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sábado, 20 de julio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 26 - Swingers.

Capítulo 26


Swingers.


Lunes, 26 de Junio.

―1―




Era la primera vez que visitaba Afrodita acompañada de Lara, y la primera vez que ella entraba a una discoteca gay. Sin embargo las dos nos sentíamos de maravilla, como si ese lugar hubiera sido hecho para nosotras. En ningún momento la noté avergonzada o con miedo, al contrario. Si tenía la oportunidad de bailar un par de minutos con alguna chica linda, lo hacía. Por supuesto, nunca se olvidó de mí. Todo el tiempo me demostró que yo era el centro de su atención. Allí podíamos besarnos a cada rato, sin ocultar nuestra relación.

Estábamos consumiendo nuestro cuarto trago… o tal vez era el quinto. Dejamos los vasos en una pequeña mesita circular a pocos pasos de nosotras y nos pusimos a bailar sensualmente al ritmo de la música. Por estar tan ensimismadas en acariciarnos y besarnos, no nos dimos cuenta de que dos personas se habían sentado en los taburetes de nuestra mesita. Cuando clavé la mirada en estas dos mujeres, me di cuenta de que nos estaban observando atentamente, con sugerentes sonrisas en sus rostros.

Ellas debían tener al menos diez años más que nosotras. No se mucho de moda, pero por los delicados vestidos, y las ostentosas joyas, daban toda la impresión de ser adineradas. Me acerqué a la mesa a recuperar los vasos, seguida de cerca por mi novia.

―Hola, linda ―me saludó una de las mujeres, su lacio cabello era tan rubio que bajo las luces del boliche parecía plateado. Su voz se perdía en el bullicio de la discoteca―. Yo soy Viviana.

―¿Qué sos lesbiana? ―Pregunté, tomando mi vaso, ella comenzó a reírse.

―Bueno sí, también soy lesbiana. Pero te decía que mi nombre es Viviana. ―Elevó su voz y pude entender mejor.

―Ah mucho gusto, yo soy Lucrecia. Ella es mi novia, Lara ―miré a la mujer que la acompañaba, tenía el cabello oscuro y una amplia sonrisa en sus labios.

―Yo soy Stella ―se presentó―. ¿No quieren sentarse a tomar algo con nosotras? ―Ambas tenían copas, de lo que parecía ser champagne.


Miré a Lara y ella asintió con su cabeza, nos sentamos en dos taburetes que estaban cerca y nos quedamos en silencio, mirando a las refinadas damas.

―¿Hace mucho que vienen a este lugar? ―Preguntó la rubia.

―Es la primera vez que vengo ―respondió Lara―. Mi novia vino varias veces. Hasta tiene pase VIP. ―Se me electrificaba el cuerpo cada vez que ella se refería a mí como su “novia”.

―¡Que suerte! A nosotras todavía no nos dan uno. ―Si estas mujeres tenían tanto dinero como aparentaban, debía recomendárselas a Rodrigo, para que les diera un pase VIP.

―Yo puedo ayudarlas con eso. No les prometo nada; pero al menos puedo hablar con el dueño ―Me sentí importante, por primera vez en mi vida.

―Eso sería estupendo, chiquita ―dijo Stella―. Nos gusta mucho este lugar. También nos gusta el Swinger. ¿A ustedes les gusta?

―No lo probé ―le contesté―; pero sí me gustan los daiquiris y el Pisco Sour ―las mujeres se rieron a carcajadas de mí, incluso Lara se les sumó. No entendía nada.

―Lo más triste, es que lo dice en serio ―aseguró mi novia―. Me encanta que sea tan ingenua.

―¿De qué me perdí? ―No sabía si reirme o sentirme avergonzada.

―¿No sabés lo que es el swinger? ―Preguntó Viviana.

―Supuse que era un trago, todos tienen nombres muy raros. ―Otra vez se rieron de mí. Sí, incluso mi propia novia. ¿Acaso vine disfrazada de payaso y no me di cuenta? No, ahí estaba mi lindo vestido, haciéndome ver con una chica sexy. No había señales de zapatos gigantes o narices rojas.

―Swinger se le llama al intercambio de parejas, Lucre ―Lara me sacó de la ignorancia.

―¿Y por qué no le dicen intercambio de parejas? ¿Qué necesidad hay de estar hablando en inglés?

―No te enojes, chiquita ―la rubia puso una mano en mi rodilla―, que nadie nació sabiendo. Yo ni siquiera sabía quién era Afrodita cuando llegué acá. Ella tuvo que explicarme ―señaló a su amiga con el pulgar.

―Bueno, eso sí lo sabía. A mí me gusta la mitología, hay dos versiones de Afrodita; una nacida de la espuma y la otra es hija de Zeus. Es la equivalente a la diosa Venus de la mitología romana. ―Me miraron como si fuera un bicho raro.

¡Qué bien, Lucrecia! Primero hacés que se rían de vos por ignorante y ahora las vas a dormir, pasándote de cerebrito.

―Además, es la diosa de la belleza y la lujuria ―les guiñé un ojo.

―Eso sí me gusta, fue acertado elegir ese nombre para el boliche ―dijo Viviana. Luego nos quedamos en silencio. Tomé un trago de mi vaso, como para disimular; no sabía qué decirle―. Creo que fui demasiado rápido con ustedes chicas. A nuestra edad ya tenemos la costumbre de ser mucho más directas con estos temas. Espero no haberlas espantado.

―Para nada ―aseguró Lara―. De hecho, era justo lo que estábamos buscando ¿No es cierto Lucrecia? ―Miré para todos lados por si de casualidad había otra Lucrecia en los alrededores. Si era “swinger” lo que buscábamos, a mí nadie me informó.

―Este… sí, supongo que sí ―dije, sin mucha convicción.

La rubia estaba frente a mí y seguramente pudo descubrir de qué color era mi tanga, al verla por debajo de mi vestido. El alcohol me estaba afectando y eso me impedía pensar con claridad, pero a la vez estaba sumamente excitada.

Nos quedamos charlando con estas nuevas amigas durante media hora, aproximadamente. En realidad, la que hablaba con ellas era Lara. Les contó un poco sobre nuestra relación, no omitió detalles al contarles sobre los experimentos lésbicos que yo solía llevar a cabo con amigas mientras éstas dormían. En lugar de enojarme o preocuparme, me reí como una boba. El alcohol ya sonaba como un tambor en mis sienes, definitivamente el Pisco no era una bebida como para tomar durante todo el transcurso de una noche. La próxima vez debería pedir algo con menos graduación alcohólica.

―¿Qué les parece si vamos a un lugar más cómodo? ―La rubia dijo la frase mágica, yo tenía miedo de levantarme, temí que la borrachera hiciera fallar mis piernas. Ya me podía imaginar, estrellándome de cara contra el suelo. Sin embargo mi cuerpo respondió mejor de lo que esperaba. De todas maneras me puse de pie lentamente, y me quedé aferrada a la mesa, hasta estar segura.

―Acá tienen muy buenas habitaciones ―dije. Esta vez no quise quedar como una ingenua y fui a lo concreto.

―Puede ser, pero preferiría que sea en nuestra casa, es más tranquilo. ―La idea de ir a la casa de una desconocida no me agradaba demasiado; pero estas mujeres parecían de confiar. Sólo buscaban sexo, y pasar una buena noche con dos chicas que tuvieran la mitad de años que ellas.

―Por mí está bien ―dijo Lara.

Salimos del boliche y por suerte no me tocó conducir. Le di las llaves de mi auto a Miguel y le pedí que lo cuidara por mí. Le dije que no se preocupara si había que pagar algún estacionamiento, yo lo abonaría sin chistar. Me deseó buena suerte y las cuatro subimos a un lujoso auto color negro, de esos que están a dos puertas de ser limusinas. La mujer de cabello oscuro condujo mientras yo iba abrazada a Lara en el asiento trasero. Rogaba que la borrachera se me pasara un poco, por suerte era sólo obnubilación y mareo, el resto estaba todo bien.

En unos minutos llegamos a una amplia casona, recordaba que habíamos pasado por una barrera de tránsito apenas dos minutos antes y supe que nos encontrábamos en uno de los barrios privados de la ciudad. Estas mujeres debían ser sumamente adineradas. Cuando entramos a la casa me quedé asombrada, yo pensaba que la mía era grande; pero parecía una casita de muñecas al lado de esta mansión. Era como estar en un palacio, el cual mi madre adoraría, ya que allí dentro reinaba el blanco. Las dueñas de casa se adelantaron dirigiéndose a una sala de estar. Me sorprendió que no hubiera personal que las atendiera pero luego me di cuenta que si la intención de las mujeres era pasar una noche especial, tal vez habían prescindido del personal.

―Me pido la morocha ―me dijo Lara al oído―. Además la rubia te está mirando desde que te sentaste delante de ella.

―¿De verdad estás dispuesta a que hagamos el intercambio? ―Pregunté, intentando caminar en línea recta. Esta tarea se me hacía aún más difícil por estar usando tacos.

―Sólo si vos también querés.

―La verdad es que sí, todo esto me da mucha intriga y me calienta mucho. ¿Creés que sean pareja de verdad?

―Creo que sí, hasta me da la impresión de que están casadas, las dos llevan la misma argolla de matrimonio ―no me había percatado de ese detalle―. Unas así quiero para nosotras ―bromeó.

―Cuando seamos multimillonarias y nos casemos, vamos a comprar unas mejores, y tal vez compremos las de ellas también, para tenerlas de repuesto. –―Nos reímos como chiquillas ingenuas.

Llegamos al gran salón de estar, si es que se lo podía llamar de alguna forma, tenía sillones, sofá y divanes por todos lados. Estaba muy bien decorado con grandes cuadros y hasta podían verse algunas esculturas; estaba asombrada. Me acerqué a las mujeres y la rubia me tomó de la mano, al parecer ellas habían decidido realizar el intercambio de la misma manera que nosotras. Le sonreí a mi novia y le di un corto besito en la boca. Viviana me llevó por una escalera hasta un cuarto del piso superior. Estaba nerviosa, no sólo por pensar lo que estaba a punto de hacer, sino porque no podría ver lo que ocurría con Lara. Tengo que admitir que eso me puso un poco celosa. Estuve a punto de quejarme, cuando la hermosa mujer me tomó por la cintura y me dio un suave beso en la boca que borró en un segundo todas mis preocupaciones. De pronto sentí mucha confianza en ella y me dejé llevar por el momento. Hábilmente bajó el cierre de mi espalda y mi vestido cayó al suelo. En ese momento recordé el conjunto de ropa interior que había comprado especialmente para esta noche y allí volví a pensar en Lara, me apenaba que ella no estuviera viéndolo.

―Quiero volver con mi novia ―le dije a la rubia, bajando la cabeza.

―¿Qué pasa chiquita, no te gusto?

―No es eso, es que quiero estar con ella. Esta es nuestra primer salida como novias y…

―Tranquila, acompañame, vamos a buscar a tu novia, yo no te voy a forzar a hacer nada que no quieras. La idea es que todas la pasemos bien. –Me tomó de la mano y bajamos por la escalera.

Tenía el corazón en la boca porque imaginé que encontraría a Lara teniendo sexo con Stella, pero por suerte no fue así. Estaban sentadas una a la par de la otra, en un sillón. Mi novia sonrió al verme en ropa interior, y eso cambió totalmente mi estado de ánimo.

―¡Que sexy estás mi amor! ―Me dijo acercándose para tomarme de las manos―. ¿Pasó algo?

―Creo que todavía no está lista para el intercambio. ―Viviana sonaba maternal y comprensiva.

―Qué raro ¿no era que ya te habías acostado con muchas mujeres? ―Lara parecía confundida.

―Sí, pero esta noche te tengo a vos, no necesito otras mujeres.

―Oh, me muero de amor ―Se puso de pie, caminó hasta mí con sensualidad, y me dio un romántico beso en la boca.

