuatro a dos. Se quería matar, no sólo por la bronca futbolística de perder un partido ganado, sino también porque debía pagar la apuesta. Pero él era un hombre de palabra, y no se iba a acobardar. No iba a dejar de ser menos hombre por culpa de una apuesta. Aceptando su destino, se puso de rodillas frente a su amigo, y empezó a chuparle su gran verga. Al principio le dio asco, ya que nunca se le había pasado por la cabeza hacer algo así. Sin embargo al mirar a los ojos de su amigo, se dio cuenta de que éste lo estaba disfrutando. La verga se puso bien dura dentro de su boca, y luego de unos segundos ya no le resultó tan desagradable. Empezó a chuparla con un poco más de ganas, no demasiado; pero sí lo suficiente como para complacer a su amigo. De a poco le empezó a tomar gusto a la verga, y la chupó tal y como su novia se la chupaba a él. Usó todos y cada uno de los pequeños truquitos que aprendió de Marina. Hizo un buen pete y ni siquiera se apartó cuando su amigo eyaculó, se tragó toda la leche. Después de este incidente, ya nunca más habló del tema con su amigo; siguieron viéndose como si nunca hubiera ocurrido. Jorge jamás le contó ese suceso a Marina, ni tampoco le dijo que desde ese día fantaseaba con la idea de chupar otra pija.
Cuando Moni sintió la mano de Jorge explorando su concha, se sorprendió, no porque él la tocara, sino porque se dio cuenta de que el amigo de su novio le estaba agarrando la verga a Lionel. A ella le calentaba mucho la idea de ver a dos hombres cogiendo, y no sospechaba que Jorge tuviera esas inclinaciones. Sólo para ver (o percibir) lo que ocurría, se hizo para atrás. Se acostó boca abajo en la cama y empezó a chupar la verga de Lionel. Supo que los toqueteos de Jorge se volvieron más intensos, y se preguntó hasta dónde llegaría. 
Sara estaba disfrutando tanto de la cogida de su supuesto novio que cuando éste apuntó la pija hacia su culo, no opuso resistencia. Estaba probando cosas nuevas. ¿Qué tenía de malo probar el sexo anal? «Que me hagan el orto, ya fue, pensó». Y su deseo se cumplió: la verga comenzó a penetrarle ese agujero virgen. Le dolió mucho, pero al parecer su amante se percató de esto y retrocedió, sólo para volver a intentarlo. Repitió esta acción varias veces, hasta que el glande entró. Ella tuvo que ahogar un grito de dolor contra la concha de Marina, la cual seguía lamiendo tanto como podía; sin olvidarse de los testículos de Jorge. 
Cuando se dio cuenta de que Moni le había dejado vía libre, Jorge agarró con fuerza la verga de Lionel. Le recordó mucho a la de su amigo, y se moría de ganas de metérsela en la boca. Pero desde su posición le resultaría muy complicado, debía adoptar una pose sumamente incómoda. No le quedó más alternativa que levantar a su novia, para que lo dejara salir. Bajó de la cama y la rodeó lo mejor que pudo. Se golpeó la rodilla contra uno de los bordes, pero se aguantó las ganas de putear. A tientas llegó hasta el gran culo de Moni. Ella le estaba chupando la pija a Lionel, y levantó un poco la cola, ofreciéndose a Jorge. Él no desaprovechó la oportunidad, le metió toda la verga en la concha y se acostó sobre ella; quedando así con la cabeza justo donde estaba la verga de Lionel. Él sabía que Moni había adivinado sus intenciones, incluso lo estaba ayudando. Ella misma sostuvo la verga de Lionel para que Jorge pudiera empezar a chuparla; y así lo hizo. Al principio con cierta timidez, pero cuando recordó lo que hizo aquella primera vez que chupó una pija, empezó a hacerlo cada vez mejor. Tragándola toda y pasándole la lengua a todo el largo. Moni también lamía y chupaba, mientras él le metía su verga en la concha.
Sara se lamentó de que Jorge se fuera, pero eso no le impidió seguir disfrutando. Ahora tenía libre la concha de Marina, y empezó a chuparla toda, con más devoción que antes. La rubia no molestó en disimular sus gemidos de placer, los cuales inundaron toda la pieza. Esto calentó mucho a Sara, no sólo le estaban abriendo el orto a pijazos, sino que además era capaz de brindarle mucho placer a la rubia. 
Javier creyó que los gemidos de Marina se debían a lo que él estaba haciendo, y ésto lo incentivó. Al parecer ella ya tenía el culo bien dispuesto, por lo que empezó a cogerla con cada vez más fuerza. Luego de unas cuantas embestidas, logró meter la pija entera. Él no pretendía parar hasta llenar ese culo de leche.
Por primera vez en su vida, Lionel estaba recibiendo una mamada de dos personas a la vez; no le importaba que una fuera un hombre… se la estaban chupando de maravilla. Lo hicieron tan bien que no pudo contenerse, su verga empezó a escupir grandes chorros de leche.
Mónica y Jorge compartieron el semen de Lionel, lamieron toda la pija y se besaron, para que cada uno pudiera llevarse una buena ración de leche tibia. Como la verga de Lionel se puso flácida, dejaron de chuparla; pero se sorprendieron cuando el rubio dio media vuelta y se puso en cuatro. Entre Mónica y Jorge empezaron a lamerle el culo y los testículos. Jorge sonrió, sin dejar de coger a Moni, ya adivinaba las intenciones de Lionel, y no lo iba a defraudar. 
Sara hizo lo que pudo para darse vuelta, quería acostarse boca arriba. Por suerte sus dos amantes comprendieron sus intenciones, y la liberaron unos segundos. Levantó las piernas, las cuales fueron sujetadas por su amante masculino, él le volvió a meter la pija en el orto, y ella tuvo que estrujar las sábanas y apretar los dientes para no gritar. Pero de haber salido de su boca, hubiera sido un grito de puro placer. Le fascinaba sentir toda la verga dentro de ese orificio.
Marina, que no perdió el tiempo, se sentó en la cara de Sara y empezó a menearse. La chica le chupó la concha y el culo, cada vez lo hacía mejor y eso fascinaba a la rubia.
Jorge fue en busca del siguiente agujero en el que metería la verga. Se posicionó detrás de Lionel, quien aguardaba en cuatro patas, y le clavó la mitad de la pija de una sola embestida. «Este culo no es virgen, pensó». Por alguna razón le calentó saber que Lionel ya se había dejado coger. Como vio que podía exigirlo un poco, empezó un fuerte vaivén, disfrutando de cómo su verga se abría camino dentro de ese agujero. 
Moni, que se había quedado sin nadie que se la cogiera, y sin nada para chupar, no supo qué hacer. Estaba perdida en la oscuridad. Dio la vuelta a la cama, como si estuviera buscando algún sitio por el cual pudiera reincorporarse a la orgía. 
Hubo un parpadeo, como si un relámpago se hubiese metido en la habitación. Súbitamente se hizo la luz, y todos pudieron ser testigos oculares de lo que realmente estaba ocurriendo.