―Chicas, no se preocupen, si quieren pueden ir a mi cuarto, yo me quedo acá abajo con Stella y dejamos lo del intercambio para otro momento.

―Perdón, no pretendía arruinarles la noche. ―Me apené.

―No arruinaste nada, me parece un gesto muy romántico que busques de esa forma a tu pareja ―aseguró Stella―. Con sólo poder verlas ya nos alegraron la noche. Vayan tranquilas, si llegan a cambiar de opinión, estamos acá abajo.

Agradecí la gran amabilidad de las mujeres y subí las escaleras acompañada por mi novia, en cuanto llegamos al amplio dormitorio nos tendimos en la cama.

―Tengo que decirte que estoy muy enamorada de vos Larita, a pesar de que estuve con muchas mujeres, con ninguna me sentí como con vos. ―De pronto dudé y la imagen de Anabella invadió mi mente.

―Es hermoso lo que decís Lucrecia, yo también te amo con toda el alma. ―Se tiró arriba mío y caímos juntas sobre el suave colchón―. Sólo con vos me pasó algo tan intenso.

Nos besamos e inmediatamente comencé a desnudarla. Nuestros cuerpos quedaron entrelazados, rodamos en la cama llenándonos de besos apasionados y diciéndonos palabras bonitas al oído. Esta chica me volvía loca, agradecía a Dios por haber cruzado nuestros caminos. Lara comenzó a recorrer mi cuello con su lengua, me estremecí de placer, busqué uno de sus pechos y lo masajeé mientras hacía lo mismo con una de sus nalgas.

―Lucre ―me susurró al oído―, no quiero arruinar el lindo momento, pero estoy muy caliente… no aguanto más.

Le sonreí y me dispuse a hacer lo que me solicitó tácitamente. Bajé hasta colocarme entre sus muslos, era cierto que estaba muy cachonda, su vagina estaba llena de flujos sexuales. Lamí los laterales de su vulva, acercándome de a poco al centro; cuando llegué puse la punta de mi lengua en su orificio y subí hasta el clítoris muy lentamente. Cuando llegué a él le di unas suaves lamidas con la punta de la lengua. Sus piernas se sacudieron y la escuché gemir. En ese momento se me ocurrió algo, hice a un lado mi tanga, sin quitármela e invertí la posición de mi cuerpo dejando mis rodillas a los lados de su cabeza.

―Hace mucho que no lo hacemos así ―le dije.

Me lancé nuevamente sobre su almejita y ella comenzó a chupar la mía con ganas. ¡Cuánta falta me hacía eso! Comenzamos a jadear, suspirar a menear las caderas mientras nos las comíamos mutuamente.

En estos últimos días noté que Lara había perfeccionado mucho su técnica, lo hacía con más intensidad y se concentraba en puntos estratégicos de mi sexo; al parecer aprendió algún que otro truquito con su amante y profesora. Quise demostrarle que yo no perdí el tiempo y me esmeré por darle intensos chupones y a frotar rápidamente su clítoris con mis labios, mientras movía la cabeza de un lado a otro. Esa era la forma en la que Tatiana me la había chupado y recordaba lo mucho que me gustó; al parecer tenía el mismo efecto en Lara. Por la tremenda calentura acumulada en el transcurso de la noche, no nos llevó mucho tiempo llegar a nuestro primer orgasmo.

Cuando nos calmamos un poco me acosté junto a ella y la miré a los ojos, cada día la veía más hermosa. Pensaba en nuestros tiempos como amigas y en ningún momento se me había cruzado por la cabeza que algún día seríamos pareja. Pero todo cambió esa noche en la que invadí su intimidad, y ella la mía; aunque yo no recordara nada sobre esto último.

―¿Te sentís mejor, mi amor? ―Me mataba que me dijera así.

―Mucho mejor, sos la mejor novia del mundo.

―No Lucre, vos sos la mejor, porque me buscaste a mí cuando tenías a una rubia preciosa, entregada en bandeja de plata.

―Vos también me elegiste a mí, y Stella está muy buena como para rechazarla. Perdón si arruiné todo Lara.

―No creo que hayas arruinado nada, amor. Viviana dijo que te esperaba abajo, si llegabas a cambiar de opinión.

―Es cierto. ―Medité unos instantes mientras acariciaba su suave cabello negro―. ¿Vos querés seguir adelante con todo esto?

―Sí, me sigue pareciendo una idea excitante, pero lo hacemos las dos o ninguna. Así lo acordamos.

―Yo sigo cachonda ―le sonreí―, así que tenemos dos opciones. Lo hacemos otra vez o buscamos a esos dos bombones.

―Son bombones bañados en oro ―abarcó toda la habitación con su mirada― ¿Cómo habrán hecho tanto dinero?

―Espero que no sea secuestrando parejas de lesbianas y vendiéndolas al mercado negro.

―Puede ser. También puede que ellas no sean las dueñas de la casa, a mí me parece que son amigas y que sus maridos están de viaje.

―¿No dijiste que estaban casadas?

―Sí, pero ya no me queda tan claro. Vi fotos de Viviana, en portarretratos, y en todas está con un hombre. Vi un par fotos en las que aparecían Stella y Viviana, pero estaban junto a dos hombres, que se parecían mucho… uno era el que yo imagino que es el marido de Viviana. El otro deber ser el marido de Stella.

―¡Qué observadora! Yo ni me di cuenta.

―Ahora sospecho que en realidad las dos están casadas con hombres que son hermanos. Porque de verdad se parecían mucho…

―Eso las haría cuñadas…

―Sí, y me da mucho morbo pensarlo. Cada vez me resulta más evidente que son cuñadas, y que engañan a sus maridos, acostándose entre ellas.

―¡Uf, esa es una idea muy potente! A mí también me da mucho morbo, lo siento por los dos tipos, pero me gusta pensar que apenas ellos se van de viaje, estas dos se revuelcan juntas en la cama.

―Y no sólo eso, sino que además buscan chicas jóvenes en boliches gay… para hacer intercambios. Es muy obvio que ésta no es la primera vez que traen a un par de chicas a esta casa, ya se lo toman con toda la calma del mundo.

―Sí, me di cuenta de eso. Ahora tengo más ganas de estar con alguna de ellas…

―¡Yo también! ―Aseguró Lara, con entusiasmo―. Entonces ¿vamos a buscarlas? No me vendría mal casarme con una señora con tanto dinero…

―¡Yo debería hacer lo mismo!

―Lucre, no te ofendas, pero con toda la plata que tienen tus viejos, no necesitás casarte con nadie. Tenés el futuro asegurado.

―Bueno, pero vos tampoco estás mal.

―Más o menos… no hablo mucho de ese tema. Pero a veces tengo que ayudar a mis viejos, trabajando un poquito… como lo que hago con mi tío, en su salón de fiestas.

―Entiendo. No me voy a meter en ese asunto, para no invadirte ni incomodarte. Por mi parte puedo decir que siento un gran alivio al tener mi futuro económico asegurado. El día que me case, va a ser por amor. Aunque para eso todavía falta mucho, como treinta años más o menos.

―Yo diría que unos cuarenta ―se sentó en la cama―. Vamos a hacer el famoso intercambio de una vez, disfrutemos del momento. Una vez me dijeron que en la vida hay que divertirse y coger mucho y pienso hacerlo.

―Estoy de acuerdo ¿Quién te dijo eso? ―Me reí.

―Emm… mi abuelita.

Encontramos a las hermosas mujeres hablando como amigas muy cercanas, literalmente; estaban una pegada a la otra, no paraban de sonreír y toquetearse, pero aún llevaban la ropa puesta.

―Estamos listas ―anunció Lara, se voltearon al unísono para vernos.

―¡Qué par de preciosuras! ―mi novia estaba completamente desnuda y yo aún permanecía con mi conjunto sexy, el cual había acomodado un poco.

―Esperame arriba chiquita, ya estoy con vos –me dijo Viviana mientras se despedía de su amiga con un cálido beso en la boca.

En menos de dos minutos ya estábamos las dos dentro del cuarto, otra vez. Para demostrarle que estaba decidida a seguir adelante, ahora que ya tenía todo más claro, comencé a desnudarla. Me encantó ver su cuerpo vistiendo sólo un conjunto de ropa interior blanca. La rubia tenía una figura excepcional. Me imaginaba cómo fue que consiguió un esposo ricachón, le habrá bastado con desnudarse frente a él para que el hombre se arrodillara con una argolla de compromiso en la mano.

Nuestro siguiente paso fue despojarnos de los corpiños y admirarnos las tetas mutuamente. Aquí no había nada que envidiar, ambas las teníamos del mismo tamaño y aunque yo estuviera muy acostumbrada a ver tetas, incluyendo las mías, me calenté mucho al clavar mis ojos en los pezones de Viviana. Sujeté uno con mi mano izquierda y me incliné para lamerlo.

Durante toda mi vida estuve concentrada en mis estudios y progreso académico, el sexo no tenía cabida y lo consideraba algo sucio; pero ahora no podía resistir la tentación, mucho menos teniendo una rubia de este calibre masajeando mis tetas y acariciando mis nalgas. En cuestión de pocos meses el sexo se había transformado en parte importante de mi vida, y me alegraba mucho que fuera así.

―Sacate la tanga, pero dejá el resto ―me pidió, mirándome de forma muy sensual―. Yo no miro, avisame cuando estés lista.

Se cubrió los ojos con una mano mientras yo desprendía las tiritas que sostenían mis largas medias. Me quité la tanga y volví a prender el portaligas.

―Ya estoy lista.

―¡Impresionante! ―Me dijo, admirando mi desnudez. Me sonrojé, era la primera vez que recibía ese tipo de halagos de una mujer que me doblaba en edad.

Caminó lentamente hacia mí, me dio un tierno beso en la boca y luego se puso de rodillas. Al sentir su lengua contra el clítoris, un gemido estalló en mi garganta. En pocos segundos descubrí que a Viviana no sólo le encantaba lamer vaginas sino que lo hacía realmente bien. Mantuvo un ritmo lento pero sensual, haciéndome delirar de gozo con cada cosquilleo que sentía en mi sexo. Subí una pierna al pie de cama y mi almejita se abrió como una flor, mostrando el centro rosado a la rubia. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, para seguir chupándomela; esta vez lo hizo con más énfasis. La dejé explorar mi intimidad a gusto, sentí sus dedos introduciéndose en par dentro de mi agujerito; los movió dentro expertamente, me quedé en esa posición durante un par de minutos hasta que le dije que yo también quería comerme una rica concha.

Viviana se quitó la única prenda de vestir que aún llevaba y tomó mi lugar. Pude ver un prolijo montoncito de vellos rubios, coronando su pubis; pero lo que más me atrajo fue su rosado culito. Le metí dos dedos en la vagina y pasé mi lengua por una de sus nalgas hasta llegar a su ano. Comencé a lamerlo para cubrirlo con mi saliva. No sé por qué motivo me producía tanto morbo, pero me moría de ganas de meterle los dedos por atrás.

―¿Puedo? ―Le pregunté, acariciando su asterisco.

―Sí, dale tranquila.

Clavé mi dedo mayor, el cual se deslizó hacia adentro con gran facilidad. Ella suspiró mientras yo acariciaba su culito por dentro. Lo que más me incentivaba eran sus jadeos, que parecían provenir desde lo más hondo de su ser. Apenas unos minutos después ya estábamos tiradas en la cama, matándonos a besos, lamidas y caricias. En poco tiempo adquirimos un ritmo constante. Me sorprendió lo rápido que nos entendimos sexualmente y supe que teníamos el mismo gusto por el sexo anal; porque no dudó en meterme un dedo por atrás cuando yo me encontraba succionando uno de sus duros pezones. Me sentía una virgen inexperta al lado de ella y de a poco fui cediendo más y más, hasta llegar a ser yo la única que recibía. Tenía a Viviana metida entre mis piernas, succionando mis labios vaginales. Me hizo llegar al segundo orgasmo de la noche; gemí y pataleé de puro gusto.