jueves, 14 de marzo de 2019

Libres en la Oscuridad [03]

Con una pequeña ayuda de la oscuridad.


“—What do you see when you turn out the light?
I can't tell you but i know it's mine.

—¿Qué es lo que ves cuando apagas la luz?
—No puedo decírtelo, pero sé que es mío.”

With a Little Help From My Friends –  The Beatles




A Sara no le preocupaba que su novio la tocara, lo que la alteraba era tener a su hermano ya otras tres personas tan cerca. Quería pedirle a su novio que se detuviera, ya que ella conocía su propio cuerpo y sabía perfectamente que tanto manoseo terminaría surtiendo efecto en ella rápidamente. Lionel era el único hombre que sabía cómo ponerla cachonda en poco tiempo… en realidad era el único con el que había estado, por lo que no sabía que tan absoluta sería esa declaración; pero una cosa era segura: Lionel sabía cómo excitarla. Para empeorar su situación, dio un pequeño salto, con la intención de acomodarse en la cama, y terminó cayendo de costado sobre Jorge.

Marina se alejó cuando sintió el peso de Sara en su brazo, mientras la insultaba por dentro. No le caía mal la hermana de Javier pero esta vez había arruinado sus propósitos, justo cuando tenía el pene de su novio a su merced. Jorge amortiguó a Sara, pero siseó de placer cuando sintió que la mano de la chica tocaba su miembro.

—¿¡QUÉ…!? —Sara se quedó con la boca abierta. ¿Por qué Jorge tenía su verga fuera del pantalón? ¡Se estaban tocando! Aunque lo que más le impresionaba era notar lo duro que tenía Jorge su aparato masculino. Por acto reflejo intentó cerrar su mano derecha alrededor de ese pedazo de carne y no consiguió que las puntas de sus dedos se encontraran.

—Por tu bien, chiquita, te recomiendo que saques la mano de ahí antes de que te coj… —Jorge recibió un tirón de pelo por parte de su novia— ¡Auch! —gimió de dolor. Su novia no lo reprendió por celos sino por haberle faltado el respeto a la hermanita de Javier. Él entendió el mensaje.

Sara salió disparada y se abrazó a Lionel en busca de refugio, pero para su sorpresa, el sentir el calor del cuerpo de su novio le produjo un fuerte deseo sexual. Apretó los brazos en torno a él, y lo besó con pasión.

Javier estaba en un mundo ajeno. Había conseguido subir la remera de Moni y ya estaba comiéndole las tetas… amaba esos turgentes pechos, y los piercings que los decoraban. Notaba a Moni muy excitada, aunque ésta no estuviera gritando como solía hacerlo. Para reprimirse ella había optado por morder el hombro de su amante. Refugiados en la oscuridad podían dar rienda suelta a sus perversiones y deseos ignorando a los presentes, o mejor aún, sabiendo que ellos estaban cerca y no podían verlos, pero sí oírlos.

Moni estaba gozando. Amaba que Javier le devorara de esa manera los pezones, aunque su excitación había aumentado cuando imaginó a Lionel y Sara intercambiando parejas con Jorge y Marina. A Moni no le había pasado desapercibida la mirada libidinosa que lanzó Jorge sobre Sara minutos antes de que la luz se apagara. La prepotencia de ese hombre hacia las mujeres hermosas la ponía como loca. Hasta ella había sido víctima de sus indiscretas miradas… saber que él estaba en esa misma cama, a tan pocos metros, haciendo quién sabe qué cosa con su novia, le producía mucho morbo.

Lionel no entendía qué había pasado para que Sara estuviese comiéndole la boca como si fuese una muerta de sed intentando succionar el líquido de su lengua; pero no iba a desaprovechar la oportunidad. Acompañó los besos de su novia con unas tiernas caricias en la espalda. Pocos días atrás, se había dado cuenta que Sara le excitaba mucho que él la agarrara de la cadera con ambas manos y le hiciera sentir su erección. Lo hizo, y ella colaboró acomodándose en el lugar preciso para que el falo erecto la hincara en el centro de sus labios vaginales por encima de la ropa. Al posicionarse extendiendo las piernas, chocó contra otra persona. No le importó. Casi podía sentir el clima sexual en el ambiente, había un hedor dulce y extraño que la embriagaba y la excitaba a tal punto que podía dejar sus prejuicios de lado. Lionel recorría su cuello dejando besos en el camino, acercándose cada vez más a sus pechos, la dulce jovencita deseaba que él las poseyera por lo que tomó su remera por debajo cruzando los brazos, para quitársela. En ese momento se detuvo e intentó pensar con más claridad. ¿De verdad quería que su novio le lamiera las tetas delante de todos? El rubio, como si hubiera advertido el titubeo de su novia, le acarició con suavidad la entrepierna, esto respondió la pregunta de Sara, se quitó la remera de inmediato.

Javier notó que una pierna caía sobre las suyas. No le importó. Moni había comenzado a besar sus tetillas y sólo podía concentrarse en el placentero cosquilleo que esto le producía. Esta mujer había descubierto la mayoría de los secretos que a él lo calentaban de sobremanera. Mientras la lengua de su novia cruzaba por su pecho, una suave tela le cayó en la cara. Por el perfume que ésta traía supo de inmediato que se trataba de la remera de su hermana, estuvo a punto de decirle algo pero no se animó a hablar. Se limitó a sacudir un poco una pierna indicándole a Sara que él había recibido la prenda de vestir. La muchacha captó el mensaje pero en lugar de insultar a su hermano, sólo le dio un leve empujón, dándole a entender que no quería ser molestada.

Ella se quedó disfrutando de las caricias y lamidas que le proporcionaba Lionel en sus “pechos como merengues”, como él solía describirlos. Ya los sentía duros y con los pezones erectos. Quería gemir, pero le daba mucha vergüenza y cada vez le costaba más trabajo contenerse. Si un minuto atrás le hubieran dicho que se animara a dejarse chupar las tetas por su novio, se hubiera enfadado y ofendido; sin embargo aún podía sentir la textura de ese erecto miembro viril entre sus dedos, lo cual la excitaba demasiado. Nunca antes había tocado la verga de otro hombre.

Marina escuchaba atentamente todo lo que ocurría a su alrededor, mientras acariciaba suavemente el pene de Jorge con una mano y su vagina con la otra. Ella siempre tuvo debilidad por el sexo, había hecho cosas locas en su vida, pero nada se comparaba con esta situación. Le calentaba muchísimo saber que había gente a pocos centímetros de ella teniendo encuentros sexuales, estaban tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de sus cuerpos, y los movimientos que hundían el colchón. Estiró las piernas a lo largo, sin dejar de tocarse, y pudo sentir finos dedos acariciando su muslo derecho por arriba del ajustado pantalón. Esa debía ser la mano de una mujer, le provocó mucho saber que podía tratarse de Moni. Si bien no compartía su moda en absoluto, estaba comenzando a reconocer que esa chica era bonita; a su manera. No lo aguantó más, no importaba qué consecuencias pudieran tener sus actos, necesitaba hacerlo, inclinó su cabeza hacia abajo abriendo grande la boca y tragó la verga de su novio hasta donde entró. Nunca había logrado tragarlo completo y eso la provocaba aún más. No pudo evitar que un ronco gemido saliera de su boca cuando la tuvo llena de verga.

Al mismo tiempo que Lionel desabrochaba el pantalón de su novia, ella le arañaba la cabeza, fuerte señal de que estaba disfrutando lo que ocurría. Lentamente metió mano en el pantalón de la chica y acarició su concha, estaba húmeda, sintió el clítoris duro y su pene dio un leve salto de emoción.

Jorge agarró la cabeza de Marina y comenzó a marcarle el ritmo. Su mujer sabía jugar sucio, comenzó a acariciarle las bolas utilizando sus largas uñas. Él tuvo que controlarse para no acabar, nunca había tenido problemas para aguantar los primeros minutos del acto sexual, pero esta vez la situación era muy diferente. Podía oír los gemidos de la hermosa Sara, y su pervertida imaginación intentaba transmitirle todo lo que la chica estaba experimentando a tan poca distancia de él. El dorso de su mano derecha estaba suavemente posado en la espalda desnuda de la chica; lo tentaba mucho poder tocarla, pero tenía miedo que se enojara.