―Ahora te toca a vos ―le dije, mientras me tiraba arriba de ella.

―Todavía no, tengo una sorpresita para vos y para tu amiga.

―Me dan miedo las sorpresas, no siempre me gustan.

―No te preocupes, esta te va a gustar. Lo único que tenés que hacer es bajar las escaleras. Decile a Stella que suba y esperá abajo con tu novia.

―¿Vos pensás que voy a poner mi vida en riesgo al cortarles el garche? Me van a matar.

―No te van a matar, Stella ya sabe para qué tiene que subir y, mientras tanto, vos podés entretenerte con Lara. Se ve que se llevan muy bien, me muero de amor al verlas juntas.

Accedí y bajé las escaleras, me sentía una diva desnuda. Una diosa griega. Me sentía Afrodita. Todo el lujo de la casa no dejaba de sorprenderme y además mi cuerpo estaba lleno de sensaciones agradables. Encontré a mi novia de rodillas en el suelo y a Stella parada frente a ella, con un pie sobre un sofá. Lara le estaba comiendo la concha y ambas parecían disfrutarlo mucho.

―Viviana te espera arriba, dijo que es por la “sorpresita” ―la mujer sonrió.

―Está bien, esperen acá. Nosotras les avisamos cuándo pueden subir. ―Admiré sus curvas mientras pasaba caminando junto a mí, la morocha estaba muy buena.

―¿Cómo la estás pasando, mi amor? ―Le pregunté a Lara.

―De maravilla, Stella sabe muy bien lo que hace; me estaba matando.

―Ahora te voy a matar yo.

Le di un suave empujón para que se sentara en el sofá y ella abrió las piernas. Me puse de rodillas y empecé a comerle la rajita, sin preámbulos. Estaba sumamente mojada y sabrosa, pude escuchar sus gemidos prácticamente al instante. Creo que estuve chupándola menos de cinco minutos cuando escuché la voz de Viviana, anunciando que ya podíamos subir. Lo hicimos tomadas de la mano y muy nerviosas, no sabíamos con qué nos encontraríamos.

Fue realmente una sorpresa, ambas mujeres estaban acostadas boca arriba, en la amplia cama, aguardando por nosotras. La gran diferencia era que ahora tenían pene. Grandes y brillosos, sobresalían de sus entrepiernas y apuntaban hacia el techo. Con Lara quedamos boquiabiertas. Nunca había visto algo parecido, pero supe que se trataba de dildos sujetados por una especie de arneses a los bellos cuerpos de esas mujeres. Viviana estaba untando el suyo con algo que parecía ser un gel lubricante. Vi el tamaño de esos penes plásticos y me inquieté un poco. Eran más grandes que el que había usado con Tatiana, pero a la vez me producía mucha curiosidad.

―Espero que no se hayan asustado ―dijo Stella.

―No, para nada ―la primera en responder fue Lara―. Yo quiero probar eso. ―Se la veía entusiasmada.

―Entonces no pierdan más el tiempo y vengan. ―La rubia nos hizo un gesto con la mano para que nos acercáramos.

Mi novia rodeó la cama, para reunirse con su amante, y yo me posicioné sobre la mía, con las piernas separadas. Ella estimuló mi clítoris con su pulgar y apuntó el consolador a mi rosado orificio.

―Baja de a poco, dejá que vaya entrando solo. No lo fuerces… la concha se te va a abrir de a poco.

Lara ya estaba a mi izquierda, nos dimos la mano entrelazando nuestros dedos e iniciamos la excitante tarea de introducir esos dildos en nuestras apretadas conchas. Me gustó mucho la sensación que produjo el glande artificial al comenzar a dilatarme, mientras yo bajaba lentamente, como me lo había sugerido Viviana. Estas mujeres no sólo disfrutaban de la vista, sino que también estimulaban nuestros puntos más sensibles. Pellizcaban nuestros pezones, acariciaban nuestros clítoris y en ocasiones se inclinaban hacia adelante para darnos algún beso o chuparnos una teta. Bajando y subiendo lentamente, pude meterlo casi por completo. Nunca había sentido algo tan grande dentro de mi cuerpo, estaba maravillada, y al parecer Lara lo estaba disfrutando tanto o más que yo; porque ya se estaba moviendo a buen ritmo castigando su vagina y gimiendo de placer. Me sorprendió con la facilidad que le entró todo eso. Ella era virgen, hasta que yo rompí su himen, con mis dedos. Posiblemente su concha había adquirido experiencia, cuando estuvo con la profesora; lo más probable era que hubieran usado muchos juguetes. De otra forma no podía explicar por qué Lara se sentía tan cómoda metiendo todo eso dentro de su concha. Saltaba y se sacudía, como si estuviera poseída, sus gemidos llenaban la habitación. Ese pene de plástico salía casi por completo, y se clavaba hasta el fondo de su sexo con una velocidad escalofriante. Hasta me dolía, de sólo verla. Era obvio que ya le habían castigado la concha en más de una ocasión. Me dio morbo, y algo de celos, imaginarla así con la profesora Jimena Hernández. Lara movió su cadera en círculos, teniendo todo el pene bien metido dentro de la concha, y luego reanudó sus saltos. ¿Cuántas veces le habían metido un pene como este, para que ella aprendiera a moverse de esa manera?

De pronto caí en cuenta de que aquí la inexperta absoluta era yo. Estas tres mujeres me superaban ampliamente.

Para no quedar fuera de juego, intenté imitar a mi novia. Comencé a dar saltos provocando que el dildo saliera casi por completo y luego se clavara en mí otra vez. La primera vez me dolió mucho, y tuve que detenerme por unos segundos. Con el segundo intento fui más precavida, no lo hice tan fuerte. No podía dejar de preguntarme cómo Lara había hecho para acostumbrar su concha a tanto castigo. Sin dudas la profesora Hernández era bastante puta, y le gustaba mucho usar consoladores como éste. Y era obvio que Lara le había tomado el gusto al asunto, no dejaba de moverse, ya fuera que lo tuviera todo dentro de su agujero, o sólo una parte.

Me llevó un poco de tiempo, pero comencé a ganar cierto ritmo con el consolador, aunque no podía equiparar el de Lara.

¡Qué gusto, qué placer! Me recordaba a la noche con Tatiana, pero con una notable diferencia de tamaño.

Viviana y Stella nos hicieron poner en cuatro patas, con nuestras caritas enfrentadas. Así yo podía admirar de cerca las expresiones de mi novia mientras se la cogían, y viceversa. Era increíble verla así, sus cejas se arqueaban, su boca se abría y cerraba con la de un pez fuera del agua y sus mejillas estaban completamente sonrojadas. Mi rostro debería verse muy similar al de ella. Nuestros gemidos debían estar resonando por toda la mansión. Estas experimentadas lesbianas nos penetraban con ímpetu. Podía sentir todo el largo del consolador cada vez que entraba y salía de mi agujerito. Stelle se estaba cogiendo a mi novia mucho más fuerte de lo que Viviana me cogía a mí. Tenía lógica, Lara había demostrado tener mucho aguante, y su cuerpo exigía esa clase de tratamiento brusco. Ella acompañaba a Stella con ágiles movimientos de cadera, dándome a entender que también se la habían cogido muchas veces en esa misma posición.

Besé a Lara apasionadamente, me encantaba tenerla cerca y que no hubiésemos terminado la noche separadas.

Recibimos embestidas durante varios minutos, pude ver que Lara había llegado a un delicioso orgasmo. Ella se quedó tendida en la cama recuperando el aliento mientras intercambiaba besos y caricias con Stella. Viviana siguió cogiéndome duramente sin parar, mientras apretaba mis tetas hasta que yo también llegué al orgasmo.

―Eso fue increíble ―le dije a la rubia, después de tomarme un poco de tiempo para recuperar el aliento..

―Espero que todavía tengan ganas de seguir, porque nosotras también queremos.

Accedimos encantadas a devolverles el favor. Nos enseñaron cómo abrocharnos el arnés para sostener ese pene plástico, nos veíamos un poco ridículas y no parábamos de reírnos; pero nuestra expresión cambió totalmente cuando las mujeres se pusieron en cuatro, en paralelo una a la otra. Lara se acercó a la morocha y, apuntando muy bien, introdujo buena parte del dildo en su vagina. Me posicioné detrás de Viviana y en cuanto estuve por meterla en su concha; no pude evitar la tentación de pasarle la punta por el agujerito de su culo.

―¿Querés darme por atrás? ―preguntó la rubia. Lara me miró con una amplia sonrisa porque se imaginaba lo que cruzaba por mi mente en ese momento.

―Sí, quiero. ¿Se puede?

―Me encantaría que lo hagas, mamita.

―Pero… es muy grande. ¿No te va a doler?

―Ponele abundante lubricante, y no te preocupes. Stella ya me rompió el culo más de una vez con eso… ―su amiga soltó una risita pícara, mientras mi novia le dilataba la vagina―. Tengo el culo bien preparado para la ocasión.

Unté el pene de plástico con el lubricante en gel, puse un poco en su ano, y me preparé para lo que venía.

Procuré ser suave y no invadirla de golpe, no quería caer en el mismo error que cometí con Tatiana. Con un poco de presión, su ano se fue dilatando lentamente y pude ver cómo el dildo entraba lentamente. El morbo que me producía esa escena era tal que pensé que tendría otro orgasmo en cualquier momento. Lara ya le estaba dando a ritmo constante a su pareja y ésta gemía enérgicamente. Escuché un suave quejido proveniente de Viviana y supe que le estaba gustando lo que yo hacía, ya tenía medio consolador metido en su abierto culo. Mi corazón latía deprisa mientras yo intentaba acelerar el ritmo sin producirle dolor.

―Ahora podés darme tranquila ―me dijo, como si estuviera leyendo mi mente.

Me fié de su palabra e inicié un bombeo constante, haciendo cada vez más profundas las penetraciones. La rubia comenzó a masturbarse y a gemir, como si un negro con la verga enorme la estuviera cogiendo por el culo. De hecho así me sentía yo con ese gran dildo entre mis piernas, además disfrutaba mucho del roce que producía el arnés contra mi clítoris. Sus gemidos se transformaron en gritos de placer que se mezclaron con los de Stella. Lara me besó en la boca y entrelazamos nuestras lenguas sin dejar de movernos.

―Te amo ―le susurré al oído. Quería dejarle en claro que aunque yo estuviera con otra mujer, siempre pensaba en ella.

―Pero yo te amo mucho más, hermosa. ―Volvió a partirme la boca con uno de sus apasionados besos.

Cuando abracé a Viviana, apreté sus tetas entre mis manos y levanté su torso hacia mí, hasta que mis pechos quedaron contra su espalda. Seguí moviéndome rítmicamente, nunca pensé que me movería de esta forma para darle placer a alguien; pero al parecer lo estaba haciendo bien y supe que la hice llegar al orgasmo en al menos dos ocasiones consecutivas.

Las cuatro terminamos totalmente agotadas, pero muy felices por la increíble noche que pasamos juntas; nos sentíamos como amigas de toda la vida.

Nos pusimos a charlar un rato. Ellas confirmaron nuestras sospechas, ambas estaban casadas y sus esposos no tenían idea de estos encuentros lésbicos. Se enamoraron una de la otra, varios años después de casarse. Decidieron quedarse junto a sus maridos, ya que éstos pasaban mucho tiempo de viaje, fuera del país. No necesitaban divorciarse para ser felices. Así podían vivir juntas una vida llena de lujos. Desde que empezaron con sus aventuras lésbicas, perdieron todo el interés en los hombres. Sólo se hacían feliz la una a la otra, y de vez en cuando les gustaba jugar con chicas de unos veinte años; para entrenarlas en el arte del sexo lésbico.

Nos invitaron a pasar la noche con ellas, en esa misma cama. Accedimos encantadas, no sólo porque las sábanas y el colchón eran sumamente suaves y acogedores, sino también porque ya nos estábamos durmiendo y no teníamos ganas de tomarnos un taxi en este momento.