Javier, quien ya estaba hurgando la concha de su novia con los dedos, abrió los ojos como platos al escuchar un bufido proveniente de la zona que ocupaban Marina y Jorge, acompañado por una seguidilla de chasquidos húmedos. Reconoció ese característico sonido, lo había escuchado más de una vez, sólo podía significar una cosa: la rubia se la estaba chupando a Jorge. La situación se estaba descontrolando. Pensó en levantarse y echar a patadas a todos, para que lo dejaran tener sexo con su novia; pero justo en ese momento ella hizo una serie de rápidos movimientos, levantó su pollera y giró en redondo, quedando en cuatro patas sobre la cama, dejando la cola prácticamente contra la cara de su novio. Javier no vio otra alternativa que empezar a lamer frenéticamente la abultada concha de su hermosa novia, disfrutando de ese sabor dulzón y viscoso que él tanto adoraba.

La muchachita punk perdió la cabeza en cuanto sintió las piernas de la hermosa Marina y ésta le permitió acariciarlas. Siempre tuvo inclinaciones lésbicas, y no tenía miedo de admitirlo, pero se sorprendió al ver que la otra chica reaccionaba de buena manera, separando un poco sus piernas. Cuando Moni giró en redondo para que su querido novio le comiera la concha, recostó su pecho en las piernas de la rubia. Al acariciarlas desde arriba hacia abajo con ambas manos se percató de que ella tenía el pantalón desprendido, las lamidas de Javier la llevaron a un clima sexual increíblemente agradable y lo que más le provocaba era sentir el olor a la concha de Marina, la cual estaba a pocos centímetros de su nariz.

—¡Ay amor! —Gimió Moni.

Su exclamación fue casi un susurro, no todos lograron oír qué dijo exactamente; pero todos entendieron que era un gemido de placer. Ella no pudo evitarlo, o mejor dicho, no quiso. Sintió cómo la lengua de Javier entraba en su agujerito rosado, luego raspaba con los dientes la zona de sus labios vaginales, bajando únicamente para encontrarse con su clítoris hinchado, baboso y deseoso de esa boca.

Sara no entendía qué le pasaba a la mujer que estaba gimiendo de aquella manera, en su ingenuidad hasta llegó a pensar que pudiera estar pasándole algo malo; pero los pensamientos se le escaparon de la cabeza. Lionel había comenzado a desnudarla, ella permitió que le quitara los zapatos y las medias pero se resistió un poco a que le quitara el pantalón. Luego supo que estaba actuando como una idiota, ya tenía las tetas al descubierto, y no podía culpar a su novio por querer tenerla completamente desnuda. De todas formas nadie podía verla. Tuvo la idea de irse con Lionel a su propio cuarto, para que pudieran hacer el amor en paz, pero fue consciente de que allí haría mucho frío y el cuarto de su hermano estaba agradablemente cálido. También le causaba cierto morbo y curiosidad saber que estaba actuando de esa manera tan cerca de su propio hermano. Nunca había estado siquiera excitada con Javier en las cercanías. Lionel le quitó la tanga, dejándola como Dios la trajo al mundo, pudo sentir un ardor interno que la hizo gemir de placer. Ella se inclinó hacia atrás buscando apoyo y su cabeza quedó en la parte superior del muslo de Jorge, ninguno de los dos tenía lugar para reubicarse, por lo que se decidió quedarse allí, escuchando lo que ocurría a tan solo centímetros de su cara. Su calentura aumentó cuando llegó a la conclusión de que Marina dirigía una frenética sesión de sexo oral, justo al lado de su propia cara. Su corazón comenzó a latir al mismo ritmo con el cual la rubia mamaba la verga de su novio. Para mayor complacencia, la lengua de Lionel recorrió las plantas de sus pies, algo que a ella le fascinaba. El chico metió uno a uno los suaves dedos del pie de su novia dentro de la boca y los succionó. Luego subió desparramando besos en esas largas y torneadas piernas, hasta llegar al único sitio del cuello para abajo en el que Sara tenía pelitos, justo arriba de esa carnosa vagina que estaba hinchada de gozo. Ella abrió las piernas para su novio rozando con una de ellas uno de los brazos de Moni y las costillas de Javier, quien ocupaba todo el ancho de la cama, a los pies de la misma.

Moni estaba en una cumbre de placer. Javier no había parado de lamer su concha y ahora él estaba abriendo de a poco su culo. La estaba matando, pero lo que más le causaba impaciencia era acariciar, casi como por casualidad, el suave y delicado pubis de Marina. Había luchado todo lo posible contra su tentación, pero ya era momento de ir por más. Perdiendo las sutilezas tiró hacia abajo el ajustado pantalón de la rubia, ésta levantó la cadera, despegando su cola del colchón y permitió que la desnudaran de la cintura para abajo. La chica punk arrojó lejos el pantalón y luego separó esas delgadas piernas. Frenética, fue a buscar lo que tanto deseaba, aún temerosa de que la rubia pudiera molestarse. Sabía que tenía una sola oportunidad, por lo que le brindó una intensa y lenta lamida a esa concha que chorreaba jugos viscosos.

Marina no se molestó en absoluto, a ella no le importaba quién se la chupara, siempre y cuando lo hiciera bien, y esta chica lo estaba haciendo de maravilla. Para dárselo a entender, agarró su cabeza y la hundió más contra su concha.

Mónica comprendió el mensaje de inmediato, aceleró los movimientos de su lengua y luego la hundió en ese pequeño agujero salado, mientras su novio le hacía lo mismo en el culo. El desprecio que había sentido por Marina se había esfumado, en ese intenso momento admitía que ella era la mujer más hermosa a la que le había chupado la concha. Se sentía muy halagada sólo por saber que ella se lo permitía. Mucha gente pagaría fortuna por meter la cabeza entre ese hermoso par de piernas. No le imoportó disimular, el ruido que causaban sus constantes succiones, era inequívoco. Ya todos deberían haberse dado cuenta de que a alguien le estaban chupando la concha.

Marina, además de disfrutar de la habilidosa lengua de Moni, seguía practicando la felación a Jorge. Era adicta a chupar muy bien un buen pedazo de carne. Amaba su sabor, su textura y volver loco a su novio. Amaba arrancarle esos gemidos roncos que él tanto intentaba contener. Toda la situación la calentaba, no sólo por tener a una mujer chupándole la concha, sino porque ya había notado la cercana presencia de Sara y estaba escuchando gemir a esa preciosura. Por su parte, Jorge, se esforzaba por no acabar. Tenía a su querida novia comiéndole la verga con maestría, y del otro lado estaba la divina hermana de Javier, jadeando, gimiendo y retorciendo la cabeza arriba de su muslo. Él acercó una mano al cabello de la joven y comenzó a acariciarlo suavemente, procurando no meterle un dedo en el ojo. Luego palpó esas suaves mejillas, las cejas y esa hermosa nariz respingada. Sonrió al notar que ella tenía la boca abierta. Al parecer no le molestaban los atrevimientos que él se estaba tomando. Debía estar muy excitada por lo que su novio le estuviera haciendo y no le importaba el resto. Por nada del mundo Jorge no dejaría pasar esta oportunidad. Deslizó la mano por el cuello de la chica, siguió hasta localizar un hombro y desde allí calculó la poca distancia que le quedaba por recorrer, lo hizo rápidamente para que ella no tuviera tiempo de responder y se apoderó de uno de esos suculentos pechos. Lo primero que pudo sentir fue la suavidad de la areola de un pezón, y poco a poco fue acariciando cada rincón de esa maravillosa teta.

Sara no podía creer lo que estaba ocurriendo, no sólo estaba recibiendo una buena chupada por parte de su novio, sino que además se estaba dejando tocar por el amigo de su hermano. Éste había comenzado a hacerlo con suavidad, pero ahora apretaba su seno con tanta fuerza y rudeza, que le dolía; sin embargo no se atrevía a pedirle que se apartara. Estaba sumamente excitada, y cada vez que giraba su cara hacia la derecha, podía encontrarse con la de Marina, quien estaba practicando una de las mejores mamadas de su vida. El entusiasmo que ponía la rubia enturbió la mente de Sara, comenzó a imaginar cómo esa hermosa boca engullía un pene erecto hasta llenarse. Ella se la había chupado a Lionel varias veces, y lo había disfrutado, pero nunca había probado otro pene, y mucho menos de la manera en que lo hacía esa chica. Estaba tan cerca…. Debía estar tan firme, tan duro, tan erecto... Lo imaginaba venoso, húmedo, largo, ancho, masculino… No aguantó más, no le importó nada, giró la cabeza y pasó su lengua contra lo primero que encontró, lo cual supo que era la base y los testículos de esa verga.

Jorge se sintió en la gloria e indicó, con un leve toque a su novia, que se apartara un momento. La segunda lamida de Sara fue más arriba, en el centro del tronco. Estaba delicioso, cubierto por la saliva de Marina. Llevó su lengua hacia arriba lentamente creyendo que nunca encontraría el final de esa larga verga, pero cuando lamió el glande se llenó de entusiasmo. Le estaban dejando vía libre. Un doloroso pellizco en su pezón le indicó que Jorge esperaba lo mejor de ella, y refugiada por la oscuridad, rogando que ni su novio ni su hermano se enterasen nunca de esto, engulló el pene, sólo para darse cuenta de que era considerablemente más ancho y grande que el de Lionel. Ella podía tragar todo el miembro de su novio, pero con éste no pudo pasar de la mitad; aunque la posición no la favorecía. De todas formas quería demostrar que ella, a pesar de su poca experiencia, también podía hacer un buen pete, por lo que se acomodó lo mejor que pudo e inició el característico movimiento con el cuello, de arriba abajo.