Dormimos las cuatro juntas en la amplia cama, yo me quedé en el centro, entre Lara y Viviana. Nunca dormí tan bien en mi vida y en más de una ocasión sentí que alguien me abrazaba durante el transcurso de la noche.

―2―




Nos despertamos ya pasado el mediodía, pero no nos importó. Nos despedimos de nuestras nuevas compañeras sexuales, asegurando que repetiríamos la magnífica velada en cuanto tuviéramos la oportunidad. Obviamente intercambiamos números de teléfonos.

Mi auto estaba estacionado en una cochera frente ubicada a media cuadra de Afrodita, así me lo indicó Miguel cuando lo llamé. Al parecer lo desperté, pero no se molestó en absoluto, ese hombre era siempre muy amable; por eso inspiraba tanto terror cuando se enojaba. Siempre escuché la frase: “No hay nada peor que el bueno cuando se enoja”, aplicaba muy bien a Miguel.

Retiré el vehículo y llevé a Lara hasta su casa, luego fui directamente a la mía.

Cuando mi madre me vio entrar gruñó como un perro rabioso, pero no me dijo nada, al menos nada que yo pudiera entender.

Sabía que la situación con ella era tensa, pero no me importó. Mantuve mi orgullo y no le dirigí la palabra. Esa mujer no me arruinaría la mejor noche de mi vida.

jueves, 4 de julio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 25 - Tiempo Perdido.

Capítulo 25.



Tiempo Perdido.



Domingo, 25 de Junio.


―1―




Aún no había terminado el fin de semana, y yo quería recuperar parte del tiempo perdido con mi novia, le dije que la llevaría al mejor sitio de la ciudad: Afrodita. Ella sólo conocía la discoteca por su nombre, nunca se imaginó que alguna vez entraría.

domingo, 30 de junio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 24 - Voto de Castidad.

Capítulo 24.



Voto de Castidad.



Sábado 24 de Junio, de 2014.



Las palabras de la monja aún hacían eco en mi cabeza. Me acababa de pedir que me quitara la ropa y mi reacción hasta ahora había sido quedarme muda, mirándola como si ella fuera un ser de otro planeta.

viernes, 28 de junio de 2019

Libres en la Oscuridad [05] - FINAL.

5. Cómplices en las Sombras.




“It’s always best when light is off
I am the pick in the ice
Do not cry out or hit the alarm
You know we’re friends till we die”.

“Siempre es mejor cuando las luces se apagan
Soy el martillo en el hielo
No llores ni enciendas la alarma
Sabes que somos amigos hasta la muerte”.

Climbing Up the Walls - Radiohead.



La oscuridad se había desvanecido, y ya no los protegía.

Marina se apartó inmediatamente, no por vergüenza, sino porque vio algo que la dejó atónita. Para Sara fue el momento más impactante de su vida. Al mirar hacia el costado se encontró con su novio, Lionel, que estaba en cuatro patas, recibiendo la gran pija de Jorge en el culo. Pero ésto no era lo peor, aquel hombre que la estaba penetrando analmente, obviamente no era Lionel. Se trataba de su propio hermano: Javier. Ella dio un salto y se apartó, atemorizada. Se puso de pie en la cama y miró a los demás como si fueran fantasmas que emergieron de las tinieblas. Su cerebro había colapsado, no podía pensar con claridad, ni siquiera huír le parecía una buena alternativa. Todos estaban duros como estatuas, su hermano la miró tan sorprendido como lo estaba ella, y se dio cuenta de que él tampoco sabía a quién estaba penetrando. Probablemente había creído que se trataba de Marina. No lo podía culpar por el error, más cuando ella había cometido el mismo. Que a su novio le estuvieran dando por el orto no le disgustó, incluso lo encontró extrañamente excitante. Lionel era un chico muy lindo, que siempre había tenido algunas actitudes un tanto femeninas (y ella lo sabía muy bien); por eso pensó que hacía una buena pareja con Jorge, que parecía más varonil, y tenía una pija bien grande para darle placer. 

sábado, 22 de junio de 2019

La MILF más Deseada [10].

Capítulo 10.



—1—



Diana aguardó, sentada en silencio en el sofá. Pudo escuchar la puerta abrirse y la voz de su hijo, conversando con un hombre a lo lejos. Ésto puso tensa a la rubia, porque el modelo ya era una persona real, no alguien hipotético; y ya estaba en su casa. Ella debería posar en actitudes absolutamente eróticas junto a un hombre que no conocía, mientras su propio hijo les tomaba fotos. El corazón se le fue acelerando a medida que las voces se acercaban al living. La idea de tener un momento de clara índole sexual con un desconocido le traía recuerdos muy excitantes, sobre las veces que estuvo en situaciones similares. Pero ya no tenía tiempo para fantasear, el hombre había llegado.

jueves, 13 de junio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 23 - La Monja Rebelde.

Capítulo 23.



La Monja Rebelde.



Jueves 25 de junio, de 2014.


―1―




Anabella me miró atónita, desde el umbral de la puerta. Como no reaccionó tuve que levantar el teléfono celular que cayó de sus manos.

―¿Puedo pasar? ―Le pregunté por segunda vez―. Nadie me vio llegar, así que no van a saber que estoy acá. ―Me miró boquiabierta, como si yo fuera la representación en carne y hueso de Lucifer―. Dale, Anabella. Mientras más demores, más nos arriesgamos a que nos vean juntas.

―Sí, perdón. Pasá. ―Se hizo a un lado.

miércoles, 12 de junio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 22 - Vendetta.

Capítulo 22.



Vendetta.


Jueves 22 de junio, de 2014.


―1―




El jueves me levanté muy feliz, porque había vuelto a ser la novia de Lara. Además sabía que mi madre no se interpondría en nuestra relación, gracias al chantaje al que la estaba sometiendo mi novia.

Además este jueves tenía algo de particular, era el día en que Lara y yo pondríamos punto final a otro pequeño gran problema.

El plan fue trazado por Lara, pero debía ser yo quien lo ejecutara. Estaba dispuesta a hacer ese sacrificio, por un bien mayor.

lunes, 10 de junio de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 21 - La Pequeña Guerrera.

Capítulo 21.



La Pequeña Guerrera.



Miércoles 25 de Junio, de 2014.


―1―




Mis furiosos ojos se clavaron en los de Lara, no podía creer que estuviera en mi casa. Lo peor de todo era que me había arruinado la coartada. ¿Cómo haría ahora para convencer a mi madre de que no pasé la noche de parranda con mis amigas? Pensé rápido, y tuve una súbita idea, que en un principio me pareció brillante. Le había dicho a mi madre que iría a la casa de una Lara, pero nunca aclaré a cuál de las dos Lara me refería. Adela, mi mamá, me miraba con una ira volcánica.

sábado, 8 de junio de 2019

La MILF más Deseada [09].

    1. Capítulo 9.

      1. -1-


Julián estaba sentado frente al televisor del living, mirando aquella serie humorística que quiso ver el día en que a su madre le negaron el préstamo en el banco. En esta ocasión pudo disfrutarla mucho más, ya que sus problemas económicos habían sido resueltos. La empresa alemana que lo había contratado a él como fotógrafo y a su madre como modelo, pagaba muy bien y siempre lo hacía dentro de la fecha acordada.

lunes, 20 de mayo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 20 - Femme Fatale.

Capítulo 20.



Femme Fatale.



Martes 24 de Junio.


―1―




Apreveché a organizar con tiempo la salida para el martes. Aún no sabía quién de mis amigas me acompañaría; pero no me importaba, siempre y cuando pudiera conseguir gente para salir a divertirme un rato. Especialmente para poder olvidarme de Anabella y Lara.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 19 - Karma Police.

Capítulo 19.



Karma Police.



Miércoles 18 de Junio, de 2014.


―1―





Me tomé muy en serio el asunto con Edith. Me había acostado con ella, y tenía la amarga sensación de que la había forzado un poco. Aunque tal vez “forzar” sea una palabra muy dura. Tal vez lo más apropiado sea decir que convencí a Edith con trucos poco éticos. Eso me tenía mal. Quería resolver esto lo antes posible.

miércoles, 8 de mayo de 2019

La MILF más Deseada [08].

  1. Capítulo 8.
-1-


El día anterior Julián se había ido a dormir pensando en las anécdotas sexuales que su madre le contó; pero lo mejor de todo fue rememorar la sensación de tener su verga dentro de la boca de su mamá. Había sido un mero ensayo, y ella se había atrevido a más después de contarle sobre sus experiencias sexuales; por lo que al otro día se despertó recordando la promesa que ella le había hecho: le contaría más.

viernes, 3 de mayo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 18 - Reconstrucción Extrema.

Capítulo 18.



Reconstrucción Extrema.



Martes 17 de Junio, de 2014.



En el transcurso de los últimos días, mi nueva amiga Edith vino a visitarme cuatro veces. Aunque en todas las ocasiones tuve que ser yo quien la invitara, porque ella todavía no se animaba a preguntarme si podía venir.

martes, 16 de abril de 2019

La MILF más Deseada [07].

      1. Capítulo 7.

      2. -1-



Diana estaba acostada en su cama, mirando el cielo raso, con la esperanza de que ésto le ayudase a dejar la mente en blanco. Pero era imposible. Las imágenes y el recuerdo de las sensaciones la invadían constantemente. Aún no podía creer que hubiera tenido el pene de su propio hijo dentro de la boca. Eso era algo que ninguna madre debía hacer. ¿Qué pasaría dentro de muchos años, cuando Julián ya estuviera casado y con familia propia? Ya se podía imaginar a ella misma diciéndole “Espero que tengas una familia normal, y no hagas como yo. ¿Te acordás de la vez que me metiste la pija en la boca? ¿O de cómo me tocaste la concha? Ah, por supuesto, no te olvides de las veces que me llenaste de leche”. Aunque, sin duda, para Diana era mucho peor el haber tenido el pene dentro de la boca, a lo del semen lo veía como algo muy sexual; pero más indirecto. En cambio la sensación que le produjo sentir la dura verga de su hijo entrando en su boca, eso ya era mucho más directo. La dejaba aún más intranquila.

martes, 9 de abril de 2019

La MILF más Deseada [06].

    1. Capítulo 6.

      1. -1-




El negocio de vender fotos de carácter pornográfico estaba dando buenos resultados, sin embargo Julián recibió un mensaje de la empresa alemana que lo puso en estado de alerta. Ocurrió lo que él sabía que pasaría en cualquier momento. Pero vio ésto más como una oportunidad que como un obstáculo. Apenas terminó de leerlo, fue a buscar a su madre para comentarle el asunto.

jueves, 4 de abril de 2019

La MILF más Deseada [05].

Capítulo 5.



—1—



Pasaron dos días desde que Julián entró al dormitorio de su madre sin previo aviso. Luego de ver la reacción de Diana, creyó que el enojo le duraría semanas, y que ni siquiera le dirigiría la palabra; sin embargo se le acercó mientras él miraba una serie.

domingo, 31 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 17 - Acechadora.

Capítulo 17.



Acechadora.



Lunes 9 de Junio de 2014.

―1―

Lo que hice con Sergio durante la tarde del domingo me ayudó a aplacar los nervios ante mi futura reunión con Samantha. Aún me costaba creer que yo, la Lucrecia que apenas salía de su casa, me hubiera vuelto sexualmente tan activa; y allí estaba, preparándome para perseguir una nueva presa.

jueves, 28 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 16 - Cita para Dos.

Cita Para Dos.


Domingo 8 de Junio de 2014.

― 1 ―

Desde que el domingo comenzó, me sentí apenada al recordar mis encuentros con Anabella, los cuales solían tener lugar en el primer día de la semana. Me agobiaba saber que ya no podría visitarla, ni siquiera llamarla para preguntarle cómo estaba. Esta mujer se había ganado un lugar especial en mi corazón en poco tiempo y de pronto tenía que hacer de cuenta que había dejado de existir. Me había borrado de su vida en tan sólo unos minutos, pero yo no podía borrar a alguien como ella tan fácilmente. Tenía ganas de quedarme en cama durante todo el día esperando a que el domingo terminara de una vez, pero sabía que eso no me ayudaría en nada, de hecho sólo empeoraría las cosas.

miércoles, 27 de marzo de 2019

La MILF más Deseada [04].

Capítulo 4.


Los dedos de Diana exploraron su vagina con soltura, y por su mente desfiló la imagen de la erecta verga de su hijo; quiso apartarla, pero cada vez que ésta aparecía, la invadía una intensa ola de placer. Se miró al espejo. Llevaba puesto el provocativo traje de mucama que la empresa alemana le había mandado, le agradó lo que vio; era un espectáculo de alto nivel erótico. Decidió que ya estaba lo suficientemente caliente como para exhibirse otra vez frente a la cámara, salió del cuarto, con su concha bien empapada.

lunes, 25 de marzo de 2019

Terapia Sexual Intensiva (08).

Mi querido Charly, hoy escribo en tus páginas para contarte que me siento muy mal conmigo misma. Inmediatamente después de lo que pasó con mi hermana me sentí de maravilla y vine corriendo a narrarte todo; sin embargo después se me pasó la calentura, dejando lugar a la culpa. Fue muy feo ir a trabajar en ese estado, no podía concentrarme e incluso hubo clientes que se quejaron de mí; no me extrañaría volver a ocupar el último puesto en ventas, deberé afrontar esa vergüenza una vez más… y una larga charla sobre marketing con mi jefe; eso si es que no me echan a la mierda.

sábado, 23 de marzo de 2019

La MILF más Deseada [03].

Capítulo 3.



-1-


Debido a que ya no tenía un trabajo con un horario fijo a respetar, Diana se levantó alrededor de las diez y media de la mañana; sintió una gran satisfacción ya que hacía mucho tiempo que no dormía hasta la hora que quería.

viernes, 22 de marzo de 2019

Venus a la Deriva [Lucrecia] 15 - Amante de Turno.

Amante de Turno.

Sábado 7 de Junio, 2014.