Javier no se cansaría nunca de chupar la jugosa concha de su novia o su voluminoso culo, pero estaba sintiéndose muy incómodo, ya que el pantalón le apretaba la verga, la cual estaba tan dura que temía que le estallara allí dentro. Moviéndose como pudo fue quitándose la ropa que llevaba puesta de la cintura para abajo y cuando quedó en completa libertad, agarró su pene con una mano, sintiendo un alivio placentero. Algo lo rozó, supuso que se trataba de Lionel, quien estaría haciéndole algo a su hermanita. No le importaba que el rubio se cogiera a Sara allí mismo, siempre y cuando lo hiciera como ella lo merece. Él tenía la impresión de que su hermana era una puta amante de la verga, no sabía que sus pocas experiencias sexuales habían sido con Lionel, él sospechaba que ella lo engañaba con cuanto tipo se le cruzara, y hoy sus sospechas no estaban tan erradas; aunque Javier no lo sabía.

Sara estaba atragantándose con la verga de Jorge, mientras el afortunado recibía también lamidas de Marina en la zona de sus testículos. Nunca había puesto tanto empeño en realizarle sexo oral a su novio, pero había algo tremendamente excitante en este pene… o tal vez se debía a la situación. La muchacha bajó con su lengua por todo el largo del tronco mientras lo aferraba firmemente con una mano, cuando llegó a la base no se encontró con el par de testículos que estaba esperando, sino con una lengua juguetona que rápidamente se coló en su boca.

Apenas Marina sintió la carnosa boca de la hermana de Javier a pocos milímetros de la suya, se apresuró a besarla. La chica intentó resistirse, pero la rubia fue insistente y le sostuvo la cabeza para que sus bocas se unieran en una mientras el duro pene de Jorge les rozaba la mejilla. Marina nunca había sentido un placer tan grande, tenía a alguien comiéndole la concha vorazmente, y no le importaba en lo más mínimo que su cuerpo estuviera contorsionado en una posición bastante incómoda; quería aprovechar todo lo que pudiera atrapar en la oscuridad.

Sara sintió una vergüenza enorme, no sólo por permitirse actuar de esa forma sino también porque era consciente de que estaba besando a una mujer, la novia del sujeto al cual acababa de chuparle la verga. Ella nunca actuaba así, hubo ocasiones en las que se había calentado mucho en la cama con Lionel, pero siempre había sido sexo sano y tradicional. Tenía el miembro de un hombre al que apenas conocía, en una mano, con la lengua de una mujer dentro de la boca y a su novio chupándole la vagina con presteza. Cayó en la cuenta de que estaba participando en una orgía, sintió asco de sí misma, pero no podía hacer nada para detenerse. Su cuerpo no le respondía y le pedía cada vez más. Extrañamente, lo que más la calentaba, era saber que la oscuridad la ocultaba, y que su hermano estaba en la misma cama, posiblemente manteniendo relaciones con su novia; ya que escuchaba gemidos y jadeos provenientes de esa zona.

Lionel se había decido por desnudarse y comenzar a hacerle el amor a su novia, aunque eso consistía en penetrarla fuerte y profundamente, como a ellos le gustaba. Para él era “coger”, pero Sara se empecinaba en llamarlo: “hacer el amor”. El chico no contaba con que luego de ponerse de pie para desnudarse, quedaría solo y pedido en medio de la oscuridad, como un náufrago en medio del vasto océano. Se desorientó durante un par de segundos. Encontró la cama porque siguió el ruido de los jadeos, le gustaba imaginar que eso ya era un desenfreno total, tres parejas manteniendo relaciones en la misma cama… tres en el caso de que él pudiera volver a hallar a su novia. Trepó al colchón y comenzó a tantear, acarició una pierna suave, supuso que era la de Sara y cuando siguió el recorrido del muslo y llegó a tocar una húmeda vagina supo de forma inmediata que alguien estaba lamiéndola. ¿Acaso alguien le estaba chupando la concha a su novia? Para nada, extrañamente eso lo calentaba aún más.

Jorge no podía más, si seguían de esa manera iba a explotar y realmente no quería, necesitaba disfrutar de esos cuerpos. Las muy putas sabían cómo jugar sucio con su boca, y lo estaban volviendo loco. Apartó bruscamente a la que suponía que era Marina; luego agarró de las axilas a la otra chica, quien ya tenía por enésima vez su verga tocando la campanilla, y la alzó hasta colocarla sobre él. Lo primero que hizo fue besarla; probar esos labios que antes habían degustado su pene, el cual estaba tan duro que creía poder clavar un clavo en una madera sin sentir dolor alguno. Fue bajando y marcando besos a lo largo de ese suave cuello hasta llegar a un par de tetas que (Marina lo perdone) eran una exquisitez. Sintió esos pezones tan duros y erectos que estuvo a punto de acabar de la emoción. Los mordió, los lamió y los succionó, mientras Sara le tiraba de los pelos y frotaba su vagina contra ese glande duro como el casco de un soldado.