-1-

Llegué a la casa de Tatiana en pocos minutos, ya que no había demasiado tráfico en las avenidas. Era la primera vez que la visitaba, y al llegar tuve una extraña sensación que no logro expresar con palabras, la casa de mi nueva amiga era humilde y necesitaba, con suma urgencia, refacciones.
Me hizo pasar y aguardé por ella mientras se daba los últimos retoques con maquillaje. Inspeccioné, con el mayor disimulo posible, el interior de la vivienda; me apenó ver en qué condiciones vivía Tati, y su familia. Sabía que era hija única y que sus padres eran honestos y trabajadores, pero la precaria situación económica era evidente. La casa estaba limpia y ordenada pero era muy pequeña, tan sólo mi cuarto abarcaba casi la mitad del espacio habitable.
Se me hizo un nudo en la garganta. Me pregunté cómo harían para costear la universidad, por más que Tatiana trabajara para reducir la cuota, ésta aún sería considerablemente alta. Por suerte a ella le iba bien en sus estudios, y todo ese esfuerzo valdría la pena. Me sentí avergonzada por saber lo diferente que eran nuestros mundos; sin embargo no podía permitir que eso afectara de alguna forma nuestra amistad, que aunque fuera reciente, ya se estaba solidificando considerablemente.
―Estoy lista ―me dijo pocos minutos después.
En ese instante reparé en lo hermosa que era. Su voluptuosa figura estaba finamente envuelta en un atuendo similar al mío, pero de color azul eléctrico. Su pollera era más suelta y la blusa se sostenía con dos finas tiritas de sus hombros, permitiendo que sus turgentes pechos se asomaran por un amplio escote. Estaba muy bien maquillada, era llamativa, pero no vulgar. Sus gruesos labios estaban pintados de un rojo suave y tenía delicados brillitos y sombras alrededor de los ojos. Me provocó mucha ternura verla así.
―¡Wow! Estás hermosa Tati ―lo dije con gran sinceridad.
―Gracias Lucre. Vos también.
No nos demoramos más, me dio la impresión de que ella no deseaba permanecer en su casa más tiempo del necesario. Subimos al auto y comenzamos a recorrer las calles, charlando un poco.
―Contame, ¿cómo fue que te llegó la foto de mi “admiradora”?
―No hay mucho que contar. Me la mandó por mensaje, el número figuraba como “Desconocido” y decía algo como: “Si conocés a la chica del video, hacele llegar esta foto. Decile que es hermosa y que no me olvido de lo que me dijo una vez.”
―¡Ya sé quién es! O sea, en realidad no sé.
―Ah claro. Entiendo ―dijo con sarcasmo.
―Tiene que ser la chica del baño. La que me dejó su número de teléfono. Se llama Samantha.
―¿Qué baño?
Le relaté lo ocurrido con Lara en el baño de la universidad, Tati me hizo algunas preguntas un tanto personales sobre qué había sentido exactamente en ese momento y de qué forma Lara me lamió la vagina, me divirtió poder hablar de sexo con alguien de una forma tan abierta y sincera, luego de un rato, yo misma me aventuré a contarle más detalles. Cuando llegué a la parte en que encontramos la nota firmada por Samantha me dijo:
―¿Nunca la llamaste? Es evidente que la chica está muy interesada en vos Lucre. Deberías llamarla.
―Lo voy a pensar.
Vi aparecer el gran cartel que rezaba “Afrodita”, y no tuve que explicarle a mi compañera que se trataba de una discoteca gay, ella la conocía de nombre, pero nunca la había visitado. Esto me sorprendió un poco, pero luego recordé que el sitio era bastante caro, cada trago costaba una fortuna, así que no dije nada. Al pararme en la entrada reconocí a uno de los guardias de seguridad, era el mismo que me ayudó con el inconveniente con esa lesbiana que parecía hombre.
―Hola linda ―me saludó cordialmente. Era un hombre de hombros exageradamente anchos, sus brazos parecían barriles y su cabeza era como un huevo, la llevaba completamente afeitada―. Qué bueno verte por acá, otra vez. Si llegás a tener algún problemita, avisame.
Sospeché que intentaba seducirme, lo cual me enfureció un poco.
―No te hagas ilusiones. Soy lesbiana ―le dije. Sonó un tanto extraño viniendo de mi boca; pero era la excusa perfecta para no tener que aguantarlo toda la noche.
―No te las hagas vos. Soy gay, y ya tengo pareja. Mi nombre es Miguel, mucho gusto ―me sonrió como si yo fuera una niña estúpida.
―¡Uy, perdón! Es que... ―maravilloso Lucrecia, una persona tiene un gesto desinteresado con vos, y lo tratás como si fuera un degenerado―. Me llamo Lucrecia, y ella es Tatiana ―intenté emparchar un poco la situación.
―Todo bien. No te preocupes. Espero que se diviertan. Están muy lindas, las dos ―era un amor. Tres toneladas de puro amor gay.
Ingresamos al boliche y analizamos el entorno. Instintivamente busqué a esa desconocida con la que había tenido sexo, pero no la vi por ninguna parte. Me alegré, porque tenía miedo de que se enojara conmigo por rechazarla. Nos acercamos a la barra y pedí dos “Sex on the beach”.
―Tenés que probar esto Tati, está buenísimo.
Comenzamos a tomar lentamente los tragos mientras jugábamos a un juego que consistía en adivinar quién era gay, quién lesbiana, quién bisexual… y quien ni siquiera era del género que aparentaba ser. Fue muy divertido, y Tati me enseñó a considerar algunos detalles que yo pasaba por alto, como el movimiento de las manos, los gestos faciales, y la forma de caminar. Creo que logramos acertar en la mayoría de los casos, incluso marcamos a algunos como heterosexuales, ya que el establecimiento no discriminaba a nadie. Luego de un rato comencé a considerar si era apropiado jugar este extraño juego.
―Me da un poquito de pena estar etiquetando a la gente como si fuera ganado ―le dije a Tati.
―Sí, eso es muy cierto, pero no lo hacemos con ningún propósito discriminativo.
―Eso también es cierto, porque a mí me da igual hacia qué lado patee cada uno.
―Además, te sirve a vos misma, para que aprendas identificar a aquellas mujeres que están interesadas en mujeres; y para que dejes de pensar que todo hombre intenta conquistarte… porque muchos son homosexuales, y no tienen ningún tipo de interés en vos.
―Como el tipo de la entrada… sí, ya me quedó claro.
―Apenas lo vi, me resultó obvio que ese tal Miguel es gay.
―¿De verdad? Yo lo vi tan varonil… no habla, ni se mueve como si fuera gay. ¿En qué lo notaste?
―En que no me miró las tetas, ni por un segundo… y a vos no te miró las piernas.
―¿En serio? No me di cuenta de eso. Para no mirarte las tetas a vos, hay que ser muy maricón… o una mina muy heterosexual ―comenzamos a reírnos.
―Sí, por eso, cuando salgo, uso mucho escote. Es un detector de gays y lesbianas infalible. Todo depende de si miran o no… y de cómo miren. Por ejemplo, aquella flaca que está allá ―disimuladamente señaló a una chica delgada, muy bonita, que llevaba puesto un vestido rojo―. Ella es heterosexual, porque cuando se acercó a la barra, me miró el escote con desprecio; como si estuviera pensando: “¿Qué necesidad tenés de mostrar tanto las tetas?”.
―Tal vez le dio envidia. Ella es medio plana, es linda de cara, pero parece una tabla de planchar.
―Sí, seguramente le dio envidia, las lesbianas también pueden ser envidiosas; pero no noté ni un poquito de… admiración de su parte, ni hacia mí, ni hacia vos.
―Sos muy observadora, Tati.
―Por eso me di cuenta de que a Lara le gustan las mujeres ―hice una mueca involuntaria de amargura―. Perdón, soy una boluda, no debí mencionarla.
―No, está bien… no pasa nada. ¿Tanto se le notaba?
―Sí, no sabe disimular esa chica. Cuando estábamos en clase, te miraba más a vos que al pizarrón. Además, en más de una ocasión, la sorprendí mirándome las tetas de una forma muy… libidinosa.
―No la culpo, tus tetas son hermosas.
―Por ver esas señales es que se me ocurrió hacerle esa pequeña apuesta… pidiéndole que te besara, y me trajera la prueba. Sabía que entre ustedes podía pasar algo… y perdón por eso, nunca imaginé que fuera a terminar de esta manera.
―No es tu culpa, Tati, vos tuviste la mejor de las intenciones, y te lo agradezco mucho; si no fuera por vos, nunca nos hubiéramos animado a estar juntas. Además lo único malo fue el final de la relación, todo lo demás fue hermoso.
―Sí, lo mejor en estos casos es quedarse con los mejores momentos.
Pedimos otro trago, esta vez fue Tati la que eligió, ella optó por daiquiris de durazno, eran realmente deliciosos. La música no me agradaba mucho pero tampoco podía pretender que pasaran Radiohead, o alguna de mis bandas favoritas, ya que la mitad de la discoteca me odiaría y la otra mitad se aburriría; por lo que decidí ignorarla lo mejor que pude, al fin y al cabo sólo le ponía clima al lugar.
―Ese pelotudo vino a levantar lesbianas ―dijo Tati, señalando un muchacho algo retacón, con barba de unos días y piel bronceada por el sol.
―Bueno, con nosotras va muerto ―lo dije porque el tipo en cuestión venía caminando directamente hacia nosotras, con una sonrisa estúpida en los labios.
―¿Cómo andan, criaturitas bellas? ―nos dijo ni bien estuvo cerca, su actitud me pareció pedante y soberbia en extremo.
―Bien gracias ―contesté sin entusiasmo y di unos sorbos al trago, y me quedé mirándole el culo a una petisa que pasó caminando por detrás del pelotudo.
―Si están buscando a un buen candidato para un trío, dieron con el hombre justo.
―¡Pero qué sutil! ¡Cuánta humildad! ¡Sos un winner, flaco! ―ya estaba enojada con él―. Lamentablemente no buscamos eso, gracias.
―Vamos linda, no te pongas así, vas a ver que te gusta, cuando pruebes ―intentó acariciarme el pelo, pero lo aparté de un manotazo.
―¡Salí! ―Levanté la voz más de lo necesario―. ¿No entendés cuando te dicen que no?
―Puedo ser muy insistente… hasta que consigo el “sí” como respuesta ―dijo con su estúpida sonrisa, mientras hacía un segundo intento por acariciarme.
―Hey amigo, no molestes a las chicas.
Esas palabras vinieron de un muchachito rubio con el cuerpo de un dios griego. Parecía tener unos veinticinco años. Era hermoso, no exagero al decir que me recordaba un poco a Brad Pitt, aunque más bajito. Lo extraño es que mi instinto heterosexual no se activó para nada. Era capaz de reconocer que el chico era atractivo, sólo porque era más que obvio, y sé reconocer la belleza en las personas; sin embargo verlo no me provocaba sexualmente. Creo que Tatiana opinaba igual que yo, porque lo miró como si fuera un sujeto común y corriente. También debía reconocer que guardaba cierto parecido con los actores de las películas porno que mira mi hermanita.
―¡¿Qué te metés, puto de mierda?! No me digas amigo, porque te voy a romper la cara.
Al parecer el estúpido estaba algo tomado, y era muy irritable.
―Calmate loco ―la voz del rubio era varonil, no sabía por qué este idiota afirmaba que era gay, me pregunté si Tatiana había llegado a la misma conclusión―, nadie te hizo nada. ¿No sabés que la regla de este lugar es no molestar a la gente?
―Yo no estoy molestando, estoy invitando a las chicas a una linda fiestita.
―Estás molestando, flaco ―dijo Tatiana―. Mi amiga ya te dijo que no, y te lo digo yo también.
―Creo que ya te lo dejaron bien claro ―dijo el rubio, sin alzar la voz .
―¡Te dije que no te metas, anda a que te rompan el culo por ahí, puto de mierda! ―empujó al rubio y éste ni siquiera se enojó―. Andate antes de que rompa la cara, putito.
En ese momento una gran sombra eclipsó las luces del boliche y una enorme silueta calva apareció a espaldas del brabucón. Era Miguel.
―¿Tenés algún problema flaco? ―su voz resonó como los truenos de Zeus.
―¿Eh? No, no. Ninguno ―se puso pálido al voltear y ver a ese gigante, sus ojos no llegaban a sobrepasar los macizos pectorales del calvo―. Yo no hice nada, fue ese maricón de mierda, el que empezó a molestarme ―suelo ser impulsiva, y sé que muchas veces digo cosas que me pueden meter en problemas; pero nunca antes había visto a una persona decir la peor combinación de palabras posibles, en la peor de las situaciones para hacerlo. Comencé a reírme, porque ya imaginaba lo que ocurriría a continuación.
―Ah mirá vos ―dijo el guardia de seguridad―, qué casualidad, yo también soy maricón ―su mano derecha se cerró como una tenaza en el cuello del imbécil―. ¿Tenés algún problema con los maricones? ―lo levantó sin problemas hasta ponerlo a la altura de sus ojos. Él intentó hacer pie, pero no encontró más que aire bajo las suelas.
El sujeto se meó encima. Literalmente. La orina manchó todos sus pantalones. De más está decir que ni siquiera pudo responder a la pregunta de Miguel. Un minuto más tarde lo vi volando a través de la puerta que daba a la calle. Un empleado de limpieza tuvo que acercarse a trapear el suelo. Quedé asombrada por la fuerza de Miguel, seguramente ese idiota habrá creído que realmente lo iba a matar, o algo mucho peor. Me hubiera gustado saber si ese estúpido llegó a pensar que el calvo lo llevaría a un cuarto oscuro para romperle el culo. Miguel parecía ser un buen hombre y seguramente nunca haría eso, pero ese tarado se merecía un buen susto.
―Gracias por ayudarnos ―le dije a nuestro héroe rubio, porque el calvo no volvió, se quedó custodiando la puerta.
―De nada, me molestan mucho este tipo de imbéciles que vienen a un boliche gay pensando que las mujeres se les van a regalar. No tiene puta lógica… sin embargo lo hacen igual.
―¿Hace mucho que venís? ―le pregunté.
―Sí, bastante. Me llamo Rodrigo ―nos tendió su mano―. No se asusten, no estoy intentando “engancharlas”, yo soy la pareja de Miguel. El pelado ese que…
―Sí, lo conozco. Tiene buen gusto ese Miguel.
Sonreí porque la pareja me pareció muy tierna. David y Goliat, juntos en una cama, me causaba gracia tan sólo imaginármelo. Mi madre se moriría de un infarto si llegaba a descubrir que mi cabeza era capaz de elaborar parodias bíblicas homosexuales.
―Vos le podrías haber pegado tranquilamente a ese estúpido ―aseguró Tatiana―. Tenés más físico que él.
―Puede que sí, pero no sería correcto. Para eso están los guardias de seguridad. Además me encanta ver como Miguel siempre viene a ayudarme ―se acarició el pelo y sonrió. Era todo un Adonis.
―¿Hace mucho son pareja? ―quise saber.
―Unos cuantos meses, en realidad no somos una pareja fija. Estamos juntos todo el tiempo que podemos, pero cada cual hace su vida.
―¿Hasta se ven con otros hombres?
―A veces sí. Ninguno de nosotros posee al otro. La verdad es que nos llevamos muy bien. Por cierto, hace un rato vi que estaban tomando “Sex on the beach” ese es el mejor trago del boliche. Buena elección, espero que no lo hayan cambiado porque les desagradó.
―No, a mí me encanta, pero también me gusta probar cosas diferentes.
―¿Con lo de probar cosas “diferentes”, te referís a Rodrigo? ―preguntó Tatiana, haciendo que me ponga roja de la vergüenza. El muchacho sonrió, halagado.
―¿Eh? No… no…
―No te pongas así, Lucrecia. Lo que le pasa a mi amiga es que hace poco descubrió su inclinación hacia las mujeres, e imagino que todavía tendrá muchas dudas acerca de los hombres. ¿Vos también lo hacés con mujeres, Rodrigo?
―A veces, en raras ocasiones… si es que la mujer vale la pena.
―¿Y no te parece que mi amiga vale totalmente la pena?
―¡Tatiana! Dejá de venderme, como si yo fuera un pescado en una feria.
―De pescado no tenés nada ―me dijo el rubio―. Sos una chica muy hermosa, pero eso no significa que te vaya a saltar encima y a arrancarte la ropa; o que vaya a permitir que vos lo hagas. Como dije, mi interés en las mujeres es mínimo, además esta noche voy a tener que devolverle el favor a Miguel, por su heroica intervención. Así que podés quedarte tranquila, y devolverle los colores habituales a tu cara,
En ese momento supe que había ganado un nuevo amigo. Lo invitamos a tomar tragos con nosotras. La charla fue muy divertida. Me resultó un chico tan divertido y encantador, que hasta le di mi número de teléfono, para que podamos seguir conversando en alguna otra ocasión. Le dije que si quería podía visitarme junto con Miguel, a mi madre le encantaría tener una pareja de fortachones homosexuales rondando por la casa. Seguramente después llamaría un exorcista para limpiarla de pecados y demonios. Un rato más tarde Rodrigo se fue a hablar con otro chico, era cierto que a Miguel no le molestaba porque en cuanto los vio besándose, sonrió. ¡Qué extraña pareja! Llegué a pensar que esa “devolución de favores”, incluiría un trío.
Cuando Rodrigo se marchó, Tatiana se paró más cerca de mí, supe que con eso les estaba diciendo a las demás chicas del boliche que ella estaba conmigo. La tomé por la cintura y la acerqué más. Seguimos conversando como buenas amigas, todo parecía bastante normal hasta que giré para dejar mi vaso vacío sobre la barra, su carita sonriente quedó muy cerca de la mía. Agaché la cabeza por pudor. Estaba divina. Sus cachetes regordetes me parecían de lo más simpáticos. Se volteó más hacia mí y acarició mi cabello. No se movió, esperó. Cuando yo me decidí, la besé. Fue mi primer beso a una mujer en público. Sentí una enorme liberación, allí nadie me juzgaría.
Su boca sabía al trago que estábamos tomando, sus besos eran deliciosos. Acaricié la parte trasera de una de sus piernas hasta llegar a su cola, era muy suave y tibia, supe que llevaba ropa interior pequeña, porque su nalga estaba completamente desnuda. Dejamos de besarnos, pero no nos separamos. Necesitaba hacer algo para sacar a Lara de mi cabeza y Tatiana me parecía la candidata perfecta.
―Te prometo que esta vez no me voy a echar para atrás ―la hice sonreír.
―¿Querés que vayamos a un lugar privado?
―¿Algún lugar como ese? ―señalé los cubículos que podían cubrirse con una cortina.
―No, eso no es tan privado como lo que tengo en mente.
―¿Entonces, a dónde querés ir? ―aún conservaba una buena dosis de ingenuidad.
―A un telo, Lucrecia.
Se me aceleró el corazón, nunca nadie me había invitado a ir a uno de esos albergues transitorios. Jamás había visto uno, ni siquiera por fuera. Que sea una mujer tan bonita la que me lo pida me generó más morbo. Me gustaba lo prohibido, al menos lo que para mí estuvo prohibido durante años, y esta nueva Lucrecia quería experimentar con lo prohibido.
―Me encanta la idea. Vamos ―ya estaba decidida.
Pagué los tragos consumidos y salimos tomadas de la mano. En la puerta saludé a Miguel y le di las gracias por todo. Nos deseó buena suerte, luego Tati y yo subimos al auto.

-2-

Las calles estaban repletas de gente deambulando a pie, por lo que tuve que manejar despacio. Tati me acarició la pierna derecha, supe que lo hizo con la intención de mantenerme a la temperatura ideal. Su mano buscaba constantemente mi ropa interior. Algunos peatones que notaron las caricias de mi amiga, pero no me importó, al contrario, la situación me divertía mucho. Tuve que confesarle a Tatiana que nunca antes había ido a un telo, y no sabía dónde podía encontrar uno. Ella me dio indicaciones, hasta que llegamos a un sitio oscuro y de mala muerte, con un cartel desgastado y una puerta que no estaba en mejores condiciones. No me gustó para nada.
―No te ofendas Tati, pero me da un poco de miedo entrar a ese lugar. Parece la casa de Jack el Destripador ¿No hay otro mejor?
―Mejores hay muchos, pero son carísimos.
―No te preocupes. Yo invito. Vamos a pasarla bien en grande ―le guiñé un ojo.
―Pero vos ya pagaste los tragos.
―Hoy invito yo. En serio Tati, no te preocupes. Consideralo como un agradecimiento por todo lo que hiciste por mí.
Me llevó un par de minutos convencerla. Accedió porque la amenacé con llevarla de regreso a su casa. A continuación me guio hasta el hotel más bonito que se le ocurrió, estaba bastante alejado de la zona céntrica, por no decir en la otra punta de la ciudad. Cuando llegamos noté la gran diferencia, tenía una entrada propia para vehículos y todo estaba muy bien decorado. Ni siquiera tuve que bajarme del auto para reservar una habitación, estaba nerviosa y ansiosa. Reservé una que figuraba como “Tradicional”, pero que también era de las más bonitas, según el recepcionista… aunque creo que me hubiera dicho cualquier cosa, con tal de que yo aceptara pagar por una de las habitaciones.
―Pedile preservativos, esos los compro yo ―me dijo alcanzándome un billete.
―¿Preservativos, acaso tenés miedo de que te deje embarazada? ―me reí como tonta, no entendía nada.
―Ya vas a ver para qué son.
El muchacho que nos atendió supo que éramos dos mujeres pero no le resultó extraño que compráramos los profilácticos.
La habitación era preciosa. La decoración era exquisita y luces rojizas generaban un ambiente increíble. De hecho casi todo era rojo pasión. Estaba encantada. Cuando ya estaba por tirar a Tatiana arriba de la cama, ella me detuvo.
―Esperá, me quiero dar un baño. No me tardo nada. No espíes.
Se metió al baño y escuché la ducha, mi ansiedad crecía sin control, esta chica me estaba volviendo loca, supuse que lo hizo a propósito, para que me carcomiera la cabeza. Me puse a mirar todo, la cama era gigante, allí podrían dormir cuatro o cinco personas, fácilmente. Al menos personas de mi tamaño. Vi una especie de camilla, similar a las que usan para hacer masajes, supuse que para eso estaba. Los cuadros eran bonitos y parecían originales, nada de copias impresas. Eso le daba mucho prestigio al lugar. Valía la pena haber pagado tanto o al menos lo valdría si Tatiana salía del baño de una buena vez.
Mi compañera salió envuelta en una toalla, llevaba el cabello húmedo. No podía ver mucho más de lo que me mostraba cuando tenía el vestido, ya no llevaba maquillaje pero estaba igual de hermosa. Le dediqué una amplia sonrisa y le dije que yo también quería darme un baño. No quería quedar como una roñosa.
En menos de cinco minutos salí envuelta en una toalla, no sé para qué, porque se me cayó al piso ni bien abrí la puerta. Me quedé paralizada y sorprendida.
Sobre la cama estaba Tatiana, completamente desnuda y con las piernas abiertas mostrándome su vagina, la cual estaba abriendo con sus manos.
―Ésta me la debés ―me dijo mirándome a los ojos―, no sabés cuánto lo esperé.
Con el corazón repiqueteando como un tambor en un desfile militar, me tiré sobre la cama. El colchón era muy suave y agradable. Pensé que iríamos de a poco pero su actitud me volvió loca. Abrí la boca y di una frenética chupada a su almeja, estaba toda viscosa. ¡Era deliciosa!
Separé más sus piernas y pasé mi lengua. Mis movimientos eran pausados pero intensos. Otra chupada, otra lamida. Tatiana gemía. En ese instante todos mis problemas se desvanecieron. Sus grandes muslos me envolvieron y quedé pegada a su carnosa y rosada cavidad. Me llené la boca con sus jugos, me sentía como un monito hambriento comiendo una rica fruta madura. Era una excelente forma de dar inicio a nuestra velada sexual. Manaba tanto líquido que me vi obligada a dejarlo salir de mi boca para poder seguir chupando, mi cara estaba llena de saliva y flujo vaginal, las sábanas estarían igual dentro de poco tiempo. La presión que ejercían sus piernas contra mi cabeza, se fue disipando gradualmente hasta que, una vez más, las dejó completamente separadas. Para no seguir sorbiendo tanto jugo, aunque si me gustara hacerlo, froté su clítoris con mis labios moviendo la cabeza rápidamente de un lado a otro, esto pareció gustarle mucho.
―¡Ay sí, Lucre, qué bien que la chupás!
―Y eso que hasta hace poco, era virgen.
―Vení hermosa, dame esa concha, que te la quiero comer toda ―escuchar esa palabra seguía causándome una extraña sensación, aunque ya no podía decir que me desagradara.
No me iba a negar a su pedido, pero tampoco quería dejar de chupar. Me senté sobre ella y bajé la cabeza hasta que volvió a quedar entre sus piernas. Enseguida comencé a delirar de placer, las chupadas que me dio en el clítoris fueron mucho más enérgicas de lo que esperaba.
―¡Ay, mamita querida! ―grité entre gemidos y jadeos; la chica tenía mucha experiencia en sexo lésbico, no podía concentrarme en mi tarea de lamerle la rajita. Su lengua no paraba ni un segundo, se metía por cada recoveco de mi sexo―. ¡Ay Tati, Si así! ¡Me encanta! ―mis caderas comenzaron a menearse como si tuvieran vida propia y esa lengua me producía un cosquilleo exquisito.
Después de unos segundos Tati me dio unos empujoncitos en las piernas, indicándome que me apartara. Me acosté de lado, la miré a los ojos y le sonreí.
―No puedo creer que estemos haciendo esto ―dijo.
―¿Por qué no?
―Es que desde que apareció tu video con Lara, te volviste la fantasía de todas las lesbianas de la universidad. Me parece muy loco que me hayas elegido a mí como… amante de turno.
―¡Ay Tati, que tierna! ―me acerqué y la besé, teníamos las bocas llenas de flujos vaginales―. Pero si vos sos tan linda… ¿cómo no te voy a elegir? Creeme que desde el día en que empecé a aceptar mi gusto por las mujeres, fantaseo con vos. Especialmente después de lo que hicimos en el vestuario. Fue un momento muy especial para mí, fue mi primera experiencia lésbica.
―Tengo otra cosa que puede ser muy especial. No sé si lo habrás probado. Buscá los preservativos.
Intrigada y entusiasmada fui a buscar la cajita, dentro había tres paquetitos cuadrados y cada uno tenía un aro gomoso en relieve. Tatiana rebuscó entre los cajones de las mesitas de luz, hasta que extrajo un objeto. Me senté en la cama y vi de qué se trataba. Sonreí con la boca abierta, era un consolador color violeta.
―Me imagino que en un lugar como éste los deben limpiar muy bien, posiblemente los desinfecten con alcohol; pero es mejor no arriesgarse, pasame uno de los preservativos.
Hice lo que me pidió, era la primera vez en mi vida que abría uno de esos paquetitos, estaba entusiasmada, me sentía como una niña con juguete nuevo. Bueno, ya no soy tan niña, pero sí tenía mi juguete nuevo ¡Y qué juguete!
―¿Alguna vez usaste un dildo? ―me preguntó.
―¿Así se llaman? Pensé que era un consolador. Nunca usé uno.
―Es lo mismo, creo que dildo se les llama en inglés, bueno eso no importa. Abrí las piernas ―dijo, luego de haber colocado el profiláctico.
Mi ansiedad era más que evidente, nunca me había metido nada en la vagina más grande que un par de dedos… a excepción del día en que perdí mi virginidad; pero eso no cuenta, porque no me gustó nada. Obedecí a Tatiana y me tendí sobre las almohadas con las piernas separadas. Ella no me hizo esperar, posó la punta del dildo sobre mi clítoris y comenzó a acariciarlo con él, sonreí porque la situación me parecía muy divertida. Luego jugó entre mis labios, supe que intentaba dilatarme apropiadamente. Presioné mis tetas y mantuve las piernas bien abiertas, quería disfrutar de cada momento. De pronto percibí que el dildo estaba haciendo su primer intento por penetrarme, creo que generé tantas expectativas que me puse nerviosa y mis músculos vaginales se contrajeron. Me dolió un poco, pero afortunadamente Tatiana se detuvo casi al instante. No dejé de pellizcar mis pezones y ella lo intentó una vez más, pero sólo pudo introducir una pequeña parte. Tenía la sensación de que mi estrecha vagina no tendría lugar para el resto.
―Mejor probemos de otra forma ―dijo mi amante de turno―, no quiero lastimarte.
―¿Cómo hacemos entonces? Porque yo de verdad quiero saber qué se siente tenerlo adentro.
Colocó el consolador sobre el colchón, apuntando al techo, y lo sostuvo firmemente con una mano desde la base.
―Sentate arriba, andá bajando tranquila, a tu ritmo. No te pongas nerviosa, que no es tan grande.
Le sonreí y me coloqué en cuclillas sobre el pene plástico, me sorprendí al no sentir vergüenza por estar haciendo esto, desnuda frente a otra persona; de hecho esto le ponía un plus erótico. Me agrada saber que alguien me estaba mirando y que, además, me estaba ayudando. Mis pies se hundieron un poco en el colchón pero me sostuve con la fuerza de mis rodillas. Cuando la puntita estuvo en mi abertura vaginal comencé a bajar lentamente, esta vez fue muy diferente, sentí la dilatación y la penetración al mismo tiempo; aunque sólo fueron un par de centímetros.
―Ahora subí otra vez ―me indicó mientras acariciaba mi clítoris.
Me elevé hasta que salió completo y bajé otra vez. La sensación fue mucho más placentera y suave. Tenía las manos en las rodillas y los ojos cerrados, quería concentrarme en esas nuevas sensaciones. Noté que el dildo me penetraba más, a medida que yo repetía la acción de subir y bajar. Las caricias de mi amiga me incentivaban a seguir, y la lubricación de mi sexo sumada a la del preservativo, me facilitaban mucho la tarea. Todo esto era nuevo para mí, y no quería apresurarme. Me fui acostumbrando a tenerlo dentro y dejarlo salir de a poco me llenaba de placer.
Pasados un par de minutos pude comenzar a moverme más rápido. Me percaté de que, literalmente, estaba teniendo sexo empleando un consolador. Las penetraciones eran limpias y se hacían cada vez más profundas, cuando el concepto de acto sexual se hizo presente en mi cabeza comencé a gemir y a moverme más rápido. Ya no era una prueba. Bajé tanto como mi estrecha vagina me lo permitió, pero aún estaba algo atemorizada. Hasta que en un momento pasó eso que tanto estaba buscando inconscientemente, impulsada por mi propia calentura, no medí mis movimientos, y bajé más de la cuenta; el dildo se me metió hasta que mis labios vaginales besaron la mano de Tatiana. Había logrado meterlo completo en mi cavidad vaginal, y el placer físico sumado al psicológico me hicieron gemir de una forma que sólo había escuchado en películas pornográficas.
Me gustó tanto que lo repetí una y otra vez, subiendo lo más que podía, y bajando hasta el límite. Podía sentirlo muy dentro de mi vagina. Me enamoré de esa sensación. Todo me parecía inmejorable, pero Tati me tenía reservadas un par de sorpresas. Bajé una vez más y ella empujó el dildo desde abajo hacia arriba. Solté un tremendo grito de placer.
―¡Ay! ¡Entró todo!
No lo podía creer, el consolador se había perdido por completo dentro de mi vagina, ella lo mantuvo dentro, empujando desde la base con la punta de sus dedos. Repentinamente se lanzó a chuparme el clítoris. La succión de su boca me volvió loca, además lo acompañaba bombeando el dildo en mi interior, éste salía apenas un centímetro y ella volvía a meterlo.
―¡Ay! ¡Así, así! ―la incentivé entre jadeos.
Estaba descontrolada, nunca había estado tan excitada en mi vida; bueno, tal vez sí, con Lara, pero no quería pensar en ella. Dejé que Tati me diera placer durante varios minutos, en todo ese tiempo permanecí en cuclillas aunque las rodillas me dolieran. Llegó un punto en el que no aguanté más, quería sentir mi placer prohibido, el que tanto me avergonzaba y que sólo me atreví a confesárselo a mi ex novia. Mi excitación era tal que ya no me importaba que Tatiana lo supiera, yo quería probarlo. Con un rápido movimiento me puse en cuatro sobre la cama, ella sacó el dildo de mi vagina, la cual dejó salir una buena cantidad de flujo sexual.
―¡Metemelo en la cola! ―Rogué sin medir mis palabras― ¡Metemelo!
―¿Estás segura, Lucre?
―¡Sí, dame por la cola! ―separé mis nalgas y bajé la cabeza.
―Te va a doler.
―No me importa ―estaba descontrolada, y me encantaba.
Pero Tatiana, que era sabia en materia sexual, no me hizo caso del todo. Metió otra vez el consolador en mi vagina y se limitó a lamerme la cola. Eso me gustó mucho pero no era lo que yo había pedido. Estuve a punto de reclamarle cuando sentí que me metía un dedo por el agujerito negro. ¡Qué placer! Ya con eso me bastó. Lo movió dentro, lo sacó y lo volvió a clavar mientras hacía lo mismo con el juguete sexual y exploté en un orgasmo. Mi vagina se llenó de líquidos, no lo noté, pero lo supe después, cuando vi las sábanas mojadas. Mis gemidos se incrementaron al máximo, ya no gemía. Gritaba. El saber que nadie en ese lugar se quejaría de mis expresiones sexuales, me sirvió para descargarme. Hice catarsis, fue como tachar todos los problemas de mi vida de una vez. Quería gritar, necesitaba gritar, no tanto por el goce sexual, sino por la bronca acumulada... bronca que sentía hacia Lara, y hacia la vida misma. Lo hice hasta que caí rendida en la cama.
Tatiana me abrazó de inmediato, la calidez de su cuerpo y la suavidad de sus grandes tetas contra mi espalda, me trasladaron a un mundo de paz y armonía. Giré la cabeza para mirarla a la cara, y ella me besó. La humedad de su boca me tranquilizó mucho. Su beso era apasionado, más que los que nos habíamos dado en el pasado. Movió su cabeza de un lado a otro, sin desprenderse de mis labios. Busqué a tientas su vagina y comencé a masturbarla. Un hombre no podría darme tanto placer y, al mismo tiempo, rebosar de sensualidad, no lo creía posible. No sentiría esa calidez, esa suavidad, ese deseo inmenso, esa lujuria. Allí fue cuando supe que las mujeres estaban en un escalón superior. Ya no diría que mi intención era disfrutar de mujeres hasta que consiguiera el hombre ideal, ahora sabía que la prioridad en mi vida sería el sexo femenino, y si algún día encontraba un hombre que valiera la pena, pues muy bien, lo aceptaría; pero no lo buscaría.
―Perdón Tati, me puse como loca, fue una estupidez. ¡Qué vergüenza! ―dije, refiriéndome a mi desesperado pedido.
―¿Vergüenza, por qué?
―Porque… ¿Cómo te voy a pedir que me metas eso en la cola? ―Estaba sonrojada―. No pienses que me gustan esas cosas… yo…
―Lucrecia, no tenés que explicar nada. Si te gusta el sexo anal, está todo bien. Es normal; por lo menos así lo veo yo. Pero te recomiendo que lo hagas de a poco, con calma. No podés meterte esto de una vez ―me enseñó el dildo―, te podés lastimar.
―¿De verdad pensás que no es una locura?
―Y… si es una locura, tengo que admitir que estoy loca. Porque a mí me encanta que me metan eso en el culo ―sacudió el pene de plástico para todos lados, sonriendo.
―¿En serio? ―Me senté en la cama y le devolví la sonrisa, esa sí que era una buena noticia― ¿Puedo…?
―Sí que podés. Es más, eso te quería pedir.
Sin hablar más se puso en posición de perrito, apuntando sus grandes nalgas hacia mí. Estaba más ansiosa que nunca. Me mandé de una y comencé a chuparle el culo, le pasé la lengua con ganas, con placer, sintiendo en mi lengua el contacto directo con ese misterioso agujero.
―¡Uy! Se nota que te gusta, nunca me lo habían comido así ―eso me incentivó. Comencé a dar lamidas largas, partiendo desde su vagina hasta llegar al inicio de su espalda.
―¿Lo meto? ―Pregunté.
―Sí, yo ya estoy acostumbrada… y estoy re caliente, metemelo.
Posicioné el consolador en la entrada trasera y apreté, el grito de placer de Tatiana fue tan fuerte como los de mi orgasmo. Lo pude meter hasta la mitad, lo saqué un poco y lo hundí más, en tres intentos logré meterlo completo. No podía creer que su hermoso culo se estuviera tragando todo el consolador sin problemas. Estaba tan ensimismada viendo como el ano se dilataba que casi no prestaba atención a los fuertes gritos de la morocha, empecé a bombear con más fuerza como si estuviera hipnotizada.
―¡Ay, Pará Lucre, pará! ―Gritó de dolor― ¡Me vas a partir la cola!
Me detuve en seco, dejando el dildo enterrado allí.
―¡Ay Tati, perdón! No sabía… no me di cuenta ―me desesperé, estaba asustada― ¿Te lastimé? ¡Perdón!
―No me lastimaste ―dijo jadeando, se sostenía las nalgas con las manos, y yo apenas podía ver la base del consolador asomando por su ano―. Pero lo hiciste muy fuerte de entrada. Al principio… ―suspiró―, al principio tenés que ir despacio. ¡Ay, cómo me duele!
―¡PERDON! ¿Lo saco?
―No, no. Dejalo, si lo sacas va a ser peor. No lo muevas, ya me voy a acostumbrar.
Me acosté a su lado y le acaricié la cabeza, su cara de sufrimiento me partió el alma, estaba toda transpirada. Le di unos besitos suaves, como disculpándome por mi falta de tacto. Eso tuvo un buen efecto en ella, de a poco se fue calmando y me acompañó con los besos y las caricias.
―Sos muy linda Lucre. La estoy pasando de maravilla con vos.
―¿A pesar de que casi te rompo el culo?
―Sí, porque si bien me dolió mucho, también me gustó. Aunque no lo haría de nuevo.
―¿Te gustó? ―Pregunté sorprendida.
―Sí, es que cuando me siento invadida analmente me caliento mucho, pero eso no quita que me haya dolido un poco.
―A mí también me calienta ―le confesé mientras me tocaba la vagina―. ¿Por qué será que me gusta tanto?
―Porque tenés deseo por lo prohibido. Por eso es que te acostás con mujeres.
―Puede ser ―acaricié el centro de su viscosa rajita con mi mano libre― ¿Te sentís mejor?
―Mucho mejor. Date vuelta, con los pies apuntando para allá ―me señaló la pared que tenía frente a sus ojos.
Nuestras piernas se entrecruzaron y de inmediato entendí. Se posicionó hasta que nuestras vaginas quedaron juntas y empezó a balancearse. Me encantó sentir la humedad y el calor de su sexo sobre el mío. Con la punta de mis dedos apreté el consolador que aún tenía metido por completo, eso pareció gustarle. La acompañé con los movimientos de mi cadera mientras bombeaba su culo con el dildo. A las dos nos gustó tanto esa posición que ya no la cambiamos. Seguimos frotándonos mutuamente, con fuerza. Ella se sacudía como si estuviera cogiendo con un hombre, no había penetración, más que la de su cola, pero el placer era infinito; nuestros clítoris se besaban y se acariciaban como grandes amantes. Dimos rienda suelta a nuestros gemidos, era como si quisiéramos que los que escucharan supieran que se trataba de dos mujeres. Aunque dudaba que alguien pudiera oírnos porque nosotras no escuchábamos ningún ruido proveniente de afuera.
Nuestras vaginas estaban tan mojadas que podíamos frotarnos tan rápido como nuestros cuerpos nos lo permitieran. Apoyé mi cabeza contra el colchón y me pellizqué los pezones, no daba más, supe que Tatiana tuvo un orgasmo porque me baño la rajita con sus flujos; fue hermoso. A pesar de esto no dejó de moverse, siguió hasta que yo también llegué a clímax sexual, en cuanto esto ocurrió se echó de cara contra mi vulva y sorbió todo lo que salió de ella. Pataleé, gemí y suspiré. Cuánto placer obtenía de ella, pero había una cosa que quería probar a la que no le había dedicado tanto tiempo.
―Vení para acá ―dije arrojándome sobre ella.
Me prendí de una sus grandes tetas, comencé a chuparle los rugosos pezones mientras con una mano metí y saqué el dildo de su cola. Luego chupé la otra. ¡Qué buenas tetas! Eran mucho más grandes que las mías. Lamiendo esas ubres me fui tranquilizando de a poco, noté que Tati ya estaba extasiada por lo que saqué el pene de plástico violeta y lo dejé sobre la cama. Trepé hasta su boca y le di un rico beso, eso dio por finalizado nuestro encuentro sexual.
―La pasé genial Tati. Sos mi bella genio. Aprendí un montón con vos.
―Y lo que todavía nos falta por aprender, a las dos… ―me acarició el pelo―. Gracias por darme esta oportunidad Lucre, fue una de las mejores noches de mi vida.
―Nada de oportunidad, me acosté con vos porque te tenía ganas, es así de simple.
Sonreímos y comenzamos a vestirnos. Tiramos a la basura el preservativo usado y lavamos bien el consolador, porque no éramos ningunas cochinas. Nos repartimos los dos profilácticos sobrantes para guardarlo como recuerdo de nuestra primera vez juntas.