Marina presintió que Jorge quería jugar un rato a solas con la hermana de Javier; a ella no le importó mucho, porque ya tenía con qué entretenerse. Mónica le estaba invadiendo el clítoris y cada rincón de su concha y, para colmo, podía sentir otra mano curiosa y desconocida explorándole el sexo al mismo tiempo. Con cada vez que esa lengua se movía hacia su agujero rosa, sus espasmos se volvían más fuertes y largos. Deseosa de transmitirle a esa persona la emoción que sentía, comenzó a revolverle el cabello y a estimularla presionándole la cabeza hacia abajo. La mano del desconocido se apartó tan rápido como había llegado pero la lengua seguía allí.

Al tener el cabello tan corto, Moni, podía sentir cómo esas uñas arañaban su cabeza intensamente, tenía la sensación de que le estaban marcando el cuero cabelludo. Las manos de la rubia bajaron hasta sus tetas, y allí se detuvieron. Poco después comenzaron a pellizcarle los pezones y arañar la superficie de los mismos. Su novio había dejado de chuparle la concha, pero estaba tan entretenida devorando la exquisita concha de esa angelical rubia, que le importó muy poco lo que Javier planeara hacer; con quien quisiera. Casi se mea de la emoción cuando escuchó a Marina gemir suave pero de forma continua. Las dos se estaban volviendo locas; Moni comenzó a penetrarla fuertemente con dos de sus dedos, sin dejar de darle chupones en el clítoris.

Javier se apartó unos segundos para desnudarse completamente, al regresar a la cama quedó desconcertado. «¿Qué está haciendo Moni?», pensó. Lo único que escuchaba eran gemidos de mujeres y hombres, cuchicheos y ruidos tanto de lamidas como de besos y de cuerpos chocando. Comenzó a buscar a tientas a su novia aferrando su dura verga con una mano todo el tiempo. Cuando tocó su culo se dio cuenta de que ella estaba en cuatro, aguardando por él; no dudó en abalanzarse y meterle su estaca en el primer orificio que encontrara a su paso. Humedeció la punta de su verga con saliva y fue a chocar directamente contra el culo. «Qué raro —pensó— normalmente es muy fácil metérsela por el culo; pero ahora lo tiene muy cerrado. Tal vez sólo necesite algo de estimulación extra». Decidió acariciar su clítoris.

Marina gozó con la invasión a su vagina. No dudó en agarrar ese cuerpo poseedor de esas grandes tetas; valiéndose de señas corporales indicó a la chica que la quería arriba, Moni entendió perfectamente y en cuestión de segundos se movieron en la oscuridad para formar un 69 perfecto. Mónica no podía creerlo, la chica de verdad le iba a devolver el favor, se lanzó contra su concha una vez más, y aguardó hasta que sintió que la lengua de Marina pudo encontrar la suya. Comenzó a sacudir su cuerpo en el afán de reprimir sus gemidos. Lo que más le excitaba de todo esto era saber que junto a ella podría estar pasando algo similar. Hasta fantaseó con la idea de que pronto Javier la descubriría y penetraría a Marina.

Sara deseaba que de una vez esa terrible estaca la penetrara; pero el sujeto jugaba con ella. Eso la hizo dudar, tal vez él fuera consciente de que todo esto era una locura total. Ella no podía estar engañando a su querido novio estando la misma habitación… en la misma cama ¿en qué momento había llegado a semejante punto? Se estremecía al sentir la rigidez de ese pene y la asustaba pensar que su pequeña e inexperta rajita no fuera capaz de contenerlo toda. Pero otro sector de su mente viajaba en la dirección opuesta, esa parte se estaba cansando de los mimos y besos; quería acción, quería que esa verga la abriera al medio y la invadiera; quería sentirla hasta la garganta, si fuera posible. No pudo luchar más contra la tentación, estaba tan cerca, su concha se abría de puro deseo, agarró esa gruesa verga con una mano y bajó. El dolor y el ardor que le provocó la penetración la obligó a buscar refugio en los macizos hombros de Jorge y tuvo que clavar sus dientes allí, para no gritar.

Lionel comprendió avergonzado que la vagina que había tocado no era la de su querida Sara, de haber tenido luz para verse al espejo hubiera visto a un chico rubio con las mejillas rojas como dos tomates. De todas formas le había quedado esa rica sensación en los dedos, los cuales olfateó de forma automática, esa chica estaba en celo y creyó reconocer el olor dulzón que desprendía Marina. Nunca había tocado a otra mujer que no fuera su novia y, a pesar de haberlo disfrutado, retomó la búsqueda de Sara. Gateó despacio por la cama, sabiendo que no podía estirar las manos hacia cualquier lugar, ya que podría tocar otra vez a la persona equivocada y ésta podría enojarse con él. Tanteó las cercanías sin atreverse a ir más lejos y sólo pudo tocar una pierna velluda y un trasero blando y carnoso, que no se asemejaba al de su novia. Frustrado se inclinó hacia su derecha para buscar algo de ropa debajo de la cama; casi de inmediato sintió unas manos acariciando su cola. «Volviste pendeja» pensó, hasta que algo rígido y húmedo se coló con gran velocidad entre sus nalgas e impactó directamente con el agujero de su culo. Lanzó un leve quejido por la sorpresa, pero a la vez experimentó un placer tan grande que hizo que se quedara allí, sumiso ante la situación. De pronto, la mano del que lo invadía, comenzó a toquetearlo, como si buscara su verga, cuando Lionel sintió esos dedos moviéndose ligeramente entre sus testículos se estremeció de gusto; esta nueva sensación activó un instinto sexual dormido, y en cuanto tuvo la sospecha de que el invasor retrocedería, él se apresuró a hacer lo mismo. Ese movimiento provocó que la verga erecta penetrara dolorosa, pero placenteramente, dentro de su culo. Gozó al sentir la forzada dilatación y la forma en la que el glande se habría camino hacia el interior, no fue una penetración profunda pero bastó para dejar en claro sus intenciones. No estaba pensando en lo que hacía, actuaba por puro instinto; pero sabía que él necesitaba más que eso. Era un secreto que no se animaba a contarle a Sara, hacía tiempo que fantaseaba con la idea de que algo irrumpiera en su culo; aunque fuera uno de los finos dedos de su novia. No sabía si era homosexual o no, pero no podía negar que ésta primera experiencia lo estaba volviendo loco.

Javier estaba más confundido que nunca, ¿En dónde carajo estaba metiendo su verga? Lo único que sabía con certeza es que no se trataba del culo de su novia, ya que ella no lo tenía tan apretado. En cuanto supo que no había una vagina escondida entre esas piernas, se sintió sumamente raro. ¡Estaba tocando una verga que no era la de él! Por alguna extraña razón, esto logró excitarlo mucho, incluso más de lo que hubiera sido si el culo perteneciera a Moni, tal como él lo esperaba. Lo que más lo desconcertó fue que el muchacho no se enojó ni se apartó, sino que hizo todo lo contrario; retrocedió forzando la penetración anal. «¡Impresionante!» pensó al sentir cómo su verga entraba en un culo tan apretado. No le llevó mucho tiempo identificar a quién pertenecía ese hueco, no cabía duda de que se trataba de Lionel. ¿Acaso al bonito novio de su hermana le gustaba la verga? Esa sí que era una gran sorpresa.

Jorge agradeció la sorpresiva actitud de Sara, nunca en su vida había probado una concha tan apretada, ni había sentido desde tan cerca el sufrimiento y el goce femeninos unificados en una sola acción. El hombro le dolió un poco después de la mordida, pero estaba dispuesto a tolerarlo, para poder disfrutar hasta lo más profundo de esa caverna. Se aferró a las nalgas de la chica y presionó hacia abajo, para que su verga se clavara aún más.

Sara volvió a morder el hombro de ese hombre tan varonil y fibroso que la estaba ultrajando en la mismísima cama de su hermano. Había otras personas que gemían y gruñían a pocos centímetros de su posición, y el estar desnuda, abierta y penetrada la hacía sentir vulnerable; pero a la vez segura, ya que la oscuridad la refugiaba. ¿Cómo explicaría lo que ocurría si alguien lo supiera? No tenía idea. Llevó su cabeza hacia atrás y la dejó colgando. Casi como si pudiera verla, Jorge se prendió a sus tetas con pasión, ella comenzó un lento sube y baja, acostumbrándose a la enorme virilidad de ese sujeto que la volvía loca. Amaba a Lionel pero había algo que su novio tenía poco: masculinidad. Ella necesitaba un hombre de verdad, un hombre duro, fuerte, fibroso y con una verga capaz de llenarle toda la concha, forzarla a dilatarse hasta límites nunca experimentados, y capaz de perforarla hasta lo más hondo de su ser. Quería que Jorge la partiera al medio, y no le importaba nada. Cuando su vagina estuvo lo suficientemente dilatada como para albergar la mitad de esa columna de carne, buscó la boca de su macho… al menos ahora era de ella. Ambos se unieron en un frenético e intenso beso y ella se esforzó por reprimir el dolor para sólo dar lugar al placer más íntimo.



La cama desbordaba sexo, la situación era un caos total y ya todos sabían perfectamente que ocurría, estaban siendo partícipes de una especie de orgía improvisada. Javier y Lionel no eran del todo conscientes de que estaban dando un paso sumamente importante en sus vidas. Lio se inclinó hacia adelante guiado por sus instintos y de ésta forma pudo relajar su cuerpo para que el rígido pene de Javier lograra adentrarse un poco más. No pensó en lo que los demás pudieran opinar de su actitud, sólo sabía que estaba teniendo, por primera vez en su vida, la oportunidad de cumplir una fantasía oculta y prohibida. Que Javier se esforzara por clavársela indicaba que él no lo juzgaría; ambos buscaban lo mismo: placer. El muchachito rubio nunca había sentido su verga tan dura, creía que en cualquier momento iba a acabar sin siquiera tocársela. Escuchó gemidos de mujer justo delante de su cara, y tuvo la sospecha de que se trataba de su novia. «¿Qué estará haciendo ella?», se preguntó, mientras el pene de su cuñado retrocedía y volvía a clavarse dolorosamente dentro de su culo. «Que se la cojan —pensó—, que se la cojan y que me cojan a mí también. A la mierda con todo».