― 4 ―


Abandonamos el hotel, pude manejar muchísimo mejor que en mi última salida nocturna, había tomado poco alcohol, y a esta hora de la noche ya ni lo sentía. Llevé a Tatiana hasta su casa mientras charlábamos. Le dije:
―¿Hablaste con Lara? Te pregunto ahora porque no quería sacar el tema antes.
―No le hablé. Estoy muy enojada con ella, lo que te hizo me dejó sin palabras, fue todavía peor que lo que me hizo Cintia a mí; porque ella me echó de su casa en plena noche, pero Lara te expuso públicamente. Fue un gesto horrible de su parte, no me lo esperaba de ella ―se notaba que estaba verdaderamente indignada.
―Yo tampoco me lo esperaba, me dolió en el alma. Muchísimo ―no pude contener mis lágrimas.
―No llores Lucre, ya está. Ya pasó. Sé que la querías mucho…
―No sólo la quería, la amaba. Lo peor es que todavía la sigo amando.
―¿Cómo sabés que la amás de verdad? Estuvieron poco tiempo juntas.
―Sí es cierto, pero fueron momentos muy intensos. Además tengo que admitir que desde que la conocí le tengo un cariño muy especial. Es como mi segunda mitad, pero no lo vi así hasta que nos pusimos de novias. ―Tuve que estacionar el auto porque de lo contrario iba a chocar―. La extraño mucho ―Tati me abrazó con fuerza, supe que ella también estaba llorando―. Perdón, no era mi intención arruinar la noche de esta forma.
―No Lucre, para eso salí con vos... para que puedas descargarte, sexual y emocionalmente.
―Gracias Tati, sos la mejor. Sos una amiga que vale oro.
―Vos también sos una gran amiga y muy noble. Además estás re buena y cogés muy bien ―Eso me hizo reír.
―Vos también Tati, las dos cosas.
―Prometeme una cosa Lucre. Ahora que te definiste sexualmente y que tenés muchas admiradoras, llamá a alguna. Salí con alguien, conocé gente nueva.
―Hoy salí con vos.
―Sí esto es un avance, pero no es lo mismo. Yo no sirvo para relaciones fijas, necesito estar libre. Necesito estar con quien yo quiera cuando quiera. Podés hacerlo conmigo todas las veces que quieras, y voy a ser tu amiga siempre; pero tal vez necesitás alguien que te contenga y que sea tu compañera de viaje.
―Que lindas palabras amiga. Te prometo que voy a llamar a esta tal Samantha mañana mismo. A ver qué tal está… si está tan buena como la foto que me mandó, entonces vamos bien.
―Sí, totalmente. Un clavo saca otro clavo.
―Sólo espero que el clavo nuevo no sea peor que el anterior.
―Es un riesgo que tenés que correr.
Pude retomar el viaje y la dejé en su casa. Nos despedimos con un lindo beso en la boca. Esa misma noche, cuando ya estuve en mi cuarto, me puse a buscar esa tarjetita con el número de teléfono de mi nueva “admiradora”. La encontré en el cajón de mi ropa interior y la dejé junto a mi celular sobre la mesita de luz. Al día siguiente la llamaría.
Me fui a dormir, o al menos a intentarlo. A pesar de lo lindo que la pasé con Tatiana me di cuenta de que extrañaba mucho a Anabella y, sobre todo, extrañaba a mi Lara.